Viernes, 31 de octubre de 2014

| 1990/10/22 00:00

EL TERCER GRANDE

En un país acostumbrado a dos grandes grupos económicos, Luis Carlos Sarmiento Angulo entra en el club de los poderosos.

EL TERCER GRANDE

Hace cinco años se esperaba lo peor. En ese entonces, con el recuerdo de la crisis financiera de comienzos de la decada todavía vigente, no faltaban las casandras que pronosticaban que el siguiente en línea era el Banco de Bogotá, la entidad crediticia más antigua del país. Y algo de razón había. Una disputa por el control de la entidad le había hecho perder el liderazgo que tuvo.
Para colmo de dificultades, una cadena de malos prestamos internos y externos amenazaba seriamente la estabilidad patrimonial de la institución y de sus filiales en el exterior.

Sin embargo, el panorama de hoy en día es bien diferente. Las cifras al cierre del primer semestre del año confirman que el Banco de Bogotá ha pasado a ser la empresa privada de capital colombiano que más utilidades genera en el país. El puesto que tradicionalmente ocupaba Bavaria le pertenece ahora a la entidad financiera. Mientras que la cervecera bogotana dio en los primeros seis meses del año 6.745 millones de pesos de utilidad después de impuestos, el Banco generó 6.704 millones. Durante este semestre, las proyecciones hablan de utilidades cercanas a los 9.000 millones de pesos para el Bogotá en la segunda parte del año. Con ello, el Banco cerraría 1990 con cifra record de utilidades para cualquier empresa privada en Colombia: 16.000 millones de pesos.

Aunque para una entidad del patrimonio y del tamaño del Banco -244 oficinas y más de 5.000 empleados esa cifra no es exagerada, sí es la primera vez en la historia del país que una institución financiera obtiene utilidades semejantes.

ENFERMO GRAVE
Esta recuperación se obtuvo después de superarse la profunda crisis causada por una puja de accionistas que comenzó en 1981 y que obligó al gobierno a tomar cartas en el asunto. A finales del año mencionado dos grupos financieros empezaron a disputarse el control de la entidad. Se trataba del llamado Grupo Bolivar, que llevaba cerca de 10 años como accionista mayoritario del Banco, y del Grupo Occidente -comandado por Luis Carlos Sarmiento Angulo que venía de adquirir un importante paquete de acciones vendido por el Grupo Holguín, del Valle, asociado al Ingenio Mayaguez.

En agosto de 1981 el Grupo Bolívar poseía cerca del 20 por ciento de las acciones del Banco, lo cual le permitía controlar la Junta de la entidad. Una vez se enteró de que el Grupo Occidente pretendía invadir lo que consideraba sus predios, se lanzó a una virtual "guerra bursatil" que terminó por sacar del campo de batalla a los dos adversarios. La percepción en ese momento era que a José Alejandro Cortés, cabeza visible del Grupo Bolívar y quien representaba la tradición y la ortodoxia, le tocó jugársela toda para defenderse del dinamismo y la audacia de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Como consecuencia del enfrentamiento, el precio de la acción pasó de 65 pesos a 451 en menos de dos meses, enriqueciendo de paso a un buen numero de pequeños accionistas. La situación condujo a la Comisión Nacional de Valores a suspender la cotización de la acción del Banco de Bogota en bolsa. No obstante, con algunas compras de acciones hechas por fuera de bolsa el resultado final del duelo fue que el Grupo Bolívar -asociado con Cementos Samper, que poseía para entonces el 20 por ciento del Banco se quedó con cerca del 50 por ciento de las acciones y con tres miembros en la Junta, mientras el Grupo Occidente adquirió el 48 por ciento del Banco y colocó a los dos miembros de Juntar estantes.

Segun los calculos, la puja costó cerca de 11.000 millones de pesos de ese entonces (más de 80.000 millones de pesos de hoy) y le creó problemas de liquidez a ambos grupos. El mas afectado fue Bolívar que en su afan por conservar el control del Banco se endeudó profusamente e influyó de paso sobre la suerte de Cementos Samper.

Para 1982, el Grupo Bolívar empezó conversaciones con la administración Betancur. La idea era que el gobierno auxiliara de alguna manera a los dueños del Banco que se encontraban en problemas de liquidez, lo cual podía agravar la crisis financiera que en ese momento estaba en pleno furor La solución se conoció en julio de 1983 cuando se anunció un esquema a todas luces novedoso. Con el argumento de que era necesario democratizar la propiedad accionaria de los bancos, el gobierno forzó a los grupos Bolivar y Occidente a renunciar a la administración del Banco de Bogotá, mediante la entrega en fiducia al Banco Cafetero de 63 millones de acciones para que éste las vendiera. A cambio, los grupos recibieron un anticipo de 93 pesos por cada acción, con el compromiso de que el resto de su valor comercial -estimado por el gobierno en 150 pesos-les sería entregado tan pronto dichos titulos se colocaran entre el público.

