Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/10/06 00:00

En las entrañas del gigante

SEMANA visitó el aeropuerto Hartsfield, en Atlanta, el de mayor tráfico en el mundo. Así es un día cualquiera en un aeropuerto que recibe 80 millones de personas al año.

Los días son largos en el aeropuerto Hartsfield de Atlanta. Las operaciones jamás se detienen y, durante las 24 horas, llegan y salen vuelos de todas partes del mundo. De hecho, en un día normal transitan más de 200.000 viajeros: en ningún otro aeropuerto del mundo sucede algo parecido.

Y es que, sin duda, se trata de un lugar imponente. Solamente desde el aire se puede apreciar en realidad el tamaño del lugar, que en total tiene un área de 1.900 hectáreas. Este espacio está dividido en cuatro pistas paralelas y seis terminales, de los que salen y llegan alrededor de 20 vuelos por hora. Cada uno de estos terminales tiene el tamaño de un aeropuerto promedio del resto del mundo. Así que no es arriesgado decir que en infraestructura y en capacidad de recibir vuelos Hartsfield tiene la misma capacidad de cuatro o cinco grandes aeropuertos. Por ejemplo, el terminal E -donde llegan los vuelos internacionales- recibe 8.000 pasajeros por hora.

Hartsfield fue fundado en 1925 y desde entonces se ha convertido en el aeropuerto con más tráfico del mundo (en segundo lugar está el O'Hare de Chicago, con 10 millones menos de pasajeros al año). Existen varias explicaciones para este fenómeno. La primera es que Atlanta está situada en un punto estratégico de la geografía de Estados Unidos y, de cierta forma, es un punto de conexión entre el Sureste y Noreste (las regiones más pobladas del país). Igualmente, junto con Chicago, es un punto de escala obligado entre la costa Este y la Oeste. En efecto, 80 por ciento de la población estadounidense está a dos horas de vuelo de la ciudad. Debido a su buena ubicación geográfica Atlanta se ha convertido en un importante centro mundial de negocios. Algunas de las más grandes empresas del país, como Coca-Cola, Delta, Phillips, CNN y Bellsouth, tienen su sede en la capital del estado de Georgia. Por eso cada día llegan más visitantes a hacer negocios. En ese sentido el aeropuerto desempeña un papel fundamental en la economía ya que Atlanta es una de las pocas grandes ciudades que no está en una costa o cerca a un río. Hartsfield se ha convertido entonces en un importante puerto para el mundo económico de Estados Unidos. A esto hay que sumarle que también es una de las dos ciudades -la otra es Miami- que es candidata para ser la sede de la secretaría del Alca.

La suma de todos estos elementos convirtió a Hartsfield en un punto vital para quienes visitan Estados Unidos, a tal punto que en 2000 el aeropuerto tuvo el récord de mayor pasajeros en la historia de la aviación: 80 millones de personas lo visitaron.

La llegada

Sin embargo, a pesar de estas cifras impresionantes, el aeropuerto parece estar diseñado para que sea muy fácil circular dentro de él. Para que los pasajeros puedan comunicarse entre terminales en 1987 se construyó un sistema de transporte interno subterráneo que comunica cada a una de las ellas. Cada cinco minutos pasan vehículos que conectan a los usuarios con cualquier lugar del aeropuerto. Sin este servicio un pasajero internacional podría tardar varias horas en salir de él: los vuelos internacionales llegan al terminal E, las maletas se recogen en el C y el transporte terrestre está situado en el A. Sin el transporte interno ese pasajero tendría que recorrer gran parte de los 343.700 metros cuadrados que componen cada uno de los terminales. Igualmente, dentro de cada uno de ellos hay restaurantes, oficinas y salas de descanso.

Otra de sus grandes comodidades es que el metro de Atlanta llega directamente hasta el terminal A, así que un pasajero puede estar en el centro de Atlanta en menos de 15 minutos después del aterrizaje. Además el parqueadero del aeropuerto tiene capacidad para albergar 30.000 autos y cientos de buses y taxis.

