Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/05/12 00:00

EL TIEMPO NO SE DETIENE

¿Se está convirtiendo el diario de los Santos en la cabeza de un monopolio de las comunicaciones?

EL TIEMPO NO SE DETIENE

El slogan publicitario "El Tiempo no se detiene" ha servido para vender la imagen del primer periódico del país durante casi una década. Pero se trata de una frase con mayores implicaciones, que ha venido cobrando particular vigencia durante los últimos tres años, debido al proceso de crecimiento y ensanche empresarial que está atravesando El Tiempo al cumplir sus 75 años.
Muchas cosas han cambiado desde aquellos días en que ese diario se escribía, entre el plomo caliente y las mangas negras de los linotipistas, en lo que entonces se conocía como "la mejor esquina de Colombia", en la avenida Jiménez con carrera séptima. "El Tiempo era en aquella época un tertuliadero--recuerda Eduardo Camargo Gámez, su ex jefe de información--caracterizado entre otras cosas por la bohemia y los trasnochos en los bolos San Francisco". Son tiempos que han quedado en el pasado y que han sido reemplazados por los del moderno e impersonal edificio de ladrillo, la gigantesca rotativa MetroGoss las pantallas del computador, y por algo que ha despertado últimamente más debates que todo lo anterior: la transformación de El Tiempo de un simple periódico en una poderosa organización de comunicaciones.
Efectivamente, además de consolidarse como el primer periódico del país adquiriendo mayor distancia frente a sus competidores, se ha asociado con un grupo editorial alemán en el Círculo de Lectores, con dos grandes programadoras para una red de televisión por cable y ha decidido adquirir un periódico de provincia, el Diario del Caribe de Barranquilla.
Interesado en aclarar su posición frente a esto, El Tiempo publicó en su edición del jueves de la semana pasada un editorial al respecto, titulado "Información y monopolios" que, en resumen, planteaba la tesis de que la unica posibilidad de subsistencia del periódico era la de transformarse.
"No queremos quedarnos atrás".
"No progresar es morir", fueron algunas de las frases con las cuales se ilustraba la argumentación del editorial, que en algunos apartes parecía escrito con un destinatario específico:
el diario El Espectador, que días atrás había planteado algunas dudas sobre los peligros de los monopolios en el área de las comunicaciones.
LA TELARAÑA
Luis Fernando Santos, subgerente de El Tiempo y considerado unánimemente como el inspirador y ejecutor de las iniciativas que han marcado la nueva etapa en la vida del periódico, es un hombre de 38 años (ver recuadro) que, a diferencia de la mayoría de sus primos y hermanos, ha concentrado sus esfuerzos en los aspectos técnicos y administrativos de El Tiempo, y no en los periodísticos. No obstante ser el más desconocido de los Santos, algunos llegan a afirmar que puede ser el "hombre de las galletas".
Para él, esta nueva etapa se inicio hacia 1972, cuando El Tiempo decidió ponerse al día, ya que a pesar de ser el primer diario nacional, era uno de los más atrasados tecnológicamente. Lo primero fue diseñar la nueva sede, lo que significaba abandonar el centro de la ciudad y romper con ello el mito de que un periódico no podía funcionar si se encontraba a más de 10 calles de la Plaza de Bolívar. Pero esta revolución, que causó mucho más revuelo del que hoy es posible imaginar, no era más que un primer paso, casi insignificante comparado con lo que vendría después.
"Fue entonces cuando empezamos a cuestionarnos el futuro del periódico a muy largo plazo--recuerda Luis Fernando Santos--y comenzamos a estudiar lo que le estaba sucediendo a otros grandes periódicos en el mundo. Una cifra empezó ya desde entonces a alarmarnos: la del costo del papel. Hoy en día representa el 48% de los costos de la empresa. La conclusión saltaba a la vista: depender exclusivamente de un periódico era un riesgo demasiado grande".
La palabra clave era "diversificación", sin abandonar por ello el campo de las comunicaciones. "NO" se trataba de montar una fábrica de zapatos ni nada parecido, pues de eso no sabíamos, pero ya comenzábamos a fines de los setenta, a vislumbra; la posibilidad de la televisión por cable y en cuanto al terreno editorial, la de imprimir revistas, libros, fascículos, etc.", anota Santos.
En 1981, cuando los debates internos sobre la conveniencia de esa diversificación aún estaban encendidos, se presentó la oportunidad de comprarle al grupo Berstelmann la mitad del Círculo de Lectores en Colombia. El negocio no sólo implicaba asociarse con otra empresa, sino además con una empresa extranjera, con un imperio internacional del mundo editorial. Finalmente, el criterio de los que promovían la diversificación se impuso y el 50% de las acciones del Círculo fueron adquiridas por El Tiempo.
