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| 9/24/2001 12:00:00 AM

El soñador

Hernando Villamizar ha trabajado de la mano de toda la comunidad para hacer de Versalles un municipio estrella en el país.

Hernando Villamizar siente que vivió en una burbuja hasta que un viaje al Magdalena Medio le abrió los ojos a la realidad de otro país que él, un yuppie bogotano, ignoraba que existía.

Tenía 28 años cuando le sacó el quite a su destino. En cambio de convertirse en el gerente exitoso de alguna multinacional como sus compañeros del Anglo Colombiano o de la Universidad Javeriana, donde se graduó como administrador de empresas arrancó una nueva vida hace dos años en Versalles, Valle.

Versalles es un municipio de 11.000 habitantes enclavado en las faldas de la cordillera Occidental a tres horas de Cali. Este pueblo famoso por sus fiestas de la Neblina había sido duramente azotado por la violencia. Muchos hombres que habían perdido sus familiares por cuestiones políticas en los años 50 volvieron a él convertidos en sicarios de narcotraficantes a saldar cuentas del pasado. Y los campesinos que se dedicaban principalmente al cultivo del café se encerraron en sus casas aterrorizados.

Pero en 1989 las cosas comenzaron a cambiar. El hospital local San Nicolás elaboró un diagnóstico participativo de salud del municipio que arrojó datos escalofriantes: 75 personas morían violentamente al año; uno de cada dos bebés o mamás morían al momento del parto; no había ningún espacio de recreación y muchos niños en cambio de ir a la escuela trabajaban en el matadero. Sólo dos terceras partes del municipio tenían luz, no había agua potable y el acceso a la salud era muy precario.

Los versallenses conocían esta situación porque la padecían. Pero en la elaboración del diagnóstico la gente encontró un espacio para reflexionar sobre su situación y ganar conciencia de que nadie de afuera vendría a salvarlos. El futuro dependía sólo de ellos.

La alcaldía, el hospital y la comunidad conformaron entonces un Comité de Participación Comunitaria, que en un principio se concentró en lo más básico pero en lo primero que se acaba con la violencia: en propiciar encuentros entre la gente. Se reunían para saber quién era el vecino, a qué aspiraban, qué podían aportar y con qué municipio soñaban. Con esta información diseñaron un plan y en 1993 crearon Corpoversalles como un puente para conseguir recursos y asesorar a las otras organizaciones comunitarias. Con el tiempo el comité se convirtió en la segunda fuente de empleo y en el motor de desarrollo de la localidad.

Cuando Villamizar conoció esta experiencia, hace dos años, se enamoró del proyecto y decidió apostarle toda su energía. Se convirtió en el gerente de Corpoversalles y desde entonces ha trabajado de la mano del Comité de Participación Comunitaria, que congrega a casi 7.500 versallences y que constituye el alma de esta iniciativa.

Hoy Versalles registra la cifra récord de sólo tres homicidios al año. Tiene una cobertura total de salud y de energía y prácticamente todos los jóvenes tienen acceso al bachillerato. La mortalidad materno-infantil se redujo al 20 por ciento y el trabajo infantil fue erradicado.

En reconocimiento a estos avances el Ministerio de Salud lo eligió en 1997 como ‘Municipio Saludable por la Paz’. Con los 100 millones de pesos del premio Corpoversalles le compró al departamento una granja abandonada de 30 hectáreas.

Con este nuevo terreno y bajo la coordinación de Villamizar, que le ha dado un impulso a los proyectos de desarrollo económico, Versalles resucitó como municipio agrícola.

Los dueños de varias fincas ganaderas donaron tierra. Corpoversalles creó un fondo para prestarles hasta 800.000 pesos en insumos a pequeños y medianos productores y el Sena entró a capacitar a campesinos en el manejo de pre y poscosechas y en la comercialización de los productos.

Cada campesino pertenece a un grupo que responde solidariamente por el préstamo si uno de sus miembros no paga. Corpoversalles no les exige ninguna garantía. Pero como el control social es tan grande no han tenido ni un solo moroso aunque han prestado alrededor de 60 millones de pesos.

Gracias a todos estos esfuerzos Versalles exporta cada año 35 toneladas de ají tabasco a Estados Unidos y con la venta de mora, lulo y granadilla podría registrar utilidades este año por unos 80 millones de pesos.

Los contactos que Villamizar tiene en Bogotá y en el mundo empresarial han sido clave para conectar a esta localidad un mundo cada vez más globalizado. Aunque no siempre ha sido fácil traducirles a sus amigos citadinos lo que significa la vida en un lugar tan apartado del Centro Andino. “Es increíble, dice. Hace un tiempo necesitábamos tres millones de pesos para comprar una tierra y era tanta plata. Aunque mis amigos se gastan eso fácilmente en rumba”.

El lo sabe porque esa era también su vida antes. Ahora es diferente. “Versalles ha sido la mejor escuela de aprendizaje, dice Villamizar. He entendido que si no logramos conciliar los diferentes intereses que hay en toda comunidad seguiremos viviendo en el país de los sordos”.
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