Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1990/10/15 00:00

ENTREMESES Y BAR

ENTREMESES Y BAR

MENSAJEROS DE LA BOHEMIA
La noche del 9 de marzo de 1990, Juan Pablo Peláez recibió una de las cientos de llamadas que entran noche tras noche a su "escondite" para solicitar licor a domicilio.
El pedido era esta vez de trago fino, de esos de etiqueta negra en la botella, y Juan Pablo, como siempre, se dispuso a hacer la entrega de inmediato. En moto, con la bolsita del licor guardada en la parte de atrás, vio cómo el lugar de la dirección señalada estaba atestada de guardias de seguridad del Das.
Previa identificación, los agentes requisaron minuciosamente, antes de dejarlo seguir.
Hasta el momento, Juan Pablo no tenía idea de quién o quiénes requerían tanta vigilancia. Era la primera vez que se enfrentaba a algo similar desde el 1 de julio de 1989, cuando se le ocurrió, en compañía de un amigo, instalar uno de los negocios más originales del país. La sorpresa fue mayúscula al descubrir que en el apartamento donde debía realizar la entrega de la botella de whisky, se hallaban reunidos Ramiro Lucio, Carlos Pizarro y Antonio Navarro Wolf en compañía de toda una comitiva, encabezada por el consejero para la paz Rafael Pardo Rueda. Horas antes se había firmado el tratado de paz entre el gobierno del presidente Barco y el movimiento guerrillero M-19.
Fue la confirmación definitiva de que el "Correo de la noche" funcionaba: un negocio dedicado exclusivamente a llevarle al cliente hasta su casa o sitio de reunión, desde un simple paquete de cigarrillos hasta el más sofisticado licor, pasando por pasabocas, hielo, leña y jugos de frutas, todas las noches.
La idea, que nació a mediadbs del año pasado cuando Juan Pablo Peláez y su socio Andrés González tuvieron que exponerse a todas las incomodidades que implica el salir a conseguir trago a altas horas de la noche, tomó vuelo casi inmediatamente, y en poco tiempo se convirtió en el primero y único negocio en Colombia de tales características.

EL DESPELOTE

El primer pedido que se hizo fue una gaseosa pequeña. Y aunque parezca absurdo, la entrega se realizó al instante, casi con emoción. Al principio, comenta Pablo Peláez, las llamadas eran esporádicas. Pero cuando apareció la primera cuña en radio, el teléfono se alborotó de tal manera, que esa noche casi no damos abastó.
Si en un comienzo todos los pedidos de la noche se transportaban en un solo vehículo, en pocos meses se tuvo que solicitar el servicio de los amigos, muchos de ellos con lujosos carros, lo cual no dejaba de ser una anécdota muy curiosa, sobre todo cuando el cliente abría la puerta de su casa y divisaba en su entrada a un despachador que se bajaba de un imponente vehículo, para hacer la entrega respectiva.
Luego -claro-se adquirieron las prácticas motos, y lo que antes era considerado todo un despelote, comenzó a organizarse como toda una empresa. La poca experiencia había enseñado a controlar los horarios. Se aprendió, por ejemplo, que de diez de la noche a dos de la mañana a todo el mundo se le acaba el trago, y que las zonas de despacho debían ser sectorizadas, como de hecho sucede actualmente. Existen puntos de entrega en Usaquén, Chapinero, Cedritos y Las Villas, lo cual ha facilitado la eficiencia y la rapidez en el reparto.

UNA LABOR PROFESIONAL

En un país en donde la gran mayoría de la población celebra todo tipo de reuniones alrededor del licor, la idea de un servicio nocturno de mensajería bohemia tenía que resultar.
Porque si bien no deja de ser peligroso para cualquiera salir mareado en mitad de una fiesta a conseguir el tan ansiado "alimento del espíritu", no existe misión más incómoda que esa.
Por eso, desde el mismo inicio del negocio, el "Correo de la noche" se preocupó por acaparar la atención de ese sector del mercado. Y lo hizo con la carnetización gratuita de sus clientes, a quienes, con ayuda del carné de afiliado, recibe descuentos especiales, además de otros servicios. A cualquier hora de la noche, el inquieto rumbero puede solicitar algo más que licor, pasabocas, leña, cigarrillos o hielo. Su carné le facilita la atención médica y odontológica de urgencia, descuentos en algunos bares bogotanos, e incluso, puede hacer utilización del sevicio farmacéutico.
"Se trata de consentir al cliente, comenta Andrés González. Por eso se está preparando un boletín con toda la información sobre los servicios ofrecidos, que se estará enviando a todos los afiliados por correo directo incluido un descuento espécial en una hacienda recreacional en Melgar".
Y los servicios no terminan ahí. El día del cumpleaños, el afiliado recibe una atención especial, y más aún, están a la venta bonos de consumo que pueden ser regalados a los amigos para que éstos lo hagan efectivo cuando lo consideren conveniente.
Entre bares, tabernas y licoreras, no se había encontrado en Bogotá un negocio parecido. Pero lo más curioso es el hecho de que su lugar de operaciones permanezca en el anonimato.
"Desde un comienzo se pensó que no era conveniente que el cliente supiera dónde residíamos. De esta manera nunca puede conocer verdaderamente siestamos lejos, afirma Juan Pablo Peláez. Y por esta razón no existe letrero o logotipo alguno que identifique el centro de operaciones .

GAJES DEL OFICIO

Entre todas las curiosidades que, de por sí, debe guardar este novedoso sistema nocturno de mensajería, no podían evitarse los incómodos y a veces divertidos "chascos" A pesar de que la mayoría de los que se comunican respetan el servicio ofrecido y hacen digna utilización de él, siempre existe alguien que se las quiere pasar de vivo. En más de una ocasión han solicitado "algo para la cabeza", haciendo alusión a la famosa "perica". Así como tampoco han faltado los clientes que solicitan hermosas compañeras nocturnas.
"Un díá me recibió en su residencia una mujer de edad en paños menores, relata Juan Pablo. Y cuando le fui a entregar la botella de trago que supuestamente había solicitado por teléfono, me constestó: 'yo no quiero licor, yo lo quiero a usted'. Son gajes del oficio que uno aprende a sortear con el tiempo".
De esta manera subsiste en Bogotá un negocio no sólo novedoso, sino sorprendente. Los mensajeros nocturnos están atentos a todas las llamadas de los noctámbulos y de los rumberos capitalinos. Solamente hace falta que en cualquier momento de la noche el trago, los cigarrillos, la leña, el hielo o los pasabocas se terminen, para que el "Correo de la noche" entre en acción y se haga partícipe de esa fiesta que se desearía, nunca terminara.

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