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| 3/28/1988 12:00:00 AM

EL PETRO-TERRORISMO DEL ELN

De dónde viene, para dónde va y qué daños está causando el grupo guerrillero más violento en la historia de Colombia

Hasta hace poco tiempo se pensaba que el enemigo número uno del país era Pablo Escobar. Sus andanzas y las de sus colegas habían logrado desplazar a la guerrilla del primer lugar en materia de violencia y terrorismo. Pero en las últimas semanas, un hombre relativamente desconocido le está disputando ese dudoso honor. Es un sacerdote español de apariencia frágil y bonachona, voz débil y ademanes suaves, llamado Manuel Pérez, quien ha sido el responsable de volar 20 veces el oleoducto Caño Limon-Coveñas, de dinamitar otras 11 instalaciones petroleras y de secuestrar 14 alcaldes y 3 periodistas, todo esto en las escasas 8 semanas de lo que va corrido del año, y sin contar las rutinarias acciones de la organización guerrillera que él dirige, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), como la toma de Trujillo (Valle) el 21 de febrero, en la que murieron 2 militares y un civil.
¿Quién es y qué es lo que quiere este cura terrorista, cuyo movimiento decidió inaugurar 1988 con tanto terror? En teoría se trata del nuevo dirigente (ver recuadro) de una vieja organización guerrillera (ver segundo recuadro) que busca tomarse el poder.
Pero en la práctica, es el jefe de un pequeño pero bien armado grupo que ha reducido su programa a la revision de la política petrolera nacional, y que está dispuesto a defenderlo aún a costa del petróleo y del país mismo. Este hombre es el artífice de que en el fluctuante mundo de la preeminencia guerrillera, el ELN esté hoy mandando la parada. Las FARC, como si estuvieran deshojando una margarita frente al proceso de paz, han enfrentado el dilema de aterrorizar o convencer, y en este momento se debaten entre las acciones de guerra y las propuestas de paz. El M-19, después de algunos años de "gloria revolucionaria", ha visto caer, uno a uno, a sus jefes, mientras sus bases se han ido diezmando en forma proporcional a la de la cúpula. El EPL, que llegó a tener algún nivel de protagonismo en la guerra durante la década del 60 y en el proceso de paz -con los desaparecidos hermanos Calvo a la cabeza- durante el gobierno pasado, se encuentra hoy limitado a una que otra acción guerrillera y a participar en la vida sindical de algunas regiones agrícolas del país.
En cambio el ELN, desafiando la tendencia histórica de la guerrilla en Colombia (surgir con grandes éxitos e ir apagándose lentamente como una vela que se agota), está resucitando. Y su resurrección se basa casi exclusivamente en la inauguración de nuevas y aún más radicales formas de terrorismo. Para empezar, el petro-terrorismo, que consiste en obtener recursos económicos con base en la extorsión a las compañías petroleras, invocando la lucha contra el imperialismo y las mutinacionales. Este sistema surgió hace 4 años con el secuestro de Werner Shoodt, un ingeniero de la empresa alemana Manessmann, que junto con la italiana Sicim, fueron contratadas para construír el oleoducto Carlo Limón-Coveñas. En esos días, se afirmó con insistencia que por el rescate del técnico alemán se había pagado una suma cercana a los 2 millones de dólares (unos 550 millones de pesos de hoy). Aunque esto es muy difícil de establecer a ciencia cierta, lo que sí quedó claro es que a partir de entonces, se inició una serie de negociaciones entre la Manessmann y ELN, que culminaron con exigencias del grupo guerrillero como la realización de obras sociales en materia de educación, salud, vías de comunicación, acueductos y alcantarillados, en las comunidades de la zona donde las petroleras y sus contratistas comenzaban a trabajar. Si esas exigencias no se cumplían, los hombres del ELN se encargaban de "cobrárselo" a las multinacionales.
