Domingo, 22 de enero de 2017

| 1984/07/09 00:00

EL PAPA LEGAL

Sólo desde hace 10 años impera en Colombia el régimen de responsabilidad compartida.

EL PAPA LEGAL

La prerrogativa de todos los padres colombianos para ejercer la patria potestad sobre los hijos menores fue recién aclarada por el histórico Decreto 2820 de 1974 Con el decreto, se dilucida cómo la patria potestad la tienen y ejercer tanto el padre como la madre. Hasta antes del decreto, el padre resultaba ser el único poseedor del derecho a la patria potestad de los hijos. Porque en Colombia, país de leyes, las normas y reglas han favorecido y beneficiado a los varones en una forma explícita y legal.
El Código Civil que rige a Colombia fue elaborado por don Andrés Bello y en él se considera el matrimonio, según el artículo 113, como un contrato solemne por el cual un hombre y una mujer se unen con el fin de vivir juntos, de procrear y de auxiliarse mutuamente.
El Código Civil antiguo consagraba la protección que el hombre le debía a su esposa y la obediencia de ella a su marido. Con el Decreto 2820 se aclara lo perteneciente al domicilio tanto el esposo como la esposa se pondrán de acuerdo. En caso de no llegar a un convenio, el juez determinará cuál será el domicilio, buscando la conveniencia del matrimonio y los hijos.
De las relaciones sexuales extra matrimoniales,se las considera como una de las 9 causales para la separación de cuerpos, según la ley del Código Civil. El matrimonio católico que alegaba dicha causal, lo hacía ante el Tribunal Eclesiástico. Por modificación del Concordato pasaron al conocimiento del Tribunal Superior de las respectivas ciudades.
Una falsa creencia muy generalizada entre los matrimonios colombianos casados por lo católico y separados por el Tribunal Eclesiástico, es la de creer que pueden volver a casarse y de hecho lo hacen en cómodas excursiones al exterior. Valdría la pena recordar que en el matrimonio católico la separación no indica que el matrimonio ha concluído. El matrimonio católico no se disuelve. Sólo por la muerte de uno de los cónyuges o por el proceso de "nulidad" del matrimonio, donde la iglesia declara que ese matrimonio por tales vicios fue inexistente y por lo tanto no llegó a la vida jurídica.
Otra de las importantes reformas que tuvieron aclaración con el Decreto 2820, fue lo concerniente a los hijos naturales. Antes de la modificación, los hijos naturales heredaban la mitad de lo que heredaban los hijos legítimos. Con el decreto, los hijos naturales heredan igual parte que los hijos legítimos. Con respecto a los hijos que se tienen por fuera del matrimonio y por sentencia del juez de menores un individuo es declarado el padre a pesar de haberse negado, entonces se le quita la patria potestad al padre por no tener ninguna cualidad y calidad para tenerla.
Sin embargo con todas las características de definitivo que tiene el matrimonio católico y todas las libertades de que goza el colombiano para casarse por lo civil, continúa casándose por lo católico. La explicación es bien sencilla: el medio es lo que más condiciona. La situación en forma soterrada ha establecido una conducta moral que acata y respeta: es incorrecto no casarse por lo católico siendo católico.--
EL ARTE DE SER PAPA
Tres generaciones de antioqueños de pura cepa opinan sobre el tema
Tres generaciones se sentaron alrededor de una misma mesa para hablar sobre un tema, que no por común, es precisamente el que más se domina: el arte de ser papá. Por momentos, los ruidos del progreso que se colaban por las ventanas en forma de pitos, motores de buses o ronquidos de motos, nos volvían bruscamente a la realidad, sacándonos de una conversación que recorría las calles y las costumbres de una ciudad cincuenta años atrás.
Guillermo Echavarría Misas, el abuelo, lleva tantos años ejerciendo el oficio de ser papá que ya la cuenta se le esfuma; Camilo Echavarría Restrepo, el hijo, quedó en el centro de dos conceptos casi antagónicos, en el que los recuerdos del más viejo, contrastaron con las ideas y las teorías del más joven: Guillermo Echavarría, el nieto.
