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| 7/25/1988 12:00:00 AM

¿ES POSIBLE LEGALIZAR LA DROGA?

En EE.UU. ya se abrió el debate. Llegó la hora de iniciarlo en Colombia.

La escena es conocida para todo aquel que ha viajado al exterior. El pasajero llega a la ventanilla de inmigración, muestra su pasaporte verde y el funcionario que lo atiende, al ver la palabra "Colombia", cambia inmediatamente de expresión. La sonrisa que les ha tocado en suerte a otros pasajeros, da paso a una mirada de severo escrutinio. Las preguntas, rápidas y de rutina para quienes lo antecedieron en la fila, se convierten en un inquisitivo interrogatorio para el colombiano. Si le va bien, en ese momento lo despachan. Si no, como sucede en muchos casos, lo remiten a un cuarto donde puede ser sometido a toda suerte de vejámenes.
No hay nada que hacer. Ser colombiano en estos tiempos es en el exterior un estigma, o inclusive una verguenza. Colombia, que en el pasado era un país ignorado o si acaso asociado con el café, es hoy por hoy sinónimo de cocaína o, genéricamente, de droga. Y la droga es, para muchos, el mayor flagelo que está padeciendo la humanidad. Por esto, Colombia es considerado un país paria. Una nación que representa una amenaza para el mundo. En el ranking de la mala imagen, no tiene igual. Su desprestigio es aun superior al de Libia, centro del terrorismo mundial. Ningún país del universo tiene peor reputación que Colombia.
Todo esto ha sucedido en apenas 15 años, a lo largo de los cuales se fue convirtiendo en el proveedor mundial primero de marihuana y luego de cocaína, así como en el eje principal de una internacional del crimen controlada por colombianos, que hace posible este negocio y todo lo que él implica. La palabra mafia, antes asociada con Italia, es hoy asociada con Colombia.
Y la mala imagen no está circunscrita a la opinión internacional. En el interior del país, los nacionales están pensando sobre Colombia cosas muy parecidas a las que piensan los extranjeros. Se está imponiendo el consenso de que el país se está derrumbando. Que las instituciones no funcionan. Que la vida humana no vale un peso. Y aunque el narcotráfico no es el único responsable de esta decadencia, pues al fin y al cabo también está la guerrilla, sí es visto como el factor principal. Y ante un sentimiento colectivo de zozobra y caos como el que se vive en Colombia, en donde los problemas se han vuelto tan radicales que han puesto en tela de juicio la supervivencia de la Nación, es posible que haya llegado la hora de pensar en soluciones igualmente radicales, o mejor dicho, de comenzar a pensar lo impensable: ¿es posible legalizar la droga?

MADE IN USA
El debate de la legalización ya se abrió en los Estados Unidos. Hace apenas algunas semanas, el periódico The New York Times sorprendió a sus lectores con un artículo dominical de primera página, en el cual se recogían opiniones encontradas alrededor del asunto. Las más impactantes, sin duda, eran las de los alcaldes de Washington y Baltimore, quienes siempre se habían destacado por su radical posición en la lucha contra la droga y ahora se planteaban serias dudas sobre la efectividad de las políticas policivas y represivas contra el tráfico y consumo de narcóticos. En los días siguientes, el debate se trasladó a otros medios de radio, prensa y televisión, en donde, desde todas las orillas, se dispararon argumentos en pro y en contra de la posibilidad de legalizar la producción, comercio y consumo de droga (ver recuadro).
La pregunta que ha surgido desde entonces es por qué la sociedad norte! americana, que pretendía llevar la avanzada en la lucha antidroga, daba ahora un giro significativo en el enfoque del problema. La explicación parece sencilla. Después de años de gastarse anualmente una cifra que hoy llega a los 10 mil millones de dólares en la lucha contra la droga, los resultados son: un incremento en el consumo de droga y el nacimiento de una nueva era del crimen organizado. En la actualidad, aunque el número de consumidores parece haber dejado de crecer, estabilizándose en unos 22 millones, lo más grave es que la cantidad de droga consumida por este grupo humano ha ido en constante aumento. Aun peor: son los menores de 18 años no sólo los que están consumiendo más y más, sino los que en ciudades como Washington y Baltimore, se han organizado en pandillas sanguinarias de distribuidores de cocaína, la mayor parte de ellas compuestas por muchachos que rondan los 14 años. Este último fue el principal argumento invocado por los alcaldes de esas dos ciudades para sugerir la necesidad de replantear la estrategia. En el fondo, lo que los norteamericanos se están preguntando es, como en el caso de Vietnam hace 20 años, si la guerra es ganable o no.