En aquellos días, un funcionario del Arauca que había sido testigo de estas negociaciones, le dijo a un enviado de SEMANA a la zona, en momentos en que en Bogotá se debatía la propuesta del M-19 sobre el diálogo nacional: "Aquí con el ELN tenemos nuestra propia y más efectiva fórmula para el tal diálogo nacional. Consiste en que en esta zona hay seguridad y tranquilidad, en la medida en que las empresas que están trabajando en los proyectos petroleros, dediquen parte de sus ganancias a obras para la comunidad". Este populismo, a pesar de haberse aplicado con un revólver en la nuca de las multinacionales, tuvo el efecto de congraciar a gran parte de la población con el grupo guerrillrro. El ELN reclamaba como propia las obras producto de la extorsión además de atribuirse -como lo siguen haciendo hoy- las que eran realizadas con el dinero de las regalías y que básicamente se canalizan a través del Plan Nacional de Rehabilitación y de las juntas de acción comunal. De tal suerte que, para muchos habitantes de la región, todo lo bueno era obra del ELN y todo lo malo, gracias a la propaganda de este grupo, producto de la voracidad de las petroleras. Las negociaciones con la Manessmann llegaron a tal grado, que el ELN exigió y obtuvo una campaña en la que los funcionarios de la empresa alemana tuvieron que fijar en sus carros una calcolmanía que decía:"Manessmann, tiene un corazón para los niños".
El escándalo nacional e internacional que suscitó este tipo de negociaciones fue tal, que mereció la primera página del prestigioso periódico The Wall Street Journal en mayo del 85, cuando aparecieron las declaraciones de Armand Hammer, presidente de la compañía Occidental, según las cuales "le estamos dando empleo a la guerrilla, les damos trabajo de proveedores y nos encargamos de la población local. Esto ha funcionado hasta ahora y ellos nos protegen de las otras guerrillas". Pero a juzgar por los últimos y numerosos atentados contra el oleoducto (cuyo petróleo es explotado por la Asociación Cravo Norte, compuesta por Ecopetrol con el 50%, la Occidental con el 25% y la Shell con el 25% restante) y el carro bomba que hizo explotar el ELN frente al edificio de la Occidental en Bogotá, el "romance" de que hablaba Hammer parece haber terminado.
EL LADO OSCURO
Según los cálculos, este tipo de chantaje puede haber producido una cifra total cercana a los mil millones de pesos, lo que convierte al ELN, cuyo número de efectivos se encuentra entre los 500 y los mil, en uno de los grupos humanos con mayor ingreso per capita en todo el planeta. Claro que la cifra de mil millones puede quedarse corta. SEMANA pudo establecer que, en febrero del 87, durante una reunión que sostuvieron los altos mandos militares con la recién elegida Dirección Nacional Liberal, uno de los generales dijo que, según las informaciones obtenidas por los organismos de seguridad, la suma pagada al ELN por las firmas extorsionadas podía ser superior a los 50 millones de dólares, unos 13 mil millones de pesos de hoy.
Y es aquí donde comienza a aparecer el lado oscuro de lo que hasta hace poco fue la luna de miel del ELN con las multinacionales vinculadas al Arauca. Como en la película Gremlins de Steven Spielberg, lo que hicieron las empresas extranjeras que aceptaron pagar la vacuna petrolera que exigía el grupo del cura Pérez, fue alimentar un pequeño monstruo que lucía inofensivo -tan preocupado por el bienestar de las gentes humildes de la región-, hasta convertirlo en una máquina de destrucción.
Las cuotas que la Manessmann tuvo que cancelarle al ELN para poder construír el oleoducto, crearon un precedente funesto que la Occidental no está en condiciones de perpetuar. "Para las empresas que trabajaron en la construcción del oleoducto y que, terminada esta obra, se fueron, la cosa no era tan grave pues su prioridad era cumplir con sus plazos, cobrar y abandonar el país con las utilidades respectivas, dejándole el problema a los que como la Occidental, se tienen que quedar por varios años sacando el petróleo", dijo a SEMANA un alto funcionario del sector petrolero. En efecto, una cosa es un contrato de obra por 2 años y otra muy distinta, uno de explotación permanente por más de 20, como corresponde al contrato de la Occidental con Ecopetrol.
Desde el momento en que la explotación petrolera estuviera sujeta al visto bueno de un grupo subversivo, cualquier grieta que se llegara a abrir en materia de contraprestaciones, se convertiría necesariamente en una tronera, como de hecho estuvo a punto de suceder en el caso de la Manessmann. La Occidental, consciente de ello, ha decidido asumir las consecuencias de un estado de guerra declarada entre la multinacional y el ELN, que ha costado más de medio centenar de atentados contra el oleoducto desde el 7 de diciembre de 1985, cuando se dio comienzo a la producción y el bombeo.
