Martes, 17 de enero de 2017

| 1986/09/01 00:00

EL MUNDO EN UN PAÑUELO

Científicos americanos tratan de reconstruir el ecosistema del planeta en una hectárea de rocas en Arizona

EL MUNDO EN UN PAÑUELO

En Oracle, cerca a Phoenix, en pleno desierto de Arizona, surge de entre las rocas rojas una extraña edificación de acero y vidrio. Concebida por los arquitectos norteamericanos Margret Augustine y Phil Hawes, es una mezcla de invernadero industrial y palacio oriental. Pero lo más extraño de todo es su nombre: "Biosfera 2", un proyecto de Carl Hodges, director del laboratorio de investigaciones del medio ambiente de Tuxon. Edward Bass, hijo del Blake Carrington de la región, invirtió en el proyecto cerca de 4 mil millones de pesos.
En su interior, 8 voluntarios intentarán vivir durante dos años, sin ninguna posibilidad de acceder al mundo exterior. El proyecto tiene la seriedad de un asunto de Estado, no sólo por la participación cercana de la NASA, sino por la bendición que le impartió hace pocos días el presidente Ronald Reagan. Todo este interés no es gratuito. Si el proyecto llega a tener éxito, Biosfera 2 llegaría a convertirse en el único lugar del mundo donde podrían refugiarse los sobrevivientes de un gran cataclismo nuclear. También servirá de modelo para una futura estación espacial prevista en Marte, para un laboratorio de lujo diseñado para el Antártico e incluso para un oasis artificial para emires ricachones.
La mejor descripción del proyecto la hace el propio Hodges: "En una hectárea, vamos a reproducir el mundo en miniatura. Las grandes rocas cubiertas de vegetación exuberante se reflejarán en un lago que surtirá de agua a los cultivos. Habrá zonas frías y calientes, generadores de la humedad necesaria y todo lo que se requiere para el crecimiento de las plantas. Sus habitantes, sin ningún equipo especial, cultivarán su alimento y respirarán el oxígeno producido por los vegetales".
Pero antes de clausurar las puertas de este universo liliputiense, Hodges quiere estar seguro de obtener el equilibrio indispensable para que sobrevivan todos los elementos del ecosistema. Como en el mundo de verdad, la mayor preocupación son los intercambios de gases, que aquí pueden ser más difíciles de manejar. La idea es que incluso las bacterias se conviertan en los mejores agentes filtradores o de limpieza. Todas las emanaciones serán medidas y calculadas por computador. La mayor aspiración es descubrir el gran secreto de la coexistencia de las especies, intervenir en él y reproducir los sistemas de ahorro de energía de las plantas.
Como es obvio, Hodges no es ningún aparecido en este terreno. Desde hace más de 20 años ha venido trabajando en sistemas cerrados, reciclajes, etc. Entre otras cosas, fue el encargado de crear en Epcot Center el universo del futuro soñado por Walt Disney. Los cultivos en habitación cerrada y plantas que se desarrollan velozmente como en una película de ciencia ficción, se hallan al lado de jacintos de agua que renuevan el oxígeno del estanque donde crecen camarones. Los excrementos de los peces sirven para nutrir el sistema de riego, gota a gota, que alimenta las legumbres. Todo crece sin necesidad de tierra: tomates, cohombros, arroz, se agarran a la arena o a las fibras sintéticas. En grandes canecas, las lechugas crecen gracias a la fuerza centrífuga. Con las raíces al aire, reciben chorros de neblina, gracias a lo cual se reemplaza la tierra y la función que la gravedad cumple en la alimentación de las plantas normales. Estos jardines de Epcot serán pronto reproducidos en Biosfera 2, donde una gigantesca parafernalia tecnológica permitirá estudiar los cultivos que algún día se podrán hacer en el espacio.
Aparte de Epcot, Hodges, físico de la atmosfera y agrónomo de gran renombre, ha comercializado invernaderos especiales que hoy funcionan en Africa, América Latina, el Caribe y Medio Oriente. Irrigar el desierto con agua de mar desalinizada ha sido uno de los proyectos a los que más tiempo le ha invertido, pero los costos han sido tan grandes que ni siquiera el respaldo de la fundación Rockefeller ha podido sostenerlo. A pesar de ello, se encuentra en marcha un gigantesco programa de irrigación de los contornos del golfo de Omán exclusivamente con agua de mar.
Todos estos ejemplos no son más que algunos de los muchos sueños que se están convirtiendo en realidad gracias al trabajo de este científico y de su grupo de investigadores. Esta productiva forma de asomarse al siglo XXI tendra seguramente en Biosfera 2 el mayor de sus logros. Sólo basta esperar que se termine la construcción de este planeta de probeta para que entren a él los 8 conejillos de indias humanos y se le eche doble llave al cerrojo durante dos años.--

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