Lunes, 16 de enero de 2017

| 2002/05/20 00:00

El último mohicano

El oficialismo liberal no podía producir un candidato mejor que Horacio Serpa. Su suerte acabará siendo la de su partido.

El último mohicano

Cuando Horacio Serpa fue proclamado candidato oficial del Partido Liberal en el Centro de Convenciones el 20 de octubre de 2001 no estaba lanzando su aspiración sino su Presidencia. Las circunstancias del momento anticipaban la inevitabilidad de su triunfo electoral. Era el líder indiscutido en las encuestas y la combinación de pueblo y maquinaria se veía imbatible. Con Serpa la palabra gobernabilidad volvía a cobrar vigencia. Su carismática figura se convertía en un factor aglutinador de la clase política, con la que se pretendía hacer un frente común para combatir a los violentos. Sobre todo luego de la intrépida y costosa aventura del presidente Andrés Pastrana de intentar revocar el Congreso y cuyo único resultado fue dejar más resquebrajado el régimen político.

Era una fotografía que ningún colombiano hubiera pronosticado cuatro años atrás, cuando Serpa era el gladiador del proceso 8.000. El hombre que se batió en la arena contra la Fiscalía mientras era abucheado por el público por defender a un presidente cuestionado de recibir dineros del narcotráfico para su campaña. Pero, como en la película, Serpa pasó de gladiador a general.

El desgaste del gobierno de Pastrana empezó a favorecerlo como jefe de la oposición. Ante la progresiva ingobernabilidad del país él se perfilaba como el único en condiciones de capotear la crisis. Su trayectoria pública, su conocimiento del país, su respaldo popular y su manejo de la clase política hacían que muchos se lo imaginaran con la banda presidencial. A mediados del gobierno de Pastrana había logrado ‘desamperizarse’, su respaldo al proceso de paz le dio un halo de estadista, en sus giras a Washington lo recibían con honores y la clase empresarial lo veía con más confianza. En cuestión de tres años pasó de ser el gladiador de la vieja clase política a un líder popular en un país a la deriva y sin capitán. El cenit de su carrera política hasta ahora fue el primero de octubre de 2001 cuando se divulgó la primera Gran Encuesta: el 41 por ciento de los colombianos votarían por Serpa para presidente frente a 23 de Uribe y 16 de Noemí.

Pero mientras el triunfalismo se tomaba las huestes serpistas —y algunos vaticinaban un triunfo en la primera vuelta— las cosas empezaron a enredarse para el candidato liberal. Con lo sucedido con Serpa en los meses subsiguientes queda demostrado, una vez más, que en política no se puede cantar victoria sino el día después de elecciones. Hoy el candidato liberal tiene el 23 por ciento mientras que Uribe posee el 49,3 por ciento. ¿Qué pasó?

En esencia, que el temperamento de los colombianos cambió. La agudización del conflicto armado y el rompimiento del proceso de paz trajeron consigo un ánimo bélico colectivo para enfrentar la arrogancia de los violentos. Y la figura de Serpa, que simboliza más la conciliación que la beligerancia, la paz que la guerra, fue desbordada por el sentimiento guerrerista que se apoderó de los colombianos. El arte de las elecciones está en saber sintonizarse con las vibraciones de la opinión. Y en esas andaba Alvaro Uribe, recorriendo el país con su carriel terciado al hombro y su discurso de autoridad, cuando le llegó el impulso electoral. Al ver que el sol que más calentaba en materia de votos ya era no era Serpa sino Uribe, a comienzos de este año empezaron las migraciones políticas. En una situación que nunca se había visto en la historia política colombiana, varios congresistas desertaron de las toldas del candidato oficial del Partido Liberal hacia a las toldas del candidato disidente.

Pero si bien las encuestas no lo favorecen, Serpa no está derrotado. Tiene la maquinaria liberal, que para los entendidos representa el 30 por ciento de la votación, y es muy fuerte en provincia, cuya verdadera intención de voto se mide el día de elecciones. El próximo domingo es el día de la verdad y, de haber segunda vuelta, puede pasar cualquier cosa. Por ahora, los colombianos tienen la palabra.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.