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| 7/17/1989 12:00:00 AM

EL PACTO ESTA QUEBRADO

Qué tan preparada está Colombia para el mercado libre del café.

Como todos los días, Arturo Mendez se levantó a las 5 y 30 de la mañana para poder llegar temprano al cafetal que tiene en su finca ubicada entre Silvania y Fusa, en plena cordillera cundinamarquesa. Preparó rapidamente el desayuno para sus tres hijos y, como lo ha hecho durante más de 30 años, salió a ver las maticas y a recoger las últimas pepas delgaditas de una cosecha que todavía sufre las consecuencias de la helada del año pasado. Ese lunes 12 de junio su compadre Miguel González le contó algo sobre los precios del café pero, por estar abonando y fumigando, Arturo Méndez no le prestó atención.
En cambio se preocupó de que la "compradora de don Miguel en Fusa" no le pagara los 250 pesos por kilo cuando viera la mala calidad de las pepas. Ese pensamiento fue el que lo molestó hasta que se logró dormir al termino de una jornada más de sus 70 años de vida.

En ese mismo momento, a miles de kilómetros de Colombia, en el edificio de la Organización Internacional del Café, en Londres, los miembros del consejo directivo de la entidad cerraban la última jornada de una negociación que había comenzado nueve días antes. A las cinco de la mañana del 13 de junio, los ojerosos representantes de los principales países productores y consumidores de café dieron por terminada la última ronda de conversaciones, con el mismo resultado frustrante de los días anteriores: desacuerdo total. Nunca,como ahora, el futuro del Acuerdo Internacional del Café, que comenzo a operar en octubre de 1963, había estado tan cerca del hundimiento.

LA RUTA DEL FRACASO
Desde hacía rato el acuerdo cafetero venía atravesando por momentos difíciles. Cada vez era más complicado definir los mecanismos a través de los cuales los 24 países productores afiliados a la Organización Internacional del Café se comprometían a venderle el grano a 50 países consumidores miembros del mismo club.

Eso quedó en evidencia desde septiembre de 1987 cuando el pacto volvió a operar después de haber estado suspendido durante un año largo, como consecuencia de la sequía que afectó los cafetales del Brasil y ocasiono la minibonanza de esa época. Una vez la situación volvió a la normalidad, las conversaciones en Londres estuvieron complicadas porque los principales consumidores, con Estados Unidos a la cabeza, insistieron en que las cuotas se asignaran de acuerdo con criterios objetivos como las existencias y la capacidad de exportación en los años recientes. Dicha petición comenzó a crear fricciones entre Brasil--el primer productor-- y los norteamericanos, las cuales aumentarían con el tiempo.

Para la negociación de 1988 la demanda fue otra. En esa oportunidad se dijo que había que introducir un mecanismo de selectividad que permitiera la asignación de más café a aquellas áreas o países que mostraban una mayor demanda y una mayor capacidad de exportación. Eso se logró, y en términos prácticos los productores de cafés suaves se beneficiaron a costa de los de menor calidad, reflejando una realidad presente en el mercado internacional.

La tercera y última condición se comenzó a discutir a mediados del año pasado. Esta era la de darle una solución definitiva al llamado doble mercado del café, es decir las ventas que se le hacían a los países no miembros del acuerdo, con descuentos sensibles de precios y condiciones más ventajosas que las de los países miembros. Aunque a primera vista el problema era manejable, la verdad es que resultaba injusto para los que cumplían las reglas y estaba visto que países no miembros del bloque socialista reexportaban el café ganándose una prima, para beneficio de ciertos tostadores de Europa Occidental.

A pesar que tanto productores como consumidores de café estaban de acuerdo en torno a que había que eliminar el obstáculo del doble mercado, en términos prácticos las posiciones se volvieron irreconciliables. Por un lado, los principales productores sostenían que había que prorrogar el acuerdo --que expira formalmente el 30 de septiembre-- y que a lo largo de uno o dos años se irían solucionando los impasses para así lograr unificar los dos mercados en un tiempo prudencial. A su vez, el otro bloque, liderado por Estados Unidos, Costa Rica y México, insistía en una fórmula concreta y además pedía que desde ya se aumentara sustancialmente la cuota para los productores de cafés suaves.

