Martes, 21 de febrero de 2017

| 2006/10/28 00:00

Europa quiere cacao

Durante años, los campesinos del Carmen de Chucurí tuvieron que soportar los vestigios de la guerra. No se dejaron vencer y hoy, con su cacao, hacen presencia en el mundo.

Europa quiere cacao

Las horas de zozobra, cuando debían echarse al hombro los bultos de cacao y cargarlos por horas para llevarlos a salvo hasta la carretera, están en la colección de anécdotas de los viejos cultivadores de cacao en El Carmen.

En un punto de la carretera, todos los campesinos llegaban temerosos con su carga, le echaban la bendición y la entregaban a los camioneros que, una vez reunían suficientes bultos, partían. Pero no solos. La caravana de camiones iba escoltada por cascabeles y vehículos del Ejército, además de un helicóptero que acompañaba los granos hasta la Troncal del Magdalena Medio. Así ocurrió por muchos meses.

Fueron días aciagos para los cacaocultores de El Carmen. A este pueblo del Magdalena Medio santandereano primero llegó la guerrilla, en donde formó algunos de sus más famosos hombres y vio morir algunos de sus líderes, y después las autodefensas, que completaron las fichas para la guerra que dejó centenares de muertos y a los campesinos presos en sus fincas. Quienes tomaron partido hoy no están para contar su historia, lejos de sus tierras o en el cementerio del pueblo.

No es un tema que les guste mucho rememorar. Fueron casi 30 años en que mucho cacao se quedó en los árboles y mucho se perdió en los caminos. "Afectaba a algunos y a otros no. Era como estar todo el tiempo en un filo, no se podía mirar para ningún lado porque en cualquiera se caía uno". Así recuerda esos días don Rodrigo Rondón Pérez, un campesino de 54 años, hijo de uno de los colonos de esta población.

Pero no todos se mantuvieron neutros. Las autodefensas de El Carmen hicieron historia por su origen campesino y los centenares de muertos que dejaron en su recorrido. Y al tiempo, el pueblo terminó siendo uno de los más minados de Colombia. "No podíamos movernos por las veredas, en muchos lados había minas y a cada rato explotaban", recuerda Elkin Toledo, un labriego que vivió su niñez encerrado en la finca de su madrina y recuerda cómo así aprendieron a sembrar hortalizas. "No podíamos salir al pueblo ni a hacer un mercado", cuenta Alix Gómez.

Ni los viejos ni los más jóvenes llevan la cuenta de los años de esa violencia, pero sí de los 12 que llevan ya en paz. Los primeros campesinos llegaron en los años 20. Poco a poco fueron llevando sus cultivos tradicionales y así llegó el cacao. Eran más de tres días de camino por las montañas de la serranía de los Yarigüíes para hacer sus cultivos.

Así nació Placitas, el primer nombre de este pueblo que hoy tiene más de 20.000 habitantes. Llegaron hombres como Pedro Beltrán, Félix Corzo y Heliodoro Ardila que, según recuerda el hijo de este último, Octavio, fundaron un corregimiento de San Vivente de Chucurí que en 1986 fue declarado municipio. Un pueblo rico no sólo en cultivos, también en carbón y en petróleo, una riqueza que fue también su maldición.

La bonanza llegó al tiempo con la del café. Por aquella época, las dos semillas en secado llenaban las calles del pueblo, pero después, el aroma achocolatado le ganó al café y hoy más de 3.500 familias viven del cultivo de cacao. Son pequeños agricultores. En El Carmen sólo dos o tres pueden ser considerados grandes cultivadores con sus 40 ó 50 hectáreas, el resto no pasa de cinco.

Hasta los cultivos cambiaron. De la época que recuerda don Rodrigo, "no era menester hacer nada porque sólo se abría un hueco y se echaba la semilla". Hoy, con Fedecacao, están experimentando con los clones y, según cuenta Octavio Ardila, su representante en Santander, ya buena parte de los cultivos fue renovada y ahora podrá producir más.

Los campesinos de Carmen de Chucurí se ufanan por su amor a la región, a su cultivo y a cada una de sus pepas de cacao que les dan "para vivir bien. Con el cacao, los campesinos no son pobres", como afirma Alcides Maldonado. Él es uno de los cacaocultores más reconocido por su insistencia en sembrar mejores granos y porque el camino del cacao se vuelva una prioridad nacional.

Una muestra del trabajo de los labriegos santandereanos es el Chocolate Santander, una barra acompañada con trozos de café que ya ganó un premio por su exquisito sabor y que confecciona y exporta la Compañía Nacional de Chocolates a Holanda, Suiza e Inglaterra. Algo del cacao que siembran los carmeleños también hace parte de este producto.

Tal vez por eso, el dicho entre los pobladores reza que si un campesino quiere jubilarse, sólo tiene que sembrar una hectárea de cacao. Hoy, luchan por mejorar los precios. Ese trabajo ha avanzado y más de 100 campesinos están acreditando sus cultivos para poder exportar. Ya lo habían intentado a finales de los 80, pero en esa época la violencia no los dejó. Hoy la historia es otra.

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