Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1983/04/18 00:00

EL SALVADOR:REAGAN APRIETA

El presidente norteamericano solicita al Congreso aprobación de partidas de ayuda económica y militar en un intento para frenar el avance de la guerrilla salvadoreña.

EL SALVADOR:REAGAN APRIETA

"Durante los pasados tres años,bajo dos Presidentes, los Estados Unidos han estado comprometidos en un esfuerzo para detener el avance del comunismo en América Central, haciendo lo que sabemos hacer mejor: apoyando la democracia estimulando cambios fundamentales en la región, reemplazando pobreza con desarrollo, dictadura con democracia..."
Con estas palabras el Presidente Ronald Reagan se dirigió el 10 de marzo a la Asociación Nacional de Manufactureros, en Washington D.C., para presentar la posición de la administración en relación a El Salvador. Haciendo énfasis en que "Centroamérica está simplemente demasiado cerca y los riesgos estratégicos son muy altos para nosotros como para ignorar el peligro que representarían gobiernos con estrechas relaciones ideológicas y militares con la Unión Soviética ", la Casa Blanca inició así su más fuerte ofensiva publicitaria en asuntos externos desde enero de 1981.
El primer paso en esa ofensiva ha sido una solicitud al Congreso para que apruebe las siguientes partidas:
- 110 millones de dólares en ayuda militar a El Salvador, por encima de los 26 millones ya asignados este año;
- 168 millones de dólares en ayuda económica a la región, 67 de los cuales serán destinados a El Salvador; y
- 20 millones de dólares adicionales en asistencia para seguridad de los países cercanos, especialmente Honduras, para ayudar a obstruir el presunto abastecimiento de armas nicaraguenses a la guerrilla salvadoreña.
Con los dineros para El Salvador se financiará, según Reagan una campaña acelerada de entrenamiento de tropas salvadoreñas en tácticas contrainsurgentes y se comprarán nuevos equipos de combate, ya que los entrenamientos actuales, adelantados por los 55 asesores que existen en este momento, no alcanzan para mejorar la capacidad militar de los 22.400 soldados salvadoreños.
UNA SITUACION COMPLEJA
Tal programa de entrenamiento será adelantado preferentemente en suelo hondureño, según un vocero de la Casa Blanca, país donde Estados Unidos y el gobierno local han realizado varios ejercicios militares en los últimos meses y donde Washington está instalando ahora un sofisticado radar que interceptará los supuestos envíos de armas de Cuba y Nicaragua a los rebeldes salvadoreños.
Este giro en la estrategia regional, es el resultado de un complejo de factores: los recientes descalabros militares de las tropas gubernamentales salvadoreñas, la descomposición del gobierno de Magaña, el creciente clamor internacional por una solución negociada y el escepticismo cada vez mayor de un sector del Congreso norteamericano sobre la efectividad de la vía militar en El Salvador. Ante ese cúmulo de problemas Reagan decidió "dramatizar repentinamente la 'ofensiva soviética' en América Central y El Salvador' como escribiera en estos días un observador francés, y declarar la lucha en ese país como un asunto de "seguridad nacional". Al hacerlo invocó la conocida "teoría del dominó " (Ver recuadro) aunque negó que pensara enviar tropas norteamericanas a combatir en tierra salvadoreña.
Pero otro componente de esa espectacular decisión al parecer está relacionado con otro factor menos visible: los reveses sufridos por la CIA en su documentado intento de desestabilizar al gobierno nicaraguense. Fuentes de entero crédito revelaron a SEMANA en Estados Unidos que la anunciada invasión, que las huestes somocistas iban a lanzar desde Honduras contra Nicaragua, se llevó a cabo ciertamente en diciembre pasado, pero fue exitosamente quebrada por los sandinistas. Esto habría obligado a Washington a jugar mejor sus cartas en El Salvador.
¿Cuáles serán los efectos inmediatos del nuevo flujo de ayuda militar al gobierno salvadoreño? Harold Simms, historiador y experto en el tema? consultado por SEMANA, dijo que ello significará "un incremento en la actividad militar" en el país centroamericano, lo que no es una perspectiva halagueña para los salvadoreños. En sólo tres años de guerra civil, 42.000 personas han sido muertas a manos del ejército, lo que sin embargo no les ha permitido controlar la rebelión. Por el contrario, según Simms, la guerrilla de ese país "está ganando la guerra aunque Washington no lo admita públicamente". En efecto, sin aceptar ese pronóstico y negando que esta sangrienta fase de la vida salvadoreña descansa en las décadas de opresión y miseria por la que la población ha tenido que atravesar, el gobierno de Magaña y los asesores norteamericanos plantearon en estos días un cambio en la táctica militar. Contra la tendencia de los oficiales salvadoreños de presentar combate a campo abierto, lo que ha probado ser bastante ineficaz, los asesores norteamericanos insisten ahora en realizar un programa de pacificación rural, semejante al adelantado por su país en Vietnam del Sur --de "aldeas estratégicas"-- con miras a que la población incline sus preferencias del lado del gobierno. Pero los observadores creen que ello será muy difícil de lograr, dada la brutal represión a que ha sometido el ejército y sus paramilitares a los habitantes de las áreas rurales.
