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| 11/29/2011 12:00:00 AM

El paraíso hundido

Tuvalú, un archipiélago perdido en el Océano Pacífico, podría ser el primer país que desaparece por el calentamiento global.

"Louis y yo desembarcamos en Tuvalú. La gente nos pareció guapa y sana. Al pasear, quedábamos cada vez más sorprendidos con lo que veíamos. El suelo es muy fértil, hay helechos, algunos arbustos y plantas con flores. Vimos incluso una huerta grande de plátano. La isla parece inusualmente amplia". Esto escribió en 1890 Fanny Vebndegrift, mientras navegaba por el Pacífico con su esposo, el escritor Robert Louis Stevenson. Un bucólico diario de viaje podría pronto convertirse en la deprimente memoria de un mundo perdido.

Hoy en Tuvalú la realidad es desesperada. Este archipiélago de nueve islotes perdidos en el Pacífico Sur, que se eleva apenas unos metros sobre el nivel del mar, podría ser el primer país en desaparecer por el cambio climático y el aumento de los océanos. Un proceso lento, pero imparable. Si el mar sigue subiendo, en menos de 50 años en Tuvalú no habrá más que olas. Y a sus 11.000 habitantes, que viven hacinados en solo 26 kilómetros cuadrados, no les quedará otra opción que empacar sus cosas y abandonar la tierra que ocupan desde hace más de 3.000 años.

Desde principios de año, a causa de un fenómeno de La Niña inusualmente intenso, no cae una sola gota de lluvia. Una sequía que tiene a Tuvalú al borde del colapso. Como en la isla no hay ni ríos ni manantiales, el agua dulce se extrae de pozos naturales que se forman después de los aguaceros. Pero las débiles precipitaciones no son las únicas culpables de la sed. El mar sube cinco milímetros por año, lo suficiente para infiltrar las porosas rocas coralinas y sumergir los pozos.

Sin agua, las enfermedades no tardaron en llegar. Diarreas, deshidratación y problemas de piel azotan a los isleños. La solución son dos plantas de desalinización, que producen 43.000 litros diarios de agua potable, menos de la mitad de las necesidades básicas. Cada familia solo puede contar con dos o tres baldes de agua al día. Desde los países vecinos zarparon barcos con ayudas y Australia envió dos plantas de desalinización de emergencia. Pero consumen mucha energía y Tuvalú no tiene las capacidades económicas para sostenerlas.

La sequía es solo uno de los problemas más urgentes que enfrenta Tuvalú por el calentamiento global. Las mareas y los ciclones son cada vez más violentos, extremos y frecuentes. Varios meses por año Tuvalú está inundado. Como recordó en un documental Hilia Vavae, meteoróloga de la isla, "en los ochenta, había inundaciones en enero. Ahora estamos la mitad del año con los pies mojados". Los plátanos, cocoteros y tubérculos que crecen en las áridas tierras son barridos por la resaca, y el agua salada se cuela por todo lado, envenenando los huertos. Los pescadores dicen que En los últimos años ha sido también cada vez más difícil llenar sus redes. Según los científicos, si la temperatura del océano sube un grado, todos los corales morirán, algo que se está empezando a ver en los arrecifes de Tuvalú, donde se refugian cientos de especies de peces.

Pero con el debilitamiento de sus barreras de corales, Tuvalú no solo está perdiendo su despensa de alimentos, sino su principal defensa contra el oleaje, lo que está provocando una erosión acelerada. Taafaki Semu, un isleño, le dijo hace un mes a Amelia Holowaty, bloguera de The New York Times, "fui a un islote a conseguir algunos cocos en una tierra que tengo y tres cuartas partes habían sido llevadas por el mar".

Por eso la vida en Tuvalú se hunde. Les toca importar cerca del 80 por ciento de su comida y aproximadamente 4.000 isleños se exiliaron ya en Nueva Zelanda, donde los políticos de la isla esperan firmar acuerdos para poder inmigrar allá en masa si su nación se ahoga. Una tragedia que Tuvalú comparte con otros micropaíses insulares del Pacífico como Kiribati, Vanuatu y las Islas Marshall. Ahí saben que mientras algunos todavía debaten sobre el impacto y las causas del calentamiento global, ellos pueden ser la última generación que va a vivir en sus islas. Y con la desaparición de su territorio, naufragará su soberanía, su nacionalidad, su orgullo y su cultura. Un pueblo tragado por el océano Pacífico. Y una advertencia dramática para el resto del mundo.
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