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| 9/3/2011 12:00:00 AM

En busca de Bin Laden

Al acercarse el décimo aniversario del ataque a las Torres Gemelas, SEMANA presenta una pieza magistral del periodismo que narra minuto a minuto los pormenores de la operación que dio de baja al terrorista Osama bin Laden. Este es el texto, publicado en la revista 'The New Yorker', en exclusiva para Colombia.

Poco después de las once de la noche del primero de mayo, dos helicópteros MH-60 Black Hawk despegaron de Jalalabad, Afganistán, y emprendieron vuelo hacia Pakistán, en una misión secreta para matar a Osama bin Laden. Iban veintitrés Seal del Team Six de la Armada, unidad conocida como el Grupo Naval Especial de Desarrollo de Guerra o Devgru. Un traductor paquistaní-estadounidense, a quien llamaré Ahmed, y un perro belga malinois llamado Cairo también iban a bordo. En esa noche sin luna, los pilotos, usando gafas de visión nocturna, sobrevolaban sin luces las montañas hasta la frontera con Pakistán. Las radiocomunicaciones se restringieron, y una calma escalofriante reinaba en la aeronave.

Quince minutos más tarde, los helicópteros se internaron en un valle y entraron, sin ser detectados, al espacio aéreo paquistaní. Durante más de sesenta años, las Fuerzas Armadas de Pakistán han estado en alerta máxima contra su vecino del este, India. Por esta obsesión, "las principales defensas aéreas de Pakistán apuntan hacia el este", afirmó Shuja Nawaz, experto en ese Ejército. Altos funcionarios están de acuerdo con esta aseveración; sin embargo, un alto oficial paquistaní, a quien contacté en Rawalpindi, disintió al afirmar que "ningún país deja sus fronteras sin vigilancia" y afirmó que la infiltración estadounidense fue el resultado de "nuestras brechas tecnológicas en relación con Estados Unidos". Los Black Hawk, con dos pilotos y un tripulante del cuerpo de Aviación para Operaciones Especiales o Cazadores Nocturnos, habían sido modificados para camuflar calor, ruido y movimiento. Así mismo, los fuselajes formaban ángulos agudos y tenían un "revestimiento" antirradar.

El objetivo era una casa en Abbottabad, a unos doscientos kilómetros de la frontera paquistaní. Situada al norte de Islamabad, Abbottabad se encuentra en las estribaciones de la cordillera Pir Panjal y es un destino ideal de veraneo. Fundada en 1853 por el oficial británico James Abbott, la ciudad se convirtió en sede de una prestigiosa academia militar tras la creación de Pakistán, en 1947. Según la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Bin Laden estaba escondido en el tercer piso de una casa en un complejo de 4.000 metros cuadrados en un vecindario de clase media a menos de dos kilómetros de la academia. Si todo salía como habían planeado, los Seal debían descender en el complejo, doblegar a los guardias, dispararle y regresar con el cadáver a Afganistán. Los helicópteros atravesaron Mohmand, una de las siete áreas tribales de Pakistán, bordearon el norte de Peshawar y continuaron al este. El comandante del Escuadrón Rojo del Devgru, a quien llamaré James, estaba sentado en el piso, entre otros diez Seal, Ahmed y Cairo. (Se cambiaron los nombres de los agentes encubiertos). James, robusto y de casi 40 años, no tiene la contextura ágil que se esperaría de un Seal. Aquella noche, vestía camuflaje digital del desierto y portaba una pistola Sig Sauer P226 con silenciador, munición adicional y una mochila con agua y productos energéticos. Tenía un rifle M4 de cañón corto con silenciador; los otros Seal habían escogido subfusiles Heckler & Koch MP7. James escondía, en el pantalón, un kit de primeros auxilios. En un bolsillo tenía un mapa plastificado con las coordenadas del complejo; en otro, guardaba un cuadernillo con las fotografías y descripciones de las personas que se sospechaba estaban dentro. Tenía puestos unos audífonos que bloqueaban casi todo, salvo el latido de su corazón.

Durante los noventa minutos del vuelo, James y sus compañeros repasaron mentalmente la operación. La incursión en Abbottabad no era la primera del Devgru en Pakistán. El equipo había entrado subrepticiamente al país en diez o doce ocasiones, según un oficial de operaciones especiales. La mayoría fueron incursiones en Waziristán, donde muchos analistas militares y de inteligencia pensaban que se escondían Bin Laden y otros líderes de Al Qaeda. Solamente una de estas misiones se difundió, la de septiembre de 2008 en Angoor Ada, al sur de Waziristán. Abbottabad era lo más lejos que el Devgru se había aventurado en el territorio. También representaba el primer intento serio del equipo, desde finales de 2001, para matar a Crankshaft, nombre que el Comando Conjunto de Operaciones Especiales (JSOC) utilizaba para referirse a Bin Laden. Desde que escapó en Tora Bora, en el este de Afganistán, Bin Laden había desafiado los esfuerzos estadounidenses por seguirlo. De hecho, aún no es claro cómo terminó en Abbottabad.

Cuarenta y cinco minutos después de los Black Hawk, cuatro helicópteros MH-47 Chinook partieron de la misma pista. Dos de ellos volaron hasta la frontera y permanecieron del costado afgano; los otros dos entraron a Pakistán. El despliegue de estos cuatro fue una decisión de última hora del presidente Barack Obama, quien deseaba asegurarse de que los estadounidenses pudieran salir de Pakistán. Veinticinco Seal más del Devgru, de un escuadrón apostado en Afganistán, estaban en los Chinook que permanecían en la frontera para entrar en acción solo si la misión se complicaba. El tercer y cuarto Chinook estaban equipados cada uno con un par de ametralladoras multicañón M134. Los dos helicópteros siguieron el trayecto inicial de los Black Hawk, pero aterrizaron en un punto definido sobre el lecho de un río seco en un valle en el noroeste de Pakistán. La casa más cercana se encontraba a más de un kilómetro y medio. En tierra, los motores se mantuvieron encendidos mientras los encargados supervisaban las colinas para asegurarse de que no hubiera aeronaves paquistaníes en su espacio de maniobra. Uno de los Chinook transportaba combustible, en caso de que otra aeronave necesitara recargar los tanques.

