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| 8/11/1986 12:00:00 AM

EL "MADRESOLTERISMO"

Un fenómeno de siempre que tiene ahora en Colombia más adeptas que nunca

Sofía, 30 años, economista de la Universidad Santo Tomás, trabaja en un banco de Bogotá.
Madre soltera por decisión. "Desde hace cinco años conocí un hombre casado. Nos "encarretamos". Yo nunca le he pedido que se separe y creo que él tampoco está interesado, ya que su esposa y sus hijos son importantes en su vida. Al cabo de tres años yo decidí que quería tener un hijo. Discutimos la idea, a él le pareció un poco descabellada. Yo persistía, diciéndole que mi amor me daba seguridad y que aunque sabía que iba a tener problemas, sobre todo familiares, era mi decisión. Cuando quedé embarazada en mi casa hubo junta familiar, mis argumentos no fueron tenidos en cuenta, me dijeron que me había enloquecido y que por lo tanto no era digna de seguir viviendo en esa casa, así que me tocó irme a un apartamento. Tuve mi hijo. El padre siempre me acompañó, claro que sujeto a sus compromisos y responsabilidades familiares. Mi hijo tiene ya dos años.
Mis padres "me perdonaron" y nuevamente vivo con ellos. Claro que no quieren oír hablar del padre de mi hijo. En mi grupo social y de trabajo, aunque al comienzo les parecía insólito que una mujer joven y proresional optara por tener un hijo siendo soltera, me aceptaron. No hicieron falta, sin embargo, las habladurías: hubo quienes pensaron que yo debía tener algún problema físico o sicológico que me impedia conseguir marido.
No tengo problemas ni de soledad, ni de falta de la figura paterna. Las relaciones de mi hijo con el padre son buenas. No soy feminista ni tuve mi hijo por ser "snob".

"El joven para la marina, y la niña para París": es un viejo dicho que resume humorísticamente lo que en otras palabras significa "haber metido la pata". Pero ambas frases no son otra cosa que el reconocimiento burgués de un fenómeno sociológico que cada día produce más y más casos en Colombia: el del "madresolterismo" .

Las experiencias varían. La vida de cada madre soltera es una historia, un mundo que encierra experiencias, motivos y consecuencias. Pero no todas, como el caso excepcional de María Eugenia Dávila, aceptan contar la historia y se enorgullecen públicamente de su maternidad. La mayoría, protegidas o refugiadas en el anonimato, prefieren, por miedo o por verguenza, guardar silencio. Son un ejército de mujeres de todas las edades y clases sociales con un común denominador: el de ser madres solteras.

Sobre el "madresolterismo" en Colombia, que es algo así como el nombre científico del fenómeno, no existen datos oficiales. Pero se sabe que cada dia aumentan las mujeres que acuden a los hospitales a tener un hijo por el cual no existe un padre que responda.

Las madres solteras han estado tradicionalmente relegadas a chismorreos o consideraciones despectivas.
O, en el mejor de los casos, a la lástima de la sociedad. Pero casi nunca a investigaciones tendientes a identificar el fenómeno de la madre soltera, y que planteen alternativas, para integrarla a la sociedad y otorgarle la protección legal a la que tiene derecho su hijo, y ella misma, como madre.

Prácticamente las únicas estadísticas existentes en Colombia sobre este fenómeno corresponden al libro de la socióloga Ana Rico de Alonso, "Madres solteras adolescentes". Según la doctora Rico, habría en Colombia la nada despreciable cifra de medio millón de madres solteras, de las cuales 300 mil, es decir el 60 No, se embarcaron en la maternidad antes de cumplir los 20 años.

De estas estadísticas se deduce que el "madresolterismo" en Colombia es una realidad y no, como a veces se ha pretendido alegar, un conjunto de casos aislados. Pero desde luego, el fenómeno tiene distintas causas y es visto de diversas formas por la sociedad, según sea el estrato social de la madre soltera en cuestión.

