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| 10/1/2001 12:00:00 AM

Felices en la oficina

Aunque no faltan las dificultades, una encuesta de SEMANA revela que los colombianos viven un buen ambiente laboral.

La mayoria de los colombianos no parecen ganarse el pan con el sudor de su frente sino más bien con una sonrisa en el rostro. Esta es la principal conclusión de la encuesta sobre ambiente laboral contratada por SEMANA con Gallup Colombia y realizada a empleados de oficina en las cuatro principales ciudades del país.

Casi nueve de cada 10 colombianos dicen que por la mañana se levantan motivados para irse a trabajar, ocho de cada 10 admiran mucho a su jefe y todos los 351 entrevistados, salvo uno, sienten que lo que hacen es muy importante.

Hay varias cosas que los incentivan. El sueldo no es la principal. Antes que el pago lo que más motiva a la mayoría de encuestados, seleccionados de manera aleatoria, es ver logros concretos y, en segundo lugar, la gente con la que trabajan. Aunque sobre este punto hay algunas diferencias regionales. Mientras que para los paisas el prestigio que les da el trabajo es ligeramente más importante que el sueldo, para los caleños y barranquilleros el pago es un incentivo más grande que los colegas.

También sobre esto hay sutiles diferencias de género. Para los hombres ver logros concretos es más importante que para las mujeres, mientras que para ellas es más importante con quién trabajan que para los del sexo masculino. Dos de cada tres empleados, sin embargo, sienten que el salario que les pagan es inferior al que se merecen.

La felicidad de los empleados colombianos parece no depender del reconocimiento de los jefes ni de la equidad que se viva en la oficina. Casi la mitad considera que los más vagos se recuestan sobre los más trabajadores. Se trata de una percepción que es más acentuada en Medellín y Cali y más generalizada entre aquellos empleados del sector financiero. Y aunque dos de cada tres consideran que en general en su oficina se premia y se recompensa al más eficiente y al más capacitado todavía se percibe cierto amiguismo en la oficina. Especialmente en Medellín, donde el 22 por ciento de los encuestados dicen que el más amigo del jefe se lleva la mejor parte. También es interesante ver que en todas las ciudades, menos Bogotá, casi el 20 por ciento afirma que la compañía no premia ni recompensa a nadie.

Esta dificultad aparente de los jefes para reconocer los méritos de sus subalternos se confirma con otras preguntas de la encuesta. Dos de cada tres encuestados dicen que en el último año su jefe los ha felicitado pocas veces o casi nunca por algún logro y esta sensación es aún más marcada entre los hombres.

Al parecer los jefes tampoco son regañones. Sólo el 7 por ciento de los encuestados reconoce que el jefe los haya reprendido con mucha frecuencia por alguna equivocación en el último año y la absoluta mayoría confiesa que pocas veces o casi nunca había sido regañada.

Pese a esta aparente tolerancia frente a las equivocaciones de los subalternos, a lo que más miedo le tienen los colombianos es a equivocarse. Y a lo segundo que le temen es a que su jefe los regañe delante de los demás, siendo esto más pronunciado entre las mujeres.



Las ineficiencias

Aunque se siente entre los colombianos un nivel alto de satisfacción con su trabajo la encuesta de SEMANA, que comprende una muestra representativa del personal de oficina de las 5.000 empresas más grandes del país por ventas con un margen de error del 6 por ciento, también revela unos lunares grandes en el ambiente laboral colombiano que minan la productividad.

En promedio los encuestados trabajan 9,1 horas al día y el 42 por ciento de ellos lo hace 10 horas o más. Desbaratando el mito popular de que en Bogotá es donde más se trabaja, las cifras demuestran que es la ciudad donde menos horas pasan los empleados en la oficina.

Sin embargo estas largas horas presenciales no se invierten exclusivamente en trabajar. Sólo la mitad de los empleados aceptan que dedican más del 90 por ciento del tiempo de oficina exclusivamente a producir para la empresa. En Bogotá y en Cali uno de cada cuatro confiesa que dedica menos del 70 por ciento de su tiempo laboral a trabajar. Curiosamente en la capital vallecaucana, donde más tiempo invierten los empleados en la oficina (9,8 horas diarias), es donde las respuestas reflejan la menor productividad.

¿Qué hacen los empleados en la oficina cuando no están trabajando? A juzgar por la encuesta, muchos se dedican a chismosear sobre los compañeros de trabajo. El 7 por ciento afirma que los chismes circulan por su oficina más de una vez al día. El 35 por ciento confiesa que lo hace una vez a la semana o más y sólo uno de cada cinco entrevistados dice que menos de una vez al mes circulan rumores sobre colegas en su oficina. Los chismes y las envidias son también el factor que más enrarece el ambiente de trabajo después de la crisis económica que atraviesa la empresa.

Las relaciones amorosas o sexuales ocurren con tanta frecuencia como en el mundo de Betty, la Fea. Un poco más de uno de cada cinco colombianos admite haber tenido un romance con algún colega y uno de cada tres dijo conocer a alguien de su lugar de trabajo que haya tenido una relación sexual con personas de su misma oficina.

En este punto nuevamente los mitos quedan por el piso. Al parecer los bogotanos son el doble de románticos en la oficina que los barranquilleros. Y un dato curioso: el sexo entre colegas es dos veces más recurrente entre los empleados del sector de sistemas que entre cualquiera de los otros gremios.

El otro mito que queda sin piso con esta encuesta es el de la frecuencia del acoso sexual. Sólo el 5 por ciento de los encuestados dice haberse sentido acosado sexualmente alguna vez en la oficina. Y una sorpresa aún mejor: esta respuesta no varía entre hombres y mujeres.



La crisis

La crisis económica que atraviesa al país ha golpeado fuertemente la vida laboral. Dos de cada tres colombianos en las grandes ciudades dicen que la recesión ha afectado mucho el ambiente de la oficina y que este es el factor que más lo perturba. Y no es para menos. Más de la mitad de los encuestados dicen que con la actual crisis económica perdieron el aumento de su sueldo. También admiten haber perdido cursos de capacitación, los bonos de fin de año, los viajes, las actividades recreativas y uno de cada 10 confiesa haberse quedado incluso sin las gaseosas y los tintos gratis en la oficina. Pero quizá lo más preocupante es la sensación que se vive de inestabilidad laboral. Casi la mitad siente que es muy probable o algo probable que pierda su actual puesto por recortes. Sólo en Medellín y entre el gremio de las secretarias se percibe cierta sensación de estabilidad. Por el contrario, en Cali es donde más pesimismo se advierte.

Y aunque nadie ignora los efectos perversos de la difícil situación del país sobre el ambiente laboral, esta encuesta es consecuente con los resultados que han arrojado otras en el pasado. Los colombianos son felices a pesar de todo.



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