Entre tanto, los dos Black Hawk se aproximaban a Abbottabad por el noroeste, detrás de las montañas del límite septentrional de la ciudad. Luego, los pilotos giraron a la derecha y se dirigieron al sur por una cordillera que marca el perímetro oriental. Cuando las montañas empezaron a desvanecerse, los pilotos giraron a la derecha de nuevo, en dirección al centro, y emprendieron la aproximación final.

En los cuatro minutos siguientes, el interior de los Black Hawk volvió a la vida con la carga de municiones. Mark, suboficial de alto rango asignado para la operación, se situó junto a la puerta abierta del helicóptero que iba adelante. Él y los otros once Seal a bordo, con guantes y gafas de visión nocturna, estaban preparados para descender por las cuerdas e ingresar al patio de Bin Laden. Esperaban que el suboficial les diera la señal. Sin embargo, mientras el piloto sobrevolaba el complejo, y comenzaba a descender, tuvo la impresión de que perdía el control; sintió que se iban a estrellar.

Un mes antes de las elecciones presidenciales de 2008, Obama, senador por Illinois, se enfrentó en un debate con John McCain en la Universidad de Belmont, en Nashville. Una mujer le preguntó a Obama si estaría dispuesto a perseguir a los líderes de Al Qaeda en Pakistán, aun si eso implicara invadir un país aliado.

El candidato contestó: "Si tuviéramos a Bin Laden en la mira y el gobierno paquistaní no pudiera o no estuviera dispuesto a entregarlo, tendríamos que actuar y atraparlo nosotros mismos; mataríamos a Bin Laden y desmantelaríamos a Al Qaeda. Esto debe convertirse en nuestra prioridad en seguridad nacional". McCain, quien criticaba a Obama por su ingenuidad en política exterior, catalogó la promesa como una imprudencia: "Yo no voy a anunciar mis ataques".

Cuatro meses después de que Obama se posesionó, Leon Panetta, director de la CIA, le presentó un informe sobre las iniciativas para ubicar a Bin Laden. El texto no convenció al presidente. Por eso, en junio de 2009, Obama redactó un memorando de instrucciones a Panetta para que planeara una "operación detallada" y "se asegurara de que no se escatimaran esfuerzos". En especial, el presidente intensificó el programa confidencial de aviones no tripulados de la CIA; se realizaron más ataques con misiles en Pakistán en el primer año de Obama que en los ocho de George W. Bush. Los terroristas registraron el impacto: en julio, la cadena CBS informó que en un comunicado de Al Qaeda se mencionaba que les habían "arrebatado" a "valientes comandantes" y que habían "arrasado con muchas casas ocultas". Le atribuían los hechos a la "preocupante" infiltración de espías que "se habían diseminado como langostas". No obstante, el paradero de Bin Laden seguía incierto.

En agosto de 2010, Panetta regresó con mejores noticias. Sus analistas creían haber localizado al mensajero de Bin Laden, un hombre de poco más de 30 años llamado Abu Ahmed al-Kuwaiti. Kuwaiti conducía una camioneta blanca, cuya llanta de repuesto tenía una cubierta con la imagen de un rinoceronte blanco. La CIA empezó a rastrearlo. Un día, un satélite captó a la camioneta mientras ingresaba a un complejo de concreto en Abbottabad. Los agentes, al determinar que Kuwaiti vivía allí, usaron vigilancia aérea sobre el complejo, que se componía de una casa principal de tres pisos, una de huéspedes y edificios anexos. Los agentes observaron que los habitantes quemaban la basura, en lugar de sacarla, y concluyeron que el complejo no tenía conexión telefónica ni de internet. Kuwaiti y su hermano entraban y salían, pero un hombre que vivía en el tercer piso nunca lo hacía. Cuando este se asomaba al exterior, permanecía detrás de los muros. Algunos analistas especulaban que era Bin Laden, y la agencia lo llamó "the Pacer".

Aunque Obama no podía ocultar su emoción, aún no estaba preparado para ordenar una acción. John Brennan, su asesor para la lucha contra el terrorismo, me comentó que los asesores del presidente empezaron un "análisis de los datos, para ver si se podía refutar la teoría de que Bin Laden estaba allí". La CIA intensificó sus esfuerzos por allegar datos y, según el diario británico The Guardian, un médico que trabajaba para la agencia realizó una campaña de vacunación en Abbottabad, con la esperanza de obtener muestras de ADN de los hijos de Bin Laden. Finalmente, ninguno de los residentes del complejo se vacunó.

A finales de 2010, Obama le ordenó a Panetta explorar las opciones para un ataque militar. Panetta se comunicó con el vicealmirante Bill McRaven, Seal al mando del JSOC. Tradicionalmente, el Ejército ha dominado las operaciones especiales, pero en los últimos años los Seal han adquirido presencia predominante. El jefe de McRaven en el momento de la incursión, Eric Olson, líder del Comando de Operaciones Especiales o Socom, es un almirante que se desempeñó como comandante del Devgru. En enero de 2011, McRaven le pidió a un oficial del JSOC llamado Brian que presentara un plan. Al mes siguiente, Brian, con su apariencia de "quarterback" de bachillerato, se trasladó a una oficina en el taller de impresión de la CIA en Langley, Virginia, y cubrió las paredes con mapas topográficos e imágenes satelitales del complejo en Abbottabad. Él y media docena de oficiales del JSOC estaban vinculados al Departamento de Pakistán/Afganistán del Centro Antiterrorista de la CIA, pero en la práctica, operaban de forma independiente. Un oficial que visitó el reducto lo describió como un enclave de discreción poco común. El oficial afirmó que "todo su trabajo se mantenía bajo estricta confidencialidad".

