Viernes, 20 de enero de 2017

| 1985/09/16 00:00

El tesoro del San José

A 9 millas de la Bahía de Cartagena y a 300 metros de profundidad, se encuentra hundido un tesoro de varios miles de millones de dólares. SEMANA recuerda la historia de uno de los naufragios más valiosos de la historia.

Galeón San José. Foto: Archivo SEMANA

Lo dijo Betancur recién posesionado, y a manera de síntesis cruda sobre lo que heredaba en materia económica: "Por plata no se preocupen, que no hay". Pero resulta que sí había, y mucha, y oro además: tres mil millones de dólares, o más todavía, que le podrían dar al país la oportunidad de sacudirse por lo menos durante un par de años el sanbenito de la deuda externa. Porque eso es, cerrando cifras, la cuarta parte de lo que Colombia les debe a los bancos extranjeros y la totalidad de los intereses que succionará la deuda durante dos años, lapso que empata con la gran esperanza redentora: el día en que el petróleo empiece a generar dividendos.

Tanta belleza junta tiene que tener algún lunar, inevitablemente. Y el lunar es que los tres mil millones de dólares, aunque no están bajo la tierra como el petróleo, están hundidos en el fondo del mar. Exactamente a trescientos metros de profundidad, en cerrados en el casco del más grande galeón de los que zarparon rumbo a España con el oro de América: el galeón San José, que para fortuna del país no llegó a abandonar nuestras aguas territoriales. Los ingleses lo hundieron de un brutal cañonazo minutos antes de las cinco de la tarde del ocho de junio de 1708 a sólo nueve millas y media de la última isla de Rosario, frente a Cartagena.

La plata es nuestra, pues. Pero hay que bajar por ella. Rescate que de salida, como en las mejores novelas de aventuras, tiene una generosa dosis de suspenso: el galeón hundido está asentado en peligroso equilibrio en el borde mismo de un insondable abismo submarino. De manera que para que no se pierda para siempre es necesario tratar al San José como si su armazón fuera de cascara de huevo, y no de la sólida madera con que lo construyeron en su calidad de buque insignia de la Armada española de las Indias.

Sin embargo, las tres ofertas más serias que ha recibido el gobierno las de -las firmas norteamericanas Sea Search-Armada y Taylor y la sueca de Comsafe- garantizan un rescate cuidadoso. Eso sí: lo garantizan siempre y cuando les otorguen por su trabajo porcentajes que oscilan entre el 30 y el 50 por ciento de lo rescatado, sin incluir las piezas cuyo valor histórico o arqueológico, las haga quedar por fuera de cualquier negoción, pues están destinadas a enriquecer el patrimonio cultural colombiano y a exhibirse en el gran Museo del Mar que, con el respaldo ya dado de la OEA, se consolidará en Cartagena.

Cada una de las tres ofertas serias las conoció el Presidente, desde que decidió nombrar una comisión especial para que atendiera todo lo tocante con el San José, el 29 de enero de 1983. Los secretarios jurídico, económico y general de la Presidencia, los delegados presidenciales Mauricio Obregón y Rodolfo Segovia, y el director de la Dirección Marítima y Portuaria de la Armada Nacional, integraron la Comisión; y Alfonso Ospina Ospina, secretario general del Presidente y amigo de su confianza plena, fue el encargado de informarlo personalmente de las novedades que surgieran.

Betancur conoció, entonces, las tres ofertas serias mencionadas y conoció también las menos serias de buzos sueltos y dispuestos a todo con tal de tener una opción grande en la vida. Ospina, que cuenta que jamas atendío oferta alguna sin la presencia de testigos, mantuvo informado al Presidente hasta cuando se retiró de su cargo en marzo pasado. A esas alturas, el gobierno ya sabía practicamente todo lo que debía saber sobre el San José y quedo en condiciones legales de entrar a negociar. Pero Betancur, contrariando el criterio de la Comisión, decidió darle un rumbo inesperado al asunto: se inclinó por presentar al Congreso un proyecto de ley -- el 44 de 1985 por el cual el legislativo concedería facultades al ejecutivo para contratar los rescates de especies náufragas-- y que constituye el plato fuerte de la actual legislatura y el más comentado en estos momentos en los pasillos parlamentarios. Betancur impuso su criterio al de la Comisión con un solo argumento: "tarde o temprano el asunto del San José será tratado en el Congreso. Prefiero que sea antes del rescate, que la nación toda participe en la negociación por medio de sus dignatarios".

En ese punto está el caso, a la expectativa de una aprobación que permitiría firmar contrato en un lapso estimado de dos meses. Y a partir de abril del año que viene, cuando las condiciones meteorológicas son hasta septiembre las ideales, emprender el rescate que las tres firmas dicen poder realizar en un plazo máximo de 90 días y por un costo de diez millones de dólares. Es decir, que en el evento de que el Congreso aprobara el proyecto el último día de la actual legislatura y que la firma que obtuviera el contrato iniciara labores el quince de abril, el quince de julio del próximo año la fortuna dormida de hoy sería plata contante y sonante. Son los términos precisos, sobre todo el de contante, que permitiría saber cuánto se recuperó, cuánto queda después de pagar los porcentajes, y qué se hace con ella.

