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| 1/28/2012 12:00:00 AM

En la encrucijada

SEMANA estuvo en Caracas para medir la temperatura a menos de dos semanas de las primarias de la oposición. Entre atemorizados y emocionados, los venezolanos se preguntan si esta vez sí hay un candidato que pueda ganarle a Chávez.

¿Cómo sería una Venezuela sin Hugo Chávez? Después de 13 años en el poder el presidente ha conseguido que sea imposible ignorarlo. Su nombre figura a diario en titulares internacionales, su imagen invade la televisión y su rostro está pintado en cuanta tapia tenga el potencial de convertirse en un mural de arte callejero oficialista. Quienes lo adoran le llaman "mi comandante", quienes lo odian se burlan del "mico mandante", pero él es el tema de conversación más trillado del país. Por eso imaginar un futuro sin que domine todos los espacios produce entre los venezolanos sensaciones entre la angustia y la emoción. El presidente dice que ya se curó del cáncer, pero otras versiones aseguran que solo le queda un año de vida. Y aunque resulte difícil de creer, la oposición podría aprovechar el creciente hartazgo con su régimen personalista-socialista y derrotarlo en las urnas el próximo octubre.

"El gobierno venezolano nunca ha estado peor y la oposición nunca ha estado mejor", dice Teodoro Petkoff, director del diario Tal Cual y uno de los más agudos analistas y políticos venezolanos. Algunas encuestas le dan la ventaja a Chávez y otras a la oposición, lo que ya es un logro para esta última. Durante años estuvo dividida y no hacía un contrapeso efectivo. De hecho, los opositores han sido el hazmerreír del propio presidente, quien los bautizó "escuálidos". Los más radicales participaron en el intento de golpe de 2002, otros sectores eran apáticos y los tradicionales partidos venezolanos, Copei y Acción Democrática (AD), desprestigiados por la corrupción y el clientelismo, perdieron el apoyo popular. Además, la nueva Constitución impuesta por el presidente casi logra ahorcarlos, pues eliminó la financiación estatal de los partidos, y una nueva ley prohibió que cualquier organización política no gubernamental recibiera fondos internacionales. Aunque en los últimos años surgieron otros movimientos, ninguno logró consolidarse como una alternativa. Ante el carácter mediático del gobierno de Chávez, la oposición terminó dando alaridos impotentes desde los pocos medios de comunicación que le daban espacio.

Pero a partir de 2008 empezaron a unirse y hoy integran la Mesa de Unidad Nacional (MUD), en donde están sentados 17 partidos pequeños más algunas figuras independientes. El próximo 12 de febrero celebrarán las elecciones primarias, inéditas en el país, para escoger entre cinco precandidatos presidenciales uno que enfrente a Chávez el 7 de octubre, y a 1.108 aspirantes a alcaldías y gobernaciones que serán elegidos entre finales de 2012 y comienzos de 2013. Todo indica que por fin entendieron que para obtener legitimidad en un estado de opinión tenían que jugar con las reglas del juego de la vapuleada democracia venezolana y enfrentar al 'intumbable' en las urnas, así fuera una pelea entre David y Goliat.

Una lucha desigual

Atreverse a participar en una carrera presidencial es para valientes, pero hacerlo en Venezuela, y contra Chávez, requiere una actitud de kamikaze. El gobierno controla al Consejo Nacional Electoral (CNE), que en las pasadas elecciones parlamentarias modificó los distritos de votación para favorecer al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), cuyo máximo dirigente es Chávez. Además, hace dos semanas el gobierno ordenó cerrar el consulado de Miami que, aunque no será importante para las primarias, sí lo es para las elecciones de octubre por los miles de votantes 'pitiyanquis' exiliados que se inclinarían por el candidato de la oposición. El gobierno tampoco ha permitido la presencia de observadores internacionales, ni de la OEA o Unasur, argumentando que tener ojos extranjeros escrutando las elecciones lesiona la soberanía nacional.

Ningún candidato podrá disputarle a Chávez las horas pico de la televisión. El presidente puede enlazar los canales cuando quiera y, como tiene la costumbre de echar discursos eternos, inevitablemente tendrá más exposición que su oponente. Además, Chávez lleva 13 años de candidato, con todos los recursos del Estado a su disposición. Solo suspendió los programas de Aló Presidente hace seis meses y dejó de asistir a la inauguración de programas sociales y obras públicas mientras recibía tratamiento médico. Como las últimas encuestas muestran que su popularidad ha descendido, desde hace dos semanas el candidato-presidente volvió a su papel estelar.