Tradicionalmente en Colombia ha sido aceptado como condición de hecho en los sectores populares, pero tratado en la intimidad de los hogares de clase media y alta casi siempre como un atentado contra la honra familiar. No hace mucho, las madres solteras recluían a sus hijos en hospicios y ellas mismas se refugiaban de por vida en conventos, "con la mancha indeleble de su pecado". Las cosas han cambiado un poco. Pero sólo un poco. Porque el "madresolterismo" continúa representando para la mayoría de las mujeres que lo experimentan, una cadena de sufrimientos y uno de los mayores traumas que puede sufrir una madre y su respectiva familia.

La investigación de la socióloga Ana Rico indica que en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, 13 de cada mil jóvenes entre los 12 y los 19 años de edad tienen un embarazo siendo solteras. De estas trece, ocho conservan el hijo y las cinco restantes lo entregan en adopción, o experimentan abortos espontáneos o inducidos.

ENTRE LA LIBERACION Y LA IGNORANCIA
La legislación colombiana define a las madres solteras como "toda mujer que no ha contraído un vínculo matrimondal de tipo civil o religioso y tiene un hijo, independiente del tipo y estabilidad de su vínculo marital".
Hasta hace pocos años ambos, madre soltera e hijo, eran ignorados por las leyes y estaban desterrados del derecho de familia. Pero hace algún tiempo el fenómeno de la madre soltera comenzó a ser reivindicado por la otra punta: la del hijo natural. A partir de 1982, la ley borró las diferencias entre los hijos legitimos y los naturales, con lo que desapareció una de las más tradicionales injusticias juridicas. Pero en lo que a las madres solteras respecta, su atención corre a cargo del Instituto de Bienestar Familiar, donde no existe para ellas ningún programa particular. Los casos se atienden dentro del programa de Protección al Menor Abandonado que cobija básicamente a la clase baja, que es la que con mayor frecuencia lo solicita. Las mujeres de estratos superiores buscan otros recursos distintos al del ICBF, y por regla general, las de clase más alta se van del país.
La ayuda que brinda el ICBF consiste en pagar cupos en instituciones privadas que prestan orientación médica, sicológica y social. Por lo general, estas instituciones son atendidas por religiosas, y hay 16 en el país: seis en Bogotá, tres en Cali, tres en Medellin y una en Buga, Cartago, Bucaramanga y Manizales, sin contar aquellas donde los niños se entregan en adopción. Cada institución tiene un promedio de 70 cupos, y recibe dos turnos anuales. Eso da una cobertura de 2.240 casos atendidos cada año, cifra que resulta irrisoria frente al creciente número de casos de madres solteras en el país. Esta atención no se presta a nivel ambulatorio, y la existencia de estas instituciones no corresponde a una política estatal de asistencia, sino a prácticas caritativas de la Iglesia, tendientes a prevenir la práctica del aborto.
Los pocos que se han propuesto avanzar un poco en la investigación del fenómeno del "madresolterismo" indican que hay que diferenciar entre dos grupos de mujeres: las que han buscado el embarazo, o sea, que conscientemente optaron por la maternidad. Es el caso de Elisa, una mujer soltera de 40 años, ejecutiva capaz y dinámica, quien contó a SEMANA que tomó la decisión de ser madre hace 7 años. "Quería tener un hijo, y me asustaba la idea de llegar a los 35 años sin haber cumplido mi deseo, porque a esta edad la maternidad comienza a presentar ciertos riesgos para la madre y el hijo. Establecí una relación con un hombre ya maduro, casado y sin hijos, de muy buena posición social. La relación se acabó cuando tuve el niño, pero nunca ha dejado de apoyarme".

Podría decirse que esta categoría de madres solteras obedece a un fenómeno cultural que tiene sus raíces más directas en los movimientos de liberación femenina. Uno de los más conocidos antecedentes proviene de la década de los setenta, cuando mujeres matriculadas en movimientos feministas norteamericanos y europeos asumieron como una de sus reivindicaciones el hecho de tener hijos sin estar casadas. Por ello se agruparon bajo el lema de "Mujeres deliberadamente solteras". Pero no hay duda de que el factor que más incide en una madre soltera voluntaria ha sido el fenómeno de incorporación masiva de las mujeres a la fuerza laboral: en la mayoría de los países industrializados más del 40 No de la fuerza laboral es femenina, lo que brinda a las mujeres razones de autonomía para decidir que no casarse no tiene que significar la frustración del instinto maternal.