La fórmula adoptada fue objeto de muchas controversias, pues aunque se presentó como una manera de garantizar una financiación accesible para el gruesa público, muchos consideraron que entregarles cerca de 5.800 millones de pesos a un interés del 18 por ciento -pagadero con los dividendos o con la venta de las acciones-, era casi regalarles la plata a los dos grupos que por simple ambición se habían colgado en un negocio que nunca pudieron terminar.

El desarrollo de los acontecimientos hizo pensar, sin embargo, que ni siquiera esta generosidad iba a poder rescatar al Banco. Con el correr del tiempo y en razón a los malos resultados económicos obtenidos, el Bogota se vio obligado a suspender el reparto de dividendos lo cual, unido a la incertidumbre sobre el futuro de la entidad, desanimó por completo a sus posibles compradores.

Mientras se llevaba a cabo ese proceso, la administración Betancur se encargó de nombrar a una nueva Junta Directiva, conformada por los entonces denominados "pronombres". Respetables vacas sagradas por encima de toda sospecha llegaron al Banco y encontraron un panorama nada favorable. La entidad se había desangrado haciendo préstamos equivocados , que se habían vuelto difíciles de recaudar. En el plano internacional, la situación no era menos grave.
El Banco de Bogotá -a través de sus filiales de Nueva York, Panamá y Nassau habia sido el más agresivo prestamista en el mercado de la deuda latinoamericana y a 31 de diciembre de 1982 sus colocaciones a clientes no colombianos ascendian a 380 millones de dólares. El problema es que en agosto de ese año había estallado la crisis, cuando México anunció que no podia cumplir con sus compromisos y varios paises más siguieron el ejemplo. Por lo tanto, el Banco se exponia a no recuperar buena parte de su cartera.

Aunque en esa época se inició un semiprograma de ajuste, los resultados no fueron los mejores. Las dudas sobre quién, al fin de cuentas, era dueño del Banco de Bogotá continuaron, afectando los resultados de la institución. Las utilidades empezaron a declinar -como consecuencia del mal comportamiento de la cartera, tanto interna como externa y en el segundo semestre de 1985 las perdidas llegaron a cerca de mil millones de pesos. A pesar de que en los años siguientes se volvió al saldo en negro, las utilidades registradas eran muy bajas.
Peor aún, el deterioro patrimonial del Banco era evidente, con lo cual se puso en peligro la estabilidad futura de la institución. Entre 1983 y 1987 el capital y reservas del banco -suma que deterrnina la capacidad para recibir depósitos disminuyeron en un 70 por ciento en términos reales.

El poco éxito en la venta de las acciones reunido con la baja capitalización del Banco, convencieron al gobierno de que el esquema intentado desde 1983 había fracasado. Por lo tanto, a comienzos de 1988 se anunció que las acciones en fiducia se venderían bajo un nuevo esquema, con la condición de que se hiciera una recapitalización inmediata por parte de los compradores, evitando en esta forma que el gobierno tuviera que poner la plata. Dadas las circunstancias, las unicas que estuvieron dispuestas a meterse la mano al dril fueron algunas empresas vinculadas al grupo de Luis Carlos Sarmiento Angulo, las cuales controlan hoy en día el Banco.

RECUPERACION
Con accionista mayoritario a bordo, el Banco de Bogotá inició una nueva época. El cambio en la Junta Directiva que se produjo en la asamblea extraordinaria de junio de 1988 trajo consigo una reorientación en las decisiones. Mientras que bajo el esquema antiguo primaban la responsabilidad y la prudencia, en el nuevo se introdujo adicionalmente un componente de agresividad, necesario para hacer varias reformas de fondo. El presidente encargado del Banco, Alejandro Figueroa, fue confirmado en su puesto, considerando el equilibrio con que había manejado la situación durante la pugna que caracterizó la etapa de transición. Y se le dieron nuevas herramientas.
La Junta Directiva, en reuniones semanales de cinco y seis horas, fijó nuevas políticas de credito, cambió las directrices para mejorar la captación de recursos mediante una regionalización completa de la administración y le dió énfasis a los programas de sistematización.