El lugar de reunión fue una oficina sin ningún vestigio de opulencia, a menos de que se pueda tener como lujo, un gran cuadro de pintor peruano que ha pasado tanto tiempo colgado detrás del escritorio que ya la pared tiene su marca. Lo demás se reducía a retratos grandes y pequeños en donde se leía la historia de don Guillermo: aviones de las primeras épocas de la aviación, vacas que se hicieron famosas por su estampa, la fuente del hospital que fundó su padre, don Alejandro Echavarría, grupos de personas que cuelgan de la pared por alguna razón ya olvidada y muebles de oficina que acompañan a su dueño probablemente desde que comenzó a trabajar.
En un principio no fue fácil hablar del papá teniéndolo como testigo de la conversación, pero pronto el tema se volvió calido y la famosa brecha generacional dejó ver sus resquicios.
Le tienen miedo a los hijos
Guillermo Echavarría Misas es un hombre de noventa y seis años "pero con contrato para cien", que va todos los días a la oficina porque si lo acuestan lo matan y entre un cigarrillo y otro, despacha cada negocio con la misma lucidez de los mejores tiempos. A pesar de ser un viejo con ideas jóvenes y de haber sido "de avanzada" en su tiempo, piensa que los papás de ahora son unos alcahuetas que le tienen miedo a los hijos. "A mí me educaron muy distinto, el trato a mi padre era respetuoso en extremo. Cuando él hablaba no había más que discutir, su palabra era acatada y seguidos sus consejos, no como hoy, cuando los papás no plantan a sus hijos por temor a que ellos se rebelen. Una prueba de este desorden es lo que estamos viendo en la juventud de hoy", y termina su frase señalando a la calle, porque la juventud que tiene al frente, la de su nieto, no da indicios de ese "desorden" y apenas esboza una sonrisa comprensiva para rematar las palabras de su abuelo. Pero él con la misma energía sigue con una lista de prohibiciones que hoy lucen prehistóricas: "no me dejaban fumar, a las jovencitas no las dejaban salir solas y mucho menos por la noche, las mujeres no debían tomarse un trago, no se les permitía trabajar; eran costumbres muy moderadas aunque nunca faltaron los escandalosos. Recuerdo que en aquella época ya existía un club de tenis y las niñas iban con su mamá como chaperona, aún así, el arzobispo publicó una pastoral criticando aquel "antro de perdición". Nos enseñaron a obrar para poder tener la frente en alto y no nos tenían que amarrar para que no hiciéramos algo porque aceptabamos que las cosas fueran así".
Comienzan las escapadas
Y como tomando impulso, don Guillermo sigue con la otra generación, "en cuanto a mis hijos, dejé que fuera la mamá la que se encargara de la primera educación, los buenos modales, el aseo, la religión... cuando se trataba del estudio y de asuntos de hombres, era yo el que tomaba las riendas. Fuí muy estricto con mis hijos, que lo digan ellos mismos".
Prende otro cigarrillo, como para desquitarse de todos los que le prohibieron y deja la palabra en boca de su hijo Camilo "Mi papá nos levantó en una disciplina casi militar: prohibido casi todo. Había más respeto por el papá y menos confianza".
Hablamos de la época en que los papás eran todavía muy estrictos y los hijos comenzaban a emanciparse, se pusieron de moda las escapadas de la casa y Camilo Echavarría estaba en las primeras filas, pero a pesar de aquellas rebeliones, él sigue pensando que los papás de ahora son demasiado tranquilos y dedican más tiempo al trabajo que al cuidado de sus hijos, "por eso andan sueltos sin ningún control. Yo era estricto con mis hijos, me hacía respetar, ni siquiera admitía que me dijeran papi, pero al mismo tiempo era su amigo y compañero de juegos. Casi nunca les pegaba pero creo que el castigo físico hace falta, conmigo también resultó".
No todo tiempo pasado fue mejor
Por fin le tocó el turno al más joven que nos soltó esta frase como prueba de que los tiempos cambian: "Mi papá era estricto en el estudio nos catigaba quitándonos el deporte en lo otro si fue muy relajado. Yo creo que los abuelos perdieron el tiempo prohibiendo tanto y cuidando tanto a los hijos, era una época más tranquila y había menos peligro. Hoy, en cambio, quedamos sueltos en un ambiente más pesado y nos tenemos que defender solos. Indudablemente prefiero la relación actual entre padre e hijo, basta dar bases firmes principios sólidos y libertad para enfrentar la vida. No estoy de acuerdo con ninguno de los dos extremos: ni que los hijos le tengan miedo al papá, ni que los padres les teman a sus hijos"
Tres generaciones: 96, 60 y 26 años mostraron la diferencia entre padre, papá, papi y "Memo".--

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