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| 10/18/1982 12:00:00 AM

EL PATIO DE ATRAS

Paradógicamente, algunos países que hace poco tenían bonanzas, hoy son los que más sufren la crisis mundial.

EL PATIO DE ATRAS EL PATIO DE ATRAS
En 1950 las exportaciones de América Latina representaban el 11% del consumo mundial. Hoy, treinta años después, han descendido al 5%.
Esta disminución se considera uno de los aspectos más negativos para la economía de la región, pues a ella contribuyeron 22 de los 24 países del área: únicamente Ecuador y Trinidad y Tobago mejoraron levemente la proporción que les correspondía en 1950, gracias a las ventas de petróleo.
En días pasados un experto de la CEPAL, Mario Movarec, señalaba que si se realiza la misma comparación, pero con respecto a 1970, se comprueba que sólo cuatro países mejoraron su participación en las ventas del mercado internacional durante esos diez años. A los dos mencionados se sumaron Brasil y México, este último también beneficiado por una bonanza petrolera que brotó en diciembre de 1976.
Si se analiza la composición por grupos de productos de estas exportaciones, se encuentra que el que ha tenido una mayor pérdida de participación es el de los productos primarios. Los bienes de tipo industrial, en cambio, en 1978 tuvieron un aumento en su participación dentro del total, que no es suficiente, sin embargo, para cambiar la identidad exportadora de América Latina a lo largo de muchos años, que han sido esencialmente productos de la explotación de recursos naturales.
Lo anterior ha agravado la situación económica de los países en los actuales momentos. La falta de demanda externa por las materias primas y, en general, por los bienes que constituyen los principales productos de exportación de la región, se ha reflejado en un descenso en los precios de los mismos, debilitando aún más la corriente de ingresos de los países. Artículos como el café, el cacao, el azúcar, el cobre y el estaño, tuvieron una baja en sus cotizaciones internacionales de un orden entre 15% y 40%.
A causa de estas variaciones en los niveles de los precios de los productos exportados, muchos de los países de la región sufrieron grandes pérdidas en los términos de intercambio.

ARRECIA EL TEMPORAL
En 1981, por otra parte, los tipos de interes más altos que predominaron en los mercados de capital agravaron la carga del sector externo de casi todos los países. Una buena parte de la deuda externa contraída por las naciones ha sido contratada con intereses flexibles, por lo cual un aumento en la tasa LIBOR, en la Bolsa de Londres, se convierte rápidamente en niveles más altos de servicio de la deuda.
El adverso ambiente económico mundial, que se empeora cada vez, ha hecho que los países latinoamericanos adopten políticas económicas contraccionistas que han restringido el crecimiento económico. La tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto total de la región, que en 1980 había llegado a 6%, en el 81 descendió en 5%, mientras la población crecía en 2.4%.
Hay, entonces, tres aspectos relacionados con la economía mundial que se están reflejando en forma negativa sobre las debiles estructuras económicas de América Latina: los menores precios recibidos por las principales exportaciones de productos primarios, los costos elevados de los emprésticos en el exterior, y la recesión mundial.
América Latina es la región del mundo que más dinero debe, y los principales periódicos del mundo le han dedicado mucha atención recientemente a las dificultades que tendrá para pagar sus deudas (ver artículo anterior). Grandes montos de pasivos también afectan a los demás países del Tercer Mundo, pero algunos países latinoamericanos han llegado a niveles increíbles: Brasil debe 75.000 millones de dólares, Argentina 36.000 y México 80.000.
Eso, y las dificultades para pagar que tienen los países, han hecho que un terrible interrogante se pasee por las oficinas de los grandes financistas del mundo: ¿Por qué no se precipita el colapso total? No son muchos los que se atreven a intentar una respuesta, pero un periódico norteamericano preveía una hace poco: "es de vital importancia para los comisarios comunistas, los dictadores africanos y los autócratas americanos -así como para los buenos banqueros capitalistas- mantener la ilusión de que los préstamos son solventes".

MEA CULPA
La crisis económica en Latinoamérica tiene también una dimensión curiosa. Algunos de los países más golpeados por ella, hace apenas unos pocos años gozaban de grandes bonanzas cambiarias. Es el caso, por ejemplo, de algunas naciones petroleras y otras cafeteras, cuya política implementada en el manejo de los grandes volúmenes de recursos ingresados al país precipitó, a la vuelta de unos pocos años, un viraje de ciento ochenta grados: de la prosperidad a la crisis.
Uno de los casos más patéticos fue México. En 1976 encontró reservas petroleras que se manifestaron rápidamente en voluminosos ingresos. Como otros países, le dió a la bonanza un tratamiento de "situación permanente". Sin prever que en un momento la corriente de ingresos podría detenerse, los países realizaron grandes inversiones y adoptaron políticas expansionistas que aumentaron el ritmo de crecimiento de la actividad económica y redujeron el desempleo. Vino, entonces, la destorcida, y el chorro de ingresos se invirtió. Grandes volúmenes de dólares comenzaron a salir de los países, para pagar compromisos creados en los años de bonanza. En la mayoría de los casos éstos no fueron suficientes, de manera que salieron en busca de créditos a los bancos privados norteamericanos y europeos. Y así llegamos al triste final de la historia. Grandes deudas que difícilmente serán pagadas.
Es la parte de la crisis mundial que le ha tocado a Latinoamérica. Como siempre sucede, una tragedia que es común a todos afecta más a los más débiles.