¿Y COLOMBIA QUE?
Aunque la naturaleza del problema es totalmente diferente en Colombia, que es un país de productores y traficantes y no de consumidores, los interrogantes podrían ser los mismos: teniendo en cuenta que Colombia es un país en desarrollo, mil veces más pobre que los Estados Unidos y con un Estado más indefenso y unas instituciones más débiles, sería más urgente encontrar las respuestas a estos interrogantes desde la óptica colombiana, tomando como término de referencia la problemática nacional, más que los vaivenes de la opinión pública norteamericana.
Para hablar sin rodeos, la sociedad colombiana está mucho más amenazada en términos de su misma supervivencia que cualquiera otra del mundo por cuenta del narcotráfico.
En mayor o menor grado, el dinero del narcotráfico ha infiltrado, corrompido o desestabilizado casi todas las instituciones. La justicia, los partidos políticos, el Congreso e inclusive los mismos organismos de seguridad, han sido víctimas del poder infinito de la droga. Esto, sin mencionar la creación de una economía subterránea que le ha cambiado todas las reglas del juego a la economía tradicional. Ni el deporte, ni la Iglesia, ni la misma guerrilla han escapado a sus garras. Todo esto en medio de un creciente ambiente de violencia y muerte que inverosímilmente ha convertido a un antiguo paraíso como Medellín, en un infierno como el Chicago de los tiempos de Al Capone.
Estados Unidos puede tener un problema de consumo, violencia y crimen organizado, pero nunca ha vivido el asesinato en serie de ministros, procuradores, magistrados, jueces, policías y periodistas que ha sacudido a Colombia en la última década. Que se sepa, sólo un juez federal norteamericano ha muerto en el último siglo por un caso vinculado al narcotráfico. De resto,allá los muertos por narco-bala los ponen los mafiosos por peleas internas y no las instituciones.

¿TIRAR LA TOALLA?
Haciendo abstracción de cualquier consideración moral, es necesario analizar con criterio estrictamente pragmático y cabeza fría si es posible que Colombia gane su guerra contra el narcotráfico. Para empezar, es necesario recordar una vez más que la solución del problema no depende tanto de combatir la producción como de combatir el consumo. Hagan lo que hagan las autoridades colombianas, mientras 22 millones de norteamericanos estén dispuestos a gastar 150 mil millones de dólares alaño en droga, cualquier programa represivo en Colombia resulta como arar en el desierto. Pero incluso si se acepta que la raíz del problema está en la producción y el tráfico, las posibilidades de erradicar el flagelo por este lado no son muy alentadoras. Es necesario tener en cuenta que Colombia no es un país cultivador, sino procesador de coca. En otras palabras, que a diferencia de Perú y Bolivia, la lucha tiene que concentrarse más en destruir laboratorios y detener embarques, que en ubicar y erradicar cultivos. En los 15 años de esta lucha, el resultado más espectacular fue obtenido durante una semana del pasado mes de abril, cuando las autoridades lograron incautar un poco más de 10 toneladas de cocaína de alta pureza. Esta droga, rendida y vendida al menudeo en las calles de las ciudades norteamericanas, habría costada unos 700 millones de dólares al precia de ese momento. Si todas las semanas del año fueran como esa semana "estrella", el monto de lo incautado en términos de precio al detal, sería de unos 35 mil millones de dólares, poco más de la tercera parte del valor del consumo anual de cocaína en los Estados Unidos. Esta hipótesis es un imposible en la vida real y, en la práctica, los esfuerzos conjuntos de Colombia y los Estados Unidos interceptan en la actualidad, apenas alrededor de un 10% del tráfico,cifra insignificante comparada con la magnitud del esfuerzo y que, además, lo único que logra es aumentar el precio en la calle y mejorar la rentabilidad del negocio.