Para esa época, otro proyecto de ensanche avanzaba a pasos acelerados. Se trataba de una planta de impresión que hoy se conoce como Témpora y que viene trabajanda desde hace año y medio y ya ha superado todas las expectativas comerciales. La nueva planta debía asumir la impresión de varios subproductos de El Tiempo, como son las revistas, y otros negocios como la revista del Circulo. Pero no se ha limitado a vender sus servicios a El Tiempo y sus asociados, sino que lo ha hecho con otras empresas. Los subproductos de El Tiempo representan hoy en dia apenas un 30% de las ventas de Témpora, cuya modernisima maquinaria robotizada--la más tecnificada de Latinoamérica-se ha convertido en planta piloto para el continente.
Témpora nunca desencadenó mayores polémicas internas. Pero en cambio, el intento de licitar para televisión a principios de esta década si lo hizo. En efecto, El Tiempo quiso licitar espacios de televisión durante la administración Turbay. El debate se originó entonces en los problemas que podrían derivarse de una contratacion con el Estado, que podría significar una pérdida de autonomía del periódico frente al gobierno de turno.
"Por fortuna no logramos que nos adjudicaran --dice Santos-pues hoy estaríamos atravesando los problemas que viven actualmente las programadoras". Para la siguiente licitación, la de la administración Betancur, el intento no se repitió y en el seno de la Casa Editorial se tomó la decisión de que, mientras existiera el actual sistema de televisión, no se volvería a licitar espacios de T.V.
Mientras tanto, nació otra empresa "hija" de El Tiempo: Intermedio. Su objetivo era el de editar (no imprimir) la mayoría de las revistas que circulan con el periódico, así como fascículos y otros productos como "El libro del año", editado con Circulo de Lectores. Según Santos, "Intermedio aún no ha arrancado en grande". Más adelante se creó otra empresa, Publicaciones Periódicas, editora de revistas comerciales orientadas hacia la publicidad, como Ventatiempo, Motor y Anuario Turístico. Esta empresa es más bien una estructura de ventas.
Tanto Témpora, como Intermedio y Publicaciones Periódicas pertenecen en su totalidad a El Tiempo, son administradas desde afuera y pretenden buscar nuevos mercados en el campo editorial.
CABLE Y CARIBE
Sin embargo, ni la planta editorial Témpora, ni las comercializadoras Intermedio y Publicaciones Periódicas, ni siquiera la compra de la mitad del Circulo de Lectores, han sido objeto de controversia. En cambio, las dos decisiones más recientes --el cable y el Diario del Caribe--si lo han sido.
"El avance de la técnica en el área de las comunicaciones (...) ha obligado a los grandes diarios a transformarse. Muchos de los que no lo hicieron han desaparecido, o afrontan serios problemas, como es el caso de Le Monde de París, o el Times de Londres. Es así como ya muchos periódicos del mundo están vendiendo su producto informativo a través de medios electrónicos...".Con estas palabras, el editorial del jueves pasado salia en defensa de la participación de El Tiempo en la recién aprobada televisión por cable, para la cual se asoció con las programadoras RTI y Caracol, los tres con partes iguales y un objetivo a mediano plazo: 30 mil suscriptores para una oferta múltiple de entre 4 y 8 canales.
Por otra parte, la adquisición del Diario del Caribe al Grupo Santodomingo por una cifra que se está discutiendo aún y que ronda los 220 millones de pesos, fue justificada por El Tiempo en su editorial, alegando la necesidad de mantenerse como periódico nacional y los problemas de costos de transporte que para ello tiene la circulación en la Costa Atlántica. El objetivo a largo plazo es el de lograr que, aparte de imprimir el Caribe, la rotativa de este diario imprima la edición costeña de El Tiempo.
Para tal efecto, se utilizaria una red via satélite que transmitiria un facsimil de cada una de las páginas de la edición, gracias a una red como la que ha permitido al novedoso diario USA Today tener circulacion nacional en un país tan grande como los Estados Unidos.
El editorial explica además que Barranquilla no puede perder un periódico, que es lo que sucedería si El Tiempo no lo comprara, pues se encuentra atravesando grandes dificultades financieras, con pérdidas aproximadas de 17 millones de pesos mensuales, y el Grupo Santodomingo no está interesado en afrontar dicha situación. La desaparición del Caribe según el editorial, "no le conviene a la primera ciudad de la Costa, ni se acomoda al precepto político de que mientras más información más democracia... ".

