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| 5/30/2004 12:00:00 AM

Febrero 4 de 1863<br>El sueño radical

Durante 22 años el país estuvo regido por una constitución federal perfecta, pero para ángeles, como la denominó Víctor Hugo.

El 4 de febrero asistieron puntualmente todos los miembros de la Convención citada en Rionegro. El general Tomás C. Mosquera se presentó a las 11, escoltado por 12 ó 16 hombres que, se notó, traían armas debajo de las ruanas... Mosquera dijo que lo acompañaban algunos hombres armados porque creyeron que los gólgotas querían asesinarlo ese día; pero en su opinión, estaban engañados... "¿Y por qué lo habríamos de asesinar a usted?, que ha prestado y puede seguir prestando muy útiles servicios al país, sobre todo si hay una oposición que lo tenga dentro de ciertos límites necesarios, en lo que sus oposicionistas sirven al interés público y son de utilidad incontestable para usted". (Memorias de Salvador Camacho Roldán).

La guerra civil de 1859-1862 culminó con la derrota del gobierno conservador de Mariano Ospina Rodríguez y de la Iglesia católica, la recuperación de la administración por el Partido Liberal y la nueva Constitución de 1863.

Sesenta y tres fueron los constituyentes elegidos, de los cuales un buen grupo de "notables" eran seguidores de Mosquera, que también contaba con muchos opositores. Los diputados elegidos eran todos liberales y ningún representante del conservatismo estuvo presente en esta Convención, expresión de la tradicional exclusión impuesta a los vencidos.

La Carta ratificó el sistema federal, pero a diferencia de la anterior, erigió con nueve Estados Soberanos (E. S.) los Estados Unidos de Colombia: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima.

El Presidente de la Unión sólo tenía facultades para desarrollar funciones expresamente delegadas por los E. S.: manejo de las relaciones exteriores, organización y sostenimiento de las Fuerzas Armadas del gobierno general, administración del crédito público y de las rentas nacionales, régimen de comercio exterior, decisión de las controversias entre los E. S. y determinación de la moneda. El máximo interés del liberalismo fue dar amplia autonomía a los Estados Soberanos y reducir la capacidad de maniobra del Ejecutivo, sometido además a un corto período de dos años, en clara manifestación contra el caudillismo mosquerista. El liberalismo radical defendió un gobierno federal fundado en el

laissez-faire, en autonomías regionales y locales, inexistencia de un ejército central y presencia de fuerzas regionales; una sociedad laica y de clásicas libertades -aunque no exentas de limitaciones-, fundada en la educación y la apertura del país a ideas y a mercados internacionales, sin la tutela de la Iglesia.

Precisamente, un asunto crucial en esta Constitución fue la separación absoluta entre la Iglesia y el Estado, independencia marcada desde su preámbulo "sin Dios" que rezaba: "La Convención Nacional en nombre y por autorización del pueblo y de los Estados Unidos colombianos que representa"; consagró la libertad para profesar cualquier religión, siempre que no se atentara contra la soberanía nacional o se turbara la paz.

El título de 'Garantías de los derechos individuales' estableció el compromiso de respetarlos: inviolabilidad de la vida humana y exclusión de leyes que impusieran la pena de muerte; libertad absoluta de imprenta y de circulación de impresos nacionales y extranjeros; libertad de pensamiento, expresión y enseñanza; sufragio universal reglamentado por cada E. S.; libertad de trabajo, industria y comercio, inclusive de armas y municiones, útil para que cada E. S. conformara sus propias fuerzas armadas. La Constitución fue rígida en lo relativo a sus posibles reformas; cualquier modificación debía contar con el respaldo unánime de todos los E. S.

Los retos

La Constitución de 1863, a diferencia de las expedidas anteriormente (1821, 1830, 1832, 1843, 1853, 1858 y la posterior de 1886), tuvo una inspiración de corte democrático liberal y trató de abrir camino a la fundación de un Estado laico.

Los problemas fueron múltiples para dirigentes liberales que en una sociedad tradicional, rural y tutelada por la Iglesia católica, proyectaron una sociedad moderna, progresista y de amplio ejercicio de la ciudadanía; soñaron con un país productivo, mejor comunicado y ligado a las nuevas fuerzas del mercado mundial y a las nuevas tendencias de bienestar social y material.

La federación fue la manera que encontraron las oligarquías regionales para ganar autonomía y disponer del patrimonio nacional -tierras, minas y burocracia- sin entrar en una confrontación general, gracias a un poder central debilitado y limitado a unas funciones. Las autonomías locales y provinciales se fortalecieron, se descentralizaron rentas y gastos públicos, así como la guerra, ya que las oligarquías regionales contaban con ejércitos. Los 22 años que duró esta Constitución dejaron como resultado más de 40 rebeliones regionales y locales y una guerra civil nacional.

Con la Constitución de 1863 todos los Estados Soberanos quedaron bajo regímenes liberales; solo por golpes de Estado -1864 y 1867- los conservadores rigieron los destinos de Antioquia y Tolima. El positivo ciclo exportador de tabaco, añil y quina coincidió con los mejores momentos del régimen liberal radical que comenzó a desgastarse por su exclusivismo político, la crisis de las exportaciones, los fraudes electorales y la oposición del Partido Conservador y de la Iglesia católica a su proyecto laico. Las ventajas de la federación y de las fuerzas locales fueron puestas en duda por los conservadores; el paisaje educativo y cultural fundado por los radicales fue desafiado por una cruzada religiosa; el control ejercido por la Iglesia católica en la vida de los individuos, liderado por el papa ultramontano Pío IX, quiso ser restablecido por obispos y numerosos sacerdotes.

La Constitución sería reformada como resultado de las guerras civiles de 1876-1877 y 1885. El Syllabus errorum (catálogo de los errores censurados por el papa Pío IX) y la Constitución de 1863 se constituyeron en símbolos de Nación y dos banderas de guerra; su confrontación terminó con el triunfo de las fuerzas del conservatismo y la Iglesia católica. Las puertas quedaron abiertas para la construcción de un país menos tolerante y más católico, muy polarizado y más acorde con políticas autoritarias y decisiones centralizadoras, lo que se plasmó en la Constitución de 1886.

*Doctir en historia. Profesor y director de la Escuela de Historia de Universidad Nacional de Colombia - sede Medellín-.
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