Esa exigencia fue la que acabó ocasionando el naufragio de la semana pasada. En último término, el punto central del desacuerdo fue el pedido de aumentar en tres puntos --del 45% al 48%-- la tajada del grupo de los suaves (cerca de 1.8 millones de sacos al año). Aunque esa posición acababa beneficiando a Colombia, el país se opuso ante el simple convencimiento de que la petición era tan exagerada que ni Brasil ni los productores africanos --los más afectados-- la iban a considerar, como en efecto sucedió. A pesar de una serie de puntos conciliadores presentados por la delegación colombiana, la verdad es que los ánimos estaban ya tan caldeados que no había nada que hacer. En consecuencia, en la madrugada del martes 13 se decidió aplazar para el próximo 3 de julio la votación de dos propuestas --una de cada bando-- que por lo menos ahora no cuentan con los votos suficientes para ser aprobadas. Por lo tanto, los observadores aseguran desde ya que el pacto está quebrado y que es muy posible que en esa próxima sesión se decida suspender inmediatamente las cláusulas económicas del mismo, con lo cual el mercado cafetero quedaría sometido a las fuerzas libres del mercado internacional.

Toda esa pelea, claro está, tuvo ingredientes independientes de las simples discusiones técnicas, que hicieron todavía más difíciles las posibilidades de un arreglo. Por una parte, el cambio de postura filosófica del gobierno norteamericano, que incidió en que el pacto cafetero dejara de ser visto como un mecanismo de cooperación --que fue el espíritu de su creación en época de la Alianza para el Progreso--, para ser contemplado como un instrumento que le pusiera orden al mercado y reflejara las condiciones objetivas del mismo. Para nadie es un misterio que en esta decada los convenios similares de otros productos básicos han fracasado y que tan sólo el acuerdo del caucho queda con vida.

Adicionalmente, hubo problemas con la antipatía manifiesta entre Brasil y Estados Unidos. Desde hace rato la administración norteamericana ha insistido en que la nación suramericana realiza prácticas violatorias al comercio internacional y ha emprendido toda una serie de acciones en contra de ella. La más reciente fue colocarla en la sección 301 especial del Código de Comercio de los Estados Unidos, al lado del Japón o la India, con lo cual Brasil se expone a sanciones comerciales que pueden ser de inmensa gravedad. Ese factor se complementó con la actitud del jefe de la delegación norteamericana, John Rosenbaum, quien es un funcionario adscrito al Departamento de Comercio. Descrito universalmente como un patán, Rosenbaum fue el elemento personal que más influyó en el fracaso de la semana pasada. "Es doble, falso, grosero, arrogante y, por encima de todo, bruto", le dijo a SEMANA un delegado de un país suramericano desde Londres.

Con todas estas dificultades a cuestas, quizás el mayor merito del Acuerdo Internacional del Café había sido el de sobrevivir. A pesar de multiples intentos para darle mate, siempre y a última hora el pacto mostraba más vidas que el gato. Pero, por lo visto, esa capacidad de resurrección se terminó la semana pasada en Londres. Ahora aun los más optimistas piensan que si el pacto se rompe va a ser como esos divorcios que acaban con la vajilla hecha pedazos.

Y AHORA QUE?
Frente a este convencimiento, prácticamente todos los países se están preparando para el mercado libre. Los productores, mediante afinamiento de la política interna cafetera, y los consumidores esperando el momento en el cual se suspendan los acuerdos sobre cuotas y comience la libre competencia. Todo esto ocasionó el "desplome" de los precios en el mercado la semana pasada. Sin embargo, la verdad es que no se puede predecir el nivel futuro de estos hasta que el mercado no comience a operar de nuevo.

En términos generales, sin embargo, hay factores que permiten anticipar lo que viene. Según los especialistas, el mundo todavía cuenta con demasiado café almacenado. La Federación de Cafeteros de Colombia estima que, a comienzos de este año cafetero, los inventarios de grano en el mundo equivalían a casi 64 millones de sacos, cifra similar a la producción de todo un año, frente a una demanda estimada en 68 millones de sacos anuales. Estas circunstancias son las que sirven de base para anticipar que, apenas se libere el mercado, los países productores van a salir a vender no sólo la producción de este año, sino parte de las existencias con que cuentan. Ante este hecho, es seguro que los precios van a caer hasta niveles que incluso pueden ser inferiores al dólar por libra en el caso del café colombiano. A cambio, es también seguro que el volumen de exportaciones va a subir dramaticamente. Un estudio realizado por dos investigadores del Banco Mundial, Takamasa Akiyama y Panayotis N. Varangis, sostiene que en el año cafetero 1990-1991, las exportaciones a los compradores asociados a la OIC (un 84% del mercado) llegarán a 76 millones de sacos.

