Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/10/23 00:00

El papel y la imprenta

Primero el emperador chino Ts'ai Lun, y luego el inventor europeo Johannes Guttenberg, dieron origen al libro, el gran vehículo de la cultura humana .

Con la aparición de la imprenta, el hombre empezó a acercarse a su pasado.

Hasta aquel entonces, la memoria sólo alcanzaba para registrar algunos sucesos que los abuelos contaban, y que a ellos, tal vez, sus padres les habían relatado. Pequeños hechos. La tarde en la que el jefe de la tribu había cazado un animal, por ejemplo. Pequeños consejos. Sembrar en tiempos de luna llena, por ejemplo. Lo que ocurrió antes se perdió, como si jamás hubiera existido.

Un día, sin embargo, 15.000 años antes de Cristo, algún intelectual de la época decidió dejar plasmado su testimonio, imágenes de significado religioso, ritos de fertilidad, ceremonias para propiciar la caza o, tal vez, la imagen de una batalla entre dos clanes, representados por una cierva y un bisonte. Nadie supo jamás cómo se llamaba aquel o aquellos hombres que con carbones vegetales y pigmentos rojos, amarillos y ocres, y sobre unas piedras, partieron la historia de la humanidad.

Aquel hombre escribió, a su manera, la historia que él había conocido y la que le habían referido, una historia sencilla, por supuesto, pero lo que registró o hubiera registrado en las cuevas de Altamira, Cantabria, no fue lo importante. Lo trascendente era que con aquellos dibujos había escrito, y sobre su escritura escribieron todos los demás. Miles de años más tarde, entre el 200 y el 150 antes de Cristo, los pobladores de China comenzaron a utilizar papeles hechos de seda y lino con los que envolvían, fundamentalmente, comida.

Pasados 100 años, el jefe de los eunucos del emperador de la China, Ts’ai Lun, se dedicó a organizar grandes producciones de papel para archivar los cientos de documentos que generaba el Imperio. Ya, entonces, papel y escritura eran casi uno solo, aunque cada hoja tuviera que escribirse desde el origen y fuera única e irrepetible. El concepto había surgido, aunque la forma variara. Desde el concepto, tres siglos antes, Heródoto de Halicarnaso había escrito en tablillas de arcilla la historia de la Historia.

Fue él el primero en dejar plasmados sucesos que lo excedían. El primero en comprender que era necesario dejar un testimonio. Cicerón lo llamó el Padre de la Historia. En las líneas iniciales de sus tratados exponía: “En lo que sigue Heródoto de Halicarnaso expone el resultado de sus investigaciones, para evitar que con el tiempo caiga en el olvido lo ocurrido entre los hombres y así las hazañas, grandes y admirables, realizadas en parte por los griegos y en parte por los bárbaros, se queden sin su fama, pero ante todo para que se conozcan las causas que les indujeron a hacerse la guerra”.

Sus palabras contenían una de las razones de ser de la escritura y los fundamentos de la historia: investigación, comprensión, observación. Heródoto empleaba un estilete hecho de metal, hueso o marfil, y con él hacía marcas en tabletas cubiertas de cera hechas por pares con bisagras, que se cerraban para que estuviesen protegidos los textos. En uno de sus apartes mencionaba a un tal Homero, poeta de los poetas, a quien situaba 400 años antes que él. En varias ocasiones citó la Odisea y la Ilíada.

Sin embargo, en los tiempos de la Grecia clásica eran muy pocos los que conocían a Homero. Su obra y su vida apenas empezaron a divulgarse 800 ó 900 años después de su muerte, en tiempos de Cleopatra y Marco Antonio. Decían, entonces, que había tenido varios seudónimos y que cuando alguien se refería a Meles, Melesígenes, Altes o Meón, se refería a él. Además de la Ilíada y la Odisea, se le atribuyeron La guerra de las ranas y los ratones, los Himnos Homéricos y diversas epopeyas sobre la vida de Edipo.

Su Odisea fue escrita en 24 cantos. Comenzaba hacia la mitad de la historia (medias res), cuando Odiseo empezó a recordar, y estaba dividida en tres grandes capítulos, la Telemaquia, El regreso de Odiseo y la Venganza. En la fase inicial, el poeta describía la situación de Ítaca por la ausencia de su rey, el sufrimiento de Telémaco y Penélope debido a los pretendientes, y cómo el joven emprendía un viaje en busca de su padre. Por fin, Odiseo llegaba a la corte del rey Alcinno, y por último, regresaba a la isla en medio del reconocimiento de sus esclavos y su hijo, y se vengaba de los pretendientes de su amada Penélope.

Los textos de Homero fueron el origen de la ficción escrita. Pasaron 20 siglos para que sus ficciones y realidades pudieran ser traspasados en Europa a un papel. La ruta salió de China y cruzó el Turquestán, Persia y Siria para finales del siglo V. Dos siglos más tarde, una invasión a China, las amenazas de muerte, la sangre y el pánico llevaron a los viejos inventores del papel a revelar uno de sus más preciados secretos. Era libertad o papel. Fue papel. Hacia el año 750, Samarkanda se transformó en la capital mundial de la producción.

Cincuenta años después, Bagdad copió el secreto chino y lo exportó a Arabia.

Los árabes le introdujeron varias innovaciones, incluyendo medidas estándar y colores, un método para envejecer el papel, más la introducción de alambres en los moldes. Entonces España fue conquistada por los moros. El papel llegó a Europa. Surgió el primer taller. Córdoba, 1036, seguido por otro en 1144, Xátiva. Las páginas se hacían de vitela, elaboradas con largas fibras de lino y contenían una proporción de almidón similar a la del clásico papel árabe.

Luego apareció Johannes Gutemberg, y con él, la imprenta, más allá de las decenas de versiones sobre otras imprentas y formas de artes gráficas anteriores. La Biblia, que hasta entonces se había copiado a mano, letra por letra por monjes que en ocasiones ni siquiera sabían leer, sólo reproducían, fue impresa una, dos y 150 veces. La humanidad empezó a acercarse a su propio pasado. Al fuego y a la rueda, a las leyes y las telas, a las armas y a los cosméticos, a la medicina y la aritmética, a Homero y Platón y Sócrates y Heródoto, a aquellos precursores de las cuevas de Altamira, y les abrió las puertas a los que iban a contar su versión de los hechos. Sus historias y, por supuesto, la Historia. Las interpretaciones, el arte, la poesía, las partituras y la multiplicación de las obras. Una tarde, 15 años atrás, José Saramago se preguntaba por aquellos que aún indagaban por los motivos de una poesía o de la Odisea. “Si aún se lo preguntan es porque no han entendido nada”.

*Periodista.

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