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| 12/13/1993 12:00:00 AM

El último grito

Candidatas y diseñadores lanzaron en Cartagena las tendencias de la moda para fin de año.

El último grito
COMO POR ARTE DE MAGIA, en cuestión de minutos las 30 candidatas participantes en el Concurso Nacional de Belleza de este año pasaban de la trusa y los tenis a los elegantes trajes de coctel, elaborados por colombianos expertos en estas lides.
Las varitas mágicas de los estilistas y diseñadores lograban borrar el cansancio de esos rostros y, cambiando los atuendos informales del día de ensayos, convertir a las reinas en despampanantes mujeres que, en cuestión de segundos, estaban listas para el coctel y el baile de la noche. Ellos, verdaderos artífices de estas ilusorias transformaciones que este año alcanzaron su máximo apogeo imprimieron colorido, con su creatividad, a un con curso que se desborda en su afán de brillar con luz propia.
Los trajes que diariamente lucían las diferentes representantes para asistir a su infinidad de compromisos demostraron que el reinado no es sólo una competencia de figuras hermosas, caras bonitas y agudeza mental, sino también una gran pasarela que hace de los ajuares de cada candidata una muestra de lo que cada año se usa, en materia de moda, maquillaje y peinado para cada ocasión.
Las innumerables maletas de las 30 candidatas llegaron a Cartagena repletas de canutillos, lentejuelas, encajes, tafetanes, lamés y accesorios que marcan la pauta de lo que se usa y se usará en los próximos meses. La mayoría confeccionados por nombres como Alfredo Barraza, Carlos Arturo Zapata y Jaime Arango, quienes prácticamente tienen el monopolio del vestuario en Cartagena. Y el resultado de muchos meses de trabajo en sus talleres confirma que el reinado de Cartagena es un gran desfile de modas, que va desde los trajes de baño hasta los elegantes vestidos de gala.
En esta versión del concurso el trousseau de las candidatas presentó propuestas que cambiaron la cara a los acartonados y tradicionales trajes que llevaban el sello inconfundible de "reina". Desde hace dos años, cuando Paola Turbay fue coronada con un novedoso vestido verde esmeralda, se entendió que el concurso de belleza sirve de plataforma de lanzamiento para innovar y mostrar tendencias que son furor en Europa y Estados Unidos.
En esta oportunidad, las minifaldas le dieron paso a las faldas largas, con grandes y sensuales aberturas, y los años 60 y 70 regresaron a Cartagena con silueta y forma de reina. Y es que la sensualidad fue el arma empleada por los disenadores en busca de lucir sus trajes y resaltar los atributos físicos de sus candidatas. Los escotes profundos y los strapless estuvieron a la luz del día, mientras que las piernas no se ocultaron del todo en amplias y vaporosas faldas con intensas aberturas que insinuaban mucho más que la misma minifalda.
Esta vez el pantalón también tuvo cabida en el reinado, después de haber sido despreciado durante muchos años por estas modelos reales. Claro que como siempre hay quienes no están in, varias niñas prefirieron el tradicional sastre, una diminuta mini o un ceñido corpiño que resaltara aún más los voluptuosos cuerpos.
Los zapatos de plataforma caminaron campantes encima de las pasarelas. Sobre todo porque se convirtieron en el mejor recurso de los preparadores que buscaban darle altura a las candidatas chaparritas.
Los accesorios también sufrieron una transformación. No hubo la profusión de pavas que durante muchos años desentonaron pero que nadie se había atrevido a archivar. Los que sí no podían faltar eran los canutillos, lentejuelas y brillantes, que son el recurso mas solicitado cuando se trata de hacer brillar.
Este año el vestuario de las candidatas dio la talla de lo que se esperaba en materia de moda. Sin embargo, el desmedido derroche de atuendos y sus costos de confección siguen siendo el talón de Aquiles del concurso. Hubo ajuares que superaron los 20 millones de pesos y, en ellos, vestidos que sólo se lucieron unas cuantas horas. En esta parte no hubo innovación porque cada vez más los diseñadores dejaron volar más su imaginación siun reparar en las chequeras de las candidatas.