Nunca hable con extraños

Quizás una de las cosas que más llama la atención del pasajero a su llegada es la rapidez y la eficacia con la que se puede registrar. En primer lugar, puede hacer sus reservas y comprar su pasaje a través de Internet. En su casa o en su oficina puede imprimir un tiquete electrónico que tiene la misma validez que uno comprado en agencia. Cuando el viajero llega al aeropuerto no tiene que soportar las eternas filas frente a los counters. De hecho, desde hace un mes la aerolínea Delta (que maneja la mayoría de vuelos del aeropuerto) instaló unos quioscos inteligentes donde el pasajero puede registrarse. Lo único que debe hacer es digitar el número de su tiquete electrónico y el número de su tarjeta de crédito y la máquina imprime un pasabordo. Si tiene maletas, en la pantalla se le indica dónde las debe registrar.

Cuando el pasajero llega a la sala de espera no es necesario hacer ninguna pregunta. Cada una de las salas tiene una pantalla en la que se da toda la información para el vuelo. Allí se indican las horas detalladas de abordaje, los números de silla, el tiempo del vuelo, las condiciones climáticas, las películas que se van a presentar e incluso el menú que se va a servir a bordo. En caso de que el vuelo sea cancelado otra pantalla da toda la información necesaria. El resultado de este nuevo sistema es que la gran mayoría de pasajeros pueden hacer un viaje a cualquier parte del mundo sin tener que intercambiar más de dos frases con otra persona.

Los sospechosos de siempre

Pero toda esta eficacia se ve opacada por culpa de la seguridad extrema. En efecto, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 la seguridad en el aeropuerto ha aumentado drásticamente. En principio ésta era controlada por empleados de Hartsfield, pero después de los ataques es el gobierno el que se encarga de este tema. La paranoia de los agentes de seguridad es tal que ni siquiera los niños se salvan de las molestas requisas.

Un pasajero que circula por Hartsfield debe pasar varias inspecciones. La primera etapa empieza al momento de registrarse. Si el personal de la aerolínea nota algún comportamiento extraño por parte del pasajero de inmediato deben llamar a los agentes de seguridad, que tienen el derecho de retener a la persona. Si el pasaje fue comprado con poco tiempo de anticipación o si sólo es por un trayecto su portador es considerado sospechoso. Frente a los counters hay un sofisticado equipo de rayos X, donde se revisan las maletas de casi todos. Estas requisas son aleatorias o a cualquier equipaje que parezca sospechoso.

En seguida los pasajeros que abordan o que se bajan de cualquier vuelo deben pasar su equipaje de mano por rayos X, así como sus zapatos, sus chaquetas y sus cinturones. Nadie está exento de este ritual: niños, ancianos y discapacitados son terroristas potenciales para el gobierno de Estados Unidos. Los celulares y los computadores personales también son revisados. Si el viajero tiene algún tipo de objeto que pueda ser considerado como peligroso (pinzas, tijeras, lápices o regalos) los agentes los confiscan inmediatamente. Si hay algo extraño en el comportamiento los oficiales tienen el derecho der hacer cualquier tipo de preguntas. En inglés eso sí, para poder humillar aún más a los extranjeros.l

Una vez en vuelo nadie puede acercarse a la cabina. Si esto llegara a suceder el piloto está obligado a aterrizar en el aeropuerto más cercano y, una vez en tierra, el pasajero es arrestado. Incluso media hora antes del aterrizaje ningún pasajero puede levantarse de su silla. Si alguien lo hace, sin importar la razón, el piloto está obligado a desviarse de su destino original y aterrizar en la pista más cercana.

Las autoridades del aeropuerto son conscientes de que esta paranoia afecta y retrasa a los pasajeros, por eso están trabajando para agilizar los procesos de seguridad. Por ejemplo, para el año 2006 estará listo un gran salón subterráneo donde será revisado el equipaje sin molestar a los viajeros.