LA LEGALIZACION
Ante la ineficacia demostrada de la represión, cabe la pregunta sobre cuáles serían las implicaciones para el país de una legalización internacional del tráfico y el consumo de la droga, entendiéndose por esto la marihuana y la cocaína que son las pertinentes para el caso colombiano. Desde el punto de vista económico, las implicaciones son gigantescas. Como se mencionó anteriormente, Colombia es más un país procesador que cultivador. La razón por la cual se ha convertido en el centro internacional de la droga no es porque las tierras sean particularmente aptas para el cultivo de coca, sino porque la ubicación geográfica del país representa una ventaja comparativa como punto de embarque de la droga. Ningún país presenta mejores condiciones para despachar cocaína o marihuana por vía aérea o marítima a los Estados Unidos. En otras palabras, Colombia se volvió clave por lo que podría considerarse más una tradición de contrabando y rebusque, que por capacidad empresarial. Esta ventaja desapareceria en su totalidad en el momento en que la droga fuera legalizada y es previsible que la función procesadora que hoy desempeña Colombia se desplazaría a los países productores, pues no se requerirían intermediarios. Colombia, con costas sobre los dos mares, a tres horas en avión de los Estados Unidos, con selvas y montañas inmensas y con escasa presencia del Estado, es el intermediario ideal en un comercio ilícito. Un país productor como Bolivia, se enfrenta hoy al problema de no tener mar y estar demasiado lejos de los Estados Unidos para la capacidad de las avionetas utilizadas en este negocio.
En el momento en que el tráfico de coca se legalizara, lo rentable sería tener los laboratorios al lado de los mejores cultivos y el transporte se haría a través de rutas comerciales La Paz-Miami, en Jumbo. Algo semejante sucedería en Perú. Por lo tanto, la disyuntiva para Colombia de una legalización no es la de recibir dineros de la droga legal o ilegalmente, sino la de seguir recibiéndolos ilegalmente o dejar de recibirlos.
¿A cuánto ascienden estos dineros? Aunque, como es obvio, las cifras no las suministra el DANE, los cálculos de los estudiosos del tema estiman que, si bien los ingresos brutos para la mafia colombiana son de unos 3 mil millones de dólares anuales, lo que acaba entrando al país ronda los 800 millones. Esto equivale a alrededor del 25% de la totalidad de las exportaciones legales del país y a cerca del 50% de las de café. Una disminución de ingresos de esta naturaleza en dos o tres años, significaría inevitablemente una recesión y una crisis cambiaría a corto plazo. A mediano plazo, representaría una disminución del standard de vida, comparable a la de cualquier familia que ve reducidos en poco tiempo sus ingresos en una cuarta parte.
Según fuentes consultadas por SEMANA, se estima que entre 5 y 10 mil familias derivan sus ingresos directamente del negocio de la droga, sin contar con los cientos de miles, e inclusive millones, que indirectamente se benefician en sectores como el del comercio y la construcción. A esto habría que sumarle que, según organismos de seguridad del Estado, existen en la actualidad cerca de 3 mil personas que forman parte de un ejército para proteger a los mafiosos. Legalizada la droga, un volumen de personas armadas de esta dimensión y que lo único que saben es disparar, previsiblemente entraría a engrosar las filas de la delincuencia común, la guerrilla o los grupos de paramilitares.