En el segundo grupo están las madres solteras que quedan embarazadas involuntariamente, bien porque fueron forzadas a tener relaciones sexuales, o porque no tuvieron en cuenta sus consecuencias. En este grupo está Martha, soltera y estudiante universitaria. Entrevistada por SEMANA, contó que cursaba 5 año de bachillerato, a los 17 años, cuando quedó embarazada. "Mi novio huyó de la situación. Me echaron de la casa. No sé de dónde saqué fuerzas para tener el niño-tal vez me daba más miedo abortar-y cuando lo tuve, mi mamá decidió ayudarme y me volvió a recibir en la casa".

Entre las mujeres de este segundo grupo hay características comunes: han estado en la calle desde muy niñas, son inmaduras, no tienen educación sexual, han tenido relaciones afectivas inestables, problemas familiares. El hijo habido fuera del matrimonio es generalmente indeseado y fruto de relaciones esporádicas, de noviazgo o de abuso sexual. Asi lo confirman testimonios recogidos por Ana Rico en su investigación:

"Estaba en una fiesta y había bebido bastante sólo así me explico lo que pasó".
"No crei que me fuera a pasar eso".
"Era una experiencia que varias compañeras de curso ya habían tenido y quería saber cómo era".
"Yo hacía el amor más por la situación de estar juntos".
"Pensaba que era muy importante ser la mujer de mi pareja y que por eso él no me abandonaría".
De las 2.340 historias que tuvo en cuenta la investigación de la socióloga, el 30% de las mujeres no pensaba tener relaciones, el 70% corrió el riesgo porque no creyó quedar embarazada y el 80% de las parejas jamás discutió la posibilidad de un embarazo.
Consultadas en cuanto al uso de anticonceptivos, en el momento del embarazo, el 83% no utilizaba ninguno por las siguientes razones: el 56% porque no los conocía; el 13% porque no tenía pensado sostener relaciones sexuales; el 15.5% porque no le preocupaban las consecuencias; el 2.5% porque pensaba que los anticonceptivos eran para mujeres mayores; y el 13% porque le daba miedo.
En cuanto a los hombres entrevistados, sólo el 12% había utilizado alguna vez preservativos.
Resalta en la investigación de este grupo de madres solteras el grado de comunicación y educación que recibieron en el campo de la sexualidad. (Ver recuadro). El 40% de ellas no había recibido ninguna información de sus madres sobre las relaciones sexuales, y apenas el 18% pudo responder que sus madres "les habían contado todo". Por otro lado, el 63% de las encuestadas aceptaron que sus conocimientos sobre las relaciones sexuales los habían recibido de fuentes distintas a sus padres y al colegio.
Ya ante la realidad del embarazo se presentan cuatro alternativas: el matrimonio (casi siempre forzado); el aborto (con sus respectivas secuelas físicas y sicológicas); la entrega del hijo en adopción (con sus repercusiones síquicas) o la conservación del hijo, que en la mayor parte de los casos conlleva el rechazo y la discriminación.
LAS CARETAS DEL MIEDO
Varias madres solteras consultadas por SEMANA revelaron que la angustia y el miedo habian sido su primera reacción. Blanca Cecilia, estudiante de filosofía de una exclusiva universidad de Bogotá, relató para SEMANA: "Cuando recibí el examen de laboratorio creí que me paralizaba del susto. Dejé de comer y no volví a la uníversidad. Mis padres no entendían porqué me pasaba el día en levantadora y porqué me mostraba tan silenciosa. Hasta que un día mi papá hizo venir el médico a la casa, y tuve que dejarme examinar. Creían que era una apendicitis. Cuando mis padres se enteraron de la verdad, yo sentí el alivio más grande de mi vida".
El caso de Doris, empleada del servicio doméstico, es dramático. El temor a que la despidieran le impidió revelar a sus patronos la verdad de su estado. Para disimular el vientre se fajaba fuertemente. Cuando le empezaron las contracciones salió aterrorizada al jardín de la casa y tuvo el niño sin ayuda, cortando el cordón umbilical con el cuchillo de la cocina.
Pero al terror del embarazo sigue el miedo por el abandono y el rechazo del compañero y de la familia. A este respecto, la sicóloga Clara Inés Gómez encontró que el 58% de las madres solteras viven su embarazo fuera de la casa; que el 74% de los padres de las criaturas por nacer reaccionan negativamente, en muchos casos con ofensas, dudando de la paternidad, culpabilizando a la mujer y abandonándola. Sólo en el 25% de los casos, los padres brindan su apoyo afectivo o financiero.
Pero también está el rechazo de su familia. Un médico del Hospital San Vicente de Paúl de Medellín, que solicitó conservar el anonimato, dijo a SEMANA que prácticamente existe una constante en la etapa de postparto de las madres solteras de las clases más humildes, que a él le ha correspondido atender. Muchas de ellas regresan a los pocos días del parto con graves lesiones personales que hacen necesaria su hospitalización.
"Lo que parece ser es que los familiares terminan resignándose ante la realidad del embarazo. Pero cuando estas mujeres tienen el niño, el machismo las convierte en sus víctimas. Sus padres, sus hermanos o los propios compañeros las golpean salvajemente para sancionarlas o refrendar su dominio. Mi último caso fue el de una madre que había fenido su hijo apenas ocho días antes. Le rompieron el bazo a punta de patadas".
Para una madre soltera, la vida, es lógico, cambia radicalmente. Casi todas abandonan sus estudios de colegio o de universidad (en ningún colegio del pais, salvo especiales excepciones, aceptan una estudiante embarazada). Muy pocas conservan el trabajo que tenían con anterioridad. Y son realmente excepcionales los casos de las madres solteras que terminan asumiendo cabalmente su circunstancia, hasta el punto de que la satisfacción de la maternidad prima sobre las presiones sociales.

