Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2006/06/24 00:00

El sombrero vueltiao

por José Luis Garcés González*

Aunque es propio de la región costeña, se convirtió en el hito colombiano dentro y fuera del país por su peculiar tejido, una pieza artesanal inigualable.

Desde que Miguel 'Happy' Lora se lo puso, cuando el 9 de agosto de 1985 ganó el título gallo del Consejo Mundial de Boxeo, y millones de televidentes lo vieron quizá por primera vez, el sombrero 'vueltiao' ingresó de verdad y con eficacia al concierto universal.

Y este es un fenómeno interesante, pues en décadas recientes mucha gente sentía vergüenza si alguien le sugería que se pusiera un sombrero. Algunos contestaban que eso era para corronchos y se mofaban de los pocos que lo usaban. Decir que esa respuesta era o es falta de identidad cultural, además de cierto, es ya un lugar común. No obstante, el sombrero 'vueltiao' zenú, con sus alas como pájaro estabilizado en los predios del cielo, retornó con ímpetus.

Representa una semiótica. Habla por un pueblo. En sí, lleva una geografía, una historia, una antropología. Una geografía: el Sinú ancestral que iba desde el Atrato hasta el Magdalena. Una antropología: todo el trayecto vital del hombre del Sinú que ha elaborado y usado el sombrero desde décadas atrás. Una historia: todo un acumulado de hechos (Guerra de los Mil Días, la matrícula esclavista, hegemonía conservadora, la muerte de Gaitán, La Violencia, la agricultura y la explotación minera, etc.), que se han dado mientras el sinuano ha llevado el sombrero sobre la cabeza, ya sea como protección o como aguaje.

El 'vueltiao' no es ningún aparecido, ni ninguna artesanía de apresuramiento o de improvisación. Es, por el contrario, el resultado de un proceso histórico expresado en una destreza artesanal. Por esto, en la Sinuanología, que es el estudio organizado y crítico de la cultura y la historia del Sinú, se le concede, al lado del porro María Varilla, la condición de ser una auténtica identificación cultural del ser humano nacido en estas tierras.

Es una prenda bastante singular, que tiene en cada trenza algo así como 2.000 años de historia, y que tiene como antecedente directo el cultivo del maíz, pues esta agricultura requiere gran luminosidad y terreno despejado, por lo cual era exigencia que los campesinos tuvieran elementos para protegerse el cráneo y el rostro de la intensidad solar. Afirma el maestro Benjamín Puche Villadiego, un insuperable investigador de la cultura popular, que el sombrero 'vueltiao' zenú es una obra oriunda de la zona norte de Colombia y que tal aseveración se puede comprobar gracias a las piezas que se encuentran en los museos Luqui Pigorinni, en Roma, y el Museo del Oro, en el Banco de la República, en Bogotá. En éstos hay piezas de oro en forma de cabezas de cetros, destacándose allí no sólo los sombreros, sino los detalles de la trenza, su acabado y la manera de armarlo.

Es necesario decir que la fibra utilizada para su trenzado se obtiene de la caña flecha. La nervadura de ésta se raspa hasta que la sustancia carnosa desaparezca y quede la fibra limpia. Hecho el raspado, el filamento se tiñe. Para esto hay que separar las fibras que tienen pigmentos de las que no lo tienen. A las primeras se les sumerge durante tres días en un barro rico en sustancias alcalinas. Luego, se lavan para que salga el limo sobrante, y se llevan a cocinar en una olla de cerámica con hojas de jagua, dividivi, bija, o cáscaras de plátano. Este procedimiento se repite hasta que la fibra haya tomado un color negro brillante. A las otras fibras, las que no tienen pigmento, se les somete a una cocción con cogollos de caña agria y se secan al sol.

El sombrero 'vueltiao' zenú se utiliza no sólo para amainar el sol; también sirve para elevar el orgullo. Y para decir de dónde eres, o qué cultura gravita en tu corazón. Este sombrero, que desde las alturas puede parecer una mariposita entre crema y negra, o un ala de ave sobre la cabeza, se ha convertido en el símbolo no sólo del Sinú, sino de Colombia. Ha traspasado las fronteras. Pues, además de expresar una identidad, manifiesta un proceso histórico, pues si algo hay auténtico y raizal, ese es el sombrero vueltiao (no vuelto, o voltiado, como escriben algunos despistados).

En febrero de 2003, por ejemplo, en la entrega del premio Grammy a Bacilos, el grupo de rock que encabeza Jorge Villamizar, se volvió a ver el sombrero 'vueltiao' en la televisión y en los principales periódicos y revistas del mundo. Para que a la franja indolente de una juventud que desprecia o desconoce sus valores le quedara en la memoria, Villamizar lo llevaba puesto en toda su amplitud, y lo mostraba, como lo mostró 'Happy' Lora, o Carlos Vives, con conciencia y con orgullo.

En el ámbito de la legalidad, el 8 de septiembre de 2004, la Ley 908 lo elevó a la categoría de Símbolo Cultural de la Nación. Es un reconocimiento formal y algo tardío, pues desde hace decenas de años nuestro hombre auténtico lleva el sombrero 'vueltiao' porque es un objeto que habla, que señala un origen, una identidad, una cultura. Y eso es lo que vale.

* Escritor e investigador de la cultura zenú.

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