Otra variante militar consistiría en terminar el status de "no combatientes" a los asesores, según admitiera el 28 de febrero en Washington un asesor presidencial --que insistió en no ser nombrado--, aunque la verdad es que varios de tales asesores ya han sido vistos --incluso fotografiados- combatiendo. Uno de ellos fue incluso herido cuando un helicóptero salvadoreño, que atacaba a los rebeldes en Berlin, fue derribado por éstos.
Pese a tales esfuerzos salvadoreñonorteamericanos, las fuerzas del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) han tomado y sostenido la iniciativa en los combates, acelerando la crisis del ejército, que en las pasadas semanas vivió un fenómeno de insubordinación de un valioso alto comandante contra el ministro de Defensa.
DESCOMPOSICION DEL EJERCITO
Otra prueba de la descomposición del ejército la dio el "New York Times" del 8 de marzo. Según ese diario el gobierno de Magaña está fusilando a todo soldado que haya caído por tercera vez prisionero del FMLN.
De esta manera la alta oficialidad del ejército está tratando de impedir que se desarrolle una tendencia, surgida desde la ofensiva de octubre del FMLN, según la cual muchos soldados --gente muy joven reclutada a la fuerza en las calles-- se vienen negando a combatir, en unos casos, y en otros simplemente salen en desbandada, siendo fácilmente capturados por los rebeldes. El resultado es que, si entre octubre y diciembre pasado el índice de prisioneros tomados por el FMLN era de 293, entre enero y febrero de este año la cifra casi se dobló, llegando a los 250 prisioneros.
Un semanario británico en español, "América Latina Informe Político" ha escrito al respecto: "La moral militar está siendo sometida a una presión severa y podría desmoronarse muy inesperadamente en cualquier momento". (Ver en este número las declaraciones del coronel Castillo).
En sentido parecido ha hablado el mismo "New York Times" del 13 de marzo. En uno de los artículos editoriales se aseguraba que, al momento de pedir Reagan los nuevos fondos para ayuda militar a El Salvador, las tropas de ese gobierno sólo contaban con municiones para 60 días y que de no contar con la ayuda extra, los rebeldes podrían estar dentro de solo dos meses en las puertas de la capital salvadoreña.
La oferta para anticipar a octubre las elecciones generales obedecería entonces a esa profunda crisis. Pero esta salida también es poco confiable, en tanto que no participarían en ella las fuerzas opositoras. En opinión del profesor Simms, si en dichas elecciones se da algún resultado sorpresivo "éste seria un verdadero problema para Washington, pues el gobierno norteamericano apoya a los demócratas cristianos con la esperanza de que éstos sean la solución ideal. Ninguno de los grupos que intervienen en la contienda armada tiene a su favor a la mayoría porque la gente desea la paz. Más si como en la pasada elección, los DC no alcanzan la victoria absoluta, es casi seguro que a USA no le quedará otro camino que seguir involucrado militarmente".
Por ahora, la atención se estaría concentrando en el Congreso, donde los que desean colaborar con el Presidente están temiendo al efecto que pueda tener sobre ellos, desde el punto de vista electoral, el creciente movimiento antibélico norteamericano, y donde los que se oponen a la política de Reagan están intimidados ante la idea que en el futuro puedan ser culpados por la "pérdida" de El Salvador.
Conocidas son las objeciones de los congresistas Tip O'Neill y Michael Barnes a la vía exclusivamente militar del Presidente (Ver SEMANA del 814 de marzo). A esta corriente se han sumado otros senadores, entre ellos Joseph Biden, Christopher Dod y Daniel Inouye. Dod, por ejemplo, viene insistiendo en la opción de las negociaciones, mientras que Inouye, tras reunirse con diversos sectores, en especial religiosos, ha constatado que casi ninguno de ellos "favorece nuestro apoyo a El Salvador".
Sin embargo, en última instancia el Congreso no será un obstáculo serio a los planes del Presidente Reagan. En lo que lleva esta guerra, ni a Carter ni a Reagan el bipartidismo congresional ha bloqueado las exigencias de la administración, a pesar de las opiniones críticas que allí puedan darse. Por lo tanto es de esperarse que la ayuda solicitada por Reagan sea aprobada, con dos condiciones:
- Que el gobierno de Magaña haga una oferta seria de negociación con los rebeldes, y
- Que los parámetros para establecer los progresos en los derechos humanos sean más rígidos.