LAS CAUSAS: DE TODO UN POCO
Son múltiples las explicaciones que se le han dado en Colombia al fenómeno del "madresolterismo". Se mencionan, principalmente, la búsqueda de afecto de la mujer, casi siempre como fruto de incomunicación familiar. También está la actitud machista del hombre que desea demostrar su poder para procrear los hijos que se le antojen, pero que después rehúye la responsabilidad de la procreación y la deja en manos de la muJer.
Otro factor que influye es la inmadurez emocional causada por la carencia de afecto familiar, que produce una motivación consciente o inconsciente de tener un hijo en quien volcar las frustraciones y el amor no recibido; el castigo, cuando la autoestima de la mujer es tan baja que busca el embarazo para volcarlo contra su familia o contra la sociedad, cuando las normas tradicionales simbolizan a los padres; la promiscuidad; la falta de educación sexual; la búsqueda de afirmación en la relación de parejaun afán de independencia o el deseo de buscar la maternidad sin el consiguiente compromiso permanente con un hombre; o la maternidad como una fuente de compañía.
El "madresolterismo" en Colombia es un fenómeno complejo, inexplorado y real. En su juzgamiento han predominado tradicionalmente sentimientos como el reproche o la lástima, y muy pocas veces se ha impuesto el derecho al respeto y a la dignidad que conlleva traer un hijo al mundo. Son miles de mujeres pertenecientes a todos los sectores sociales que son solitarias jefes del hogar y que se desempeñan en los más diversos campos laborales, desde los más humildes hasta los más calificados casi siempre sorteando las dificultades de la maternidad sin el apoyo de un compañero, sin el respaldo de una familia y sin el reconocimiento de la ley. La sociedad y el Estado están en deuda con ellas. Ser madre soltera no debe significar encontrar cerradas las puertas de las oportunidades de educación, de trabajo, de justa remuneración y de desarrollo personal. Y menos todavía las de la realización afectiva, que constituye la esencia de la maternidad. --