AL ESTILO DE LOS 70
Este año, sin lugar a dudas, lo que marcó la pauta fue la influencia de los 70. Aunque el prototipo de reina sigue inmutable -cabello largo, medidas cuasiperfectas y estaturas elevadas-, la tendencia de la moda de los 70 influyó notablemente. Igualmente, el patrón de belleza de las reinas ha evolucionado. Hace dos o tres décadas eran idénticas, estáticas y muy elaboradas. Ahora son más deportistas y con más gracia natural. "Antes dependían completamente de las altas dosis de maquillaje que se sofocaban con el calor, o de los peinados enredados y muy pesados. Hoy son más seguras y eso las hace lucir mucho mejor cualquier peinado o maquillaje", señala Javier Murillo. En cuanto al pelo, dice, lo más importante es resaltar la belleza de la mujer latina. Nada de tonos falsos. Eso sí, bien largo. Pero este año, en materia de cabello, en Cartagena hubo un no rotundo a los capules y los mechones. Sí a la frente limpia.
En cuestión de maquillaje desaparecieron los delineadores gruesos en el párpado inferior y los pegotes de rubor acentuados. Tampoco se usaron las ombras de colores fuertes. En su lugar aparacieron las cejas levantadas en ángulo y muy bien delineadas. Pero cobraron importancia las pestañas postizas, que hoy ya no son las arañas que caían en la sopa o quedaban en las solapas del parejo, sino que poseen una apariencia natural sorprendente.
Como estudioso de la belleza, no sólo en Colombia sino también en Europa y Norteamérica, Murillo piensa que el principal pecado de los peluqueros y maquilladores latinos es la exageración. "Arreglamos a nuestras mujeres en forma muy recaregada. Y a las reinas, ni se diga. Este maquillaje exagerado, en vez de realzar su belleza, la ahoga. Y una reina no necesita exageración para ganar".

Alfredo Barraza:
se quedó para vestir... reinas
EL NOMBRE DE ALFREDO BArraza tiene un lugar en el Concurso Nacional de Belleza de Cartagena.
Las candidatas lo buscan desde el momento en que son elegidas porque saben que un vestido diseñado y confeccionado por él puede ser una carta de garantía en la coronación. Lleva 11 años vistiéndolas, siete reinas nacionales han lucido sus diseños, cuatro virreinas en Miss Mundo, cuatro participantes en Miss lnternacional, y 11 cn diferentes certámenes de belleza.
En total, 67 reinas han desfilado por su taller. Con nueve premios internacionales, Barraza se da el gusto de ser exigente. Todo lo hace sobre medidas. No tiene publicidad. Y cree que el secreto para su éxito está en una mezcla de tres ingredientes: suerte, talento y profesionalismo.
Su primera clienta fue Nini Johana Soto, a quien le diseñó aquel traje famoso color piel. Hoy es amigo personal de Susana Caldas, Sandra Borda, María Mónica Urbina y Paola Turbay, quienes le han dejado de recuerdo los posters con su foto con autógrafos como "cuando recuerdo a las personas que me apoyaron para ir a Miss Universo, uno de los primeros que aparece en mi mente eres tú. Tu apoyo incondicional fue uno de los motivos por los cuales quise luchar cada dia más: Paola". Barraza asegura que lo mejor no es sacar una reina, ni ganarse un premio, sino quedar bien recomendado.
Según él, el 50 por ciento de un vestido lo hace quien lo luce: "Hay vestidos muy sencillos que bien llevados causan sensación. Otros, espectaculares, pasan inadvertidos". lgualmente se jacta, y con razón, de que en 11 años jamás se le ha dañado un cremallera ni ha tenido percances de última hora. Se cura en salud, midiéndole el vestido a la candidata más de cinco veces e impidiéndole que se engorde un centímetro. Barraza cree, no obstante, que el 99 por eiento de las candidatas se adelgaza en Cartagena por el trajín y por la tensión nerviosa.
Este diseñador dice que para confeccionar un traje de reina hay que tener en cuenta miles de detalles que van mucho más allá de la moda y el diseño. Hay que utilizar materiales "de efecto y registro". Es decir, que no causen sensación al público unicamente, sino que además registren bien ante las cámaras. También consigue materiales que tengan muy buena caída y aun si se trata de un traje de fantasía lusca que dé comodidad. " La creatividad sin funcionalidad no sirve en un concurso de belleza, porque el traje debe ser fácil de realizar y transportar". El ajuar para cada clienta que va para el reinado de Cartagena consta de cinco vestidos casuales, cuatro de coctel, dos de fantasía y uno de coronación. Para eso él cuenta con un taller con 20 personas contratadas, expertas en el ramo.
Desde el momento en que el concurso le avisa de su trabajo con tal o cual reina, su imaginación comienza a funcionar. A la hora de inspirarse utiliza música más alegre y tropical, de su ancestro barranquillero. aunque toda su vida ha vivido en medio de cachacos.
Alfredo Barraza es un autodidacta del diseño. Pero es el perfecconismo lo que lo ha llevado al lugar que hoy ocupa. Uno de los primeros en la lista de diseñadores.