COLOMBIA: UN OASIS
Hace poco, en su primera alocución televisada, el presidente Belisario Betancur se refirió a la mala situación económica existente en el país. Las principales actividades económicas de tipo productivo están estancadas, o han tenido tasas de crecimiento negativas en los últimos meses. Tales son los casos de la agricultura, la construcción y la industria, que han tenido bajos rendimientos y han llevado la tasa de desempleo hasta 9.5% que si bien no es la más baja que ha tenido el país en los últimos años, representa una gran masa de desempleados que probablemente ha aumentado en términos absolutos.
También se refería el presidente a las dificultades del gobierno anterior para ordenar sus finanzas. A partir de un gasto exagerado en burocracia, los egresos del sector público fueron tales que se llegó a un déficit fiscal de 90.000 millones de pesos el cual origina un desequilibrio monetario que obliga a aceitar la máquina de emisión de dinero y ponerla a funcionar, aumentándose en forma exagerada los medios de pago y empujando la tasa de inflación hacia arriba.
Sin embargo, el panorama de la economía colombiana no es del todo sombrío. Desde el punto de vista del sector externo, por ejemplo, la situación es muy favorable a pesar de que es éste, precisamente, el que afecta a los demás países del Tercer Mundo.
Colombia, a diferencia de ellos, no tiene una deuda externa muy alta, ni la escasez de divisas representa un cuello de botella para la economía en los actuales momentos. El monto de la primera (US$ 6.287 millones), no es mucho menor que las reservas internacionales (US$ 4.999.7 millones) que posee el país en dólares y monedas "duras". Si se deseara, practicamente el país podría pagar su deuda externa en forma inmediata. Afortunadamente no hay que hacerlo. Puesto que las reservas son un "stock" y las deudas están diferidas en el tiempo, Colombia tiene una posición cómoda para enfrentar la recesión mundial, desde el punto de vista cambiario, en el corto plazo no faltarán dólares para realizar importaciones y pagar los servicios de la deuda. El origen de la amplia situación cambiaria del país se encuentra en la bonanza cafetera. En 1975, con el aumento de los precios del café por una helada que quemó la tercera parte de los cafetales brasileños, llegaron al país muchos dólares. En los años siguientes el flujo se mantuvo, porque los precios del café no volvieron jamás al nivel que tenían antes de la bonanza. Los ingresos aumentaron, además, coadyuvados por la bonanza de la marihuana.

COLOMBIA: UN OASIS
A diferencia de otros países que experimentaron bonanzas en industrias estatales, en Colombia los ingresos que estaban llegando pertenecían a particulares, a los cafeteros, por un lado, y a los narcotraficantes, por otro. Puesto que en el país sólo puede poseer dólares el Banco de la República, los cafeteros fueron monetizando sus divisas, que se acumularon en el Banco de la República y les permitieron obtener pesos que gastaron como mejor les pareció, mejoras en las fincas, automóviles y otras formas de consumo suntuario. Los dólares del contrabando de droga, por su parte, se "lavaron" mediante la compra de propiedades raíces y de otro tipo, y una parte se monetizó en el Banco de la República a través de la "ventanilla siniestra".
El gobierno, ante la expansión monetaria que implicaba el aumento de las reservas, optó por políticas contraccionistas de los medios de pago. Se aumentaron los encajes ordinarios en los bancos, se impuso un encaje marginal de 100%, se crearon los certificados de cambio y se realizaron operaciones de mercado abierto. Así, se buscaba controlar el crecimiento del nivel de precios, sin tomar medidas que aunque hubieran fomentado el crecimiento, hubieran sacado rápidamente los dólares del país.
La situación de bonanza en 1975 implicaba una situación contraria a la que el país había vivido durante muchos años y el diseño de los instrumentos de política económica, no estaba dirigido a enfrentarla. En lugar de cambiarlos, sobre la base de que la bonanza era una situación coyuntural que volvería a la época de escasez de divisas, se adecuaron para permitir el aumento de las reservas internacionales que, cuando llegara la "destorcida", permitiría un manejo cómodo de la economía. En síntesis, se apretaron las clavijas en la época de bonanza para tener con qué responder en la época de crisis. Así, si bien el país no tuvo entre 1975 y 1981 tasas de crecimiento promedio como las de México, ahora no se ve abocado a ninguna crisis cambiaria de ningún tipo.
La recesión está presente en el mundo, y en Colombia se ha reflejado por una menor demanda externa por los productos nacionales. Las exportaciones superan a las importaciones, pero hay un colchón de reservas que le permitirá al país buscar la reactivación interna de la economía sin la preocupación de una deuda externa imposible de pagar. Además, con el estímulo de que las exportaciones de carbón, en la segunda parte de la década de los ochenta, volverán a traer grandes volúmenes de divisas.

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