"NO PODIA DECIDIR UN ABORTO"
Al borde de la madurez de su carrera profesional, María Eugenia Dávila desempeña un papel intimo, personal e intransferible, que nada tiene que ver con el bullicio que envuelve a "Marina de noche" y en nada se parece tampoco a todos los roles de protagonista que ha hecho en su premiada carrera de actriz. Ese papel privado es, sin embargo, el que más satisfacciones le ha dado hasta ahora, a pesar de las miradas de reproche que un dia le lanzaron y no obstante las mortificaciones que acompañan en Colombia una decisión como la que tomó: ser mama de un hijo por fuera del matrimonio y enfrentar así, como soltera, una maternidad plena, sin clandestinidad y con orgullo. Desde hace cinco años (que son los que tiene Juan Sebastian, su hijo), María Eugenia Davila asume todos los días ese papel y sobre lo que ha significado su experiencia, sobre lo que fue aquella decisión y sobre su concepto del "madresolterismo", SEMANA la entrevistó.

SEMANA: El tema del "madresolterismo " es un poco espinoso, ¿qué piensa usted de esa situación y del apelativo madre-soltera?
MARIA EUGENIA DAVILA: El término no me choca. Suena un poco despectivo, pero es una realidad. Yo creo incluso que el niño, al ser de alguien como yo, su madre, lo va a entender.

S.: ¿Cuál fue su reacción al comprobar su embarazo?
M.E.D.: Yo tenía el convencimiento de que no podía tener niños. En el momento del embarazo estaba emocionalmente muy sensible. A pesar de que fue sorpresivo, hubo un vuelco total maravilloso. Yo no podía decidir un aborto. Era imposible pensar en esa idea y cada momento había más razones para querer tener a mi hijo.

S.: ¿ Qué reacciones causó su embarazo?
M.E.D.: El público fue amable. En la calle jamás me dijo nada. Mi familia me brindó su apoyo total, pensaron que yo todavía era muy joven, que no había encontrado un equilibrio en mi vida. Los de mi familia pensaron que era bueno, y así ha sido. La actitud de mis compañeros fue positiva. Públicamente, en la prensa, recibí recriminaciones. Pero, ¿qué me criticaban cuando decidí tener a mi hijo? ¿Querían acaso que abortara? Me pregunto si eso hubiera sido más moral.

S.: ¿Cómo reaccionó el padre?
M.E.D.: En una actitud de rebeldía e independencia decidí enfrentarme a todo sola. Pensándolo ahora, yo no hubiera tenido el niño sino en una relación estable, que le garantizara la figura paterna. Aunque las mujeres damos una imagen de padre y madre, salimos y trabajamos, el hijo necesita la figura del padre sobre todo cuando el hijo es hombre.

S.: ¿ Qué piensa el niño de su padre?
M.E.D.: Pregunta mucho por el papá, qué donde está, que qué hace.
El no lo conoce y yo le digo que es maravilloso, pero que está lejos. Lo ideal para mi ahora es encontrar el amor y que ese hombre ame a mi hijo como a un amigo.

S.:Juan Sebastián ya va al colegio grande, ¿cómo ha sido su desarrollo sicológico?
M.E.D.: Pienso que normal. Los informes lo describen como líder, que a la vez se deja llevar por otros líderes, se integra, comparte y es un poco hiperactivo.

S.: ¿Qué diferencia hay entre su trabajo antes y después del niño?
M.E.D.: Juan Sebastián es lo más importante. Antes del niño, mi lucha era más complicada, con él hay un motivo, es la proyección y esperanza de mis proyectos. Aparte del trabajo, el tiempo lo dedico a él. Hago vida social pero poca. Cada día creo más en mi papel de madre, que se siente más, a medida que el hijo crece.

S.: ¿Cómo es su papel de madre?
M.E.D.: Estoy aprendiendo, hay tantas teorías de educación y he optado por dar más libertad de la que se daba antiguamente, quiero que mi hijo desarrolle sus fantasías, que despierte su creatividad y su imaginación para que encuentre lo que quiere ser.
Y le doy mucho cariño, que es lo más importante para el ser humano, la mano dura crea resentimiento.