Después de este primer golpe, todo indica que las exportaciones disminuirán hasta ubicarse en un rango cercano a los 65 millones de sacos en 1992, y luego volverán a subir lentamente hasta alcanzar unos 70 millones de sacos para el año 2000. Simultáneamente, según el estudio citado, los precios se recuperarían lentamente y durante la mayor parte de la próxima década se mantendrían en niveles cercanos al 80% del precio actual (cerca de US$1.40 por libra de café suave), y se calcula que la brecha se cerraría a comienzos del próximo siglo.

En resumen, Akiyama y Varangis calculan que las exportaciones totales de café entre los años 1990 y 2000 serán de 82.456 millones de dólares de 1985, unos 2.800 millones menos que si no se hubiera roto el pacto. Dentro de este escenario, uno de los países que más ganaría sería Costa Rica, que aumentaría sus ingresos en un 14%, una razón de peso suficiente para justificar, por lo menos desde este punto de vista, su posición anti-pacto de los últimos meses. Dentro de los perdedores estarían Brasil, que vería reducidos sus ingresos en un 70%, y Colombia, que los vería disminuidos en un 10%. En cualquier caso, el estudio de los investigadores del Banco Mundial permite afirmar que en el mundo cafetero no se va a presentar una debacle por cuenta de los menores ingresos. Aun la pérdida calculada de Colombia durante estos 10 años sería inferior a 1.500 millones de dólares, una cifra que en el caso particular del país debería ser compensada ampliamente por los mayores ingresos derivados de las exportaciones diferentes del café.

Si esos cálculos acaban pareciéndose a la realidad, es evidente que la situación cafetera no va a ser crítica. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el pacto tenía ventajas que ahora se van a perder. La principal, quizás, era la de conservar los precios dentro de una franja que se mantenía constante a lo largo de todo el año. Ahora lo más seguro es que se presenten saltos y caídas continuos de una semana a otra, con lo cual el manejo de las economías cafeteras va a ser más complicado.

Pero este es tan sólo uno de los elementos de incertidumbre que ahora se le agregan al mercado cafetero. Sin desconocer la calidad del estudio del Banco Mundial, lo cierto es que nadie está seguro sobre lo que va a pasar con el café. Existen incógnitas, por ejemplo, sobre si se va a mantener la preferencia de los principales países consumidores por los cafés suaves. Esa tendencia ha sido creciente en los últimos años y, de continuar, sería benefica tanto para Colombia como para los países centroamericanos. Hay dudas también sobre la capacidad real de exportación de los países productores. Frecuentemente las cifras de la OIC han sido criticadas porque no se tiene confianza en ellas. Particularmente, hay quienes ponen en duda los datos de inventarios de Brasil y las cifras sobre la producción en ese país. En caso de que estas resulten inferiores a lo que hoy se dice, la caída en los precios no sería tan pronunciada como se ha previsto.

En cuanto a la demanda, todo parece indicar que va a aumentar muy lentamente durante los próximos años. Los estudios que se han hecho revelan que, por mas barato que esté el café, la gente sencillamente no va a tomar más tazas de las que usualmente ingiere.

Todas estas previsiones no toman en cuenta, sin embargo, la aparición eventual de hechos dramáticos como, por ejemplo, una helada en el Brasil o el cambio abrupto en las preferencias de los consumidores. Esos posibles eventos nada tienen que ver con que haya o no pacto cafetero, pero acabarían determinando el comportamiento del mercado.

CAFE DE COLOMBIA
Semejante cadena de cálculos se ha comenzado a hacer para el caso colombiano. Como segundo productor mundial, el país es dueño de una tradición cafetera que hace que su fortuna esté, de alguna manera, atada a la del grano. Basta decir que las zonas de cultivo de café abarcan un superficie superior al millón de hectáreas, distribuidas en unas 21 mil fincas, que ocupan en forma directa cerca de 400 mil personas. Además, las zonas cafeteras poseen el mejor nivel de vida promedio del país en áreas agrícolas y los índices de violencia política son muy bajos, a pesar de multiples intentos de grupos guerrilleros por penetrar en la región.

