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| 10/28/2006 12:00:00 AM

El ‘sueño americano’

Estados Unidos es el destino preferido por los colombianos que quieren migrar, sin importar su condición social o económica.

Estados Unidos tuvo un significado diferente para los colombianos a partir de las dos guerras mundiales. Por su notorio desarrollo industrial, y por su injerencia en el conflicto mundial, logró mayor incidencia política y poderío económico en Europa y en América Latina. De esta forma, se hizo cada vez más atractivo para sectores de población de los países que buscaban el 'progreso' para esos años. Nueva York era 'La Ciudad' y visitarla era un privilegio de pocos.

La interdependencia entre los distintos mercados en el planeta bajo el manto capitalista, el intercambio cultural por la creciente comunicación dados los avances en los medios masivos y en el transporte, incidieron, entre otras razones, en el mayor distanciamiento en cuanto a desarrollo entre el país central y Colombia. Igualmente, en la partida en números mayores de latinos hacia el hemisferio norte preservando muchos de ellos vínculos con sus países.

Desde el siglo XIX se radicaron colombianos en Estados Unidos con el propósito de establecer lazos comerciales, aprender inglés, estudiar y lograr mayor información sobre los adelantos industriales, fuera de otros de orden científico. Estos migrantes fueron llamados 'tradicionales', eran casi invisibles en el país de llegada porque la mayor presencia latina la tenía México. Pero fue a partir de la Violencia, en el siglo pasado, cuando se identificó un incremento notorio en el flujo de población. En 1958 la cifra de visas otorgadas a mujeres fue de 1563 y a hombres inmigrantes de 1328; el número de no inmigrantes 10.314.

Después de la Segunda Guerra Mundial y de la mencionada Violencia en el país, las oportunidades siguieron siendo difíciles para la gran mayoría en cuanto a empleo, buenas condiciones laborales e ingresos aceptables, acceso a servicios públicos, posibilidades para adquirir vivienda propia y logro de seguridad. Aun cuando empezaron los cambios, como el creciente parque industrial por el proceso de sustitución de importaciones y la creación de redes de infraestructura para el transporte, quienes más se beneficiaban por el proceso de modernización eran minorías.

La deuda pública del país siguió aumentando, y la depreciación del peso frente al dólar se hizo más notoria. En este contexto, Estados Unidos desempeñó un papel significativo en el flujo de población sur-norte, dado que cada vez más colombianos eran atraídos por el 'sueño americano', que para esos años se fortaleció. Venezuela y Ecuador, por su riqueza petrolera, se convirtieron en otro polo de atracción, y Panamá no perdió su importancia por la presencia del Canal.

Para estos años, la política de inmigración de Estados Unidos se hizo más selectiva. Se dictó el Acto Inmigratorio de 1965, a partir del cual se estableció el sistema de cuotas, se restringió la entrada de latinoamericanos y se institucionalizó la existencia de la migración indocumentada, la que con el tiempo creció significativamente. Así mismo, surgió el problema, conocido en la época como la 'fuga de cerebros'. De esta forma, a mediados del siglo pasado se inició la 'migración laboral', en particular hacia Nueva York, Los Ángeles, Nueva Jersey y Miami. El número de visas otorgadas en 1970 evidenciaba el aumento: 3.338 mujeres y 3.386 hombres con visas de inmigrantes, y 44.400 con no inmigrantes.

Ya no sólo partía la elite, sino cada vez más sectores medios, entre los cuales muchos como turistas. Parte de estos no inmigrantes se quedaban ilegalmente; otros, ingresaban sin papeles al país por México, Puerto Rico y Canadá.

Durante la Década Perdida de los años 80 hay importante retorno de colombianos hacia el país, pues en algunos casos las condiciones eran menos críticas que en las naciones de frontera. Estados Unidos siguió siendo llamativo para muchos. Su ocupación al migrar dependía de la legalidad o no de su estadía, de su conocimiento de inglés, de su nivel de educación, de los vínculos que tuviera y de su trabajo. La gran mayoría buscaba ahorrar en dólares para lograr sus variados sueños en el país de llegada o en Colombia. Así se sumaron desde diversas labores al aporte de otros inmigrantes en la construcción de la nación que les ofrecía oportunidades: desde limpiar casas y hacer shows en las calles para divertir a transeúntes; laborar como conserjes, maestros o profesores universitarios; trabajar como médicos, enfermeras o directivos de empresas; hasta, y esto más tarde, convertirse en representantes políticos de sus paisanos.

Si en los decenios previos esporádicamente aparecía información en la prensa por crímenes perpetrados por colombianos, en estos se vuelve un poco más frecuente: pasaportes y visas falsificados, enganchadores de trabajadores sin papeles, traficantes de droga, de mujeres y niños, estafadores y ladrones.

Un factor común es que la colectividad no perdió los variados vínculos con el país y que las remesas fueron cada vez más importantes para quienes vivían de ellas. En 1976 el cálculo oficial estadounidense de inmigrantes admitidos era de 2.500 hombres y 3.228 mujeres; la cifra de no inmigrantes fue de 40.028. A mediados de los años 80 comentaban que para Nueva York y Nueva Jersey, por lo menos cada familia contaba con su 'ilegal' o 'turista', o conocía alguno.

A partir de los 90, por la crisis económica y política del país, por el aumento del narcotráfico y sus vínculos con el exterior y por la inseguridad creciente, se generó el éxodo de los sectores de población más afectados. La gente que partía era aun más heterogénea, y la presencia de refugiados políticos, así como de profesionales, ascendió.

El cálculo de la Oficina del Censo de Estados Unidos es de cerca de 500.000 colombianos legales. Alejandro Gaviria escribe que la cifra no llega al millón. El Tiempo y SEMANA aseguran que la verdadera cifra se acerca a los dos millones en total. La Embajada de Colombia en Estados Unidos informa que en los últimos 10 años, el número creció en más de 60 por ciento.

Así mismo, esta misma fuente plantea que, en cuanto a flujos de capital, expertos calculan que en los últimos tres años los colombianos ingresaron cerca de 4.000 millones de dólares como inversión directa a Estados Unidos. Colombia, a su vez, ha recibido anualmente 1.700 millones de dólares, ingresos que superan los generados por las industrias del café, las flores o el carbón. Sobre estos cálculos también hay polémica.

Por último, aspectos como el 11 de septiembre y la política de seguridad de Estados Unidos, la presidencia de Álvaro Uribe y el retorno de sectores de población, la búsqueda del TPS por parte de los inmigrantes, y la conformación de la Comisión Accidental sobre migraciones, se pueden tener en cuenta en esta temática.
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