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| 2/26/1990 12:00:00 AM

EL MUNDO ES UN PAÑUELO

Peter Drucker, el gurú norteamericano de la administración de empresas, escribió para The Economist un artículo sobre el mundo de los negocios en esta década. SEMANA reproduce apartes de ese escrito

En cinco áreas importantes los noventa traerán grandes cambios en el ambiente económico y social y en las estrategias, estructura y administración de las empresas.
Para comenzar, la economía mundial será bien diferente de lo que los hombres de negocio, los políticos v los economistas aún toman como un hecho. La tendencia hacia la reciprocidad como principio central de la integración económica internacional se ha vuelto ahora casi irreversible, ya sea que a uno le guste o no (a mi no).
Las relaciones económicas se darán en forma incremental entre bloques comerciales más que entre países. Un bloque del sudeste asiático, organizado alrededor de Japón, similar a la Comunidad Económica Europea y a Norteamérica, puede surgir durante la década. Las relaciones, por lo tanto, serán conducidas cada vez más a través de tratados bilaterales o trilaterales con respecto a la inversión y el comercio.
La reciprocidad puede generar fácilmente un proteccionismo de la peor clase (es por eso que no me gusta). Pero podría ser convertida en una herramienta poderosa para expandir el comercio y la inversión si -y sólo si- los gobiernos y los hombres de negocios actúan con imaginación y coraje. En cualquier caso esto era probablemente inevitable. Es la respuesta a la primera aparición de una gran potencia económica en una sociedad no occidental, Japón.
En el pasado, cada vez que una nueva potencia económica aparecía, nuevas formas de integración económica seguían a menudo (por ejemplo la compañía multinacional, que fue inventada en la mitad del siglo XIX, cuando los Estados Unidos y Alemania surgieron como grandes potencias económicas. Para 1913, las multinacionales habían llegado a controlar tanto de la producción industrial mundial, o quizás más, de lo que controlan ahora. La reciprocidad es la manera, para mejor o peor, de integrar un país moderno pero orgullosamente no occidental, como Japón (y los pequeños tigres que ahora lo siguen), en una economía mundial dominada por el occidente.
El occidente no tolerará más los métodos comerciales de Japón en las décadas recientes: una muralla alrededor del mercado doméstico, para proteger las estructuras sociales y las tradiciones, junto a un empuje determinado para buscar la dominación mundial de industrias japonesas seleccionadas. Pero la estructura tradicional de una economía autónoma y libre de valores en la cual la racionalidad económica es el último criterio, es ajena a una sociedad seguidora de las ideas de Confucio. Esta se ve en realidad como imperialismo cultural. La reciprocidad puede hacer posible relaciones económicas cercanas entre sociedades culturalmente distintas.
Segundo, las empresas se integrarán en la economía mundial a través de alianzas: participaciones minoritarias, inversiones conjuntas, consorcios para investigación y mercadeo, asociaciones en subsidiarias o en proyectos especiales, licencias comunes y así sucesivamente. Los socios no serán solamente otras empresas, sino también entes no empresariales como universidades, hospitales y gobiernos locales. Las formas tradicionales de integración económica -comercio y compañías multinacionales- continuarán creciendo muy posiblemente. Pero la dinámica del proceso está cambiando rápidamente hacia asociaciones no basadas en los nexos comerciales ni en los nexos de poder a través de la propiedad de las multinacionales.
Hay otras razones para esta rápida tendencia: muchas empresas pequeñas y medianas tendrán que volverse activas en la economía mundial para mantener el liderazgo en un mercado desarrollado.Una compañía tiene que, cada vez más, mantener una presencia fuerte en todos los otros mercados a través del mundo.Pero las compañías pequeñas y medianas raramente tienen los recursos financieros y administrativos para crear sus filiales en el extranjero o adquirirlas.
Financieramente, sólo los japoneses tienen los recursos para volverse multinacionales. Unicamente una compañía muy rica y con mucho efectivo puede todavía decidirse hoy por la ruta multinacional.
Sin embargo, las mayores fuerzas detrás de la tendencia hacia las alianzas son la tecnología y los mercados. En el pasado, las tecnologías se cruzaban poco. Hoy en día, difícilmente hay un campo en el cual este sea el caso. Ni siquiera una gran compañía puede obtener de sus propios laboratorios toda,o aún la mayoría,de la tecnología que necesita.