Todas estas inversiones son legales, lógicas y en otras latitudes difícilmente serían objeto de discusión. Sin embargo, en el contexto nacional, representa innovaciones frente a la tradición de la prensa en general y de El Tiempo en particular. Mientras que en el mundo desde hace mucho tiempo la norma es la consolidación y concentración de los medios de comunicación, en Colombia se ha mantenido casi intacta la herencia del siglo XIX, cuando proliferaban múltiples voces independientes en experimentos periodísticos de alto riesgo personal y económico. Esto fue evolucionando hasta la institucionalización, durante la primera mitad de este siglo, de la llamada prensa familiar. En cada región del país, una o dos familias distinguidas se convertian en la conciencia regional a través de una vida austera y sin pretensiones dedicada al periodismo. El respeto a esta tradición ha hecho que, mientras en el resto del mundo, incluyendo paises latinoamericanos como México y Brasil, han surgido multinacionales de las comunicaciones con cadenas de periódicos emisoras de radio, canales de televisión, revistas, etc., Colombia, como afirmaba el editorial de El Tiempo "es uno de los países donde los medios de comunicación están menos concentrados". Tan es así que la adquisición de un diario regional quebrado y la participación en un 33% en uno de los dos cables que habrá en Bogotá, son considerados, por algunos sectores como la conformación de un pulpo.
Uno de los principales pregoneros de la vieja escuela fue ni más ni menos que el doctor Eduardo Santos, quien llegó a escribir un decálogo filosófico que incluye la siguiente cláusula: "El Tiempo no forma ni formará parte de empresa alguna de tipo económico distinta de la Casa Editorial a la que pertenece, ni tiene ni tendrá acciones en otras compañías nacionales e internacionales, ni acepta ni aceptará presiones comerciales extrañas que pudieran comprometer su absoluta autononía".
Tal vez es esto lo que llevó a los herederos del ex presidente Santos a sentirse en la obligación de explicar editorialmente estas inversiones. El argumento central de la casa Santos para justificar el proceso de ensanche, es el de sostener, en resumidas cuentas, que la única forma de sobrevivir como periódico en un futuro, es creando empresas y negocios hermanos con riesgos menores, para consolidarse como grupo y poder sobrevivir. O lo que es igual: que esas empresas menores deberán algún día subsidiar al periódico, pues si éste se queda solo, estará condenado a morir.
En términos teóricos, el argumento es totalmente válido, aunque no deja de ser paradójico que sea esgrimido por el periódico más rentable del país.
Las tendencias mundiales revelan que es un hecho que los medios impresos van para atrás.
En cuanto al caso del Diario del Caribe, existe efectivamente una ventaja derivada de impedir que se consolide un monopolio local (el del diario El Heraldo), ventaja que parece reconocer la mayoría de los barranquilleros. Pero esa ventaja se enfrenta a lo que muchos consideran una desventaja, la del aumento del poder nacional de El Tiempo y la de su entronización en la Costa, donde no faltan quienes ven con desconfianza esta "intromisión cachaca". De todos modos, la ventaja parece concreta, mientras la desventaja es más bien abstracta, porque el hecho real es que si el contenido del periódico no le gusta a los barranquilleros, no lo van a comprar.
RELACIONES CON EL ESTADO
La cuestión del cable resulta más delicada. A pesar de que nada puede ser más válido que el concepto de extensión tecnológica, en el caso de El Tiempo se enfrenta, por lo menos teóricamente, a un concepto de dependencia del Estado que liasta hoy no tenía el periódico. El cable es una concesión otorgada por diez años y su renovación depende del gobierno de turno. Se podría argumentar que un presidente o un ministro de comunicaciones tienen en sus manos un instrumento de presión sobre el periódico.
En la práctica esta probablemente no tendrá injerencias, pues El Tiempo es un medio demasiado poderoso como para tener que preocuparse por presiones-o chantajes gubernamentales. Pero es indudable que, aunque indirectamente, se está creando una vinculación entre los dos poderes que antes no existía.
Otro elemento que ha sido criticado es la asociación de El Tiempo con RTI y Caracol. Aunque el diario afirma que lo hizo buscando socios con experiencia, es más probable que la verdadera motiv acción fuera minimizar la resistencia política que presumiblemente hubiera suscitado de haberlo hecho solo.
De haber sido así, resultó contraproducente, pues la impresión que quedó no fue la de una participación reducida, sino la de la conformación de una trinca de poderes.
Teniendo en cuenta que la reglamentación del cable no permite el manejo de información, tal vez El Tiempo, aparte del acceso a una posible tecnología futura, es más lo que ha significado en imagen que lo que obtiene por ahora.--