En términos globales, el café aporta casi un 30% de los ingresos por exportaciones y los efectos estabilizadores que tiene en la economía interna el manejo de los recursos del Fondo Nacional del Café son incuestionables. El patrimonio del Fondo debe alcanzar este año los 800 mil millones de pesos, buena parte de los cuales esta invertida en papeles que financian el déficit fiscal del gobierno, así como en varias de las empresas bandera del país. Como si todo esto fuera poco, la Federación de Cafeteros, que administra los recursos del Fondo, tiene toda una serie de programas de desarrollo social en las zonas cafeteras, supliendo en parte la labor del Estado.

Por todas estas razones, es lógica la preocupación de los principales dirigentes, tanto cafeteros como del equipo económico, ante la desaparición eventual del pacto. Nadie duda que si los precios internacionales se desploman y se mantienen en niveles muy bajos durante varios años, sufrirán no sólo las finanzas de los cafeteros, sino las del país.

Sin embargo, eso no quiere decir que la suerte de Colombia esté echada. En realidad, si el país tiene mucho que perder, también tiene qué ganar en un escenario de mercado libre cafetero. Por una parte, Colombia cuenta con grandes existencias de café que le permiten salir a vender agresivamente una vez se termine el pacto. Esa circunstancia tiene dos consecuencias favorables: por un lado, el país puede compensar con mayores volúmenes la caída de los precios, y por otro, los expertos coinciden en que el nivel de existencias que maneja Colombia es demasiado alto y que tan solo una situación como la que viene permite bajarlo. Tal como le dijo a SEMANA el director de Fedesarrollo, Guillermo Perry, "se debería aprovechar esta circunstancia para tener inventarios razonables". Este análisis es también válido si se mira al futuro. En un trabajo reciente del investigador José Leibovich, se estimaba que para el año cafetero 1994-1995 los inventarios de café en Colombia llegarían a casi 27 millones de sacos. Aunque el estudio suponía escenarios de producción que no se han dado, debido a que las cosechas de los últimos dos años han sido malas, la verdad es que, a mediano plazo, el país se enfrenta a seguir acumulando existencias si continúa exportando un volúmen similar al que le fijaba la cuota cafetera de este año.

Esta circunstancia no es nada despreciable. Según la Federación de Cafeteros, los inventarios actuales, unos 9.5 millones de sacos de 60 kilos, ocupan un área de 600 mil metros cuadrados de bodegas, la mitad de los cuales es arrendada.

Pero esta no es la única ventaja. Dentro de todos los países productores de café, Colombia es el que posee las mejores condiciones para desempeñarse en un mercado libre: una excelente tradición, un producto reconocido mundialmente y una historia de seriedad en el cumplimiento de los compromisos. La incógnita, claro está, consiste en ver si realmente el café colombiano está en una categoría aparte frente a las demás variedades del grano. Aunque se ha dicho que es el mejor suave, en realidad hay otros cafés que son más apreciados por los gourmets: una variedad jamaicaquina, la Blue mountain, se vende a US$36 la libra, pero su volúmen es limitado. En términos de consumo masivo no hay café que se le pueda atravesar al colombiano.

Uno de los factores que han contribuido también a posicionar el café colombiano en el concierto mundial, ha sido, indudablemente, la ofensiva publicitaria de la Federación Nacional de Cafeteros, que no ha escatimado recursos para darle status al grano nacional. Esta campaña, que va desde la promoción del equipo ciclístico Café de Colombia, que cuesta cuatro millones de dólares al año, hasta avisos pagados en las más prestigiosas revistas del mundo y spots publicitarios en tiempos privilegiados de la televisión de los principales países consumidores, ha influido para que la participación del café suave, dentro de las mezclas que hacen los tostadores, haya aumentado su porcentaje en forma considerable. Dicho factor debería contribuir para que las ventas de café colombiano en el exterior se logren mantener dentro de un mercado que muy pronto va a estar saturado.

En todo esto también es clave la actitud de comercialización del país. A pesar de que ya en otras ocasiones se había vivido bajo un esquema en el cual no operaban los mecanismos del pacto cafetero, la verdad es que sólo ahora se va a ver quién es quién. Tal como le dijo a SEMANA un exportador, "mientras que antes a Colombia venían a comprarle el café, ahora hay que salir a venderlo".

