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| 7/2/1984 12:00:00 AM

EL "PACTO ANDINO" DE LOS NARCOTRAFICANTES

¿Está o estuvo Carlos Lehder en las selvas del Perú huyendo de la justicia colombiana?

Los narcotraficantes peruanos y colombianos se han convertido en el eje de un creciente proceso de integración delictiva latinoamericana, que involucra a bandas de por lo menos otros once países de la región. Esa integración de la cocaína es más eficaz y funcional que el aparato de Interpol y que los procesos del Grupo Andino y de la Asociación Latinoamericana de Integracion (ALADI) y el Mercado Común Centroamericano. Esta integración carece, además, de problemas financieros, posee recursos de sofisticada tecnología y no le faltan promotores de imaginativa capacidad gerencial para encontrar nuevos procedimientos de producción, transporte y protección.
Las bandas colombianas y peruanas se han convertido en "hermanas mayores" de organizaciones de gangsters en Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil, México y algunos países centroamericanos. Si bien es cierto que la competencia en el negocio de la cocaina se resuelve con balazos en la nuca, existen evidencias de un grado de coordinación mercantil superior a la alcanzada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) o del Comité Intergubernamental de Países Exportadores de Cobre (CIPEC). Por ejemplo, se sabe de "convenciones" que fijaron cuotas máximas de producción de cocaína para ciertos valles cocaleros de Perú y Bolivia, así como para algunos centros de refinamiento en Colombia. Además, la integración internacional de los narcotraficantes resulta particularmente útil cuando la Policía de un país inicia espectaculares (pero poco eficientes) batidas. Cuando ello ocurre los "capos" y su gente de confianza toman sus avionetas y parten hacia algún aeropuerto clandestino escondido en las selvas del Perú, Ecuador, Bolivia o Brasil.
El asesinato del ministro de Justicia de Colombia, Rodrigo Lara Bonilla, originó una cacería en gran escala de narcotraficantes en ese país, provocando la fuga de centenares de hombres de las bandas colombianas. Por ejemplo, un narcotraficante de origen alemán, Carlos Lehder Rivas, escapó cuando la Policía colombiana estuvo a punto de capturarlo en la región del río Manacacías. Ahora se le supone escondido en algún lugar de las selvas peruanas o ecuatorianas. La Policía peruana hizo un rápido pero infructuoso operativo hacia el aeropuerto de Sión, un remoto paraje selvático en la cuenca del río Huallaga, para tratar de capturar a un sujeto con las características de Lehder, quien permaneció durante varios días en el aeropuerto clandestino de Sión, casi siempre meciéndose en una hamaca mientras se emborrachaba con cerveza enfriada en un congelador de kerosene. Más tarde, el misterioso desconocido escapó junto con sus hombres de confianza en la avioneta que lo aguardaba a pocos metros y se ignora cómo se enteró, con suficiente anticipación, de la incursión policial. Tampoco se sabe si voló hacia Tabatinga, Brasil, a Leticia, Colombia, o a algún parecido lugar. Los policías sólo pudieron llevarse el refrigerador y las latas de cerveza helada que aún quedaban. Dinamitaron la pista y retornaron a su base, con las manos vacías. Tal aeropuerto fue uno de los 26 que la Policía peruana ha destruído en los últimos días, con el apoyo de la Fuerza Aérea.
Según una fuente policial consultada por IPS, los "narcos" han creado una tecnología para construir aeropuertos utilizando los recursos naturales de la selva. No se trata únicamente de zonas de terreno desbrozado, porque las intensas lluvias de la región lo destruirían en menos de una semana, sino de pistas estables, asentadas sobre un tejido de maderas, con capacidad para soportar hasta aviones de transporte pesado. Para construirlos han sido empleados tractores, sierras y otros equipos pesados. Como los 26 aeropuertos clandestinos descubiertos por la Policía peruana pertenecían a diversas bandas, pero muestran la misma técnica de construcción, se supone que fueron obra de alguna empresa especializada que trabaja a nivel continental. En cada uno de los aeropuertos existían equipos de radiocomunicación muy potentes eficaces y portátiles, pues cuando las bandas escapan se los llevan junto con sus operadores y personal de servicio. Solamente en uno de los casos, en Venenillo, las autoridades lograron burlar los servicios de inteligencia de los "narcos", aparentemente infiltrados en la Policía, y sorprendieron a su personal antes de que pudieran huir. Pero allí sólo fueron capturados dos de los guardaespaldas, quienes protegieron la fuga de sus compañeros empleando una ametralladora. Los dos "narcos" mercenarios capturados dijeron ser militantes de una organización revolucionaria, y mostraron como prueba de su extracción política los slogans pintados en sus barracas. Sin embargo, la escasa cultura política de ambos y, sobre todo, el pseudónimo elegido por uno de ellos "camarada Hitler", originaron la sospecha de que su presunta militancia revolucionaria era sólo un enmascaramiento.
