Martes, 24 de enero de 2017

| 2003/11/10 00:00

El legado milenario

Desde siempre el hombre ha producido arte. En Colombia varias culturas concibieron un rico legado cultural como pocos países en Latinoamérica.

El legado milenario

El reconocimiento de lo precolombino como arte se inicia en Europa al finalizar el siglo XIX, cuando artistas como Gauguin se inspiraron en estas obras. Pero también es el resultado de la Exposición Histórico-Americana de Madrid, en 1892, para celebrar el IV centenario del descubrimiento de América, en homenaje a Colón. Fue allí donde se acuñó el término "arte precolombino" para referirse a las manifestaciones plásticas de los pueblos americanos anteriores a la llegada de Colón y reconociendo su dimensión estética e histórica como categoría artística. En este evento Colombia participó con una colección precolombina que incluía el Tesoro de los Quimbayas, descubierto en 1890.

De tal modo, atendiendo al filósofo francés Louis Althuser, para quien "la función esencial del arte es dar a ver", propongo exponer lo que, en Colombia, el arte precolombino nos muestra en íntima relación con sus regiones naturales, su localización geográfica, las características propias de cada medio ambiente y las condiciones de vida de quienes, durante un período determinado, se asentaron en ellas. Ya sea en la llanura del Atlántico, la llanura del Pacífico o la región de los Andes, y donde mediante diversidad de materiales, técnicas, temas, imágenes, formas y colores sus artífices produjeron objetos de uso corporal o ceremonial, que fueron seleccionados y preservados como ofrenda funeraria y, por consiguiente, atribuyéndoles el máximo valor. Al aislarlos de la contingencia del tiempo y el espacio se proyectaron hasta nuestra época, provenientes del pasado, como manifestaciones artísticas comprendidas desde alrededor del año 3500 antes de nuestra era hasta el momento de la conquista, período que abarca unos 5.000 años.

Desde esta perspectiva nos referimos en primer lugar a un singular descubrimiento que, aunque cambia el panorama histórico del arte precolombino, sin embargo, es poco conocido. Consiste en pintura asociada al enterramiento ritual de cráneos, 'decorados' con diseños rectilíneos, curvilíneos y espirales, en blanco y negro, según el arqueólogo Gonzalo Correal, encontrados en Aguazuque (Soacha), cerca de Bogotá, datados entre 5000 y 2700 antes de nuestra era. Aunque corresponden a un paleoindio tardío son las primeras evidencias artísticas que se conocen de este período. Luego de tan raro uso del color, asociado al culto funerario, continuamos con los estilos precolombinos más conocidos y lo más representativo de cada uno, ya sea la escultura, la arquitectura o la orfebrería.

Los agustinianos (1000 a.C.-800 d.C) en el sur de Colombia, en el valle del Alto Magdalena, se destacan, sobre todo, por sus monumentos dedicados al culto funerario, construidos en sitios altos, en donde integraron la arquitectura de las cámaras sepulcrales -algunas policromadas con motivos geométricos-, de planta rectangular y recubiertas con túmulos. La estatuaria, tallada en grandes bloques rectangulares de piedra de hasta tres o cuatro metros de altura, se caracteriza por su frotalidad, tratamiento planimétrico, equilibrio, simetría y estatismo; representa seres míticos de rasgos felínicos, hombres y animales, de pie o sentados. Comprende diversos estilos y se colocaba cerca de los túmulos, a su entrada o al fondo de la cámara funeraria.

En Tierradentro ( ...?-1000 d.C.), en el Cauca, se especializaron en arquitectura funeraria. Mediante cámaras subterráneas, o hipogeos, agrupados en cerros, desarrollaron este sistema como 'vivienda funeraria', según sus creencias religiosas. Los hipogeos, de planta ovalada, columnas, nichos y techo de dos aguas, fueron pintados, en su mayoría con motivos geométricos, triángulos y rombos sobre fondo blanco.