La ofensiva contra la industria petrolera es justificada por el cura Pérez como "una política anti-imperialista para hostigar a los gringos en la extracción del crudo". Pero si en la época de la vacuna a la Manessmann, esta actividad parecía defensable a los ojos de algunos por cuenta de las obras en beneficio de la gente, los argumentos actuales para explicar los atentados no tienen presentación alguna. Sobre todo si se tiene en cuenta que, en esos atentados, el que más sale perdiendo es el Estado colombiano. De 200 mil barriles diarios que se están sacando por el oleoducto Caño Limón-Coveñas, 100 mil son para Ecopetrol, 20 mil corresponden a regalías y los restantes 80 mil a las compañías asociadas. Por lo tanto, resulta que el Estado colombiano es el dueño de 120 mil barriles de petróleo, es decir del 60% de la producción diaria (ver gráfico). Pero estos "detalles" parecen importarle muy poco al ELN. Sus acciones dinamiteras han sido dirigidas indistintamente contra todo lo que huela a petróleo, sin importarles mucho a quién pertenece ni quién se perjudica. El año pasado, por ejemplo, destruyeron en Payoa (Santander) un oleoducto que estaba siendo explotado exclusivamente por Ecopetrol.
Como lo hacían los leuditas, aquellos anarquistas a los que Karl Marx regañaba porque buscando destruír el capitalismo la emprendían contra las máquinas, los integrantes del ELN, en su desconcierto por no haber sido capaces en 25 años de lucha de vulnerar los modos de producción capitalistas, han decidido dirigir sus acciones destructivas contra los medios de producción. O mejor aún, están actuando como el marido que, al descubrir que su mujer le es infiel, decide vender el sofá donde se comete el adulterio.

Prueba de ello es que, además de la petroguerrilla, el ELN ha inaugurado también una modalidad de terrorismo hasta ahora desconocida en Colombia, a pesar de su larga historia de violencia: el terrorismo industrial. Este fue puesto en práctica con la voladura de la planta de Cementos Río Claro, en Antioquia, que se constituyó en el primer atentado de un grupo guerrillero contra una industria ciento por ciento colombiana. "Frente al terror oficial no queda más que el terror revolucionario", fue la consigna levantada por los guerrilleros del ELN para justificar esta acción, al tiempo que acusaban a los directivos de la empresa de cemento de ser los patrocinadores de grupos paramilitares que han asesinado cerca de una decena de obreros de la planta. El atentado paralizó la actividad constructora en Medellín, una de las mayores fuentes de trabajo de la ciudad, ya que la planta de Río Claro abastece un 70% de la demanda de cemento de la capital antioqueña. Como consecuencia de esta acción terrorista, que buscaba entre otras cosas presionar una negociación laboral de los cementeros sin que estos lo hubieran pedido, lo que se consiguió fue la paralización de la planta durante más de 6 meses y su reconstrucción, según sus dueños, puede llegar a costar hasta 3 mil millones de pesos.
Y como si fuera poco, aparte de los medios de producción, el "terror revolucionario" también está afectando a la naturaleza. En las regiones que el oleoducto atraviesa, los blancos de los "elenos" no son ya exclusivamente el ejército, la policía, la burguesía, los terratenientes y las multinacionales, sino cualquier ciénaga, río o reserva natural. Los actos terroristas contra los oleoductos han contaminado las aguas superficiales de algunos ríos que cruzan la intendencia del Arauca y el departamento de Norte de Santander, y algunas ciénagas como la de Zapatosa, afectando las fuentes de trabajo de miles de familias campesinas.
El plan de contingencia adoptado por el Inderena ha logrado neutralizar algunos de estos daños. Pero el perjuicio causado a la flora y a la fauna en ciertas zonas es irreparable, ya que se trata de recursos naturales que no siempre son renovables. En el caso de los peces, cuando no mueren envenenados en las corrientes invadidas de crudo, se contaminan a tal grado que pescarlos no tiene ningún sentido. Las aves y los reptiles están muriendo como moscas en las manchas de petróleo. Hay ejemplos que ilustran dramáticamente lo imprevisibles que resultan estos fenómenos. Según relata el biólogo y ecólogo de Ecopetrol Manuel Sierra "el problema afecta a todas las aves. La naturaleza es curiosa: al ver reflejada su propia sombra en la nata de petróleo, se lanzan en picada directamente sobre la mancha y son muchas las que perecen asfixiadas". Un resumen del problema fue presentado por el columnista Enrique Santos Calderón, en la edición de El Tiempo del 7 de enero: "Hablemos de los miles de compatriotas del montón que sufren en carne propia la destrucción del medio ambiente, de los 70 mil pescadores artesanales que dependen del ecosistema del Bajo Magdalena, de los 80 mil habitantes de poblaciones del Cesar de Santander, que se han quedado sin acueducto por envenenamiento de sus fuentes de agua, de los miles de pequeños y medianos agricultores cuyas cosechas peligran por la contaminación de las aguas de riego".