Buena parte de esta responsabilidad le corresponderá a las firmas privadas, que hoy están muy contentas por el nuevo escenario. Cuando el mercado se encuentra regulado, la Federación vende directamente cerca de la mitad de la cuota, y se concentra en los países europeos. El saldo se lo distribuyen cerca de 30 exportadores privados, que atienden a los tostadores de los Estados Unidos. No obstante, con el mercado liberado los exportadores pasan a jugar un papel fundamental. En la bonanza cafetera de 1975, por ejemplo, el 73% de las ventas fue hecho por los privados, quienes definitivamente son más rápidos que la Federación para responder al mercado. La lentitud relativa de Fedecafé para ajustarse a las nuevas circunstancias es, aparentemente, el resultado de los mecanismos que existen, los cuales fueron diseñados para funcionar dentro de un acuerdo cafetero. Tal como anota el investigador Leibovich, "la impresión que se tiene es que la Federación no es ágil. No es un problema de los individuos, sino de la estructura". En particular, el mecanismo de fijación de precios que utiliza la Federación no refleja automáticamente las condiciones cambiantes del mercado.

En consecuencia, se han propuesto reformas para que la Federación pueda vender el café colombiano en forma rápida y agresiva. La importancia de esta actitud es fundamental.
Como lo dijo un exportador, "el café que no se vendió hoy, no se vende mañana". Teóricamente Colombia cuenta con la capacidad de exportar como máximo unos 14 millones de sacos de café al año. Esa cifra es muy superior a la producción esperada para 1989 --unos 11 millones de sacos--, pero se estima que, cuando la producción se recupere, será suficiente para incidir en una rebaja gradual de las existencias. El desafío inmediato consiste en mantener estable el precio interno para evitar que la producción futura disminuya. Por lo pronto, el Fondo Nacional del Café se encuentra en un momento favorable para poder aguantar durante varios años de vacas flacas. Según Jorge Cárdenas, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, "nunca antes el Fondo había estado en una posición de solidez tan buena como la de ahora".

DIMENSION DESCONOCIDA
Este hecho asegura que, por lo menos en los meses que vienen, las consecuencias internas del nuevo mercado cafetero van a ser mínimas. Por el lado del precio interno, este se va a mantener, mientras que por el de los ingresos de exportación, la pérdida probable sería de unos 300 millones de dólares, algo así como el 50% de las exportaciones totales del país. "Por ahora, el único peligro es el de las expectativas", sostuvo un miembro del equipo económico.

En contraste, la mayor actividad exportadora debe traducirse en una reactivación del sector del transporte, lo mismo que en la generación de empleo en las zonas cafeteras. Esa perspectiva debe mejorar si el próximo año la cosecha vuelve a recuperar sus niveles históricos, después de 24 meses malos.

A mediano plazo todo depende del comportamiento de los precios. Si estos se mantienen en niveles cercanos al dólar por libra, la situación seguirá siendo sostenible, pero si la caída es más pronunciada, habría que entrar a mirar el precio interno y a examinar con cuidado el presupuesto de gastos de la Federación de Cafeteros. Todas esas incógnitas se resolverán en los meses por venir. A pesar de que todavía subsiste la esperanza del pacto, lo cierto es que se tiene la impresión de que se está entrando a un escenario desconocido en el cual la capacidad de respuesta y de ajuste a las circunstancias cambiantes es definitiva. A su favor, Colombia cuenta con ventajas que pueden ser exhibidas por pocos, una circunstancia que ha sido definitiva para que la tranquilidad sea la nota imperante en los medios especializados. Quizás por eso la suerte de Arturo Méndez, el campesino de Fusagasugá, y de los miles de colombianos cuya fortuna depende de la del café, esta asegurada en los próximos meses. Falta por ver si el chaparrón que ahora viene resulta ser tan sólo pasajero y que los peores temores que se tienen acaben siendo infundados. El pacto esta roto y, aunque Colombia sabe que ahora tiene mucho que perder, también hay seguridad de que combinando buen manejo y buena suerte el país tendrá mucho que ganar, así los días tranquilos cuando existía el acuerdo cafetero se hayan acabado de una vez por todas.