Y si eso no es suficiente, el gobierno de la revolución bolivariana tiene otras formas de ir eliminando a sus adversarios políticos. El último candidato presidencial de oposición, el exgobernador Manuel Rosales, hoy se encuentra asilado en Perú, acusado por delitos de corrupción. Leopoldo López, exalcalde de Chacao -un importante distrito de Caracas- conocido popularmente como 'el muñequito de torta' por su apariencia, fue inhabilitado por la Contraloría para participar en cargos de elección popular, también por supuestos actos de corrupción. Solo cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos decidió que el fallo no tenía fundamento, el CNE lo dejó participar en las primarias. Sin embargo, el temor de que después no lo dejaran posesionar si resultaba elegido frenó su candidatura.

Por último, el peligro de que sectores chavistas furibundos atenten contra los candidatos es una amenaza real. Tal vez por eso las sedes de campaña de los candidatos, en vez de engalanar sus fachadas exteriores con afiches y avisos con su imagen, están virtualmente escondidas.

Uno para todos y todos contra Chávez

Estas elecciones, al igual que todas las anteriores, son un plebiscito sobre Chávez. Por eso los venezolanos, entre curiosos y escépticos, se preguntan si entre los cinco candidatos de la oposición alguno en realidad podría ganarle al presidente.

Tres de ellos, Diego Arria, Pablo Medina y María Corina Machado, no tienen ningún chance. La diputada Machado, a quien Chávez apodó como "la burguesita de fina estampa", tuvo su cuarto de hora hace dos semanas cuando le dijo al presidente en plena Asamblea que había robado tierras, lo que le sumó algunos votos entre la oposición más recalcitrante. Pero su estilo combativo, y para algunos sobreactuado, asusta a quienes la ven revanchista cada vez que pronuncia con fervor que la suya es "una lucha existencial". Los que se muestran más conciliadores van arriba en las encuestas. Entre ellos estaba Leopoldo López, pero como se retiró y adhirió al gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, la competencia está ahora entre este y Pablo Pérez, gobernador del Zulia.

El 'grandote' Pérez, moreno y simpático, es diferente a los demás candidatos de la MUD. Para empezar es de provincia, y solo ha salido de Zulia (el estado opositor por excelencia y la segunda plaza electoral del país) para hacer campaña por toda Venezuela. En la calle y con la gente le va bien, pues promete continuar la política social de subsidios y servicios que ha puesto en marcha en su estado. "Santo que no se deje tocar no hace milagro", dice. De clase media, educado en la universidad pública, aprendió de política en familia. Su padre hizo carrera en Acción Democrática y fue compadre del expresidente Carlos Andrés Pérez. Su mentor, sin embargo, ha sido el excandidato presidencial Manuel Rosales. Como no es un hombre rico, financian su campaña los partidos Copei y Acción Democrática, más el fundado por Rosales, Un Nuevo Tiempo, que a pesar de las leyes que restringen su actividad, cuentan con maquinaria. Pero tener el apoyo de los partidos tradicionales puede restarle más que sumarle, porque todavía simbolizan la corrupción y politiquería de la política antes de Chávez.

Aunque el puntero Henrique Capriles tampoco es independiente, desde muy temprano en su carrera política se distanció de Copei y AD y fundó un nuevo movimiento conocido como Primero Justicia. También lo apoyan algunos grupos de izquierda que se apartaron del chavismo como Patria para Todos (PPT), y Causa R, entre otros. Pero el factor partidista en realidad no pesa tanto como la trayectoria y el carisma, dos elementos fundamentales para los venezolanos frente al peso pesado de la simpatía, Hugo Chávez Frías. Y Capriles ha demostrado que, con solo 39 años, tiene suficiente recorrido para enfrentarlo. Estuvo en la cárcel, sin un juicio justo, acusado de fomentar la violencia frente a la embajada de Cuba en el golpe antichavista de 2002. Él afirma que la embajada le pidió intermediar, como alcalde de Baruta que era en ese entonces. También ha sido diputado, pero prefiere ejecutar en vez de legislar. Por eso se lanzó como candidato a la gobernación del estado Miranda en las pasadas elecciones regionales y le ganó, ni más ni menos, que al protegido de Chávez, Diosdado Cabello. Nunca ha perdido una elección y confía en que esta no será la excepción.

