Viernes, 20 de enero de 2017

| 2004/05/30 00:00

Febrero 9 de 1930 <br>El fin de la hegemonía

La llegada de los liberales al poder puso fin a medio siglo de gobiernos conservadores y encaminó el país hacia la modernidad.

A pesar de las dificultades que debió afrontar en su gobierno, Olaya Herrera fue uno de los presidentes más populares del país.

El 9 de febrero de 1930 se desarrollaron las elecciones para la Presidencia de la República de Colombia. Se disputaban tal honor los candidatos conservadores Alfredo Vázquez Cobo y Guillermo León Valencia frente al candidato de la Concentración Nacional, el liberal Enrique Olaya Herrera. Ese día las urnas electorales estuvieron congestionadas pues a ellas se volcaron con una esperanza histórica de cambio las mayorías liberales que esperaban por fin alcanzar la primera magistratura y con su candidato ocupar el negado y esquivo solio del Libertador.

Las justas electorales transcurrieron en un ambiente pacífico pero de tensa calma, es decir, en un escenario político en el que todo o casi todo era irrestrictamente conservador (la policía, los jueces, los empleados oficiales, el Ejército, alcaldes y gobernadores). Se presagiaban enfrentamientos violentos entre facciones adeptas a uno u otros candidatos. Fue así como se presentaron fuertes choques en Montería, donde según las versiones de los liberales, los conservadores atrincherados en sus casas querían impedir a balazos la votación. No obstante y a pesar de este tipo de eventos, las circunstancias que rodearon y dieron sentido al proceso electoral aludido cambiaron la historia del país.

Los resultados de la votación así lo atestiguaron: Olaya, 369.934 votos, Valencia, 240.360; Vásquez, 213. 583, y no se trata solo del significado cuantitativo del proceso electoral sino también del profundo cambio político que evidenciaba el fin del antiguo régimen o si se quiere, de la hegemonía conservadora. Por primera vez, desde la promulgación de la Carta Constitucional de 1886, un liberal llegaba a la Presidencia de la República y desde ese momento regiría los destinos de la Nación, y en la práctica reflejaba un cambio en las representaciones colectivas de las masas liberales.

Además del apoyo de las masas liberales a Olaya, el triunfo liberal empezó a gestarse meses atrás con la muerte de monseñor Bernardo Herrera, arzobispo de Bogotá, quien en las dos últimas décadas había manejado el turno de candidatos presidenciales del Partido Conservador. Su sucesor, monseñor Ismael Perdomo, no fue capaz de definir el apoyo de la Iglesia a un solo candidato y dejó a los curas la decisión de orientar a sus feligreses por cuál de los dos candidatos conservadores votar.

Diferencia de votos

En todo caso, estas elecciones fueron diferentes a las de los años anteriores; el juego electoral y sus resultados, en el marco de los pasados gobiernos conservadores, estaba prácticamente predeterminado, es decir, desde la organización de las respectivas circunscripciones electorales hasta en los nombramientos de los funcionarios públicos que, en la mayoría de las oportunidades, eran adeptos ideológicos al partido de gobierno. Pero desde ahora la lógica propuesta por el electo presidente pretendía transformar el escenario político a través de un gobierno de Concentración Nacional con la participación de liberales y conservadores, con miras a lograr la reconstrucción nacional.

El triunfo de Olaya también fue una muestra del cambio que se estaba presentando en el país y la forma de hacer política. El candidato liberal utilizó por primera vez el transporte aéreo y la naciente radio para difundir su candidatura. En este orden de ideas, la opinión pública fue favorable a Olaya Herrera, se pensó que por fin el país experimentaría los cambios y las transformaciones necesarias que lo sacarían de la prolongada crisis y del estado de anquilosamiento político e institucional para buscar perspectivas de futuro, de bienestar, de reconciliación política que tanta falta le hacían a esta Nación tan duramente golpeada a lo largo de su historia republicana.

Por eso, el ascenso del liberalismo al poder debe entenderse como un gobierno de transición, como un país que hacía su tránsito hacia la modernidad. La realidad recibida por el presidente Olaya, después de su posesión del 7 de agosto, era compleja. Encontró un enorme déficit fiscal, sin capacidad para cubrir los salarios de sus funcionarios, con pocas posibilidades para cubrir las necesidades básicas de la población, una enorme deuda externa y en general un país sumergido en un agudo conflicto social.

En estas circunstancias y conforme a su propuesta de hacer un gobierno de concentración nacional, designó al ex presidente Carlos E. Restrepo como ministro de Gobierno y dejó en manos conservadoras los ministerios de Guerra, Hacienda y Educación. Las otra carteras quedaron en manos de importantes figuras del liberalismo. En consecuencia, el presidente Olaya acometió con su gabinete una serie de proyectos de ley y de reformas que resultaron ser meros paliativos y que no resolvieron de fondo la crisis que vivía el país.

El gobierno propuso un enorme plan de obras públicas, que incluía la construcción de nuevas vías con el objeto de generar empleo y articular mercados internos regionales. Así mismo se dictaron leyes sobre el sindicalismo, sobre la jornada laboral de ocho horas y sobre jubilación; se establecieron leyes regulatorias para la explotación petrolera y se creó la Caja de Crédito Agrario, entre otros logros.

Mientras el gobierno trataba de hacer cambios que en últimas no llenaban las expectativas con las que llegaron los liberales al poder, la guerra contra el Perú desplazó las tensiones internas. El resultado definitivo del conflicto fue fructífero no sólo para el gobierno de Olaya Herrera sino también para los intereses del partido Liberal. Logró desviar así la inconformidad que existía en algunos sectores menos favorecidos de la sociedad colombiana para transformarla en apoyo al gobierno liberal.

Esto fue posible a través del plan de obras públicas y al aumento del empleo y de la demanda interna de bienes y servicios, y avanzó también por todos los medios en la liberalización de las instituciones, nacionales, para modernizar del país y garantizar de paso el triunfo liberal en las elecciones presidenciales de 1934.

Otros cambios

El contexto general de los años 30 mostró que los cambios internacionales y las fluctuaciones del capitalismo exigían del país transformaciones, y dejaron ver que se debían adoptar nuevos modelos en el manejo de los asuntos políticos, económicos y sociales. De diversas formas el presidente Olaya buscó sacar al país de la mayor crisis económica de Colombia en el siglo XX e iniciar una transición de una hegemonía conservadora de medio siglo a un sistema político moderno.

La oposición política de algunos dirigentes del conservatismo y de sus copartidarios estuvo siempre al orden del día. El 5 de agosto de 1934, fecha en que una enorme concentración popular bipartidista mostró adhesión al saliente presidente de la República, explica de alguna forma la percepción y las representaciones colectivas que de este gobierno tuvieron las masas populares. Estando de embajador ante la Santa Sede, Olaya murió el 18 de febrero de 1937 a la edad de 57 años. Dos meses después sus restos mortales fueron traídos al país. Desde Buenaventura hasta Bogotá cientos de miles de personas salieron a recibir el cuerpo. Al llegar a la capital, una multitud recibió y acompañó hasta su última morada al hombre que el 9 de febrero de 1930 buscó sacar al país de la difícil encrucijada en que se encontraba.

*Historiador, profesor de la Universidad Pontificia Bolivariana

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