POR JORGE RAMIREZ OCAMPO:
HAY MOTIVO PARA LA PRUDENCIA
Hace ya varios años, la representación de Estados Unidos a la OIC pasó del Departamento de Estado a manos del representante comercial de la Casa Blanca. Esto ha hecho que se pierda el carácter político y diplomático para adquirir un énfasis estrictamente comercial.

Las delegaciones de algunos países productores de café suave constituyerón una alianza con Estados Unidos para incrementar su participación en el mercado, o, en caso de que ello no fuera posible, torpedear la continuación del Acuerdo. Es posible que, dado el gran volúmen que están exportando a países no miembros con inmensos descuentos, les resulte mejor vender su café en un mercado libre, cuyo precio sería superior al promedio actual; por otra parte, desean demostrar que es exagerada la participación a que aspiran Brasil y algunos países africanos.

La fórmula presentada por ellos para modificar las cuotas, no sería desfavorable para Colombia, ya que le mantiene una participación de 16.4% en el mercado; pero adolece de un grave defecto: mientras reclama mayores volúmenes de cuota para los cafés de calidad, incrementa en 3% la cuota de Indonesia cuyo café es inferior a muchos de los robustas.

En esas circunstancias, el delegado de Estados Unidos asumió el liderazgo de los productores de otros suaves, para torpedear el Acuerdo. Por primera vez, en muchos años, se veía al delegado americano "como mico en costurero", rodando agitadamente por los pasillos para evitar que cualquiera de sus "protegidos" adhiriera a alguna posisión constructiva.

La evolución del mercado a raíz del fracaso de Londres ha sido peor que lo que esperaban muchos delegados. Cabe, entonces, preguntarse si se presentará el fenómeno ya registrado en ocasiones anteriores, cuando las posiciones más rígidas se han moderado frente a las graves consecuencias de una caída masiva de precios. En este contexto, no sería imposible que, durante la reunión convocada para el 3 de julio, se votara afirmativamente la propuesta de prórroga. Pero con niveles inferiores de precio. "Será ese el objetivo comercial de la delegación americana".

Pero los cambios en las posiciones políticas no se dan por generación espontánea. Es indispensable que Colombia continúe ejerciendo el liderazgo, mediante gestiones muy activas frente al Departamento de Estado americano y frente a los países latinoamericanos que se alinearon para solicitar incremento inmediato de cuotas. La diplomacia colombiana, en esta materia, ha sido casi siempre discreta y exitosa.

No sobra indicar aquí que la gestión de nuestra delegación, durante las reuniones de Londres, fue eficaz, dentro de las inmensas dificultades de la negociación. Haber logrado reunir alrededor de la fórmula colombiana a Brasil, Africa y Europa fue tarea compleja, de sutil filigrana diplomática.

AKIYAMA O LA VERDAD REVELADA
En las últimas semanas se ha difundido ampliamente el estudio del Banco Mundial, preparado por el señor Akiyama, en el que se calcula que los ingresos de Colombia se deteriorarán sustancialmente, en el evento de que termine el convenio cafetero. Parece por ello, necesario hacer algunas observaciones al mencionado estudio.

a.Parece inevitable que la desaparición del acuerdo ocasione una caída de precio a corto plazo; pero no es fácil prever la evolución del mercado a mediano y largo plazo.

b.Akiyama preparó su análisis sin tener en cuenta las diferencias de calidad de los distintos tipos de café. Esta omisión es particularmente grave, dada la preferencia que han mostrado los consumidores, durante los últimos años, por los cafés suaves y, en particular, por el colombiano.

c.- Akiyama acepta como válidas las estadísticas de existencias en manos de los países productores. Hay fundadas dudas sobre la veracidad de las verificaciones de la OIC y sobre la calidad de los inventarios disponibles.

d.- Las proyecciones de Akiyama están basadas en un modelo que no incluye una ecuación de precios. En efecto, en los mercados de productos básicos, en los que la producción se demora varios años para reaccionar a los cambios en los precios, es necesario definir por separado el mecanismo mediante el cual se forman los precios en el corto plazo. Los modelos más frecuentemente aceptados para este propósito son los que utilizan los inventarios como variable independiente.