Los chacachacas

Por un instante Capriles logró opacar a Chávez. Un fotógrafo de agencia logró captarlo metido entre el agua, hasta la cintura, ayudando a los damnificados de las inundaciones en diciembre de 2010. Mientras tanto, los noticieros mostraban a Chávez dando órdenes a sus subalternos desde una camioneta. Esa imagen se propagó viralmente y lo fue acercando incluso a los chavistas pobres que solo escuchaban las promesas y anécdotas cautivadoras de su líder. Capriles no tiene el verbo de Chávez, pero como dicen que una imagen vale más que mil palabras, ya se habla de una nueva clase de votantes: los 'chacachacas' o chavistas con Capriles.

Todas las encuestas lo muestran como el más opcionado para ganar las primarias, a no ser que Pérez logre en estas dos semanas revertir la tendencia, y para hacerlo tendría que ganar más adeptos, no solo entre los 'ni-ni' (ni con Chávez ni con la oposición), sino también entre los chacachacas más pobres, que son el objetivo de Capriles, porque tal vez ha entendido, como ninguno de sus contendores, que es imposible ganar las elecciones sin el apoyo de los estratos más bajos, pues representan dos tercios de la población votante y hasta el momento han sido monopolio de Hugo Chávez.

El analista político John Magdaleno explica que Chávez convenció a los pobres de que el suyo es el primer gobierno venezolano que se ha preocupado por ellos en la historia. Para ellos creó las misiones de salud, de educación, los mercados con precios asequibles, llevó el metro cable a los barrios tuguriales en las lomas de Caracas. Como las elecciones están próximas, ha acelerado la entrega de casas a través de la misión de vivienda, paradójicamente uno de los lunares por su escasa ejecución, y abrió inscripciones para dos nuevas misiones, una de pensiones para adultos mayores y otra de subsidios para madres con hijos menores de edad. Pero no todas han sido efectivas, pues hay escasez de alimentos y los apartamentos que entrega no siempre están bien construidos.

El gobierno también ha fracasado contra la inseguridad. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, la tasa de homicidios superó los 60 por cada 100.000 habitantes en 2011, (una tasa de 10 por cada 100.000 se considera una epidemia según la ONU) y la mitad del país vive del empleo informal, según cifras oficiales. Pero los pobres de Venezuela siguen creyendo en su comandante y gritan la consigna: "Con hambre y desempleo, con Chávez me resteo". Una de las razones es que el amor por Chávez pesa más que la razón, y no culpan al presidente sino a la incompetencia de sus funcionarios.

Capriles conoce la devoción que sienten por Chávez en estos sectores. Por eso en toda la campaña se ha cuidado de no atacar al presidente. Su reto entonces está en hacer evidentes las contradicciones de los chavistas. Si bien nunca han tenido tanto, tampoco han salido de pobres, porque las medidas asistencialistas les sirven solo para satisfacer sus necesidades básicas, pero no para surgir. A pesar de que el gobierno ha buscado imponer la filosofía bolivariana socialista, en el trasfondo en Venezuela sigue imperando una cultura consumista y capitalista. La mayoría quiere tener casa propia, no vivienda comunal. Sueñan con un carro cero kilómetros, porque el transporte público no funciona bien y porque con los precios de la gasolina cualquiera paga una tanqueada. Y en vez de tener que vestir las camisetas "rojo, rojitas", quisieran tener dinero para vestirse a la moda.

Capriles promete lo mejor de los dos mundos. Dice que continuará las misiones, pero no será un requisito pertenecer al partido de gobierno ni votar a toque de diana por sus representantes para ser beneficiario o conseguir un empleo. Si bien sus ideas son de centro izquierda, el modelo que quiere es el brasilero y no el cubano. Promete rescatar la economía, ponerla a producir, respetar la Constitución, los derechos humanos y las libertades individuales. Su eslogan es "hay un camino", porque el modelo de Chávez parece del pasado y es insostenible hacia adelante. "Yo me defino como un progresista", dice.