La relación entre las unidades de operaciones especiales y la CIA se remonta a Vietnam. No obstante, la división entre las dos es cada vez más difusa, pues los funcionarios de la CIA y el personal militar se han encontrado en varios recorridos por Irak y Afganistán. "Estas personas crecieron juntas", me dijo un alto funcionario de Defensa. Para ilustrar esta tendencia, mencionemos que el general David H. Petraeus, excomandante en Irak y Afganistán, será el nuevo director de la CIA, y que Panetta asumió el Departamento de Justicia. La misión contra Bin Laden, planeada en la CIA, autorizada conforme a sus estatutos y ejecutada por el Devgru de la Armada, afianzó de forma decisiva la cooperación entre la agencia y el Pentágono.

El 14 de marzo, Obama convocó a sus asesores de seguridad en la Situation Room (Sala de Crisis) para revisar los cursos de acción contra el complejo en Abbottabad. La mayoría eran variaciones de incursiones del JSOC o de un ataque aéreo. Algunas versiones incluían la cooperación con las Fuerzas Armadas de Pakistán; otras, no. Obama optó por no informar ni trabajar con Pakistán. "En realidad, no confiábamos en que los paquistaníes pudieran guardar el secreto por más de un nanosegundo", me comentó un asesor del presidente. Al finalizar, Obama le dio instrucciones a McRaven para que continuara con la planeación.

Brian invitó a James, comandante del Escuadrón Rojo del Devgru, y a Mark, subjefe de operación, para que trabajaran con él en la CIA. Los tres dedicaron las dos semanas y media siguientes a analizar las formas para entrar a la casa. Una opción era movilizar helicópteros hasta las afueras de Abbottabad y que el equipo entrara a pie. No obstante, el riesgo de que los descubrieran era alto y, después del recorrido, los Seal llegarían cansados. Los planificadores habían contemplado la posibilidad de cavar un túnel o encontrar uno que Bin Laden utilizara para salir. No obstante, imágenes de la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial revelaron que el complejo yacía sobre una cuenca que se podía inundar. La capa subterránea libre estaba justo debajo de la superficie, lo que imposibilitaba la idea. Finalmente, estuvieron de acuerdo en que tenía mucho sentido volar hasta el complejo.

El 29 de marzo, McRaven le presentó el plan a Obama. Las opiniones de los asesores militares del presidente estaban divididas. Algunos apoyaban una incursión; otros, un ataque aéreo y otros preferían postergar todo hasta que la inteligencia se perfeccionara. Robert Gates, secretario de Defensa, se opuso a un ataque en helicóptero. Gates recordó que estuvo presente en la Situation Room de Carter cuando le presentaron la Eagle Claw (Garra de Águila), operación de la Fuerza Delta, en 1980, para rescatar a rehenes estadounidenses en Teherán, que resultó en una colisión en el desierto iraní, donde murieron ocho soldados estadounidenses. "Ellos también decían que era una buena idea", advirtió Gates.

Gates y el general James Cartwright, vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, eran partidarios de un ataque con bombarderos B-2 Spirit, lo que evitaría tener soldados estadounidenses en suelo paquistaní. Sin embargo, según la Fuerza Área, se necesitarían 32 bombas autodirigidas, cada una de mil kilos, para penetrar más de diez metros bajo la superficie, en caso de que hubiese un búnker. "El impacto igualaría un terremoto", me dijo Cartwright. La posibilidad de arrasar con una ciudad paquistaní desalentó a Obama, de modo que descartó los B-2 y le dio instrucciones a McRaven para que empezara a ensayar la incursión.

Brian, James y Mark seleccionaron 24 Seal del Escuadrón Rojo y les ordenaron que se presentaran el 10 de abril en un área boscosa en Carolina del Norte para un entrenamiento. El Escuadrón Rojo es uno de los cuatro del Devgru, conformado por unos trescientos hombres. Ninguno, a excepción de James y Mark, estaba al tanto de las labores de inteligencia de la CIA, hasta que un capitán de corbeta entró a la oficina del lugar. Encontró a un general del Ejército sentado con Brian, James, Mark y varios analistas de la CIA; era obvio que no era un entrenamiento. Rápidamente le contaron el plan y le mostraron una réplica del complejo que habían construido, con muros y una cerca alambrada. El equipo se dedicó a ensayar las maniobras durante los cinco días siguientes.

El 18 de abril, el Devgru voló a Nevada para otra semana de simulaciones. El lugar era un tramo de desierto de propiedad del gobierno, con una elevación equivalente a los alrededores de Abbottabad. Un edificio se designó como la casa de Bin Laden. Las tripulaciones trazaron un recorrido que recreaba el vuelo desde Jalalabad hasta Abbottabad. Doce Seal, incluido Mark, subían al helicóptero uno. Once Seal, Ahmed y Cairo abordaban el dos. Los pilotos volaban en la oscuridad, llegaban al complejo simulado y permanecían en el aire mientras los Seal descendían por las cuerdas. No todos los miembros estaban acostumbrados. Ahmed era un oficinista y nunca había descendido por una cuerda. Sin embargo, aprendió la técnica muy pronto.

Todos los detalles estaban perfectamente coordinados. El helicóptero uno debía permanecer en el aire sobre el patio y lanzar dos cuerdas para que los 12 Seal lograran entrar. El helicóptero dos se movilizaría hacia la esquina nororiental para dejar a Ahmed, Cairo y cuatro Seal, para que vigilaran el perímetro. Luego, el helicóptero debía sobrevolar la casa, de modo que James y los seis Seal que aún permanecían a bordo descendieran sobre el techo. Ahmed mantendría a raya a los vecinos curiosos. De ser necesario, los Seal y el perro podrían intervenir más agresivamente. Por otro lado, en caso de que fuera difícil encontrar a Bin Laden, enviarían a Cairo a buscar muros falsos o puertas ocultas. "No era una operación difícil -afirmó el oficial de operaciones especiales-. Era como atacar un objetivo en McLean", área residencial en Washington D.C.