Pero esa parte de la historia ya no le correspondería a Betancur. Le correspondería sí, frente al tumulto de periodistas del mundo que vendrán para ser testigos del rescate, estar parado en la cubierta de un barco en el momento en que del mar salga la primera pieza de una fortuna que, por paradoja, nos cae del cielo. A su sucesor, llámese Barco, Galán o Gómez, le correspondería darle destino a la fortuna y darse si quiere el insólito gusto de pregonar que "por plata no se preocupen, que sí hay".

Es la plata que se quedó esperando Felipe V de España cuando estaba en pleno fragor la guerra de Sucesión. Hacía seis años que de sus colonias españolas no le llegaba un peso y el viaje de regreso del San José, repleto de las riquezas acumuladas en ese tiempo, era la gran inyección económica con que contaba para mantener se en buen pie de guerra. Pero para los ingleses, el bando contrario, aquella perspectiva era inquietante. De manera que atestaron el Caribe de navíos, con el ánimo de impedir que llegaran a España los galeones. Doce navíos ingleses se desparramaron por los sitios estratégicos que calcularon deberían cruzar las naves españolas y estuvieron a la espera.

Los españoles no se quedaron a la zaga en precauciones defensivas. Durante tres meses estuvieron cargando el San José, cambiaron de cargueros periódicamente, mantuvieron durante y después de la faena aislados a los estibadores. Cuenta la historia del San Jose, reconstruída ahora por especialistas como Eugene Lyon, que por cada baúl de tesoros se cargaban otros dos con piedras y sólo el capitán del San José y el comandante de la guarnición de Cartagena sabían a ciencia cierta el detalle de la carga del poderoso galeón, cuyo cuaderno de bitácora se conserva en Sevilla y ha sido copiado por quienes se interesan en el rescate, básicamente en lo relacionado al contenido de la nave (obviamente, fuera del registro están las pertenencias de más de 300 personas que emprendieron el viaje, entre ellas los familiares del virrey del Perú. Se estima que entre el contrabando que llevaba el San José y las mandas, esto es las remesas libres de impuestos que tenían derecho a enviar a España los colonos en baúles sellados y que se lo pagaban flete por el peso, el casco del buque puede contener no menos de 500 millones de dólares extras).

Y el galeón, acompañado de una flotilla de veinte naves, zarpó con buen tiempo, por lo menos lo suficientemente despejado para que sus 66 cañones pudieran apuntar con precisión en caso de necesidad. Pero los ingleses volvieron a imponer su clásica supremacía en los mares. Un certero cañonazo alcanzó al San José en su base inferior, le hizo un roto tremendo y el galeón se fue a pique. Eran más o menos las cinco de la tarde según los registros de Lyon, uno de los más cotizados historiadores navales contemporáneos y que acaba de ratificar su fama con el rescate en La Florida del navío de Nuestra Señora de Atocha, cuya historia, Lyon había revelado previamente con certeza. Del Atocha que era en comparación con el San José algo así como una canoíta, se han sacado ya piezas por valor de más de 700 millones de dólares.

Se sabe que a Felipe V el hundimiento de su galeón esperanza le bajó el ánimo a los pies, como le sucedería a quien finalmente se encargue del rescate, si por desgracia y es un riesgo vivo por el mismo roto por donde penetró el cañonazo después se hubieran salido cofres del tesoro con rumbo al precipicio. Pero es un riesgo que sólo se comprobará cuando estén allá abajo los hombres que más caro cobran hoy en el mundo la hora de trabajo: los buzos de grandes profundidades que desde el instante en que se sumergen empiezan a ganar tres mil dólares por hora. Es el precio de exponerse a morir reventados como burbujas, asfixiados, o por insuficiencia cardíaca, por ejemplo.

Colombia, hasta hace poco, no tenía buzos capaces de sumergirse a profundidades tan grandes como las del San José. Pero a fines del año pasado nueve hombres terminaron en la Armada de Estados Unidos, con las mejores notas de su promoción, sus cursos de capacitación para bajar hasta profundidades aún mayores.
Son los nueve colombianos que tendrán la responsabilidad a nombre del país de custodiar la labor de rescate, que la Armada Nacional no puede realizar, según el almirante Angel, director de la Dirección Marítima y Portuaria, simplemente por falta de recursos tecnológicos. Pero estos nueve hombres no cobrarán los tres mil dólares-hora: por ley no pueden ganar eso y no tendría presentación que la compañía rescatadora se los pagara. Esa compañía tampoco podría correr con los pagos de los buzos que a manera de fiscalizadores, el gobierno colombiano contrate, seguramente entre alguna firma especializada suiza, ante las cuales ya se pidieron cotizaciones, manifestó Alfonso Ospina.