Además de las implicaciones económicas están las implicaciones jurídicas. Estas irían desde la despenalización de la dosis personal, hasta la amnistía de personas vinculadas a procesos por narcotráfico. ¿Quiere esto decir que al lado del grupo Santodomingo y la organizacíón Ardila Lulle, tendriamos al grupo Escobar y la organización Ochoa? No necesariamente. Evidentemente, no podría pensarse que la amnistía se extendiera a delitos atroces conexos al narcotráfico. En otras palabras, todo el que vendió y traficó cocaía probablemente no tendría problema. Los pilotos tampoco. Ni los cultivadores, ni los lavaperros de los laboratorios. Pero los delitos como el secuestro, caso Andrés Pastrana, o el asesinato, casos Rodrigo Lara, Carlos Mauro Hoyos, Guillermo Cano y Jaime Pardo Leal, seguirían el curso normal de la justicia.
Otro análisis necesario sería el de lo que ocurriría con el consumo interno, porque aunque el problema no tiene las dimensiones del norteamericano, se ha ido agravando gradualmente. Según una investigación adelantada por la Universidad de Antioquia, en Colombia habría 140 mil consumidores de marihuana, 80 mil de basuco y 30 mil de cocaína. Si se tiene en cuenta que en Estados Unidos hay cerca de 220 millones de habitantes y 22 millones de consumidores, se desprende que cerca del 10% de la población es consumidora. En Colombia, el total es de aproximadamente 250 mil consumidores, es decir, alrededor del 1% de la población. En Estados Unidos uno de los mayores riesgos de la legalización sería la posibilidad del incremento de la drogadicción, pues al quitarse la prohibición y estar la droga disponible en cualquier droguería, desaparecería el temor que enfrenta el ciudadano promedio de hacer algo ilegal. Aunque la legalización tendría que ir acompañada de campañas de prevención, explicando los riesgos del consumo, los expertos norteamericanos no están seguros de que el impacto de estas campañas contrarrestre la facilidad del acceso a los estupefacientes, acrecentada por la disminución de los precios que necesariamente acompañaría a la legalización.
En Colombia,paradójicamente, la legalización no necesariamente se traduciría en aumento del consumo. En primer lugar, porque al perder Colombia su condición de eje del narcotráfico, perdería el remanente de marihuana, cocaína y basuco que circula en las calles. Estos productos se consiguen en Colombia a un precio muy bajo, pues el aumento en costos se registra en los mercados estadounidenses. Por el valor agregado que le suman los intermediarios antes de que llegue al consumidor gringo, un kilo que en Colombia vale 3.500 dólares, en los Estados Unidos puede llegar a los 20 mil dólares, antes del menudeo. La conclusión es que cuando el procesamiento de la droga se vaya hacia Perú y Bolivia, la oferta para consumo interno en Colombia disminuiría y los precios podrian subir.
En todo caso, en lo que se refiere a los estupefacientes, es necesario diferenciar, lo mismo que con el alcohol, el consumo "recreativo" de la adicción. Una cosa es tomarse un par de whiskies en una fiesta y otra es ser alcohólico. Una eventual legalización de la marihuana y la cocaína obligaría a establecer diferencias entre quien "se mete" de vez en cuando un "varillo" o un "pase" y el drogadicto, quien no puede vivir sin su dosis diaria. Este último, como el alcohólico, estaría en minoría y requeriría un tratamiento de enfermo y no de delincuente.