En la noche del 21 de abril, llegaron varios invitados. El almirante Mike Mullen, presidente del Estado Mayor Conjunto, se reunió, junto con Olson y McRaven, con personal de la CIA, mientras Brian, James, Mark y los pilotos presentaban un informe de la incursión, a la que denominaron Operación Lanza de Neptuno. A pesar del liderazgo del JSOC, oficialmente la misión seguía siendo una operación de la CIA. Su carácter confidencial le permitía a la Casa Blanca ocultar su participación, en caso de que fuera necesario. Después de describir la operación, los encargados intentaron responder varias preguntas: ¿qué pasaría si una multitud rodeaba el complejo? ¿Los Seal estaban preparados para disparar a los civiles? A Olson, quien recibió la Estrella de Plata durante la Operación Caída del Halcón Negro, de 1993, en Mogadiscio, Somalia, le preocupaba que se desencadenara una catástrofe política si derribaban un helicóptero norteamericano en territorio paquistaní. Después de más de una hora, los oficiales y los analistas regresaron a Washington. Dos días después, los Seal volaron de regreso a Dam Neck, su base en Virginia.

En la noche del martes 26 de abril, los Seal abordaron un Boeing C-17 en la Estación Aérea Naval Oceana, a pocos kilómetros de Dam Neck. Después de detenerse en Ramstein, Alemania, para reabastecer combustible, el C-17 continuó hacia Bagram, al norte de Kabul. Los Seal pasaron esa noche allí y el miércoles emprendieron vuelo hacia Jalalabad.

Ese día, en Washington, Panetta convocó a más de doce funcionarios y analistas de la CIA para una reunión final. Panetta les preguntó a los asistentes, uno por uno, qué tan seguros se sentían de que Bin Laden estuviera en el complejo de Abbottabad. El oficial de lucha contra el terrorismo me dijo que los porcentajes "iban desde el 40 hasta el 90 o 95 por ciento", y agregó: "Se trataba de un caso coyuntural".

Panetta comprendía las dudas, pero consideraba que la inteligencia era lo más cerca que la CIA había estado de Bin Laden desde Tora Bora. El jueves, Panetta y los demás miembros del equipo de seguridad nacional se reunieron con el presidente. En las noches siguientes, casi no habría luz de luna sobre Abbottabad; el escenario ideal. Después de eso, debería pasar otro mes para que el ciclo estuviera en esa fase. Invitaron a varios analistas del Centro Nacional contra el Terrorismo a dar su opinión sobre el análisis de la CIA. Su confianza se encontraba en un rango del 40 al 60 por ciento. El director del centro, Michael Leiter, dijo que sería más conveniente esperar a que se confirmara la presencia de Bin Laden en Abbottabad. Sin embargo, como Ben Rhodes, subasesor de Seguridad Nacional, comentó recientemente: cuanto más se dilatan las cosas, mayor es el riesgo de una filtración, "lo cual habría frustrado todo". Obama levantó la sesión después de las siete de la noche y dijo que meditaría hasta el día siguiente.

En la mañana, el presidente se reunió en el Salón de Mapas con Tom Donilon, su asesor de seguridad nacional; Denis McDonough, subasesor, y Brennan. Obama había optado por un ataque del Devgru y le encargó a McRaven escoger la noche. Era demasiado tarde para lanzar el ataque el viernes, y el sábado el cielo estaría muy nublado. El sábado en la tarde, McRaven y Obama hablaron por teléfono, y McRaven le confirmó que la incursión tendría lugar el domingo. "Buena suerte para usted y sus hombres -le dijo Obama-. Por favor, transmítales mi agradecimiento y dígales que seguiré esta misión muy de cerca".

En la mañana del domingo primero de mayo, los funcionarios de la Casa Blanca cancelaron las visitas, pidieron sándwiches de Costco y transformaron la Situation Room en un cuarto de mando. A las once, los asesores de Obama comenzaron a congregarse en una mesa de conferencias. Un enlace de video los conectaba con Panetta, en la CIA, y con McRaven, en Afganistán. Había dos centros de mando más, como mínimo, uno en el Pentágono y otro en la embajada estadounidense en Islamabad.

El general Marshall Webb, comandante adjunto del JSOC, tomó asiento en una oficina pequeña contigua y encendió su computador. Abrió varias ventanas de chat, que los conectaban a él y a la Casa Blanca con los equipos de comando. La oficina donde estaba Webb contaba con la única señal de video con imágenes en tiempo real del objetivo, enviadas por un avión no tripulado RQ 170 que volaba a más de cuatro kilómetros y medio sobre Abbottabad. Los planificadores del JSOC, empeñados en mantener al máximo la confidencialidad, habían decidido no recurrir a otros aviones de combate o bombarderos. Los Seal realizarían la operación por sí solos.

Obama regresó a la Casa Blanca a las dos en punto, después de jugar nueve hoyos de golf en la base Andrews. Los Black Hawk partieron de Jalalabad 30 minutos después. Justo antes de las cuatro, Panetta le avisó al grupo en la Situation Room que el helicóptero se aproximaba a Abbottabad. Obama se puso de pie y dijo: "Necesito ver esto", atravesó el pasillo y se sentó con Webb. El vicepresidente Joseph Biden, el secretario de Defensa Gates y la secretaria de Estado Hillary Clinton lo siguieron, al igual que todos los que lograron acomodarse en la oficina. En la modesta pantalla LCD ubicada en la oficina, se veía el helicóptero uno volando sobre el complejo, lluvioso y en blanco y negro; aunque pronto tendría inconvenientes.