Tercero, las empresa experimentarán en los noventa las reestructuraciones más radicales desde la época en la cual la organización corporativa moderna empezó a evolucionar en los años veinte (...)
Las empresas del mañana seguirán dos nuevas reglas. Una, trasladar el trabajo adonde la gente está, más que trasladar la gente adonde el trabajo está. Dos, trasladar actividades que no ofrecen oportunidades de ascenso en la administración de la empresa o contratistas externos.
Una razón es que este siglo ha adquirido la habilidad de trasladar las ideas y la información rápido y en forma barata. Al mismo tiempo, el gran logro del siglo XIX, la habilidad de trasladar gente, ya no es útil. Basta mirar los horrores del transporte urbano en la mayoría de las ciudades y la contaminación sobre las cada vez más congestionadas vías. Trasladar el trabajo a donde está la gente ya es un hecho. Son pocos los bancos americanos grandes o las compañías de seguros que todavía procesan sus documentos en la oficina del centro. Este proceso ha sido trasladado a un satélite en los suburbios (o mucho más allá: una compañía de seguros envía los reclamos que recibe por vía aérea a Irlanda cada noche). Son pocas las aerolíneas que todavía tienen su computador para hacer reservaciones en la oficina principal o incluso en el aeropuerto (...)
Finalmente, el tamaño de la corporación se habrá vuelto para los últimos años de la década una decisión estratégica. Ni lemas como "lo grande es mejor", ni "lo pequeño es hermoso", hacen mucho sentido. Ni el elefante, ni el ratón, ni la mariposa son, en sí mismos, "mejores" o "más hermosos". El tamaño depende de la función (...)
Cualesquiera que fueran las ventajas que el ser grande le dan a un negocio, estas han sido en gran parte canceladas por la disponibilidad universal de administración e información. Cualesquiera fueran las ventajas que el ser pequeño tenía, han sido casi eliminadas por la necesidad de pensar, sino de actuar, globalmente. La administración de una empresa tendrá que decidir en forma creciente sobre el tamaño adecuado para un negocio. La talla que se ajusta a su tecnología, su estrategia y sus mercados. Esta es, al mismo tiempo, una decisión difícil y riesgosa, y la respuesta correcta tiene raramente el tamaño que se ajusta al ego de un administrador.
Cuarto, el control de las mismas compañías está en tela de juicio. En (mi libro "The unseen revolution") argumenté que el cambio de propiedad en las grandes corporaciones hacia representantes de los empleados ( fondos de pensiones y fiduciarias) constituye un cambio fundamental en el sitio y carácter de la propiedad. Esto, por lo tanto, va a tener un impacto profundo, especialmente en el control de las compañías: sobre todo un reto a la doctrina desarrollada desde la Segunda Guerra Mundial sobre la administración profesional en la gran empresa (...)
Quinto, los cambios rápidos en la política económica internacional deben dominar los noventa más que las economías domésticas. El rumbo que el mundo libre ha navegado desde finales de los años cuarenta, la contención de Rusia y el comunismo se está volviendo obsoleta a causa del mismo éxito de esa política.
Y la otra política básica de esas décadas, la restauración de una economía de mercado mundial, ha sido también singularmente exitosa. Pero no tenemos políticas todavía para los problemas que esos logros han ocasionado: el rompimiento casi irreversible del imperio soviético y la declinación de China (...)
Además, han aparecido nuevos retos que son bien diferentes: el medio ambiente, el terrorismo, la integración del Tercer Mundo con la economía mundial, el control o la eliminación de las armas nucleares, químicas y biológicas y el control de la polución mundial y de la carrera armamentista al tiempo. Todas estas requieren acción concertada, común y transnacional, de la cual hay pocos precedentes (la supresión del tráfico de esclavos, el castigo a la piratería o la Cruz Roja son las acciones exitosas que se me vienen a la mente).
Los cuarenta años pasados, a pesar de las tensiones y las crisis, fueron años de continuidad política. Los próximos diez serán años de discontinuidad política. Aparte de tales aberraciones, como la era del Vietnam en los Estados Unidos, la vida política desde 1945 ha sido dominada por preocupaciones económicas domésticas, tales como el desempleo, la inflación o las nacionalizaciones o privatizaciones. Estos temas no desaparecerán, pero de manera creciente los asuntos políticos internacionales y transnacionales tenderán a sobrepasarlos.
Las tendencias que he descrito arriba no son predicciones; son, si se quiere, conclusiones. Todo lo discutido aquí ya ha pasado; es tan sólo el impacto total el que está por venir.
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