A este respecto, cualquier debate sobre legalización tendría que estar antecedido por un estudio a fondo de las implicaciones de las distintas drogas en la salud de los consumidores. El alcohol y el tabaco, siendo reconocidamente nocivos, son socialmente aceptados. El alcohol, en los Estados Unidos, como se sabe, estuvo prohibido entre 1918 y 1933, fecha en la cual, ante el convencimiento de que los daños sociales creados por la prohibición eran mayores que los daños físicos creados por el consumo libre, se enmendó la Constitución para levantar la prohibición.
Aunque la creencia común es que los estupefacientes son más perniciosos para la salud que el alcohol y el tabaco, algunas cifras indicarían que no es así. Por ejemplo, en los Estados Unidos se calcula que en 1986, el alcohol estuvo asociado al 10% de las lesiones de trabajo y al 40% de las cerca de 40 mil víctimas en accidentes de tránsito. Por otra parte, investigaciones realizadas identifican el alcohol como la causa directa de entre 80 y 100 mil muertes al año y como factor contribuyente de otras 200 mil. En cuanto al tabaco se refiere, más de 320 mil muertes anuales se atribuyen a su consumo. En comparación, sólo 3.562 personas murieron en 1986 por el uso combinado de drogas ilegales. Aunque en Colombia las estadísticas no son tan precisas, no hay ninguna razón para pensar que esta tendencia cambie.
Todas las anteriores consideraciones son controvertibles. Tienen pros y contras. Pero hay una implicación que no es discutible en el eventual escenario de la legalización de la droga: el nivel de violencia y de corrupción de las instituciones disminuiría notablemente. Colombia nunca ha sido un país de ángeles y, por el contrario, se ha caracterizado por una propensión a la violencia y a la laxitud en el cumplimiento de las leyes. La dimensión tradicional de estas fallas hacia de Colombia un país bastante imperfecto, pero no un país en vía de disolución. Eliminando el problema del narcotráfico, Colombia no se convertiría propiamente en Suiza, pero el camino quedaría allanado para poder enfrentar el otro gran problema: la guerrilla. Como Napoleón y Hitler en su momento, el Estado colombiano mantiene guerras declaradas en dos frentes simultáneamente. Es evidente que si estos dos monstruos no pudieron con este problema, mal podría pensarse que Virgilio Barco, o quienes lo sucedan, puedan lograr el milagro.
En todo caso, los elementos de la discusión están sobre la mesa. En ningún caso seria factible una legalización unilateral por parte de Colombia. No sólo sería considerado hostil por la comunidad internacional, sino que la imagen de una Colombia paria se reafirmaría en el exterior. Dado que el narcotráfico es una multinacional del crimen, habría que promover un acuerdo internacional con todas las partes involucradas para estudiar los términos, mecanismos e implicaciones de una eventual legalización. Para esto tendrían que estar igualmente convencidos los productores y los consumidores. Hoy en día, ninguno de los dos lados lo está. Pero ambos están comenzando a dudar de la efectividad de la estrategia actual. El día que se llegara a este acuerdo podria haber una Colombia más pobre, pero seguramente más institucionalizada, más respetada y menos violenta. No es absolutamente seguro que esto sea fácil ni del todo conveniente. Pero lo que sí es seguro es que es conveniente y oportuno abrir el debate.

