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| 4/28/2007 12:00:00 AM

El Miami chiquito

El vecino Panamá se ha convertido en el destino de cantidad de empresarios colombianos, pese a las reservas que por años hubo al ser considerado un paraíso fiscal. ¿Qué es lo que los atrae tanto?

Cada vez son más las empresas colombianas que aterrizan en Panamá. Un lugar relacionado en el imaginario de muchos con actividades al borde de la ley como el lavado de activos, el contrabando y, en el más benéfico de los casos, la evasión de impuestos. Además, ese país era considerado un buen exponente de una de las llamadas repúblicas bananeras, lo que se traducía, entre otras cosas, en poca autonomía frente a Estados Unidos.

Pero estas lecturas no son más que estereotipos, al igual que los vividos por los colombianos en relación con el narcotráfico y la violencia. Es decir, son hechos inocultables pero no generalizados o acolitados por toda la sociedad. Que estas ideas estuvieran en la mente de algunos empresarios fue por años el verdadero Tapón del Darién que no permitió unas relaciones comerciales más activas.

Hoy las cosas son diferentes. Se calculan en más de 1.000 millones de dólares las inversiones colombianas en ese país. En los últimos años, muchas empresas iniciaron operación en el vecino país e incluso ya lideran varios sectores. Esto sucede, por ejemplo, con Provivienda, una empresa de la colombiana Cusezar que es de las principales en el sector de la construcción. En esta misma área están HIA, filial de la constructora AIA, Conalvías y Conconcreto Internacional. En otras actividades sobresalen Metalco Panamá, del grupo Acesco; Pascual, del Grupo Luker; Cementos Panamá, de Argos, y varias de las divisiones de negocios de Carvajal.

También se encuentran colombianos en grandes desarrollos turísticos, como sucede con Decamerón; en seguros, como Suramericana de Seguros, y en el sector bursátil, como Interbolsa, Suvalor y los bancos de Bogotá, Occidente, de Crédito, Colpatria, Bancafé y Bancolombia, entre otros.

Así mismo, se establecieron la Universidad del Istmo, filial del Politécnico Grancolombiano, y la Universidad San Martín. Son muy populares restaurantes de franquicias colombianas como Crepes & Waffles, y Leños y Carbón, y así se podrían sumar decenas de inversiones más en múltiples actividades.

Tanta gente no puede estar equivocada. ¿Qué es lo que los atrae y que hizo superar las antiguas prevenciones?

Varios factores confluyen para hacer de Panamá un destino atractivo para los negocios. Los últimos años ha mostrado un sorprendente crecimiento económico. De forma sostenida ha estado en el 8 por ciento. En sectores como el de la construcción ha llegado al 30 por ciento, en el comercio ha oscilado entre el 12 y el 16 por ciento y en la banca se mantiene en el 14 por ciento. Estos indicadores sin duda hablan de las muchas oportunidades que se están dando allá. Ayuda también el hecho de que su moneda sea el dólar. y hay gran expectativa con la reciente aprobación de la ampliación del Canal en la que se invertirán más de 6.000 millones de pesos.

Pese a los avances que ha tenido Colombia en materia de seguridad en sus principales ciudades, no es despreciable que a una hora de vuelo de Bogotá haya garantías plenas en el tema, sin tener de por medio restricciones de visa, además de ser una ciudad con una imagen moderna que ha cambiado, por ejemplo, el perfil urbano de Ciudad de Panamá, la capital. Cada vez entre los hombres de negocios es más popular la expresión de que Panamá es un 'Miami chiquito'.

Varios empresarios con los que habló SEMANA coinciden en que estar en este país es realmente participar del mercado global. No sólo por ser un puerto conectado con el mercado mundial, sino en aspectos clave como las comunicaciones que tiene la banca establecida allí, que de una forma muy ágil se conecta desde las Islas Caimán hasta Asia, pasando por Estados Unidos y Europa.

Otras ventajas están relacionadas con el hecho de que su aeropuerto sea un punto de conexión con todos los países del continente, prácticamente con vuelos diarios a todos ellos. Además, establecerse allí permite gozar de ventajas arancelarias con el mercado de América Central, las que no se tienen hoy en Colombia. Esta ha sido una de las consideraciones más importantes en el caso de las empresas de alimentos.

Paradójicamente, las que en otro momento eran consideraciones para tener reservas de invertir en Panamá, hoy se han vuelto fortalezas. Pese a que Estados Unidos se retiró hace unos años de la operación del canal, su tutela ha hecho que la vigilancia de la banca relacionada con la prevención de lavado de activos sea grande. Ninguno de estos establecimientos quiere enredos con el país del norte.

Aunque en los empresarios existe aún un aire de que en el gobierno en muchos casos prima el amiguismo, que es susceptible de presiones económicas indebidas y que su aparato de justicia no es fuerte, hay confianza en la Unidad de Análisis Financiero (UAF), entidad adscrita al Ministerio de Economía y Finanzas que se encarga del control de transacciones para evitar el lavado de los dineros del crimen.

En sitios como el Puerto Libre de Colón, por años el abastecedor por excelencia de los contrabandistas colombianos, hoy son fuertes los controles para transacciones en efectivo. Y ya es muy habitual encontrar que los grandes compradores allá no son personajes sospechosos, sino grandes superficies como Sodimac, Carrefour, Éxito o Carulla.

Los controles son también más exigentes para dos de las figuras que despiertan más inquietud de la actividad mercantil en Panamá: las sociedades al portador y las fundaciones de interés privado. En el primer caso, los accionistas de estas sociedades, como lo indica su nombre, son quienes tengan las acciones en su poder. Constituir una empresa de éstas cuesta alrededor de 1.500 dólares y su mantenimiento es de 500 dólares al año. Como representantes se encuentran equipos de abogados especializados en figurar en cientos de estas empresas sin, en la práctica, tener mayor responsabilidad legal de su operación. Esto hace que se mantenga en secreto quiénes son sus verdaderos dueños. La otra figura, la de las fundaciones de interés privado, permite que el propietario de una empresa ponga a nombre de otros sus acciones, pero que quien reciba los dividendos sea el original propietario. Esto es muy popular en sociedades familiares que en vida entregan su herencia. Ambas figuras mercantiles en sí mismas no son malas, las dudas son que, por la falta de vigilancia, sean fácilmente utilizadas por testaferros.

El otro aspecto de recelo es que empresas que estén constituidas en Panamá, pero que tengan su operación en otro país, están exentas de impuestos. Facilidades como esta le valieron a Panamá por años el calificativo de 'paraíso fiscal'. Pero gestiones gubernamentales los sacaran de esa lista, aunque mantienen muchos de estos beneficios.

Se calcula que el 60 por ciento de los empresarios colombianos han abierto operaciones comerciales independientes de sus actividades en Colombia. Este es un país que ve con buenos ojos la capacidad profesional y la mano de obra colombiana. Estos atractivos explican por qué el incremento de colombianos que van al año a ese país. En 2006 fueron 136.000, el doble de los que entraron en 2001. El incremento se dá también en la otra vía, lo que significa que se está viviendo un redescubrimiento mutuo.
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