EL CO-GOBIERNO
Los acontecimientos de las últimás 3 semanas aunque no violentos, pueden ser los que más miedo inspiren. En una acción sin precedentes que emula las tácticas de la mafia, el ELN realizó el secuestro colectivo de más de media docena de alcaldes de su zona de influencia. Actuando no ya como si estuviera tratando de tomarse el poder, sino como si lo estuviera ejerciendo, asumió una actitud digna de cualquier junta directiva que convoca a sus gerentes regionales para pedirles cuentas, e "invitó" a varios de los alcaldes de Bolívar, los 2 Santanderes y el Cesar, a una reunión en el monte en la que debían presentar balances de sus respectivas administraciones.
Este tipo de acción, aparentemente inofensivo, resulta muy preocupante. Algunos de los alcaldes que protagonizaron estos episodios dejaron la impresión de haber asumido, precisamente, el papel de gerentes después de reunirse con sus directivos. Daniel Palacio Hernández, alcalde de Morales (Bolívar), para citar sólo un ejemplo, decidió rectificar a la prensa en relación con su retención por parte del ELN: "No es cierto que a mí me secuestraron. Yo únicamente fui al monte y hablé con el ELN". Estas declaraciones seguramente están originadas más en el miedo que en la simpatía por el grupo guerrillero. Pero de cualquier manera, indican el nivel de desinstitucionalización que se ha alcanzado en las zonas de influencia de una organización que no sólo ha demostrado tener mucha plata, muchas balas y mucha dinamita, sino también muy pocos escrúpulos.
Tan escasos que vale la pena preguntarse hoy si los ideales revolucionarios que alguna vez inspiraron a los fundadores del ELN, han sido desplazados por una máquina de terror que se envalentona con la demostración de fuerza derivada de sus propias acciones, y se hace la ilusión de que, gracias a ellas, no sólo aterroriza al país, sino que lo tiene en sus manos. Pero la historia demuestra que este tipo de boom terrorista siempre es efímero, no sólo porque un día las fuentes de financiamiento se empiezan a agotar, sino porque las simpatías populares despertadas al principio, empiezan a perderse cuando la gente se da cuenta de que el terror lo único que produce es más terror, en lo que el propio Vladimir Lenin llamaba "los fuegos artificiales", que se encienden tan rápido como se apagan. De hecho, es de esperar que en el futuro, nadie vuelva a alimentar económicamente a este grupo. Y es de esperar también que la población de las zonas de influencia del ELN, que un día pudo ver algunos beneficios de este fenómeno y hoy aprecia los grandes perjuicios, termine por aislar a los hombres del cura Pérez. Sin embargo, mientras esto sucede, mucho petróleo y, por qué no, mucha sangre, pueden quedar reyados en el campo de batalla.
TRES AñOS DE TERROR
El siguiente es un resumen de las cifras de las principales acciones ejecutudas por el ELN entre febrero de 1985 y febrero de 1988.

Bombas y sabotajes a oleoductos,
gasoductos y poliductos 71
Sabotajes y atentados contra
otras instalaciones 14
Secuestros de empleados,
funcionarios oficiales y periodistas 37
Ataques a helicópteros 12
Tomas, ataques y robos a
campamentos petroleros 10
Voladura de puentes 5
Otras acciones 8

EL CURA DEL TERROR
Manuel Pérez, el cura español, máximo dirigente del ELN, ya no es cura y tampoco es español. No es cura por que está separado de la Iglesia hace muchos años y porque renunció al celibato casándose con una guerrillera colombiana. Y no es español porque nada lo vincula con su tierra natal, la que dejó hace 28 años. Ni siquiera tiene el "ceceo" característico de los españoles. Además habla de "nuestro pueblo, nuestro petróleo y nuestro gobierno" como el más chauvinista de los colombianos.
Llegó al país a mediados de los años 60, en compañía de 2 curas españoles, con el propósito de hacer la revolución en América Latina. Domingo Laín, uno de ellos, murió en un combate entre el Ejército y el ELN en 1971, y Carmelo Gracia, el otro, se desencantó en poco tiempo del ELN colgó el hábito, abandonó el fusil y hoy vive, felizmente casado, en Cuba.