Suponiendo que no se llegue a un acuerdo y que tanto el Senado como la Cámara rechacen la idea de la ayuda, el Presidente tendría aún bajo su manga otra "solución": disponer de un fondo de contingencia de 75 millones de dólares para financiar parcialmente su objetivo y ordenar el envío de más consejeros militares a El Salvador. Sin embargo esta salida es bastante impopular. Ya Tip O'Neill ha prevenido a Reagan de que no recurra al fondo de contingencia y el senador demócrata Paul Tsongas, ha acusado al Presidente de estar "chantajeando" al Congreso con su anuncio de incrementar los consejeros, si le son negados los 170 millones solicitados.
SENTIMIENTO ANTIBELICO
Otro aspecto interesante de esta intensa polémica lo constituye la actitud del pueblo norteamericano. La última encuesta del Instituto Gallup revela que un 78" de las personas entrevistadas se oponen rotundamente al envío de tropas norteamericanas a El Salvador. Incluso la gente encuestada desautorizó la propuesta de incrementar la ayuda monetaria al gobierno salvadoreño.
Por otra parte, muchos norteamericanos, que no han olvidado el descalabro de su país en Vietnam, han comenzado a organizarse. Han constituido, por ejemplo, decenas de comités antiintervención en El Salvador, en las principales capitales estadounidenses.
Lo que hacen dichos comités lo explicó a SEMANA Carol Mc Callister, dirigente de una de estas asociaciones: "Estamos tratando principalmente de construir una base popular para nuestro movimiento que se oponga a la intervención en Centroamérica. Desde el verano pasado nuestro comité ha estado dando conferencias a los trabajadores en la ciudad de Pittsburgh para ilustrarlos sobre la situación y debo admitir que la respuesta ha sido abrumadora". Y agregó: "Por lo menos entre un 85% y un 90% de la gente nos ha expresado su solidaridad. Según lo que he visto, puedo afirmar que los norteamericanos no deseamos la intervención en América Central y, contrariamente a lo que se puede pensar, hay una oposición real a los intentos de Reagan de crear otro Vietnam".
Otro aspecto de este sentimiento popular lo constituye la actitud de los sindicatos. Ultimamente han aumentado los pronunciamientos de éstos en favor de terminar la ayuda al gobierno salvadoreño. Douglas Fraser, líder del sindicato de los trabajadores de la industria automovilística, por ejemplo, junto con William Winpisinger, de la Asociación Internacional de Maquinistas, y Jack Sheinkman, del gremio de trabajadores textileros, se pronunciaron ante el Congreso en ese sentido.
La misma dirección de la poderosa central AFL-CIO se viene distanciando de la visión de la Casa Blanca sobre Centroamérica.
Lo que ocasiona aparentemente estas actitudes de la opinión pública es la ausencia de una real credibilidad en los argumentos del Departamento de Estado sobre lo que está realmente en juego en El Salvador. El Presidente Reagan, por ejemplo, manifestó el 11 de marzo que los rebeldes salvadoreños no eran "campesinos descontentos" sino "fuerzas militares adiestradas y altamente equipadas y respaldadas por extranjeros por medio de Cuba principalmente, a través de Nicaragua". También aseguró que el conflicto es un operativo de la URSS contra los Estados Unidos. Sin embargo, incluso algunos sectores militares norteamericanos no ven las cosas así: el "New York Times", en un reporte desde San Salvador del 5 de marzo afirmó que, según un "experimentado oficial de Inteligencia", la ayuda militar de Cuba y Nicaragua "no es un factor clave en la campaña de la guerrilla salvadoreña" y que "no se han identificado armas del Pacto de Varsovia".
SIN INTERLOCUTOR
En la actualidad parecen irreconciliables las posiciones del gobierno norteamericano y la guerrilla salvadoreña sobre un posible diálogo que dé salida a la situación.
Los rebeldes, a pesar de los triunfos militares de los últimos dos meses, han ratificado su disponibilidad para tal diálogo. En una conferencia de prensa efectuada en la capital mexicana, el 28 de febrero, Guillermo Ungo, presidente del Frente Democrático Revolucionario, y Ana Guadalupe Martínez, una comandante del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), anunciaron que las fuerzas guerrilleras harían un cese de fuego durante la visita del Papa y que seguían dispuestos a comenzar un diálogo "Sin condiciones" con el gobierno de Magaña. Tal propuesta también ha sido apoyada por el CUS, la centra sindical salvadorena, y por el Arzobispo de San Salvador Arturo Rivera y Damas.
De igual manera, los gobiernos de Venezuela, México, Panama, Cuba y Nicaragua, y la reunión en Nueva Delhi de los países No Alineados, se han pronunciado en favor de dicho diálogo.
