Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2007/08/11 00:00

En sala de espera

La salud en el departamento atraviesa una de sus mayores crisis. Si no se halla la fórmula para sostenerlos, los hospitales principales de la región tendrán que cerrar.

Ni los hospitales grandes, como el Erasmo Meoz, ni los de pequeños municipios, como Sardinata (arriba), han logrado escaparse del déficit presupuestal que los tiene al borde del cierre

Los hospitales en Norte de Santander están entre la cura y la enfermedad. Sus administradores hacen todo lo posible por mantenerlos en pie, pero las cargas pensionales, las deudas acumuladas y el déficit presupuestal dificultan su labor.

En el año 2000 se reestructuró el Hospital Erasmo Meoz, el más importante de Cúcuta. De más de 1.000 empleados que tenía la entidad, sólo 604 conservaron su puesto. Fue la medida necesaria para salvarlo pues, según su director, Carlos Uriel Gil, era la única manera para solventar la cartera morosa y la nómina.

Y si en la capital llueve, en los demás municipios no escampa. En el Hospital Regional Emiro Quintero Cañizares, de Ocaña, su gerente, el médico Edwin de Jesús Acuña, anunció un plan de austeridad para recuperar una cartera morosa que alcanza los 2.000 millones de pesos. Una de sus decisiones inmediatas fue liquidar algunos contratos.

La crisis del hospital ocañero no es fácil de resolver. Aunque en materia de sueldos se encuentran al día con personal de planta, los contratados no han visto sus salarios desde mayo, y los proveedores, desde febrero. Acuña manifestó que el déficit es ocasionado por el pasivo prestacional y pensional, "insostenibles por los privilegios de las convenciones colectivas de los trabajadores".

A esto se suman las exigencias de los especialistas para ajustar los honorarios. "Si insisten en ese reconocimiento, el Ministerio de Protección Social tendría que liquidar definitivamente el hospital, así como ocurrió con el Ramón González Valencia en la ciudad de Bucaramanga", manifestó el gerente, quien explicó que la carga pensional supera los 1.000 millones de pesos anuales.

La situación no es diferente en el Hospital San Juan de Dios, de Pamplona. En un informe difundido por el contralor general de Norte de Santander, Carlos Arturo Andrade Fajardo, en el pasado mes de marzo, se reveló que la ahora ESE tiene desde 2004 cuentas por pagar de 1.700 millones de pesos, y obligaciones laborales que suman 5.300 millones.

El representante del órgano de control departamental indicó que se realizará una auditoría integral en donde se analizará una lluvia de contratos de 1.296 millones de pesos en total. La nueva gerente del centro asistencial, Maribel Trujillo Botello, tiene el reto de relacionar 1.131 millones de pesos de ingresos que figuran en el balance general de la institución, realizado hasta el 31 de diciembre de 2006.

El liderazgo por el tema de la salud, por el momento, lo tienen en su cancha las entidades privadas. Una de ellas, la Clínica Santa Ana, inaugurará a finales de agosto seis unidades neopediátricas, y traerá equipos de resonancia magnética "que ni siquiera tienen en Santander", asegura Rubén Darío Santiago, su gerente. Mientras los hospitales estatales sigan sumidos en la crisis, el sector privado tendrá en sus manos la responsabilidad de ofrecer un buen servicio. Así, los perjudicados serán los que no tienen acceso a la salud privada, es decir, la mayoría de la población nortesantandereana.

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