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| 11/29/2011 12:00:00 AM

En sus marcas… ¿listos?

Mientras en Róterdam tienen el dique más grande del mundo y en Venecia sueñan con elevar la ciudad siete metros, en Londres dependen de unas gigantescas compuertas para defenderse de las inundaciones. La tarea de adaptarse es titánica.

Hace una semana, la foto de dos personas que navegaban en kayak por la plaza de San Marcos, en Venecia, le dio la vuelta al mundo. Por esos días, la 'ciudad de los canales' era la sede de una conferencia internacional sobre el riesgo de que ese patrimonio de la humanidad pueda ser sumergido por las aguas en unas décadas. Sin embargo, debido a las inundaciones, a último momento la Unesco y el gobierno italiano tuvieron que mandarles una carta a todos los participantes en la que cancelaban el encuentro. 

Al otro lado del mundo, en Kampala, capital de Uganda, el panel intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas dio a conocer un reporte que prueba lo que para muchos ya no tiene discusión: que hay que "prepararse para un clima extremo sin precedentes". Esto lo que quiere decir es que las investigaciones de este organismo, ganador del Premio Nobel de Paz, demuestran que la temperatura está aumentando, las lluvias van a ser más intensas y los fenómenos naturales, mucho más fuertes.

Cuando se enfrentan este tipo de desafíos ambientales, uno de los problemas es que se suele pensar que estos solo suceden en territorios selváticos alejados de la civilización. Pero la realidad es totalmente opuesta a esta creencia, pues, como dice el plan de desarrollo de Nueva York, son las ciudades las que "están al frente tanto de las causas como de los efectos del cambio climático". Las zonas urbanas no solo producen el 80 por ciento de los gases de efecto invernadero, sino que además un porcentaje similar de los habitantes del planeta habita en ellas.

Por esta razón, para muchas ciudades el cambio climático es una preocupación de primer orden pues el clima extremo podría incluso hacerlas desaparecer. La importancia es tal que el presidente de las Islas Maldivas anunció que su gobierno está ahorrando para comprar nuevas tierras por si el archipiélago no resiste el aumento del nivel del mar. En otros lados son más optimistas y han emprendido tareas titánicas para estar a la altura del principal desafío del siglo XXI. Así lo están haciendo.

Nueva York

Más de medio millón de los habitantes de la capital del mundo, la mayoría de Manhattan, podrían ser damnificados por el aumento del nivel del mar. El impacto de un huracán ––que como se vio este año ahora alcanzan esas latitudes– podría inundar la tercera parte de las vías de la ciudad en una hora, según un informe de la agencia energética de Estados Unidos. Para evitar esos escenarios, Nueva York ha construido un completo plan de choque. La meta es reducir 30 por ciento sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2030. Así mismo, elabora permanentemente mapas de riesgo de inundaciones y tiene planes para proteger la infraestructura de la ciudad, el metro, el acueducto, y hasta un sistema de salud pública con el fin de adaptarse a los estragos del clima.
 
Róterdam

Si hay algo que saben hacer bien los holandeses, además del queso, es construir infraestructura para vivir con el agua. Más de la mitad del país está bajo el nivel del mar, y desde que en 1953 una inundación cobró la vida de cerca de 1.800 personas en una noche, los holandeses decidieron prepararse para que esto no volviera a suceder. En Róterdam, por ejemplo, construyeron dos obras monumentales. Una es la barrera Maeslant, dos compuertas tan altas y dos veces más pesadas que la Torre Eiffel que forman una pared impenetrable que funciona cuando sube el nivel del río y el del mar. A la otra obra la llaman “el motor de arena” y está ubicada en la costa, a las afueras de esa ciudad. Se trata de 21,5 millones de metros cúbicos de arena que forman una playa artificial en casi 100 hectáreas. Además de ser una zona de recreación para hacer deportes náuticos, cabalgar o broncearse, este pedazo de ‘desierto’ artificial protege a la ciudad.

Londres

“Cambio climático significa que en el futuro Londres va a tener veranos más calientes e inviernos más húmedos”, así les explica la página de la Alcaldía a sus ciudadanos los efectos de los cambios de temperaturas que se vienen. Como la atraviesa el río Támesis, Londres es vulnerable a las inundaciones y a las sequías. La ciudad calcula que para 2050 el termómetro en el verano subirá tanto como cuando hubo la ola de calor de 2003, que mató a más de 600 personas. Y por eso se están preparando. Para disminuir su consumo, los edificios, las calles y las plazas absorben energía para la noche. Y se adelanta una campaña para ahorrar agua, pues se cree que en pocos años la oferta del líquido no va a alcanzar a cubrir la demanda. Hace casi 30 años, Inglaterra construyó el dique móvil del Támesis, que con éxito ha resguardo de una tragedia a la ciudad.
 
Cartagena

La ciudad amurallada es uno de los lugares del país más vulnerables al impacto del cambio climático. Si las proyecciones se hicieran realidad, para 2019 este fenómeno le habrá pasado una enorme factura al patrimonio de la humanidad: según Invemar, se inundarán más de 20 kilómetros cuadrados, cerca de 400.000 personas resultarán damnificadas y las pérdidas podrían alcanzar un billón de pesos. Unas décadas más tarde, el agua le habrá ya robado gran parte del terreno a Bocagrande y a otras áreas costeras. Por eso, la ciudad es una de las primeras del país en tener un Plan de Adaptación al cambio climático, que está siendo financiado por la Alianza Clima y Desarrollo (CDKN) y puesto en marcha por un grupo de organizaciones públicas y privadas de la región.

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