EL SANTOS DESCONOCIDO
Cuando a fines de la década de los sesenta, Luis Fernando Santos, recién egresado de periodismo de la Universidad de Kansas regresó a Colombia, a su tio abuelo, Eduardo Santos, le sorprendió que al menos uno de sus herederos se interesara por el periódico, pero no por escribir en él.
Hoy, casi 20 años después, se podía decir que en eso consistió el secreto del éxito para el actual subgerente de El Tiempo, quien desde su llegada entonces al diario, comenzó a plantear inquietudes sobre las cuestiones técnicas y empresariales de la Casa Editorial. Lo primero que hizo fue promover el derrumbe de los tabiques que dividían las oficinas de cada uno de los periodistas, para imponer el concepto de una gigantesca y única sala de redacción. La protesta de los viejos redactores fue tan airada, que el propio Eduardo Santos debió reinstalar las divisiones, que su sobrino nieto volvió a tumbar días después.
Ese anecdótico episodio ilustra muy bien el conflicto que comenzó a gestarse desde entonces, y cuyo más reciente capítulo es la televisión por cable y la compra del Diario del Caribe. Desde esa época, Luis Fernando Santos, con dos matrimonios y dos hijos, uno de ellos de 18 años, apenas 20 menos que su padre, se ha dedicado a estudiar todo lo que tiene que ver con rotativas, equipo de fotomecánica, diagrramación, distribución de espacio en las oficinas de un periódico, etc. Según su hermano Enrique,
Luis Fernando craneó ladrillo por ladrillo , la nueva sede de la avenida Eldorado" que, con la adquisición del equipo off-set, fueron los dos primeros escalones de la nueva etapa que comenzó a atravesar El Tiempo a mediados de la década pasada.
Informal en su vestuario, "cachas" de los obreros de la rotativa (con quienes jugó fútbol una vez a la semana hasta cuando lo lesionaron por cuarta y última vez de una rodilla), Luis Fernando ha sido siempre el más tímido de su generación en la familia Santos: pocos cocteles, muy rara vez aparece en las páginas sociales de las revistas.
Su brillante carrera ha hecho que su fama recorra varios países del continente, a donde se le llama para asesorar desde la compra de un repuesto, hasta la modernización integral de una empresa editorial. Su interés por los asuntos tecnológicos en el área de la impresiión lo lleva constantemente a maratónicos viajes a lugares tan remotos como Suráfrica, para asistir a una serie de conferencias sobre papel, tintas, rodillos y similares. Es capaz de pasar varias horas consultando folletos y revistas para decidir la compra de una máquina de escribir.
"Todos los caminos nos condujeron a él", cuenta Darío Arismendi, director de El Mundo de Medellín al recordar cómo lo contactó para que lo asesorara en el montaje de ese periódico.
"Es la primera persona en Colombia a la que se le puede bautizar con el título que los americanos utilizan para estos casos: el Publisher", explica Arismendi para referirse a este "empresario con mentalidad periodística", que es el gran desconocido de los Santos.--

¿ DE QUIEN ES EL TIEMPO ?

EN VIDA DE SANTOS HOY
Eduardo Santos 53% Hernando Santos 24%
Roberto Garcia Peña 8% Casa Editorial El Tiempo 13%
Hernando Santos Castillo 8% Rafael Gonzalez Pacheco 10%
Enrique Santos Castillo 8% Enrique Santos Castillo 8%
Mario Villegas Restrepo 7% Luis Fernando Santos 6%
Abdón Espinosa 4% Roberto Garcia Peña 6%
Beatriz Santos de U. 4% Mario Amortegui 5%
Luis Castro Montejo 4% Abdón Espinosa 5%
Doroteo Gonzalez P. 4% Daniel Samper 4%
Beatriz Santos de U. 4%
Enrique Santos Calderon 3%
Silvia Castro de Cavalier 2%
Jorge Castro Torres 2%
Roberto Posada 2%
Claudia Gaitana de C. 2%
Fernando Gonzalez P. 2%
Emma Villegas de Gaitan 1%
Herederos de Enrique Acero 1%

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