EL DEBATE GRINGO

PROS
.La prohibición de las drogas no evita que quien realmente quiera consumirlas las consiga, pero permite que los traficantes cobren sumas escandalosas y, de contera, la creación de imperios económicos subterráneos.
.El alto costo de la droga empuja irresistiblemente al adicto a la delincuencia para financiarse su hábito. La legalización reduciría al mínimo esa criminalidad.
.Al eliminar los altos ingresos, se desmantelarían las organizaciones criminales y desaparecería la corrupción oficial relacionada con ellas.
.Los 8 mil millones de dólares que cuesta actualmente mantener en marcha el control de las drogas, aunados a los costos indirectos -dos tercios de los presos de Estados Unidos lo están por delitos relacionados con los estupefacientes- podrían usarse para programas de prevención más efectivos.
.La adicción tiene límites inherentes, y la sociedad se acostumbrará y se autorregulará
.Es hipócrita prohibir las drogas mientras dos de las más peligrosas, el alcohol y el tabaco, tienen venta libre.
.La prohibición envenena las relaciones internacionales de Estados Unidos con países amigos que la suministran como México y Colombia .

CONTRAS
.La legalización sería el mejor estímulo para el consumo, y sobrepasaría cualquier campaña en dirección contraria. Lo que es más, haría que la droga se volviera socialmente aceptable.
.La legalización acercaría la droga al usuario, que ya no tendría que ir a barrios apartados y peligrosos, sino a la farmacia de la esquina.
.Eso mismo llevaría a que quienes jamás han pensado probarla, al tenerla a la mano, la experimenten con riesgo de convertirse en adictos.
.Sería una rendición moral y traería consigo un mensaje de hedonismo irrestricto.
.Si sólo se comienza a saber el grado de malignidad del alcohol y el tabaco, no tiene sentido aceptar nuevas drogas peligrosas.
.La legalización, con sus impuestos y controles, no eliminaría el mercado negro Además, aun legal, la droga requiere dinero, por lo que los adictos continuarán delinquiendo para conseguirlo. .Con el aumento del consumo, crecería la incidencia de delitos cometidos bajo el efecto de las drogas o inducidos por ellas.


MARIHUANA, COCA, BASUCO, ALCOHOL ¿QUE DAÑO CAUSAN?

MARIHUANA
-Daño Físico:Problemas de bronquitis y efisema pulmonar en consumidores crónicos.
-Daño Sicológico:Estado de dispersión del Yo y excentricidad.
-Efecto Sicológico:Aumento de la velocidad asociativa de las ideas.
-Duración del efecto:(1) 1 cigarrillo de 2 a 3 horas.Produce un efecto residual que puede durar 8-12 horas.
-Grado de Dependencia: (2) XX
-Perfil social No hay un sector exclusivo.

COCA
-Daño Físico:Trastornos cardiovasculares, hipertensión arterial, palpitaciones, aceleración y disturbios del metabolismo. Destrucción del tabique nasal. En algunos casos excepcionales puede producir fibración ventricular y muerte por paro cardíaco. -Daño Sicológico:Euforia, sensación de éxito y dominio. Estados depresivos de rebote por efecto de la euforia.
-Efecto Sicológico:Estimulante. Se aumenta la seguridad en sí mismo. Produce una tendencia a hablar mucho.
-Duración del efecto:(1) 50 a 100 miligramos de 2 a 3 horas
-Grado de Dependencia:XX
-Perfil Social:Ejecutivos, intelectuales y clase media alta.

BASUCO
-Daño Físico:Daños bronco-pulmonares desde levés hasta sumamente graves. Fibrosis pulmonar con complicaciones infecciosas por envenenamiento con plomo sobre el hígado, riñón y páncreas que pueden llevar a la muerte.
-Daño Sicológico:Delirios paranoicos. Cambios de personalidad y pérdida completa de valores.
-Efecto Sicológico:Superestimulante. Produce 10 ó 20 veces más euforia que la coca.
-Duración del efecto:(1) Ultrafugas. Tiene que estar fumando permanentemente en el momento de dejar de fumar desaparece el efecto
-Grado de Dependencia:(2) XXXXXX
-Perfil Social: Muy fuerte en grupos delincuenciales y clase baja.

ALCOHOL
-Daño Físico:Destruye paulatinamente las neuronas cerebrales, consumiendo diariamente 250 cm cúbicos, durante 20 años.
-Daño Sicológico: Descoordinación sicomotriz. Cambios de personalidad y en casos extremos situación de locura irreversible.
-Efecto Sicológico: Desinhibición instintiva de los impulsos primarios.
-Duración del efecto:(1) Depende de la dosis, pero más o menos una hora.
-Grado de Dependencia: XXXXXXX
-Perfil Social:En todas las clases.