De Tumaco-Tolita (500 a.C.-200 d.C), en la franja costera colombo-ecuatoriana, provienen las reconocidas cabezas y estatuillas de arcilla modelada, usadas, posiblemente, en rituales de curación y fertilidad. Obras muy conocidas dentro del contexto del arte precolombino por su excelente calidad plástica, caracterizadas por su realismo, su sentido del volumen así como, en algunos casos, por su libertad de movimiento y su tratamiento en escorzos. Algunas tienen su policromía original.

En los siguientes estilos, los estilos orfebres es esta, su expresión más característica. Así, en el Calima II (200 a.C-1100 d.C), o Yotoco, diseñaron ornamentos corporales de gran tamaño: diademas, orejeras, narigueras, pectorales y brazaletes que, trabajados en lámina, alternan partes lisas y relieves geométricos en los bordes, destacando en el centro una figura o una cabeza frontal en relieve. También sobresalen las máscaras repujadas y los 'alfileres' o 'palillos', que rematan con abigarradas representaciones de hombres y animales.

En el sitio de Malagana, cerca de Palmira, Valle del Cauca, se descubrió entre 1992 y 1994 un nuevo estilo (200 a.C-1300 d.C) que dio a conocer piezas de orfebrería de extraordinaria calidad y de temática muy novedosa mediante motivos vegetales -tales como una flor o una palma- que no se encuentran en otros estilos. Igualmente hay máscaras, pendientes y collares y figuras antropomorfas, modeladas en arcilla, algunas en pleno movimiento.

En el Quindío sobresale la orfebrería del estilo 'Quimbaya clásico' (300 a.C.-1000 d.C) con piezas de extraordinaria calidad artística, en donde transformaron el oro en representaciones escultóricas femeninas y masculinas -a su vez efigies y recipientes cinerarios-, como en las clásica formas de 'poporos', silbatos, collares, orejeras y narigueras, mediante un elaborado proceso técnico de modelado y fundición a la cera perdida, a excepción de los cascos laminados y repujados.

La orfebrería de estilo Tolima (0-1000 d.C), en el valle medio del Magdalena, se caracteriza por el estilo geométrico de sus pectorales, pendientes y piezas de collar. Obras realizadas dentro de la más rigurosa esquematización formal y planimetría, de la figura humana, animales o seres híbridos, con las que lograron admirables piezas de máximo esquematismo.

En Nariño, al sur del país, los discos policromados extraídos en Pupiales, de estilo Piartal (700 d.C-1250 d.C) son piezas únicas tanto por su rareza como por sus características, diseños geométricos formando motivos circulares y curvilíneos. También las narigueras de estilo Capulí (800 d. C.-1.600 d.C) son admirables por sus diseños rectangulares con espacios huecos o vacíos plásticos que configuran un doble efecto positivo y negativo de espacio y forma, creando ritmos circulares o rectangulares, de los que penden placas móviles para, visualmente, hacerlos muy ligeros y vibrátiles.

En la orfebrería Sinú (0-1000 d.C.) sobresalen los remates de bastones, piezas que, como emblemas jerárquicos de poder, tienen figuras humanas, felinos, aves o caimanes. Igualmente se destacan las narigueras circulares o semicirculares con diseños geométricos interiores de falsa filigrana o filigrana fundida.

Los tairona (300 d.C.-1600 d.C), en la Sierra Nevada de Santa Marta, desarrollaron un complejo sistema urbanístico -arquitectura en piedra- con más de 200 poblaciones tales como Ciudad Perdida, adaptando terrazas circulares al declive del terreno. La unidad básica de este sistema es la vivienda de planta circular, techo de paja sobre un poste central y dos puertas opuestas.

Entre los muiscas, destacados orfebres de los altiplanos Cundinamarca y Boyacá, además los grandes pectorales y los pendientes se destacan los 'tunjos' u ofrendas, figuras rectangulares, esquemáticas y planas, así como la representación de escenas, tipificada por la célebre 'balsa' encontrada en Pasca, demostrativa de la ceremonia de El Dorado, en la laguna de Guatavita.

*Investigador. Ha publicado varios libros y artículos sobre el arte precolombino.

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