Cuando el piloto empezó a perder el control, movió hacia atrás la palanca de mando, pero la aeronave no respondió. Los altos muros del complejo y las temperaturas habían hecho que el Black Hawk descendiera en la corriente de su propio rotor, una peligrosa situación aerodinámica conocida como 'descenso vertical con motor en marcha'. En Carolina del Norte no se previó este problema porque la cerca alambrada permitía que el aire fluyera. Un expiloto de helicóptero, con vasta experiencia, comentó: "Es realmente escalofriante; yo lo he vivido. Solo se logra salir empujando la palanca hacia adelante y volando para salir del silo vertical por el que la aeronave está cayendo. Para ello, se necesita estar a gran altura. Si se desciende con motor en marcha a seiscientos metros, hay tiempo para recuperarse. Pero si el descenso se realiza a quince metros de altura, el helicóptero caerá a tierra".

El piloto descartó el descenso con cuerdas y se centró en aterrizar. Su objetivo era un corral en el costado occidental. Los Seal a bordo se preparaban mientras el rotor de cola daba vueltas y raspaba el muro de seguridad. El piloto clavó la parte delantera para incrustarla en el barro y evitar que la aeronave rodara sobre el costado. Las vacas, las gallinas y los conejos salieron despavoridos. Al ver el Black Hawk con una inclinación de 45 grados, la tripulación envió un aviso de emergencia a los Chinook que aguardaban a marcha lenta.

James y los Seal en el helicóptero dos observaban lo sucedido mientras sobrevolaban la esquina nororiental del complejo. Sin saber con certeza si el helicóptero de sus colegas se había incendiado o si tenían problemas mecánicos, el segundo piloto renunció a volar sobre el techo y aterrizó en un prado al otro lado de la calle, frente a la casa.

Ningún estadounidense había entrado a la parte residencial del complejo. Mark y su equipo estaban en un extremo, en el helicóptero que había caído a tierra, mientras que James y su equipo se ocultaban en el extremo opuesto. Los equipos habían tenido el objetivo en la mira por apenas un minuto, y la misión estaba fuera de curso. Los funcionarios en Washington observaban las imágenes y esperaban ansiosamente escuchar una comunicación. El asesor principal del presidente comparó la experiencia con la de observar "el clímax de una película".

Después de unos cuantos minutos, los 12 Seal a bordo del helicóptero uno se orientaron y con calma transmitieron que iban a seguir adelante. Habían participado en tantas operaciones en los últimos nueve años que casi nada los tomaba desprevenidos. En los meses siguientes, los medios sugirieron que la operación de Abbottabad representó un reto de la magnitud de la Operación Garra de Águila y el incidente de la Caída del Halcón Negro. Sin embargo, el oficial superior del Departamento de Defensa aseguró que "esta no fue una de tres misiones, sino el resultado de casi dos mil misiones de los últimos años".

Algunos minutos después de tocar tierra, Mark y los otros miembros se apresuraron a salir del helicóptero uno. El barro se metía en sus botas mientras corrían a lo largo de un muro de tres metros de altura que rodeaba el corral. Una unidad de demoliciones de tres hombres se abrió paso hasta la puerta metálica del corral y ubicó cargas C-4 en las bisagras. Después de un estrépito, la puerta cayó. Los otros nueve Seal siguieron adelante y terminaron en una especie de callejón, de espaldas a la entrada principal de la casa. Continuaron y Mark se rezagó hacia la retaguardia mientras intentaba comunicarse con el otro equipo. Al llegar al final del callejón, los estadounidenses derribaron con explosivos otra puerta e ingresaron a un patio en frente de la casa de huéspedes donde Abu Ahmed al-Kuwaiti, mensajero de Bin Laden, vivía con su esposa y sus cuatro hijos.

Tres Seal que iban al frente se separaron para despejar esa casa, mientras los otros nueve volaban otra puerta para ingresar a un patio interior, que daba a la casa principal. Cuando la unidad más pequeña dobló la esquina para quedar de frente a la casa de huéspedes, vieron que Kuwaiti corría adentro para advertir a su mujer y sus hijos. Las gafas de visión nocturna captaron la escena en sombras de color verde esmeralda. Kuwaiti, con un shalwar kameez (túnica y pantalones anchos) blanco, se disponía a salir con un arma cuando los Seal abrieron fuego y lo mataron.

Los otros nueve, incluido Mark, se dividieron en unidades de tres hombres para despejar el patio interior. Sospechaban que había varios hombres: Abrar, de 30 años, hermano de Kuwaiti; los hijos de Bin Laden, Hamza y Khalid; y el propio Bin Laden. Tan pronto como una de las unidades de Seal pisó el patio en la entrada principal, Abrar, un hombre de complexión gruesa con bigote y vestido con shalwar kameez crema,apareció con una AK-47. Le dispararon en el pecho y lo mataron, al igual que a su esposa, Bushra, quien lo acompañaba desarmada.

En las afueras del complejo, Ahmed, el traductor, vigilaba la carretera frente a la casa, haciéndose pasar por un oficial de Policía paquistaní de civil. Él, Cairo y cuatro Seal debían bloquear el perímetro de la casa mientras entraban James y otros seis Seal, el contingente que debía haber aterrizado en el techo. Para el equipo que vigilaba el perímetro, los primeros 15 minutos transcurrieron sin novedad. No cabía duda de que los vecinos habían escuchado los helicópteros, el ruido de la colisión y las explosiones y disparos, pero nadie salió. Un lugareño comentó sobre el alboroto en un mensaje en Twitter: "Un helicóptero sobrevolando Abbottabad a la una de la mañana (¡qué extraño!)".

Finalmente, unos curiosos se acercaron. "Váyanse a sus casas -les decía Ahmed en pastún (idioma local), mientras Cairo los vigilaba-. Hay una operación de seguridad en curso". Los lugareños volvieron a sus casas, sin sospechar que aquel hombre era estadounidense.

Mientras tanto, James, comandante del escuadrón, abrió una zanja en una pared, atravesó la sección del patio cubierta con rejas, pasó por una brecha en otra pared y se unió a los Seal del helicóptero uno, quienes estaban ingresando al primer piso. No se sabe con precisión qué pasó después. "Hubo un lapso de casi veinte o veinticinco minutos en el que no sabíamos qué estaba sucediendo", declaró Panetta en el programa PBS NewsHour.

