Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

Feliza Bursztyn

Una innovadora al experimentar con chatarra en la escultura colombiana. Con ella se empezó a hablar de arte contemporáneo.

Una mujer polémica, transgresora y decidida, que instaura en el arte colombiano un espacio para la "anarquía formal y conceptual", como lo señalara Marta Traba, en un medio reacio al arte moderno. Con sus chatarras y la inclusión del movimiento en sus obras, transformó la escultura en Colombia, junto con Eduardo Ramírez Villamizar y Édgar Negret. Sin embargo, su actitud va más allá de la escultura moderna, más allá de la estética de la abstracción que caracteriza la obra de estos dos grandes escultores. Nació en 1933, en Bogotá, en el seno una familia tradicional judía. En 1954 estudió escultura en el Art Studentes League de Nueva York y dos años después estudió en París en Grand Chaumiere, con Ossip Zadkine, escultor ruso, activo artista de vanguardia cercano al cubismo, quien privilegió la creación espontánea. A su regreso a Colombia, Feliza realizó su primera exposición individual en Bogotá en 1958 en la Librería Central, donde exhibió unas pequeñas figuras en las que, según Marta Traba, hay "diversión e incredulidad acerca de sus posibilidades de belleza tradicional". En 1961 expuso sus primeras chatarras en la Galería El Callejón y fue Feliza la primera artista que usó materiales de desecho en Colombia. Su trabajo fue reconocido en el XVII Salón de Artistas Nacionales, donde recibió el primer premio en escultura por su obra Mirando al norte, una pieza realizada con metales de desecho, tomados de la basura, además, subversiva en su estructura caótica y vital. A propósito del trabajo realizado entre 1961 y 1967, Germán Rubiano comenta que Feliza "construyó un sinnúmero de chatarras. (?) conglomerados de ruedas, aros, tuercas, pequeñas láminas, etc." Y Walter Engel definió sus chatarras como "(?) ramos de flores de metal, pequeños y graciosos unos, extensos, anchos y voluminosos, otros", en los que la escultora encontró "la poesía de la chatarra". Posteriormente, en 1968, mostró su obra Las histéricas, en el Museo de Arte Moderno, que entonces estaba ubicado en la Ciudad Universitaria. La muestra, comenta Germán Rubiano, estaba compuesta por "una serie de construcciones en acero (?) en la cual la forma predominante era una cinta doblada a manera de garabato libre en el espacio que, con ayuda de un pequeño motor a la vista, vibraba y sonaba sin descanso". El movimiento en la escultura es un elemento provocador que estuvo presente en obras posteriores como Las Cujas y La baila mecánica. Las camas se exhibieron en 1974 en el MAM de Bogotá y en el Museo de La Tertulia en Cali. La obra consiste en un conjunto de catres sobre los que hay un bulto cubierto por una tela que se mueve de forma intermitente, sugiriendo el movimiento de la cópula. Y se exhibían en una sala pintada de negro, acompañados con música compuesta por Jacqueline Nova. En esta obra, que escapa a las categorías de la escultura moderna, hay algo de teatral. En La Baila (1977), compuesta por un conjunto de formas en movimiento también cubiertas con telas de color y animadas por motores, Feliza se acercó al mundo de la danza. Quienes vieron el espectáculo hablan de "una extraña y saturnina danza", un movimiento espasmódico en el que habita la melancolía. Nuevamente será Marta Traba quien analice en profundidad las características de este movimiento inusual. En esta obra, "la sátira se vuelve ruinosa, pierde el chisporroteo de obras anteriores (?) los movimientos irrisorios programados para personajes sueltos o parejas, obligan a pensar que ahí se está describiendo algo así como la vida, el amor o las relaciones humanas y que, como pasa en toda la obra de Feliza, se habla jovialmente de la muerte". En enero de 1982 Feliza murió a causa de un paro cardíaco en París, donde residió los últimos años de su vida, exilada después de haber sido detenida por varios días en las tristemente célebres pesebreras de Usaquén. Con Feliza se inauguró una nueva actitud artística que ha hecho posible la existencia del arte contemporáneo. *Directora del Instituto de Investigaciones Estéticas Universidad Nacional de Colombia.

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