Los tres pertenencían a un grupo de "curas obreros" europeos que no contaron con las condiciones para desarrollar su teoría libertaria en ese continente, por lo que les tocó volver sus ojos hacia el nuevo mundo, como 500 años atrás, lo habían hecho los misioneros. Atravesaron el Atlántico pero no para ganar almas en la fe cristiana, sino para hacer la revolución socialista. Desembarcaron primero en Santo Domingo, en donde duraron sólo un par de meses porque fueron expulsados. A Colombia llegaron en 1965 y se establecieron en Cartagena y después en Bogotá. Domingo Laín trabajó en la parroquia del barrio Meissen; Manuel Pérez, en la del barrio San José y Carmelo Gracia, en otro barrio del sur de la capital. Era la época en que, el también sacerdote Camilo Torres hacía furor con su Frente Unido. Pero no era Camilo el único sacerdote metido en política. Los curas españoles encontraron a lo largo y ancho del país decenas de curas obreros. En Medellín, a Vicente Mejía; en Cali, al "cura rojo" Manuel Alzate; en Santander a Roberto Becerra. Todos estos contaban con bendición jerárquica, ya que un Monseñor los acompañaba: Gerardo Valencia Cano, obispo de Buenaventura. Estos sacerdotes conformarían en el año de 1968 lo que se conoció como el "Grupo de Golconda".
La muerte de Camilo Torres el 15 de febrero de 1967, produjo un profundo replanteamiento en el trabajo de los sacerdotes españoles, al punto que, citaron a una reunión en un Convento de Cartagena y acordaron dejar el trabajo obrero para dedicarse al trabajo político público. Cuando las condiciones se volvieran adversas, se incorporarían a la lucha armada y siguiendo el ejemplo de Camilo, entrarían al ELN. El trabajo político amplio no se vio y las condiciones adversas tampoco llegaron, pero los 3 curas españoles sí terminaron empuñando el fusil, y a finales de 1969 aterrizaron en el ELN, en un momento en que el grupo atravesaba por una de sus peores crisis.
Carmelo Gracia y Domingo Laín fueron adquiriendo desde el comienzo gran prestigio dentro de la organización, y tuvieron el "honor" de ser de los hombres de confianza de Fabio Vásquez Castaño. Manuel Pérez, sin embargo, no se distinguió. No era un buen combatiente, tampoco un político brillante. Era más bien indisciplinado, se dormía haciendo guardia y se perdía en las caminatas. En una ocasión lo dieron por muerto porque durante 2 meses no dio señales de vida. Pero no fue esta la única vez que se le consideró "hombre muerto" a Poliarco, el alias con el que se conocía al cura Pérez en el ELN. En por lo menos, 2 oportunidades estuvo en "hueco", sitio a donde se llevaban quienes iban a ajusticiar. Se salvó por ser cura. "El ELN no puede ejecutar sacerdotes", decian en esa época sus compañeros.
Nacido en Albarracin, Zaragoza de origen campesino, Manuel Pérea estudió primero en el Seminario de su provincia y después, en el de Madrid. Se ordenó como sacerdote con 170 seminaristas latinoamericanos en un ceremonia colectiva que presidió el Papa Pablo VI. Vivió un tiempo en París con los "Traperos de Emaus" cristianos que se dedicaban a trabajar con los más pobres. De su origen europeo sólo conserva el recuerdo y el conocimiento del francés y del alemán.
Aprendiz de cura en los 50, cura obrero en los 60, cura guerrillero el los 70 y hoy, cura terrorista, Manuel Pérez ha cambiado mucho. Ya no es el guerrillero gris sino el número uno del ELN, puesto al que llegó más que por méritos en la guerra o en la paz, por el hecho de ser cura. Es el responsable político de esa organización y está por encima de "Gabino" el responsable militar a quien Fabio Vásquez escogió como su heredero natural. Ya no es el hombre que habla poco sino uno que graba videos de más de una hora para explicarle a su "pueblo" los beneficios de una política petrolera nacionalista como la que ellos impulsan. Y ahora es, en la práctica, también el número uno de la Coordinadora Nacional Guerrillera Simón Bolívar, ya que los demás grupos no tienen muchos dirigentes para mostrar y se han plegado al que tiene más dinero.
LA LEY DEL MONTE
"Ni un paso atrás: Liberación o Muerte Nupalom", ha sido la consigna que ha identificado al ELN a través de toda su historia. En cuanto, a la primera parte, para todo el mundo es un hecho que no ha dado pie atrás, aunque tampoco para adelante. Y en cuanto a la disyuntiva de liberación o muerte, la que ha predominado es la segunda.