De todas maneras, un sector del ministerio del Interior peruano, comenzando por el propio titular del ramo, Luis Percovich, suele sostener que entre narcotraficantes y terroristas maoistas hay una relación de apoyo mutuo. "Los subversivos proporcionan hombres para defender las instalaciones y reciben a cambio armas y financiamiento... Además, los senderistas son expertos en la agitación campesina y están ayudando a los narcos a movilizar a los productores de coca para frustrar los planes del gobierno destinados a reducir progresivamente su cultivo", declaró a IPS un miembro de la División de la Policía de Investigaciones. La coca es una planta sembrada en el Perú desde las épocas del imperio incaico. Se supone que alrededor de 5 millones de indígenas de este país, de 18 millones de habitantes, aún la consumen cotidianamente, masticándola para mejorar su dieta alimenticia y reducir los efectos del hambre, el frío y la fatiga. De ahí que no es posible prohibir totalmente su cultivo, no sólo porque constituye el renglón alimenticio más importante para esos 5 millones de masticadores, sino porque numerosos valles selváticos tienen en la coca el rubro fundamental de sus economías. Los bajos precios del café y el té, la perecibilidad de las frutas y los altos precios que pagan los narcotraficantes por la hoja, convierten a la coca en el cultivo más rentable.
El Estado, claro está, trata de reducir progresivamente el área en donde está autorizada su siembra. Obviamente, esto origina un enfrentamiento con los campesinos. En estos días, alrededor de 14 mil campesinos de los valles tropicales del departamento del Cuzco han marchado hacia la ciudad del mismo nombre y amenazan con huelgas de hambre masivas y con capturar autoridades civiles como rehenes si no se les concede autorización para seguir sembrando coca en sus tierras. Esta movilización es similar a otras efectuadas meses atrás en los valles de la zona central, en donde también se produce coca. Según las autoridades, las marchas y demostraciones campesinas fueron organizadas por miembros de la organización insurgente Sendero Luminoso, pero obedecen al financiamiento y al interés de las bandas de narcotraficantes. Por lo menos en tres pequeños pueblos de la selva, Azul de Magdalena, Venenillo y Aucayacu, los grupos armados que protegían instalaciones y aeropuertos de narcotraficantes se presentan como avanzadas guerrilleras.
Según un documento del servicio de inteligencia de la Guardia Civil del Perú, los nárcotraficantes han encontrado en esta relación con las organizaciones guerrilleras, un modo eficaz de manejar el terror para disuadir a los campesinos de cualquier contacto con la Policía y para distraer a las fuerzas del gobierno. Sin embargo, no todos en Lima creen cierta esta conexión de la coca con los rebeldes. Se supone que, en realidad, se trata de una fórmula de enmascaramiento adoptada por los grupos mercenarios contratados por los "narcos". La solución definitiva, dicen algunos expertos, sería conseguir que los campesinos no siembren la coca, pero para eso sería necesario subsidiar otros cultivos sustitutos. Sin embargo, el Estado peruano, envuelto en una grave crisis fiscal, no está en condiciones de conceder subsidios a ningún renglón productivo y ha efectuado muy claras insinuaciones al gobierno de Estados Unidos, como principal interesado en erradicar el narcotráfico, que financie los cultivos alternativos. Pero las autoridades de Washington han hecho oídos sordos a este pedido y prefieren seguir concediendo sólo ayuda económica y técnica para las actividades represivas y policiales.
El gangster Carlos Lehder, presunto autor intelectual del asesinato del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, estaría refugiado, junto con otras 60 "personalidades" del narcotráfico colombiano, en un refugio para delincuentes ubicado en la selva Peruana, bajo la protección del pistolero Edward "Vampiro" Castillo. En el Perú se cultiva la coca de mayor rendimiento de alcaloide en el mundo y desde hace una década las bandas colombianas que dominaban el mercado de la marihuana en los Estados Unidos, llegaron a este país para convertir la producción de cocaína en un negocio transnacional y de alto vuelo. Al comienzo, para liquidar a los narcotraficantes peruanos, los "colochos" (colombianos en la jerga del hampa), trajeron y contrataron hampones locales. Pero muy pronto las bandas de modestos atracadores de las callejuelas de Lima y los barracones del Callao, comprendieron que "el dinero gordo" estaba en manos de los narcos, y comenzaron a buscarlos para saquearlos, o para venderles protección, que era casi lo mismo. Así, los pistoleros colombianos, los que enviaron los norteamericanos, italianos y aun una fanática organización japonesa,fueron eliminados por el hampa peruana en los últimos cuatro años. De esta manera, al controlar una fase fundamental del proceso: la recolección de las hojas y su transformación en pasta básica, y mediante el terror criminal, los narcos peruanos recuperaron jerarquía internacional y se asociaron como "pares" con los colombianos, encargados del refinamiento y la distribución en el mercado estadounidense. Ahora, como consecuencia de las batidas originadas por el asesinato del ministro Rodrigo Lara, los capos de la coca colombiana están bajo la protección de los pistoleros peruanos. Quien acogió a los 60 grandes narcos que llegaron a través de un "puente aéreo" clandestino, es un hampón de 33 años, conocido como "Vampiro", quien se convirtió en hombre fuerte luego de escapar de una cárcel en abril del año pasado y apoderarse del control de Juanjui, mediante una serie de asesinatos, una zona en la que se había producido un vacío temporal de poder luego de la fuga a Colombia de Catalino Escalante. El "Vampiro" Castillo, y sus socios en Colombia, contrataron a los cuatro pilotos de la Fuerza Aérea Colombiana que fueron capturados en septiembre del año pasado en un aeropuerto clandestino, y que luego se fugaron con pasmosa facilidad. Se estima que Edward Castillo, a través de sus aeropuertos clandestinos, envía a sus socios colombianos la increíble cantidad de 20 toneladas mensuales de pasta básica de cocaína. El es ahora una de las cabezas de la llamada " conexión latinoamericana", que ha convertido en realidad la integración de un sector turbio y criminal, pero importante, de la economía de varios países de la región.
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