S.: ¿Cuál es el cuadro familiar de Juan Sebastián?
M.E.D.: Mamá, tía y abuela, vivimos juntas, pero también nos visitan tios, primos y amigos.

S.: ¿Qué conclusión le ha dejado su maternidad ?
M.E.D.: Que una mujer puede llegar a ser Presidente o lo que sea, peto el hecho más importante al que puede aspirar una mujer es a tener un hijo.
Esto nada lo puede remplazar. También he comprendido que aunque la mujer se crea muy capaz, la imagen del padre es muy importante para fortalecer la personalidad de los hijos.

MADRES SOLTERAS DE LA HISTORIA
Si el "madresolterismo" como fenómeno social sólo ha comenzado a discutirse en Colombia en los últimos años, para la historia casi que se ha olvidado y los casos sobre los que se ha escrito, han estado rodeados o bien de dramatismos cursis o llenos de fantasia y mitos.
En Colombia, la historia recoge como un caso digno de admiración y superación el de Marco Fidel Suárez, porque siendo "hijo natural" llegó a la Presidencia de la República. Sobre su progenitora, sin embargo, es poco lo que se conoce. A nivel mundial, casos como el de la Papisa Juana o la Monja de Monza, personajes de la Edad Media, son vistos como producto de la charlataneria y la imaginación popular más que como una realidad histórica.

IZADORA DUNCAN: Papisa de la liberación femenina
Y si la historia de la Papisa Juana es muy difícil de creer, la de Isadora Duncan, más cercana (1878-1927) y menos sacrílega, no deja de sorprender por ser irreverente y muy revolucionaria para su época. En su libro "Mi vida", Isadora cuenta cómo desde muy pequeña resolvió no casarse nunca y reivindicar el derecho de la mujer a tener hijos sin casarse. "Me impresionó profundamente, por todas las lecturas con que alimentaba mi inteligencia, la injusticia que padecían las mujeres y relacionando mis lecturas con la historia de mi padre y de mi madre, decidí, de una vez para siempre, que consagraría mi vida a luchar contra el matrimonio, por la emancipación de la mujer y por su derecho a tener uno o varios hijos cuando le plazca, sin mengua de su honor.
Hice votos de no rebajarme nunca a ese estado degradante. (El del matrimonio,). He permanecido fiel a este voto, aun cuando me costó muchas peleas con mi madre y desafiar la incomprensión del mundo. Si, a pesar de todo, continúan casándose mujeres inteligentes, ello es porque no han lenido el valor de defender sus convicciones. Muchas mujeres me replican, pero si no me caso quién cuidará de los niños. Yo contesto, si la ceremonia del matrimonio es necesaria como una protección que asegure el cuidado y la educación de los niños, ello quiere decir que usted se casa con un hombre de quien sospecha que, en determinadas condiciones, negaría su apoyo a sus hijos; y en este caso lo que usted firma es un contrato de plebeyo. Porque se casa con un hombre de quien sospecha es un villano. Pero yo no tengo de los hombres una opinión tan triste que crea que la mayoría son "specimens" lamentables de la humanidad". La famosa bailarina norteamericana vive apasionados romances. El más famoso fue con el coreógrafo Gordon Craig, con quien tuvo una relación amorosa desde 1905 hasta 1915. Con él tuvo una hija, Deirdre, y a pesar del reclamo de su madre, de su familia, de sus empresarios y de la insistencia de Gordon para que se casaran, no lo hizo. Exaltada por la maternidad, dijo: "¡Oh, mujeres! ¿Para qué aprendéis a ser abogados o médicos, pintoras, escultoras o poetisas, si existe este milagro de la maternidad?".