Si por recursos tecnológicos propios fuera, a estas alturas Colombia, seguramente no pasaría de tener del San José, el mismo pálpito de esperanza que se tiene de otros 76 barcos que los archivos históricos de las Indias registran como hundidos en nuestra Costa Atlántica, entre ellos los galeones Córdoba, los segundos en importancia de la Armada española, zo zobrados en esa zona por una tormenta. No dispone el país de cámaras de presión a las condiciones en que van a trabajar los buzos del rescate ni buques que mantengan una posición dinámica (esto es, que se queden fijos en una posición determinada), ni mucho menos los satélites que den las ordenes a los submarinos que adelanten la explotación. Por eso, explicó Angel a SEMANA, hay que contratar el rescate. Y por eso la Sea Search-Armada ya tiene ganado cinco por ciento del valor de lo que se rescate.

Ocurre que, luego de dos expediciones fallidas, el 10 de diciembre de 1981 el minisubmarino August Picard de la firma Sea Search-Armada en uso del permiso de exploración de un área de 50 millas cuadradas vecina a Cartagena que le otorgó el gobierno de Turbay, detectó dentro de esa zona, dice su representante Fernando Leyva Durán, una armadura parecida a la del San José. Tres días después, el magnetómetro del Picard hizo con tacto visual con el barco. La imagen se pareció más. Los buzos se aproximaron para tomar pruebas de video. Y surgió el resultado: la longitud de la armadura es la misma que la del San José, tiene el roto que lo naufragó, los compartimentos para contener metales ferrosos están distribuidos de igual manera que los del galeón y el lugar encuadra debidamente con el que reseñan los registros históricos. En julio de 1983, con la anuencia de la comisión nombrada para el caso surgió un vestigio más sobre la probabilidad de que el barco hundido sea el San José: se bajó una pala mecánica que sacó una pequeña muestra de madera y se mandó a analizar a Texas. Conclusión: es de la misma calidad de la que fue utilizada para construir en Bilbao el galeón insignia de la Armada española.

Con los hallazgos del Picard, que en concepto de Leyva compensaban las dos expediciones fallidas de agosto y octubre de 1980, la compañía levantó las coordenadas precisas de la embarcación y denunció el descubrimiento en marzo de 1982, cuatro meses antes de concluir el mandato de Turbay, en sobre sellado y lacrado que sólo fue abierto cuando se aprobó la prueba de madera.

Esas coordenadas son las que, en caso de confirmarse su exactitud cuando se practique el rescate, le dan derecho a la Sea Search-Armada, según el Código de Comercio, del cinco por ciento de lo que se recupere, salvo lo que tenga carácter de patrimonio cultural.

Queda, pues, 95 por ciento de la fortuna por repartir. Y es lo que entra a examinar el Congreso, antes de que pueda dársele luz verde a un proyecto que llamará la atención del mundo, entre otras cosas por revelar una de las formas más originales, impensadas y determinantes del Tercer Mundo para superar sus crisis. Colombia la superaría gracias a un naufragio.

El Tesoro
Relación sumaria del Tesoro Real de Su Majestad y otros cargamentos del Tesoro Real de Lima, inspeccionado en el puerto de Perico (Panamá ) el 28 de febrero de 1708, y de Guayaquil, cuando estuvo anclado en Perico el 8 de febrero de 1708.

Remesas de España
Capitana: capitán, D. Juan Martín de Ysasi Salarios para el Consejo deIndias......326.996 pesos
Alojamiento, Consejo de Indias..........10.601 pesos
Depósitos probados de Lima...............3.838 pesos

Objetos religiosos
Dos cofres que pesan 289 marcos, 5 onzas, con objetos de plata dorada; una lámpara grande que pesa 148 marcos, 5 onzas; un relicario grande y dos pequeños, con pedestal; una custodia dorada, un incensario con su vaso de incienso; dos cálices con patenas; un recipiente para unguento, vinajeras y una pequeña campana (todo dorado); una corona; un vaso para aceite y un recipiente para agua bendita.

Transferencias de tesoro
Del Tesoro Real de Lima:
Ventas de bulas de indulgencias.........103.782 pesos
División de 61.122 pesos................30.561 pesos
Del Tesoro Real de Quito................22.661 pesos
También 700 castellanos de oro y un lingote de oro, una coronita y una pieza de oro; una piña (¿de plata?), una pieza de otra y 5 incensarios. (Nota: no se establece cómo fue dividido esto entre la Capitana y la Almirante).

Del Tesoro Real de Panamá:
Dos coronistas de oro y dos pequeñas placas de oro que totalizan 353 pesos de oro y 2 tomines. (Nota: no se establece qué va en cada barco).
5% de los salarios de Tierra firme.....3.907 pesos
5 12 reales
Para el Convento de Santa Teresa de Avila... 320 pesos
Pago del comercio de Sevilla para cubrir pérdidas por
actos de piratería de holandeses e ingleses...............................30.000 pesos
Reembolso por avería de la
flota del Mar del Sur..................25.000 pesos
Total Capitana San José................553.439 pesos
Equivalencias: 1 marco: 8 onzas: 50 castellanos.

Notas:
1. El monto total es menor que la suma de las líneas individuales. Este error viene desde el manifiesto original de los archivos de Sevilla.
2. Muchas de las cosas en la lista no llevan marcado ningún valor o el valor no es totalizado. Estos valores aumentarían el monto total.

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