Hasta ese momento, decenas de funcionarios, de Defensa e inteligencia, habían supervisado la operación, a través de la señal de video del avión no tripulado. Los Seal no portaban cámaras en sus cascos, al contrario de lo que aseguraba la CBS. Ninguno conocía los planos de la casa, pero los impulsaba saber que estaban a minutos de poner fin a la persecución más costosa en la historia de Estados Unidos. Debido a ello, es posible que algunos de los recuerdos en los que se basa este relato sean imprecisos y puedan suscitar controversia.

Mientras los hijos de Abrar corrían en busca de refugio, los Seal empezaron a despejar el primer piso de la casa principal, habitación por habitación. Aunque pensaban que podría estar minada, la presencia de niños sugería lo contrario. "No se puede estar obsesionado con la vigilancia por demasiado tiempo", dijo el oficial de operaciones especiales. No obstante, tenían medidas de seguridad. Una puerta metálica bloqueaba la base de las escaleras que conducían al segundo piso, lo que hacía que la habitación de abajo pareciera una jaula.

Después de derribar la puerta, tres Seal subieron. En la mitad del recorrido, vieron asomarse a Khalid, el hijo de 23 años de Bin Laden. Luego, apareció en la parte superior con un fusil AK-47. Khalid, vestido con una camiseta blanca, de cabello corto y afeitado, les disparó. (El oficial de lucha contra el terrorismo sostiene que Khalid estaba desarmado, aunque seguía representando una amenaza. "Imagine un adulto, en medio de la oscuridad, bajando las escaleras en una casa de Al Qaeda; solo se puede inferir que es hostil"). Al menos dos de los Seal dispararon y mataron a Khalid. Según los cuadernillos que portaban, en la casa vivían cinco hombres adultos. Tres de ellos estaban muertos; el cuarto, Hamza, hijo de Bin Laden, no estaba. El único que quedaba era Bin Laden.

Antes de la misión, los Seal habían creado una lista de códigos con temas de los indígenas de Estados Unidos. Cada palabra utilizada representaba una etapa: salida de Jalalabad, entrada a Pakistán, aproximación al complejo, etcétera. 'Gerónimo' (jefe apache) era el código para indicar que habían encontrado a Bin Laden.

Tres Seal pasaron el cadáver de Khalid y derribaron otra puerta que obstruía las escaleras al tercer piso. Apostados a cada lado, exploraron el descansillo. En la parte superior, el Seal que iba al frente giró a la derecha y, con las gafas de visión nocturna, alcanzó a ver a un hombre alto, delgado y de barba corta asomarse detrás de la puerta de una habitación, a tres metros. El Seal pensó que se trataba de Crankshaft. (El oficial de lucha contra el terrorismo afirma que el Seal vio por primera vez a Bin Laden en el descansillo y disparó, pero falló).

Los estadounidenses se dirigieron hacia la habitación. El primer Seal la abrió de un empujón. Dos de las esposas de Bin Laden se ubicaron frente a él para cubrirlo. Amal al-Fatha, la quinta, gritaba en árabe. La mujer se movió como si fuera a abalanzarse sobre el Seal, quien bajó la mira y le disparó en la pantorrilla. Por temor a que alguna de ellas llevara chalecos explosivos, el soldado las rodeó con los brazos y se lanzó con ellas a un costado. Habría muerto si las mujeres se hubieran inmolado, pero habría salvado a los dos Seal que venían detrás de él. Finalmente, ninguna tenía un chaleco con explosivos.

Un segundo Seal entró a la habitación y apuntó el láser infrarrojo de su M4 al pecho de Bin Laden. El líder de Al Qaeda, quien llevaba un shalwar kameez marrón claro y un gorro de oración, se quedó inmóvil; estaba desarmado. "Nunca se planteó la pregunta de si detenerlo o capturarlo; no fue una decisión que se tomara en una fracción de segundo. Nadie quería detenidos", me comentó el oficial de operaciones especiales. (La Administración sostiene que si Bin Laden se hubiera rendido de inmediato, lo podrían haber capturado con vida). Nueve años, siete meses y veinte días después del ataque del 11 de septiembre, un estadounidense estaba a punto de apretar el gatillo y acabar con la vida de Bin Laden. El primer disparo, con una bala de 5,56 mm, lo impactó en el pecho. Mientras caía hacia atrás, el Seal le disparó justo encima del ojo izquierdo. Reportó por el radio: "Por Dios y la Patria; Gerónimo, Gerónimo, Gerónimo". Después de una pausa, agregó: "Gerónimo E.K.I.A." ("enemigo muerto en acción").

Cuando se escuchó esta frase en la Casa Blanca, Obama apretó los labios y dijo en actitud solemne, sin dirigirse a nadie en particular: "Lo tenemos".

El primer Seal soltó a las mujeres, les puso esposas flexibles y las condujo abajo. Mientras tanto, dos de sus colegas subieron una bolsa de nailon, la desenrollaron y metieron el cuerpo. Habían transcurrido 18 minutos. En los 20 siguientes, la misión pasó a recoger evidencias de inteligencia.

Cuatro hombres registraron el segundo piso, con bolsas plásticas para recoger memorias USB, CD, DVD y hardware informático del cuarto que había servido de estudio de grabación a Bin Laden. En las semanas siguientes, una unidad especial dirigida por la CIA examinó los archivos y determinó que este había tenido una participación más activa en las actividades operativas de Al Qaeda de lo que pensaban los estadounidenses. Había estado elaborando planes para asesinar a Obama y a David Petraeus, efectuar un ataque durante la conmemoración del 11 de septiembre y atacar trenes estadounidenses. Los Seal también encontraron un archivo de pornografía digital. Las túnicas tejidas con hilos de oro de Bin Laden, que se ponía cuando grababa sus alocuciones en video, colgaban detrás de una cortina.