Este cuadro comparativo entre 3 drogas ilegales y el alcohol fue elaborado con base en información suministrada por el médico sicoanalista Luis Schniman autor del libro el Crack. El doctor Schniman hace la siguiente anotación: "Las investigaciones sobre el daño cerebral que causan la cocaína y la marihuana están en curso y los resultados son hasta ahora parciales".
(1) El efecto varía en la medida en que aumenta el consumo, llegando a tenerse necesidad de más dosis porque el efecto se reduce.
(2) X = mínimo , XXXXXXX = máximo

IMPACTO FINANCIERO DE LAS GANANCIAS DE LA COCAINA
EN ALGUNOS PAISES EN DESARROLLO

PERU BOLIVIA COLOMBIA
-GANANCIAS
REPATRIADAS AL
PAIS PRODUCTOR
(US$ MILLONES) US$600-700 US$600 US$600-1.000
-VALOR DE LAS
EXPORTACIONES
LEGALES
(US$ MILLONES) US$3.000 US$500 US$3.800
(1986) (1985)
-VALOR DEL MAYOR
PRODUCTO LEGAL
DE EXPORTACION
(US$ MILLONES) COBRE GAS NATURAL CAFE
US$482 US$345 US$1.800
(1986) (1986) (1985)
-INGRESOS POR
COCAINA REPATRIADOS
EN % DEL PRODUCTO
NACIONAL 4% 15% 2-3%
-PRODUCTO
NACIONAL
(US$ MILLONES) US$17.000 US$4.000 US$29.000


VALOR DE LAS DROGAS ILEGALES QUE ENTRAN A LOS EE.UU.
(1985 - 1986)

COCAINA MARIHUANA HEROINA
-TONS.
IMPORTADAS 105-107 7.500-11.650 6.45
(1985) (1986)
-PRECIO AL
POR MAYOR
(KILO) US$30.000 US$770 US$95.000
US$50.000 US$1.540 US$197.000
-PRECIO AL
DETAL
(KILO) US$600.000 US$1.500 US$1.550.000
US$650.000 US$3.450 US$1.650.000
-VALOR TOTAL
AL POR MAYOR
(MILES DE
MILLONES) US$3.15-5.35 US$5.78-17.94 US$0.613-1.27
-VALOR TOTAL
AL DETAL
(MILES DE
MILLONES) US$63-69.55 US$11.25-40.19 US$10-10.64
-FUENTE COLOMBIA(75%) MEXICO -GOLDEN
BOLIVIA(15%) COLOMBIA CRESCENT(50%)
PERU(5%) JAMAICA -MEXICO(33%)
OTROS(5%) BELIZE -TRIANGULO
DE ORO (17%)
VALOR TOTAL ANUAL AL POR MAYOR:
US$ 9.54 24.56 miles de millones
VALOR TOTAL ANUAL AL DETAL:
US$ 84.25-120.38 miles de millones

FUENTES: Departamento de Estado de los EE.UU. "Informe sobre la estrategia internacional de control de narcóticos", 1987 DEA. Reportes de 1985 y 1986.