Javier Murillo:
25 años casado con el reinado
EL RECONOCIDO ESTILISTA JAvier Murillo lleva 25 años arreglando candidatas para el Concurso Nacional de Belleza en Cartagena. "Yo ya pasé a ser parte del reinado", dice quien se ha convertido en el asesor de cabecera en cuestión de maquillaje y cabello de miles de mujeres importantes y anónimas del país. Y, recientemente, también en el fotógrafo de candidatas, ejecutivas y personajes.
La primera reina que arregló Javier, hace un cuarto de siglo, fue Ana Lucía Boeck, candidata de Cundinamarca. Entonces no había tantos maquilladores y peinadores como ahora."Es que el reinado pasó a ser un evento de tal importancia en Colombia que es casi como una campaña política. Es toda una empresa ". Y esta comienza desde muchos meses antes de llegar a Cartagena. En ese momento viene el estudio del rostro porque, como dice Murillo, son muchas las cosas que influyen en el arreglo de una reina. "Por encima de todo hay que respetar el estilo propio. Se trabajan correcciones y se resaltan atributos". Además, dice, cualquier imposición de la moda debe ser matizada y suavizada. Y señala que a él no le gusta arreglar "en serie". Por eso define su estilo como "antimoda", es decir, usa lo que le quede bien a la candidata y no simplemente "porque se usa".
Luego, en Cartagena, ahí esta Javier listo y pendiente de cada detalle del arreglo, del rimel o el lápiz labial que se corre, del peinado que se desbarata. Pero, además, cuida los detalles para que en cada presentación la candidata luzca como corresponde, porque no es lo mismo el arreglo matutino para una presentación en vestido de baño que para un coctel en la noche. "Es todo un día en estado de alerta con las candidatas. Por eso uno se convierte en el padrino, el amigo, el hermano y hasta el confidente de sus reinas ", dice Murillo para explicar que más que peluquero y maquillador, él se vuelve eI sicólogo de las candidatas que llegan a la sala de maquillaje presionadas por las carreras del concurso, nerviosas, bravas o deprimidas, y le cuentan sus secretos mientras él las maquilla. Así, Javier les arregla la autoestima porque la silla de maquillaje es una especie de diván de Freud. "En ese momento, cuando la reina tiene toda clase de emociones encontradas, uno tiene que manejar la situación con mucha prudencia y de una manera muy sutil. Tiene que entenderla. Sólo así se puede llegar al éxito del concurso. De allí que, cuando termina el reinado, uno se convierte en el mejor amigo porque le guardan un sentimiento de profunda gratitud y aprecio ". Y es que, aparte del reconocimiento que Javier Murillo tiene como estilista, lo tiene como amigo. El sabe cuándo hacerlas reír y cuando quedarse callado y sólamente escuchar.
Por eso, a pesar de su prestigio profesional, Murillo no llega a Cartagena con toneladas de maquillaje o un gran equipo de expertos que lo acompañen cada noviembre. Viaja con dos o tres colaboradores y muy poco equipaje, porque le gusta estar pendiente, personalmente, de cada detalle. Más que ser el peluquero showman, prefiere estar detrás de los espejos sin hacer bulla. Discreto, dedicado a su trabajo profesional, ha visto pasar el reinado 25 años. Y cada vez le encuentra más gusto a su participación en este evento. Tanto que resolvió ampliar su mundo con la fotografía. Actualmente es uno de los fotógrafos de estudio más cotizados de reinas, actores y modelos en el país.
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