Afuera, los estadounidenses sentaron a las mujeres y a los niños, atados con esposas flexibles, contra un muro exterior frente al Black Hawk intacto. El único que hablaba árabe los interrogó. Casi todos los niños tenían menos de 10 años y parecía ser que no sabían nada del inquilino del tercer piso, salvo que era un "anciano". Ninguna de las mujeres confirmó que el hombre fuera Bin Laden, aunque una de ellas se refería a él como "el jeque". Cuando el Chinook de rescate llegó, un médico saltó a tierra y extrajo dos muestras de médula ósea del cadáver. Se recolectaron más muestras de ADN con hisopos. Una de las de médula se guardó en el Black Hawk y la otra, en el Chinook, con el cuerpo.

A continuación, los Seal debían destruir el Black Hawk averiado. El piloto, armado con un martillo, rompió el tablero de instrumentos, el radio y otros elementos confidenciales. Luego, la unidad de demoliciones puso explosivos cerca del sistema de aviónica, el equipo de comunicaciones, el motor y la cabeza del rotor. "El propósito no era ocultar que era un helicóptero -explicó el oficial de operaciones especiales- sino dejarlo inservible". Los Seal pusieron cargas C-4 debajo del fuselaje, lanzaron granadas dentro y retrocedieron. El helicóptero ardió mientras el equipo subía al Chinook. Las mujeres y los niños, a quienes dejaron en el complejo para que las autoridades paquistaníes se encargaran de ellos, estaban estupefactos al ver que los Seal abordaban los helicópteros. Amal, una esposa de Bin Laden, seguía con su arenga. Luego, los estadounidenses alzaron vuelo.

En la Situation Room, Obama dijo: "No estaré feliz hasta que nuestros hombres salgan a salvo". Después de 38 minutos en el complejo, los dos equipos de Seal debían realizar un largo vuelo a Afganistán. Al Black Hawk le quedaba poco combustible y necesitaba reunirse con el Chinook en el punto de reabastecimiento cerca de la frontera, aún dentro del territorio paquistaní. La recarga duró 25 minutos. En un momento dado, Biden, quien había estado rezando el rosario, se dirigió a Mullen y le dijo: "Todos deberíamos ir a misa esta noche".

Los helicópteros aterrizaron en Jalalabad a las tres de la mañana; McRaven y el jefe de estación de la CIA se reunieron con el equipo en la pista. Dos Seal descargaron la bolsa y abrieron la cremallera para que McRaven y el oficial de la CIA vieran el cadáver de Bin Laden. Tomaron fotografías del rostro y luego del cuerpo. Se creía que Bin Laden medía aproximadamente 1,92 metros, pero nadie tenía una cinta métrica para confirmarlo, de modo que un Seal, de 1,82 metros, se acostó al lado del cadáver, que medía cerca de diez centímetros más. Algunos minutos más tarde, McRaven apareció en la pantalla de teleconferencias en la Situation Room y confirmó que el cuerpo de Bin Laden estaba en la bolsa. El cadáver se envió a Bagram.

Desde un principio, los Seal habían planeado lanzar el cadáver al mar; una manera tajante de acabar con el mito. Habían efectuado un plan similar en el pasado. Durante una incursión del Devgru en Somalia, en septiembre de 2009, los Seal mataron a Saleh Ali Saleh Nabhan, uno de los principales líderes de Al Qaeda, en el este de África; transportaron el cadáver en helicóptero hasta un barco en el océano Índico, efectuaron los rituales musulmanes y lo arrojaron por la borda. Sin embargo, antes de hacer lo propio con Bin Laden, John Brennan, quien había sido jefe de estación de la CIA en Riad, llamó a un excolega de la inteligencia saudí. Le comentó lo que había sucedido en Abbottabad y le informó del plan para depositar los restos en el mar. Brennan sabía que los parientes seguían siendo una familia notable en el Reino, y Osama había sido ciudadano saudí. ¿El gobierno saudí tenía algún interés en reclamar el cuerpo? "Me parece que es un buen plan", respondió el otro.

Al amanecer, subieron a Bin Laden en un avión V-22 Osprey de ala giratoria, acompañado por un oficial de enlace del JSOC y un equipo de seguridad de la Policía militar. El Osprey voló hacia el sur rumbo al U.S.S. Carl Vinson, un portaaviones nuclear que navegaba en el mar Arábigo, cerca de Pakistán. Una vez más, los estadounidenses estaban a punto de ingresar al espacio aéreo paquistaní sin autorización. Algunos oficiales temían que los paquistaníes, ofendidos por la humillación, impidieran el paso del Osprey. Finalmente, el avión aterrizó en el Vinson sin inconvenientes.

Después de limpiar el cuerpo, lo envolvieron en una mortaja blanca, lo pesaron y lo introdujeron en una bolsa. El proceso se realizó "como lo establecen los preceptos y prácticas islámicos", declaró Brennan a los periodistas. El enlace del JSOC, el contingente de la Policía militar y varios marineros pusieron el cuerpo en un ascensor exterior y descendieron al nivel inferior, que funciona como hangar. Desde una altura de entre seis y siete metros, arrojaron el cadáver al agua.

En Abbottabad, residentes de Bilal Town y decenas de periodistas se agolparon en el complejo de Bin Laden, y la luz matutina despejó un poco la confusión. El hollín del Black Hawk detonado chamuscaba la pared del corral. Una parte de la cola colgaba de la pared; era claro que se había efectuado una incursión. "Me alegra que nadie haya resultado herido en la colisión y, por otro lado, me alegra también que hubiéramos dejado el helicóptero allí -dijo el oficial de operaciones especiales-. Eso ayuda a disipar la conspiración que se rumoraba en el lugar y le suma credibilidad, por la presencia del helicóptero".