En el modelo de Akiyama, se supone que, en el caso de que continúe el Acuerdo, se presentará una acumulación masiva de inventarios, que llegará a niveles superiores a los cien millones de sacos. Según el estudio, esta acumulación no tendrá consecuencias sobre el mercado. Pero los excesos de inventarios producen baja de precios, con o sin Acuerdo.

Teniendo en cuenta estas observaciones, no parece conveniente tomar las proyecciones del Banco Mundial como si fueran "la verdad revelada". Parece más aconsejable mirar con serenidad la nueva situación en que nos encontramos y manejar el mercado con prudencia, pero con firmeza.

EN BOCA CERRADA NO ENTRAN MOSCAS
La reacción de algunos funcionarios colombianos, frente al fracaso de la reunión de Londres, fue la de precipitarse a declarar que no había ningun riesgo para el manejo de nuestra política económica, puesto que estamos dispuestos a "compensar los menores precios con mayores volumenes de exportación".

Esa declaración, que parece obvia e inocua, no dejará de tener consecuencias sobre el mercado. La estrategia tradicional de mercadeo de Colombia ha sido la de la prudencia en las declaraciones, para evitar que una palabra inoportuna sea mal interpretada y ocasione la aceleración de la caída de los precios. En el momento actual, Colombia debe mantener su presencia diaria en el mercado, pero no parece prudente amenazar con inundar el mercado para compensar la caída de precios con mayor volúmen de exportaciones, porque ello podría tener consecuencias negativas en el mercado. En boca cerrada no entran moscas". Es más fácil vender el café cuando el mercado está firme que cuando está a la baja.

MERCADO ACTIVO
Las normas colombianas sobre reintegro y manejo de las exportaciones se han hecho más flexibles durante los últimos años. Esto les ha permitido a nuestros exportadores privados mantener una presencia activa en el mercado.
Sin embargo, en las circunstancias actuales, vale la pena reiterar la propuesta formulada en 1977 por la Federación de Cafeteros. Se trata de la autorización a los exportadores de café de participar en el mercado de futuros, para realizar operaciones de cobertura (no especulativas), con el objeto de ganar una mayor versatilidad en el manejo de sus ventas. Las conclusiones del estudio citado han sido ratificadas en varios documentos posteriores que han recomendado vigorosamente la utilización de ese mecanismo.

La otra recomendación que parece oportuna en el momento actual es la de que se ajusten los mecanismos de cálculo de retención y reintegro, COI el objeto de evitar los desfases que se han presentado durante los últimos dos años, debido a que la fórmula de cálculo presenta algunos rezagos que es necesario corregir. Este ajuste es particularmente urgente en un período de mercado libre.

SALVESE QUIEN PUEDA
El análisis presentado lleva a la conclusión de que no hay motivo para el pánico, sino para la prudencia. Colombia es quizá el país mejor equipado actualmente para manejar un mercado sin Pacto.0

Pero tampoco parece válido el optimismo de quienes piensan que es mejor no tener Acuerdo que tener un buen Acuerdo. Consideran ellos que la calidad del café colombiano es tal, que logrará conquistar inmensa participación en el mercado, sin deterioro de las cotizaciones actuales. Francamente no puedo compartir este excesivo optimismo, por las siguientes razones:

a.- Porque no es concebible que los otros países exportadores le dejen libre el campo a nuestro país para que les arrebate el mercado. Por lo demás, la reducción de precios sólo produce incrementos mínimos en el consumo.

b.-Porque no es posible divorciar el precio del café colombiano del de los demás tipos de café. Es inevitable que exista una relación de precios entre las diversas calidades. Por consiguiente, nadie se salva en una caída general de precios como la que estamos presenciando.

En consecuencia, la terminación del Acuerdo tendra, a corto plazo, un efecto negativo sobre nuestros precios y sobre nuestros ingresos de divisas. No parece que eso sea motivo justo para el optimismo o la alegría.

POR FERNANDO LONDOÑO HOYOS:

AL MERCADO LIBRE NO HAY QUE TEMERLE
El espacio que generosamente me otorga SEMANA para intervenir en este debate ha de ser avaramente utilizado. Se me excusarán los proemios y el lector se hara cargo de las conclusiones.

·Según la OIC, hay en el mundo más de 70 millones de sacos de café almacenados, esperando impacientes una oportunidad. La OIC miente. Y miente cínica y sistematicamente. No hay ninguna esta
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