ROSALIA SUAREZ: "madresolterismo" criollo
Los biógrafos de Marco Fidel Suárez indagaron sobre la vida de su madre, pero fue poco lo que encontraron. La describen como una mujer sencilla y rústica que vivía en Hatoviejo, hoy Bello (Antioquia). De hogar muy humilde. Al igual que la mayoría de las mujeres de esa época, iba a misa de cinco todos los días y después se dirigía a la quebrada del pueblo a lavar las ropas de las gentes acomodadas.
Una nieta de Marco Fidel Suárez describe a Rosalia como una mujer morena y bajita que no aprendió a leer ni a escribir y que hablaba con acento y modismos antioqueños muy marcados. Como la mayoría de las mujeres humildes, a Rosalía le encantaban unos tabaquitos delgados llamados "calillos" y fumaba con la parte encendida dentro de la boca, a usanza de las lavanderas en esa época. José Maria Barrientos, un joven de 18 años y perteneciente a una de las mejores familias de Hatoviejo, se prendó de su belleza y tuvo relaciones intimas con Rosalia. Ella quedó esperando y ni se atrevió a contarle al joven. El párroco del pueblo estuvo siempre apoyando a Rosalía y se encargó de que Marco Fidel fuera a la escuela. Después le consiguió colegio para que hiciera su secundaria, ya que Marco Fidel daba muestras de ser muy inteligente y consagrado. Las relaciones de Suárez con José María Barrientos fueron muy cordiales, dicen los biógrafos. Sin embargo, Marco Fidel no llevó el apellido Barrientos, por el hecho de que José María quería evitar una mortificación a su esposa. Y aiiaden, "lo que era justificable, dadas las normas puritanas y el rigido concepto del hogar antioqueño". Cuando murió su esposa, don Pepe (como le decían familiarmente a Barrientos) manifestó a su hijo que podia llevar su apellido, pero Marco Fidel, que por esos días se había ganado un premio con motivo del centenario de Andrés Bello, le contestó que como su nombre era relativamente conocido en el país, el cambio no sería bien visto y agregó que en atención a su generoso ofrecimiento, usaría el apellido Barrientos en la correspondencia familiar.
Antes de que Marco Fidel Suárez fuera presidente, Rosalía murio. En carta escrita a un amigo, Suárez le decía: "Se nos fue la adorable madrecita, mi bienhechora, mi compañera, mi amparo y mi ejemplo de unos de 81 años. Estaba consagrada desde hace 30 años a la piedad, al trabajo y al silencio. La amortajé con el hábito de San Francisco, la coloqué en su humilde ataúd y parecía una Santa".

"FUE POR LA JUNTEDAD"
Carmenza Bohórquez, empleada del servicio doméstico. En la actualidad secretaria general del Sindicato Nacional de ese gremio. Madre soltera a los 19 años. "Llegué a Bogotá a los 14 años. Mis padres vivían en Somondoco (Boyacá). Un primo de mi padre que vivía a la vuelta de la casa estudiaba allí y ya estaba en quinto.
La mamá de él ha sido escogida siempre por mis padres como madrina de bautizo y confirmación, por eso con este muchacho teníamos una relación de amistad y familiaridad. Cuando en mi casa llegaba gente, me mandaban a dormir a la casa de mi madrina. Nunca fuímos novios, pero por la "juntedad" a mí no me extrañaba que tuviéramos relaciones íntimas. Aunque sabía que podía quedar embarazada, me parecía que como eran sin amor no tenían problema. Después de un año me embaracé y pensé que lo mejor era venirme a Bogotá. A uno de doméstica con una hija le ofrecen un salario muy bajo y el trato es muy inhumano. Se debe tener la hija todo el día escondida en el cuarto, no puede llorar, no se puede enfermar, no puede ser gorda porque piensan que se está comiendo toda la comída de la casa, en fin, es terrible. Decidí entonces dejar a la niña con mis padres en el campo, y mensualmente le mando para el sostenimiento. De eso hace ocho años".

LO QUE CUENTAN LAS MADRES
Todo Algo Nada
Menstruación 32% 24% 44%
Relaciones sexuales 18% 42% 40%
Anticoncepción 10% 36% 54%
Aborto 18% 54% 28%

QUIEN CUENTA QUE
Rel. Sex. Menstr. Anticon. Aborto.
Madre 45% 11% 9% 6%
Colegio 10% 26% 28% 16%
Otros 45% 63% 63% 78%
Fuente: investigación entre 2.340 casos de "madresolterismo", publicada en el libro "Madres solteras adolescentes"
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