Pero estas propuestas no han sido acogidas por la administración norteamericana. El mismo día en que los voceros de los rebeldes recordaban su disponibilidad para tal diálogo, el Secretario de Estado George Shultz rechazó ante el Sénado esa vía declarando que las fuerzas guerrilleras lo que intentaban era "abrirse paso a tiros hacia el poder". En realidad, Washington teme que una apertura de negociaciones entre el gobierno salvadoreno y el FMLNFDR termine aumentando la autoridad política que éstas vienen conquistando. Obviamente, de darse las conversaciones éstas tendrían que hacerse sobre el supuesto de que el FMLN-FDR son los legítimos representantes del pueblo salvadoreno aceptación que obstaculizaría áún más la intervención militar norteamericana en dicho país centroamericano.
Thomas Enders reflejó esta preocupación el 2 de febrero, en los siguientes términos: "Si intentamos forzar al gobierno de El Salvador a negociar con las guerrillas en igualdad de condiciones, arriesgamos irnos a un colapso".
HACIA LA DESTRUCCION
El coronel Adolfo Castillo, ex subsecretario de la Defensa capturado por la guerrilla el año pasado, acusó en estos días al alto mando del ejército salvadoreno de llevar a ese cuerpo "camino a su propia destrucción" .
En una emisión por frecuencia modulada de la radio "Venceremos", del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN),se transmitió una declaración del coronel Castillo, capturado en Morazán el 19 de junio del año pasado cuando su helicóptero fue derribado. Dijo que durante su estancia con los guerrilleros "he comprendido mejor muchas cosas" y ser refirió a distintas aseveraciones del alto mando sobre la situación bélica.
Aceptó que el FMLN puede ganar la guerra y que dicha fuerza tiene alta moral, mientras que "la institución armada ha hecho a un lado los ideales con que fue creada, ha sido instrumentalizada al grado que se convirtió en una fuerza al servicio de las familias acomodadas y de los intereses de los Estados Unidos". Se quejó, además, de que ha sido abandonado por sus compañeros de armas, que no aceptaron realizar un canje y los acusó de corrupción.
"Otro de los factores que llevaron a la fuerza armada a enfrentarse con su propio pueblo es la corrupción en la institución. De todos es sabido que la corrupción ha sido tomada como un derecho de los militares" .
Dijo que el ministro de la Defensa, general Guillermo García, no reconocía a los prisioneros sino hasta que fueran cantidades grandes y lo acusó del mal manejo de esas situaciones, lo que ha provocado que "la institución esté dividida y va a su propia destrucción". Llamó a los oficiales a que eviten la destrucción de la institución y desmintió versiones gubernamentales sobre la guerrilla.
"A nosotros nos enseñan que la guerra ha sido provocada por Rusia o Cuba, pero en el ejército todos sabemos que su origen es la injusticia", dijo. Señaló que en el ejército existe la creencia de que junto con los guerrilleros combaten nicaraguenses, cubanos o rusos pero que él no ha visto a uno solo. "He visto algunos médicos, periodistas de otras nacionalidades: mexicanos, venezolanos, etc., lo que sí he visto es millares de campesinos, estudiantes, obreros e incluso profesionales salvadoreños".
Analizó la guerra económica y dijo que ésta es un objetivo militar y que hay que tener claro que el FMLN quiere tomar el poder. El poder descansa en la economía y es lógico que busquen la guerra económica. Dijo que ha sido testigo de cómo los dirigentes guerrilleros coordinan operaciones bajo el intenso fuego de morteros y de la aviación, en contraste con los altos jefes militares y aseguró que es falso que los altos dirigentes de la guerrilla estén en el extranjero.
También destacó que la Cruz Roja Internacional lo visita periódicamente, como a los otros presos, y que mantiene contacto con sus familiares.
Estos intentaron que se realizara un canje por prisioneros guerrilleros, entre ellos el comandante Alejandro Montenegro, detenido en Honduras y entregado al ejército salvadoreño, pero que el alto mando se negó a ello aunque "un canje es una cosa normal en una guerra".
Castillo aceptó que hay planes de coordinación militar con Honduras y dijo que en su calidad de subsecretario de la Defensa participó en las discusiones por las cuales el gobierno hondureño aceptó políticamente colaborar con el ejército salvadoreño. Sin embargo, dijo que esa participación, así como la de otros asesores, tiene un efecto negativo en la fuerza armada.
En otra parte de su texto Castillo se refirió a las elecciones de hace un año y dijo que fueron planeadas para dar la imágen de limpieza pero que "pusimos pocas urnas para dar la impresión de concurrencia y hubo apremios en las oficinas públicas".
Las que se planean para diciembre, dijo, tampoco serán solución mientras no se resuelva el problema de la guerra y el de tener a otro ejército enfrente, al del FMLN.
Castillo dijo que espera ser liberado y que ha sido bien tratado, aunque al principio "creí que me iban a matar pero ví que no actúan así".

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