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| 10/20/1986 12:00:00 AM

ESPECIAL "LA MODA"

La moda hace un siglo
El baile era la ocasión por excelencia para lucir las galas entre valses y coqueteos. Así se vistió Rosa Tulia para uno de ellos en Ibagué: traje de raso blanco adornado con cintas y flores, un grueso collar de perlas y el correspondiente peinado a la última y elegante moda", tal como la vio Bernardino Torres, quien expresó su asombro por las decoraciones del salón, iluminado por vivas lámparas y orlado con guirnaldas de musgo, flores entretejidas y amplios cortinajes de mirtos y helechos y rosas y azahares en las paredes. El escote de las señoritas debía ser menor que el de las señoras, y sólo a estas les quedaban bien las joyas. Las jóvenes que eran presentadas en sociedad aprovechaban también la ocasión para mostrar su gusto y su elegancia: "Usaban trajes largos, moderados escotes y una mantilla española. Los caballeros asistían al teatro, los bailes o a un matrimonio de frac o de smoking y usaban cubiletes o claks". Según cuenta el investigador Santiago Londoño Vélez sobre las costumbres en el vestir de la época de la Constitución.
Desde 1868 hasta 1914 la evolución del traje europeo fue análoga en los países del Viejo y el Nuevo Mundo, lo que se explica por la expansión comercial entre Europa y los países sometidos. A esto se le suma el que en ese momento la creación francesa dominó el mundo de la moda y se consagró mundialmente; es por esta razón que la historia del traje correspondiente al período, debe estudiarse en páginas francesas. Durante la época de la Constitucion, en Colombia la gente se vestía al estilo de ese país, sólo que con varios meses de retardo en la información.
En ese momento desaparecen en Francia las famosas crinolinas y las "jaulas", pero en Colombia todavía se usa por mucho tiempo el "quitrín", especie de canastilla que abultaba unas caderas falsas y era tan difícil de llevar que atormentaba a las señoras mientras producía risas en los caballeros. Para reemplazar las crinolinas las francesas usaron unos "ahuecadores" que resaltaban las caderas y minimizaban la cintura, los vestidos llevaban cola, la que se hacia más larga según la importancia de la ocasión. Esta es la moda que copian las señoras "bien" en Colombia, mientras las mujeres del pueblo las imitaban a su modo con faldas largas, oscuras en interior del país y de colores muy alegres en las costas.
Los ricos de todas las regiones no seguían las tradiciones sino que imitaban las que traían los viajeros europeos. En tierras calientes se ponían vestidos de dril blanco para salir de noche y zapatos de charol, aquí el sombrero también era de uso obligatorio. En el interior se imponía la camisa de cuello duro y corbata de color oscuro como los zapatos y el sombrero que era de fieltro o de fina paja. Los hombres del pueblo se engalanaban a su modo, con pantalón de paño y ruana y casi siempre con los pies descalzos.
En cuanto a las señoras, la moda era motivo de preocupación. Por aquella época las máquinas de coser en Colombia todavía eran fantasía de mentes recalentadas (apenas en 1890 llegaron a Barranquilla) y los trajes se cosían a punta de aguja y dedal. Las telas eran importadas y los estilos copiados de los que gozaban del privilegio de viajar o de encargar trajes a Francia. La sofistificación era la norma, a tal punto que según cuenta Santiago Londoño en su investigación "Programa Centenario de la Constitución" publicada por la Biblioteca Luis Angel Arango, en Santa Marta, las mujeres se prendían luciérnagas en el pelo y las aseguraban bajo gasas para darle un toque de misterio a su peinado, algo así como "efectos de hechicería".
Para verse más bellas usaban polvos de arroz: "Bola de Venus" y "Veloutine de Fay", jabones de jugo de lechuga para aterciopelar el cutis y como loción "Agua Florida de Murray".
Todo aquello nada tendría que ver con la moda de hoy, sin embargo, hay algo que no ha cambiado entre 1886 y 1986 y es que tanto en aquella época como hoy, la ropa establece diferencias sociales, por entonces, eran los zapatos los que hablaban de las arcas de una persona, tenerlos era sintoma de riqueza, por eso los anuncios sobre zapatos y botines eran asunto de primera página en los periódicos y así decían: "Jenaro Galindo. Calzado de todas las clases. Materiales escogidos. Bogotá, calle 2 al norte N° 221".--


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