Buena parte del esfuerzo se concentró en resolver uno a uno los numerosos problemas de cartera domestica que existían. Pero lo mas impresionante fue el avance en el punto de la cartera latinoamericana. Ante el convencimiento de que los intereses de pagares de países como Brasilo Argentina no iban a ser pagados y que el Banco acabaría envuelto en las reestructuraciones forzosas y a largo plazo que se hicieron, se decidió iniciar un dinamico programa de canje de deuda latinoamericana por deuda colombiana.
Estos "swaps" de pagarés permitieron reducir la cartera latinoamericana hasta dejar su saldo en 40 millones de dolares en la actualidad, lo cual resulta facilmente manejable para la institucion. El Banco reforzó, ademas, la política de disminución de deuda hace siete meses, cuando firmó un convenio con el Bankers Tusten Nueva York, el cual debe conducir a la desaparición de prácticamente toda la cartera latinoamericana que tienen sus filiales. A pesar de que eso ha conducido a que el Bogota tenga una buena cantidad de deuda colombiana, para el Banco es evidente que ese riesgo es mucho mas manejable que, el que tenía antes.

Con la solución de ese problema, la atención se ha centrado en el manejo interno de la entidad Aunque los avances son innegables, al Bogota todavía le falta un buen trecho para llegar a ser la institución ágil y flexible que muchos anhelan.
Segun sus críticos, el manejo de tesorería del Banco es demasiado conservada y varios de sus ejecutivos continuan con el patrón rígido de épocas pasadas.

A su favor, el Banco de Bogota tiene la ventaja de haber hecho un gran es la ventaja de haber hecho un gran esfuerzo de capitalización. En los últimos dos años y medio la suma del capital y reservas ha pasado de 3.303 millones de pesos a cerca de 19.000 millones, un factor clave en los planes de expansión.

Dentro de esa línea, las utilidades han evolucionado tambien favorablemente. Si en los cinco años transcurridos entre 1983 y 1987 el saldo en negro acumulado fue de 3.129 millones, en los últimos dos años y medio las utilidades globales ascienden a 22.600 millones, sin incluir los 9.000 millones que se esperan en este semestre. Para los actuales directivos del Banco, la principal causa de este cambio ha sido la nueva composición accionaria. Tal como le dijo a SEMANA uno de ellos: mientras la anterior Junta Directiva representaba al gobierno en la administracion del fideicomiso y todo fideicomiso exige que se actue con la mayor prudencia y diligencia, y quienes lo ejercen deben responder por sus actuaciones hasta por la culpa levísima, la Junta de hoy representa a los accionistas, a los dueños. Como se dice coloquialmente: hay doliente".

Y lo más curioso es que el mayor doliente, Luis Carlos Sarmiento Angulo, no tiene ningún cargo. Su papel se limita a asesorar la Junta, lo cual, obviamente, no impide el control de las operaciones de la entidad. Tal como él mismo le dijo a SEMANA lo que uno no controle, es mejor no tenerlo".

Con esa filosofía, y en muy pocos años, el constructor más grande del país ha pasado, además, a convertirse en el financista más poderoso. Además del Banco de Bogotá, Sarmiento ha colocado al Banco de Occidente en el segundo renglón, con utilidades proyectadas de 8.000 millones de pesos para el final de este año. Además de esto, tiene varias corporaciones financieras, que también van viento en popa.

Y a diferencia dé todo lo que se vio en la crisis financiera de los años ochenta, el nuevo gigante parece tan sólido como una roca. Y dicha solidez no depende exclusivamente del Grupo Sarmiento, sino que está respaldada por una acertada gestión financiera y administrativa.

El fenómeno del Banco de Bogotá, a pesar de la gran controversia que desató en su momento, ha terminado por darle la razón a su dueño en dos puntos fundamentales. El primero, que nada sale adelante si no tiene un doliente. El segundo, que en el secta financiero más importante que la democratización de la propiedad, es la democratización del crédito. Y ahora que tanto se habla de la Nueva Derecha, la "reconversión" del Banco de Bogotá será sin duda uno de los modelos a estudiar.

Todo esto, visto desde una perspectiva más amplia, muestra no tanto el éxito de un banco como la consolidación de UD grupo económico cuyas dimensiones, por la discreción de su dueño, han pasado inadvertidas hasta el momento. En activos y en ventas, los grupos Ardila Lulle Santo Domingo siguen siendo más grandes que la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo. Pero en utilidades, que es lo que finalmente cuenta en el mundo de los negocios, Sarmiento ya los está al canzando. De tal manera que si antes solo se hablaba de dos grupos económicos, a partir de ahora se tendrá que hablar de "los tres grandes".

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