Estado de pánico

Entre el sector de los chavistas moderados, o chavistas light, como les dicen, hay desconfianza en el discurso moderado de Capriles o de Pérez. "Es pragmatismo para llegar al poder, pero no es tan creíble", dice el director de uno de los medios de comunicación oficialistas. Y entre los sectores más radicales ven a los candidatos opositores con terror. "¿Te imaginas que esos carajos volvieran otra vez? Ellos vienen con odio", le dijo a SEMANA uno de los líderes de la Coordinadora Simón Bolívar, en cuya sede del popular sector 23 de Enero hay una bandera venezolana, una foto del presidente Chávez, y afiches del Che Guevara, Manuel Marulanda y Raúl Reyes. En este lugar, compuesto por casuchas improvisadas, pero también por 56 bloques de edificios tipo panal donde habitan dos o tres familias por apartamento, está prohibido ser antirrevolucionario. Han sido rebeldes desde los sesenta, y fueron perseguidos y reprimidos hasta que llegó Chávez al poder y les dio un estatus de aliados y no de enemigos.

Chávez les ha dado todas las misiones, pero además recursos para sus concejos comunales, que son un órgano de administración local que depende del presidente y no del alcalde. Además, han surgido en su seno varios colectivos armados, grupos de chavistas radicales que administran justicia en ciertos sectores y algunos controlan el tráfico de drogas y han estado implicados en delitos. Como explica un analista cercano al régimen, los colectivos pueden incluso llegar a ser más importantes que los directores de partidos chavistas porque son la base de lucha de Chávez.

Estos grupos sienten temor de una victoria de la oposición, pero los venezolanos tienen miedo por la respuesta violenta que ellos puedan desencadenar porque están fuera del control del gobierno. Los colectivos, sin embargo, no asustan tanto como los militares, que podrían dar un golpe de Estado si llegara a ganar la oposición. Las palabras del general Henry Rangel Silva, de que no reconocería un triunfo de la oposición, fueron una señal de alerta, aunque otros sectores creen que en realidad en las Fuerzas Armadas no todos apoyarían un golpe, y por eso Chávez viene haciendo insistentes llamados a su unidad.

Así los militares y Chávez respeten el triunfo de la oposición, el próximo presidente tendrá que enfrentarse a todos los demás poderes controlados mayoritariamente por el chavismo: la Asamblea, el Poder Moral (Fiscalía, Procuraduría, Defensoría, Contraloría) y las Cortes. Revertir el modelo estatista, volver a descentralizar el país, superar la crisis económica y restablecer las relaciones internacionales con los países en calidad de iguales será una tarea titánica con un costo político inmenso. La gran pregunta es si Capriles o Pérez tienen la fortaleza para hacerlo.

Si gana Chávez el país tampoco estará tranquilo. Según la socióloga e historiadora Margarita López Maya, sería por fin la muerte de la democracia liberal y la profundización del modelo estatista que no reconoce a la sociedad civil, y en el que todo el poder está concentrado en el presidente. Por eso entre los venezolanos de clase media ronda la idea de irse del país. El mayor temor, sin embargo, es que Chávez gane y luego muera de cáncer. "Si Chávez no está se desencadenarían todos los demonios" dice Petkoff. Se especula que en ese caso su sucesor sería Diosdado Cabello, militar cercano al presidente a quien recientemente nombró como vicepresidente del PSUV y presidente de la Asamblea. Pero hablar de un relevo en el chavismo es un tema tabú y hasta peligroso.

Chávez lleva 13 años en el poder, y con cada día que pasa a los venezolanos les queda más difícil imaginar al país sin él. Incluso muchos de los jóvenes ya no recuerdan como era, y tanta incertidumbre los tiene obsesionados con el futuro. Lograr sacarse al presidente de la cabeza y permitir que otro entre a ocupar su lugar puede ser difícil para muchos, pues nacieron con la idea de que "Amar a Chávez es amar a la patria", como dijo el presidente la semana pasada. Su reto, y el de todos los venezolanos, es pensar que sí hay un futuro posible sin que Hugo Chávez Frías ocupe, como hasta ahora, todos sus pensamientos.
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