Modelo para desarmar

Ahora bien, aparte de todas estas actividades, el aeropuerto tiene toda una infraestructura que es invisible para el viajero común. Por ejemplo, en el OCC (centro de operaciones) de Delta se llevan a cabo dos reuniones al día, en las que se discuten las operaciones diarias de la aerolínea en todo el mundo. Allí se reúnen representantes de cada uno de los sectores, desde meteorólogos hasta encargados de mantenimiento de los aviones, y planean el trabajo de los aviones según las condiciones de clima y los horarios. La sala está conectada con las principales 16 ciudades de Estados Unidos y con los otros 10 aeropuertos más importantes del mundo.

Al mismo tiempo, en la torre de control de operaciones terrestres, más de 100 personas organizan los vuelos que salen y llegan al aeropuerto. Este lugar es particularmente impresionante pues a través de grandes pantallas los operadores controlan el tráfico de los miles y miles de aviones que circulan en las pistas de Hartsfield. Los operadores deben armar una suerte de rompecabezas con todos los vuelos que decolan y aterrizan a diario. Estas operaciones requieren un cuidado y una concentración extremos pues, según James Sarvis, director de servicios internacionales del aeropuerto, desde esta torre se coordinan alrededor de 890.000 operaciones al año. Claro que desde esta torre sólo se controlan las operaciones terrestres del aeropuerto (cuando los aviones ya han aterrizado) ya que las operaciones aéreas se manejan desde otra torre de control, a donde la prensa no tiene acceso.

No muy lejos de allí están las bodegas de carga y el centro de almacenamiento de productos perecederos. Entre estos dos lugares se divide toda la carga que llega al aeropuerto. En el primero se almacenan los contenedores con toneladas de carga que debe ser repartida a todo el mundo. En el segundo están almacenados los productos perecederos que son importados por Estados Unidos para ser consumidos en su mercado interno. Este es el primer destino de las flores, el café y los bananos que llegan de Colombia.

En el extremo opuesto del aeropuerto está situado el centro de operaciones técnicas (Tech Ops) de Delta: se trata de un inmenso hangar donde se hace el mantenimiento de los aviones. Allí un grupo de 4.000 mecánicos se encarga de revisar una a una las piezas que conforman un avión. Los técnicos desarman cada uno los aviones hasta convertirlos en miles de pequeñas piezas. Luego cada una es revisada. Por las manos de los técnicos pasan desde las puertas y las ventanas de una pequeñas avioneta hasta cada uno de los millones de cuchillas que componen la turbina de un 777.

El gigante se hace más grande

Hartsfield se extiende sobre las afueras de Atlanta y da la impresión de que se tratara de una pequeña sociedad que se ha creado alrededor del negocio de la aviación. En efecto, 18.000 personas trabajan directamente en el aeropuerto y se calcula que hay alrededor de 333.000 que lo hacen indirectamente.

Como si esto fuera poco el aeropuerto de Atlanta es uno de los pocos en el mundo que tiene planes de expansión en un futuro cercano. Para el año 2015 están preparadas una serie de mejoras y ampliaciones que permitirán perfeccionar aún más el servicio al cliente y aumentar el número de operaciones diarias. En los siguientes 10 años se construirán una quinta pista, un nuevo terminal internacional y otros dos terminales domésticos. El monto de la inversión es alrededor de 4.500 millones de dólares y según Robert Kennedy, director de relaciones públicas, cuando esta infraestructura adicional entre en servicio el terminal tendrá la capacidad de recibir 130 millones de pasajeros por año.

Mientras esto sucede los vuelos continúan circulando sin parar. Así será todo el resto de la noche y continuará al día siguiente, sin detenerse un sólo segundo. Ni siquiera cuando, en unos años, Hartsfield se convierta en el puerto de transporte aéreo más grande que la humanidad haya visto.

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