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| 6/13/1983 12:00:00 AM

"EPPUR SI MUOVE"

Al declarar que ciencia y fe son dos reinos separados, Juan Pablo II le ha otorgado el indulto definitivo a Galileo Galilei.


Juan Pablo II pasará a la historia por sus innumerables viajes por el mundo, pero también será recordado por haber perdonado a Galileo, el hereje más famoso de los tiempos modernos Juan Pablo II, reunido ante un numeroso grupo de científicos internacionales entre los que se encontraban 33 ganadores del premio Nobel, declaró que "debe existir una separación entre la ciencia y la esencia de la fe" y agregó que la Iglesia Católica se equivocó al condenar al gran científico italiano Galileo Galilei.

Aunque la causa inmediata del juicio de Galileo fue una controversia sobre si el Sol o la Tierra eran el centro del universo, lo que en realidad estaba en juego era el tipo de pensamiento que debería regir a la humanidad. El Renacimiento había propinado ya ciertos golpes certeros pensamiento medieval pero la ciencia seguía fiel a los modelos tradicionales, heredados de los griegos.

En los tiempos de Galileo, en el siglo XVII, los sabios y los profesores se basaban en el método deductivo, lo que había permitido el desarrollo de las matemáticas pero en cambio tenía completamente estancadas las diversas ciencias cuyo desarrollo se basa en la experimentación.

Por eso, cuando Galileo lanzó desde lo alto de la torre de Pisa dos objetos cuyos pesos diferían en una relación de diez a uno, más que refutar la creencia aristotélica de que los cuerpos caen con una velocidad proporcional a su peso, inventó el método científico.

Galileo fue el primer científico de la historia en el sentido estricto de la palabra. Lo que hizo fue canalizar de una manera muy simple esa cualidad común llamada curiosidad. De ahí surgió esa fase del método científico que consiste, básicamente, en realizar observaciones y experimentos y, a partir de los resultados obtenidos, enunciar una hipótesis. Desde entonces los científicos han procedido así y el resultado es el cambio radical que ha sufrido el mundo. Hoy día se conocen muchísimas más cosas y nuevas hipótesis han reemplazado las antiguas, mientras que la verdad absoluta parece alejarse cada vez más del alcance de la ciencia. Este panorama contrasta enormemente con el edificio escolástico de las verdades absolutas, de los maestros infalibles. La ciencia se ha apoderado del mundo y a la teología no le ha quedado más remedio que encerrarse en sí misma. Y aunque en la actualidad muchos científicos están dejando de creer en las bondades de la ciencia, el hombre de la calle cree más y más ciegamente en ella.

La técnología no es más que una prueba de ello y se encarga de "descrestar" con sus adelantos al común de las gentes, o aquellas que están por fuera de esa torre de marfil de los científicos. La ciencia se ha ido convirtiendo en una nueva religión y al igual que en la Edad Media, la verdad, llámese Biblia o investigación, está en manos de un grupo muy reducido de personas, los nuevos sacerdotes, los científicos.

Por eso la religión se ha visto obligada a ceder poco a poco y a reconocer a la ciencia un criterio de verdad. Hasta la teoría de la evolución dejó de ser "mal vista". El perdón que recibió Galileo la semana anterior es tal vez una aceptación ya tardía que la religión le concede a la ciencia, para poder convivir con el motor que impulsa la "realidad tecnológica" que rige los destinos del mundo desde los tiempos de la revolución industrial, donde la fe ha pasado a ser el último reducto privativo de la Iglesia.

Galileo fue un hombre que desde el principio chocó con el espíritu de su época. Fue odiado por sus colegas a quienes siempre trataba de poner en ridículo. Su demostración de la ley de la caída de los cuerpos la hizo delante de ellos y de sus alumnos para hacerlos quedar mal. Esta fue la primera contribución importante que hizo Galileo a la ciencia. Galileo también descubrió que en el movimiento pendular, aunque cada vez es más corto, el tiempo de oscilación permanece constante y que la duración del período de tiempo depende de la longitud de la cuerda.

Como astrónomo hizo varios descubrimientos, gracias al uso del telescopio. Descubrió algunas de las lunas de Júpiter, lo que probaba que algunos mundos giraban alrededor de otros distintos a la Tierra. Sus observaciones de Venus y Mercurio corroboraron las tesis de Copérnico y esto le costó el ser llamado a comparecer ante el tribunal de la Santísima Inquisición.

La sentencia dictada contra Galileo es un texto muy largo. Este no era ateo sino que creía que las Sagradas Escrituras no podían considerarse infalibles si la observación de la Naturaleza demostraba que había errores.

Este modelo de pensamiento era inadmisible en los tiempos de la Inquisición. Y por eso la sentencia no podía serle favorable. No era un problema tan simplista. Ya los griegos sabían que la Tierra era redonda y seguramente la evidencia astronómica se habría podido adaptar a las palabras del Génesis. Lo intolerable era que alguien se atreviera a desafiar la palabra de Dios. Galileo, más que el descubridor de las propiedades del péndulo, de las leyes de la caída de los graves y de algunos aspectos de la astronomía, es ante todo el padre de los Tiempos Modernos. El dio el primer paso para que Newton, Einstein y mil más siguieran el camino de la ciencia que hoy día hace posible cosas tan deseables como la disminución de las enfermedades y tan indeseables como los misiles nucleares.
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