Los líderes políticos paquistaníes emprendieron un desesperado control de daños. El presidente Asif Ali Zardari declaró en The Washington Post que Bin Laden "estaba escondido en el lugar menos esperado, pero ahora estaba muerto" y agregó que "una década de colaboración y alianzas entre Estados Unidos y Pakistán condujo a eliminar a Osama bin Laden".

Los oficiales de Pakistán reaccionaron de manera más cínica. Arrestaron al menos a cinco paquistaníes, acusados de colaborar con la CIA, incluido el médico de la campaña de vacunación en Abbottabad. Así mismo, varios medios paquistaníes, incluido The Nation, un periódico patriotero en inglés que se considera el portavoz de la Agencia de Servicios de Inteligencia de Pakistán (ISI), publicó el supuesto nombre del jefe de la CIA en Islamabad. (Shireen Mazari, un exeditor de The Nation, alguna vez me dijo: "Nuestros intereses no coinciden con los de Estados Unidos"). El nombre era incorrecto, y el oficial de la CIA optó por permanecer en el país.

La proximidad de la casa de Bin Laden a la academia militar paquistaní planteó la posibilidad de que las Fuerzas Armadas o el ISI hubieran protegido a Bin Laden. La sospecha se acrecentó después de que el Times informó que por lo menos un teléfono celular recuperado en la casa tenía contactos de altos militantes de Harakat-ul-Mujahideen, grupo de la Yihad con vínculos con la ISI. Aunque los estadounidenses han afirmado que posiblemente los oficiales paquistaníes ayudaron a esconder a Bin Laden en Abbottabad, no han presentado evidencias.

La muerte de Bin Laden le proporcionó a la Casa Blanca la victoria simbólica que necesitaba para empezar a retirar gradualmente las tropas de Afganistán. Siete semanas después, Obama anunció una agenda para el repliegue. Aún así, no es de esperar que las acciones antiterroristas de Estados Unidos en Pakistán disminuyan pronto. Desde el 2 de mayo, se han efectuado más de veinte ataques con aviones no tripulados en Waziristán, incluido uno en el que presuntamente murió Ilyas Kashmiri, un importante líder de Al Qaeda.

El éxito de la incursión suscitó un debate en círculos militares y de inteligencia: "¿Hay más terroristas por los que vale la pena arriesgarse a organizar un ataque con helicópteros en una ciudad paquistaní?". "Si encontráramos el escondite de algunas personas sueltas por ahí, iríamos por ellas", me dijo Cartwright. Mencionó a Ayman al-Zawahiri, el nuevo líder de Al Qaeda, quien se cree está en Pakistán, y a Anwar al-Awlaki, clérigo nacido en Estados Unidos oculto en Yemen. Cartwright enfatizó en que "ir por ellos" no implica necesariamente otra incursión del Devgru. El oficial de operaciones especiales hablaba de un enfoque más audaz porque considera que se ha sentado un precedente para más incursiones. "Los sujetos ya se dieron cuenta de que podemos hacerlo", dijo. El asesor principal del presidente afirmó que "penetrar el espacio aéreo de otros países de forma secreta es una opción viable". Brennan me dijo: "Sin duda, la confianza que tenemos en nuestras Fuerzas Armadas se fortaleció después de esta operación".

El 6 de mayo, Al Qaeda confirmó la muerte de Bin Laden y emitió un comunicado en el que felicitaba a la "nación islámica" por "el martirio de su buen hijo Osama". Los autores les advirtieron a los estadounidenses que "su felicidad se convertiría en dolor y que sus lágrimas se mezclarían con sangre". Ese día, Obama viajó a Fort Campbell, Kentucky, a la base del Regimiento 160, para reunirse con la unidad del Devgru y los pilotos de la incursión. Los Seal, que habían regresado de Afganistán a inicios de esa semana, volaron desde Virginia. También llegaron Biden, Tom Donilon y una docena de asesores de seguridad nacional.

McRaven saludó a Obama en la pista. Los dos se habían reunido en la Casa Blanca unos días antes y el presidente le había obsequiado una cinta métrica. Entraron a una sala sin ventanas, con alfombras raídas, luces fluorescentes y tres filas de sillas metálicas plegables. McRaven, Brian, los pilotos del Regimiento 160 y James se turnaron para presentarle un informe al presidente. Ubicaron un modelo del complejo de Bin Laden en el piso y, con un puntero láser, describieron las maniobras. Se proyectó una imagen satelital del complejo, junto con un mapa de las rutas para entrar y salir de Pakistán. Obama deseaba saber cómo Ahmed había logrado mantener a raya a los lugareños. También preguntó por el Black Hawk que cayó y si las altas temperaturas en Abbottabad habían contribuido. (El Pentágono está adelantando una investigación formal del accidente).

Obama y sus asesores se dirigieron a una segunda sala, donde estaban reunidas otras personas que participaron, contaban técnicos de logística, mecánicos de vuelo y Seal de refuerzo. Obama le entregó al equipo una Presidential Unit Citation (Mención Presidencial a la Unidad) y dijo: "Nuestros profesionales de inteligencia hicieron un excelente trabajo. La certeza de que Bin Laden estuviera allí era 50-50, pero mi confianza en ustedes era del 100 por ciento. Ustedes son, literalmente, la mejor fuerza de combate que ha existido en el mundo". El equipo que efectuó la operación le obsequió al presidente una bandera que había estado a bordo del Chinook. Los Seal y los pilotos habían estampado sus firmas en la parte posterior. En la parte anterior, estaba impresa una inscripción: "De Operación Lanza de Neptuno de la Fuerza de Tarea Conjunta, 1 de mayo de 2011: 'Por Dios y la Patria. Gerónimo'". Obama prometió poner el obsequio "en un lugar privado y significativo para mí". Antes de regresar a Washington, el presidente posó para los fotógrafos con cada uno de los miembros y habló con muchos de ellos, pero hubo algo que no mencionó. Nunca preguntó quién había disparado y los Seal no le dijeron. n?

©Nicholas Schmidle 2011 - The New Yorker


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