Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

Feliciana Vázquez

De la hija del pintor Vázquez y Ceballos, una misteriosa artista, aún se debate si es la autora de algunas imágenes más importantes del siglo XVII.

Feliciana Vázquez

Son numerosos los historiadores que aseguran que la hija del pintor Vázquez y Ceballos actuó como su modelo, discípula y colaboradora, pero, a pesar de la osadía que representaron algunas de estas actividades en la mojigata sociedad colonial, sólo en 1963 se volvió a conocer su nombre, Feliciana, el cual no deja de resultar irónico si se consideran los padecimientos que soportó durante su vida. Su historia ejemplifica los prejuicios que prevalecieron en el país acerca del arte femenino hasta mediados del siglo XX, puesto que si bien no existe total certeza sobre las obras de su autoría, los historiadores le han adjudicado con frecuencia aquellas pinturas del taller de su padre que no son sobresalientes. Feliciana comenzó a aparecer en las obras de Vázquez "desde edad floreciente", pero su figuración se incrementó al morir su madre, quien había sido la modelo preferida del maestro. Feliciana, por ejemplo, es la joven que de rodillas presenta a un niño que lleva en sus brazos en La predicación de San Francisco Javier (1698, Iglesia de San Ignacio, Bogotá), lienzo que incluye una verdadera escena familiar, puesto que junto a su semblanza aparece el retrato de su hermano, y un poco atrás, el autorretrato del maestro. Las representaciones de Vázquez han permitido concluir que Feliciana era una mujer excepcionalmente atractiva cuyo rostro "de óvalo perfecto y esbelta figura arrebataría a más de un galán que supo acecharla goloso a través de celosías". Uno de esos galanes, el aristócrata Fernando de Caycedo se enamoraría perdidamente de la joven, quien le correspondería "ese ardiente amor que pronto se trocaría en pasión que avasalla para caer en vulgar aventura". Feliciana daría a luz una hija 'natural', a quien quiso "botar a la Casa de Niños Expósitos" por el temor que le tenía a su progenitor, a quien el hecho le causó gran aflicción. La artista, humillada y avergonzada, se vio obligada a vivir desde entonces prácticamente escondida y separada de su hija con quien sólo pudo mostrarse públicamente después de la muerte del pintor. La tradición atribuye a Feliciana las 48 inusuales escenas costumbristas de un biombo encargado por el padre de su hija (colección particular, Bogotá), y existe consenso en que las ocho pinturas que adornan el frontispicio del altar en que está el mencionado lienzo de la Predicación de San Francisco Javier y las ocho del altar que muestra la pintura Calvario (también de Vázquez en la iglesia de San Ignacio), sólo pueden ser obra de sus manos. Si bien los temas están basados en cuadros de su padre y es muy posible que él hubiera guiado sus trazos, se ha reconocido en ellos "una fastuosa imaginación femenina". En estas obras llaman la atención los vistosos atuendos de los personajes y la precisión en la representación de encajes, bordados, plumas y pedrería. Su trabajo visionario abrió camino a la mujer en un oficio en el que, en la actualidad, destacan muchas de sus congéneres. *Crítico e historiador de arte

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