LO QUE GOMEZ DIJO EN 1976
Pocos dirigentes nacionales le madrugaron tanto al debate sobre la cuestión del narcotráfico, como el ya entonces ex candidato conservador a la Presidencia de la República, Alvaro Gómez Hurtado. Desde las páginas editoriales de El Siglo, Gómez dijo a fines de la década pasada, las verdades que apenas hoy se comienzan a aceptar como tales por muchos colombianos. En una serie de editoriales publicados en octubre de 1976 y junio de 1977, el hoy secuestrado dirigente conservador escribió frases como éstas:
."...Colombia es una víctima del tráfico de drogas y no un agente activo de él. Nos corresponde, en virtud de nuestra pobreza y de nuestra localización geográfica, ser los agentes materiales, probablemente los más expertos y baratos, de un comercio cuyos autores intelectuales y cuyos beneficiarios son otros: la poderosa mafia y los ricos consumidores de los Estados Unidos"
."Nuestro problema no es de consumo sino de tráfico. La raíz de él no es higiénica o de salud sino económica. Y sus efectos importantes no son los que se producen sobre una infima minoría de personas entregadas al vicio, sino la pérdida del nivel general de la moralidad pública".
."Entre nuestros humildes y paupérrimos aduáneros, policías y jueces y la desbordada capacidad de pago de los traficantes, hay una desproporción tal, que cualquier intento de impedir la introducción, el cultivo, la refinación y la exportación de drogas es una simple pantomima".
."... el costo de esa represión no es exclusivamente económico. Es principalmente de orden moral. En ella estamos sacrificando lo que nos va quedando de moralidad pública".
."Si fuésemos realistas, la actitud de los colombianos debería ser la de levantar las manos en señal de impotencia y decirle a la opinión mundial que somos incapaces de luchar contra la droga".
."... las víctimas del tráfico de drogas somos los colombianos que estamos pagando en destrucción de nuestra moralidad y de nuestro régimen institucianal mucho más de lo que pagan en salud los jóvenes consumidores de drogas en los Estados Unidos".
."El daño de la droga en los organismos de los consumidores norteamericanos es un resultado doloroso, en muchas casos irreparable. Pero por lo menos es voluntario. El daño que produce la droga en Colombia, a través de la corrupción de funcionarios, del soborno de los guardas, de quebrantamiento de la pulcritud de nuestros organismos y de la pérdida de la confianza pública es de otro orden menos matérial, pero por lo mismo hiere más hondo la conciencia de todo un pueblo. No sabemos si es reparable. Pero en cambio es involuntario".
."...en el caso de que no existiese (...) el mito de las prohibiciones, es probable que aún esos consumos internos serían más exiguos, como está demostrado que ocurre cuando se "des-criminalizan" ciertos vicios, por que ello equivale en cierto modo a "des-sacralizarlos". Claro que esto último no lo vamos a hacer. Nos saldríamos del concierto universal, que ha establecido un tabú sobre el punto de la legitimación legal -que no moral- de la droga".
."La prohibición de las drogas no es sino una fachada jurídica que nada tiene que ver con la realidad y que para lo único que sirve es para disimularla".

LA PROHIBICION DEL ALCOHOL EN EE.UU.
Es difícil encontrar en la historia un fenómeno sociológico más parecido al problema actual del narcotráfico y el consumo de drogas que el presentado en los Estados Unidos al comienzo del siglo, cuando las bebidas alcohólicas fueron puestas por fuera de la ley. La medida estuvo en vigencia entre 1920 y 1933, en cumplimiento de la enmienda No. 18 de la Constitución de los Estados Unidos. Era el resultado de una larga cruzada de los prohibicionistas, para quienes el consumo de alcohol era la representación misma del mal.
La Prohibición fue esencialmente el resultado de la creencia sincera de muchos norteamericanos, especialmente blancos, protestantes y campesinos, de que la bebida, especialmente entre las hordas de inmigrantes que invadieron el país en los años del cambio de siglo, era una amenaza para la ley y el orden. Sin embargo, no era solamente una creencia ingenua. En las ciudades cada vez más grandes, las condiciones de vida eran tan severas que bordeaban la miseria y los hombres iban en masa a los saloons a escapar de la cruda realidad que los circundaba. El alcoholismo hizo que apareciera la inseguridad ciudadana, mientras en las comunidades pequeñas, pobladas por habitantes de costumbres conservadoras y fuerte compromiso con el trabajo duro, las ciudades ganaban cada vez más la reputación de ser "refugios del pecado ".
En esas condiciones, no era difícil que surgiera, desde 1869, un movimiento destinado a promover la proscripción del alcohol de la sociedad norteamericana. El Partido de la Prohibición -Prohibicion Party- inició, sin mayor éxito, el camino que pronto seguiría la "Unión de Mujeres Cristianas por la Temperancia", que a partir de 1874 comenzó a atacar con hachas los lugares de perdición. Pero fue desde que apareció la Liga Anticantinas de los Estados Unidos -Anti-saloon League of America- que la Causa prohibicionista comenzó a pesar realmente en la política del país. Su crecimiento a partir de su fundación en 1895, lo llevó a ganar gran influencia, de la mano de su principal animador, Wayne B. Wheeler. Su labor fue tan efectiva que los norteamericanos aceptaron de buen grado la prohibición temporal del alcohol como parte del esfuerzo de guerra al entrar el país, en 1917, en la primera con
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