La muerte comenzó a hacerse presente desde el primer día de su aparición como organización armada, el 7 de enero de 1964, cuando a sangre y fuego se tomaron la población de Simacota, Santander. Ese día murieron 5 policías. Luego vinieron los muertos en las tomas guerrilleras de San Pablo (Bolívar), Remedios (Antioquia) y algunos otros pueblos del nororiente colombiano, que fueron despertados por las ráfagas de los fusiles y los gritos de vivas al ELN y a la revolución cubana.
Fue precisamente la revolución cubana la que inspiró a Fabio Vásquez Castaño, para que en compañía de sus hermanos: Manuel y Antonio, y de una veintena de estudiantes de la Universidad Industrial de Santander, decidiera lanzarse a las selvas colombianas a crear el foco guerrillero que seguiría el ejemplo de Fidel y sus barbudos en la Sierra Maestra. Pero esta "chispa que incendiaría la pradera" no contó con el viento a su favor. El ELN quedó completamente aislado y su modus operandi se redujo a uno que otro asalto a poblaciones con el saqueo de rigor a la Caja Agraria, la droguería del pueblo, la pintada de paredes con sus consignas y, claro está, los muertos.
Pero no fue necesariamente por su capacidad guerrerista por lo único que la muerte convivió con este grupo. Sus métodos autodestructivos y su fanatismo, llevaron al ELN a acabar con lo mejor de sus hombres en una cadena de ajusticiamientos que se suscitó luego de un debate mortal: la responsabilidad sobre la estúpida muerte del cura Camilo Torres Restrepo. Los fusilamientos de Víctor Medina Morón (ingeniero), Julio Portacarrero (médico), Julio César Cortés (médico) y muchos otros, inauguraron una modalidad, hasta entonces desconocida en la izquierda: dirimir las contradicciones a tiros. Este ajuste de cuentas llegó incluso a Bogotá con el asesinato de su ex militante Jaime Arenas.
Con estos tiros comenzó, para muchos, la muerte del ELN. En 1973, en una ofensiva de características similares a la emprendida contra las FARC en la región del Pato y Guayabero, el Ejército colombiano realizá la que pasaría a la historia con e] nombre de Operación Anori. Allí perdieron la vida Manuel y Antonio Vásquez Castaño, y un centenar de hombres del ELN. Diezmada y desmoralizada, la organización entró en desbandada. El propio Fabio Vásquez colgó su fusil y empacó maletas rumbo a Cuba, en un viaje que nunca tuvo boleto de regreso.
Después de esto, se dijeron muchas cosas. Se dijo que Fabio Vásquez había enloquecido, que se había fugado con la plata de la organizacion y que había muerto. Del ELN se dijo, que se había acabado y sólo se escuchaba de vez en cuando sobre la existencia de células urbanas, que se reclamaban miembros de esa organización y que se dedicaban a matar policías en Medellín y Bogotá. Una de esas células urbanas fue la que secuestró en la capital al hermano del presidente Betancur, debiendo intervenir Fidel Castro para su liberación.
Poco después, el grupo reapareció con una de sus manifestaciones más macabras: el ajusticiamiento. En un acto que horrorizó tanto a las izquierdas como a las derechas, un comando del ELN asesinó a sangre fría a Ricardo Lara Parada, quien había sido uno de sus principales dirigentes y se encontraba, después de haberse acogido a la amnistía del gobierno de Belisario, dedicado a la lucha política legal en el Frente Amplio por el Magdalena Medio.
Desde comienzos de la década del 80 se había iniciado la resurrección del ELN. Dos frentes, uno dirigido por Nicolás Rodríguez, alias Gabino, joven campesino que desde los 12 años ingresó a esta guerrilla y el otro, comandado por el sacerdote español Manuel Pérez, se unieron. De la combinación de la ingenuidad campesina con la mística religiosa, surgió un nuevo ELN, si bien con menos canibalismo interno, mucho más fanático y con mayores aspiraciones mesiánicas.
Pero además del fanatismo y de la violencia, el grupo guerrillero revivió su pasado petrolero. En sus buenas épocas, el ELN había estado cerca de los campos de producción del crudo, en cumplimiento de las concepciones tacticas (la influencia en los obreros de la USO) y estratégicas (la ubicación al pie de los puntos neurálgicos de la producción capitalista) de Fabio Vásquez. El cura Pérez retomó esta bandera y no sólo encontró petróleo, sino una mina de dólares.
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