Domingo, 22 de enero de 2017

| 1990/09/10 00:00

GALAN EN LA CASA DE NARIÑO

GALAN EN LA CASA DE NARIÑO

Luis Carlos Galán se preparó toda la vida para vivir el 7 de agosto pasado, es decir, para dirigir y cambiar a Colombia. Todas sus acciones, hasta las más minimas, tuvieron como norte ese objetivo, porque creía a pie y juntillas que tenía con el país una responsabilidad histórica qué cumplir y nada ni nadie lo pudo nunca apartar ni una décima de segundo de esa convicción. Se equivocó por 11 meses y 20 días porque, aunque siempre estuvo alerta para defender unas ideas y una ética, no pudo defenderse de las balas asesinas de unos traficantes de coca.

Así, todos los colombianos sabemos que, de no haber mediado el crimen, hoy Galán sería el Presidente de la República. Como no habló ni actuó sino en función de ese desempeño, no resulta complicado lanzarse a la fantapolítica e imaginar lo que hubiera pasado en la Casa de Nariño durante los próximos 4 años.

Comencemos por la imagen del nuevo Presidente: ésta hubiera sido adusta y seria, como lo era en público Galán, pero sería la de un gobernante bastante comunicativo y los colombianos nos hubiéramos tenido que acostumbrar a las largas y frecuentes intervenciones presidenciales por televisión, pues como buen comunicador y periodista que era, sabía la importancia de mantenerse en sintonía con la opinión pública; su magnífico don de la palabra las habría hecho interesantes, aunque esos porcentajes, comparaciones estadísticas y precisiones numéricas que tanto le gustaba manejar hubieran, a ratos, aburrido a los televidentes.

Este Presidente no hubiera tenido ghost writer, pues siempre escribió, a mano, sus discursos y sus intervenciones públicas, sin desdeñar, claro, los aportes de información de sus asesores. La relación cotidiana con los periodistas, entre los que tenía comportamiento de colega, hubiera sido amable y fácil, y frecuentes las ruedas de prensa improvisadas en las puertas del Palacio de Nariño. Dada su formación austera de clase media y su modo de vida espartano, las fiestas y reuniones hubieran sido en Palacio las estrictamente protocolarias y seguramente bastante aburridas por la seriedad y el poco interés en el desempeño social de los anfitriones.

La primera dama podría haber establecido un nuevo patrón, pues demostró siempre no limitarse a ser la esposa convencional del político ni a participar en los papeles secundarios y decorativos que normalmente se asigna a éstas. Y además hubiera sido la primera de todas en haberse ganado la vida durante años, trabajando como cualquier mortal. Los hijos del Presidente hubieran sido abordados frecuentemente por los periodistas para conocer sus opioniones políticas, pues, como lo han demostrado ya, las tienen y de ¡qué manera!.

El nuevo mandatario hubiera pasado a la historia como un Presidente viajero, por varias razones: por su afición a desplazarse por el país (le dio en 10 años tres veces la vuelta a Colombia), por su interés prioritario en establecer una política de fronteras y por trabajar en favor de la integración económica y política de América Latina: precisamente en una encuesta hecha por SEMANA hace dos años (No. 308) señaló ésa como su mayor ambición política. Aunque el talento de Galán era el de un conciliador siempre buscó el "justo medio aristotélico" y los exabruptos presidenciales hubieran desaparecido durante este cuatrenio, el país hubiera tenido que acostumbrase a las audacias políticas del mandatario, las cuales habría planteado con la mayor naturalidad y hubiera sacado adelante: no de otra manera hizo su meteórica y fecunda carrera política.

Tradicional en su concepción de la vida y en su indumentaria alguien la calificó como la de un típico abogado javeriano este mandatario no hubiera introducido modificaciones en la parafernalia religiosa y emblemática que rodea a la institución presidencial. Es seguro que no hubiera tenido Sanedrín, sino que se habría rodeado de un equipo de asesores, los cuales conformarían un auténtico "gabinete en la sombra" de gente de su entera confianza política e intelectual, que hubiera trabajado para él produciendo propuestas que luego confrontaría con sus ministros. Este "gabinete en la sombra" sería paralelo en temas la gabinete oficial.

Y a propósito, ¿cómo habría sido el gabinete de Galán? Aunque le gustaba el esquema gobierno-oposición (no el barquista, desde luego), no hubiera hecho un gobierno hegemónico y la composición de su gabinete hubiera sido algo similar a la de Gaviria, aunque con mayor representación de la mujer y con un espectro más amplio en materia regional; la representación galanista habría correspondido con mayor énfasis a gente del Nuevo Liberalismo y no a galanistas de extracción lopista, como ocurrió, salvo en el caso de Alfonso Valdivieso, con el gabinete de Gaviria.

La posesión del nuevo Presidente hubiera estado acompañada, sin duda, de una alta dosis de emotividad popular pues, aunque Galán no era ni por asomo populista, su carisma y la imagen de joven líder que proyectaba, hubieran despertado un gran fervor. Todo parece indicar que hubiera pronunciado su discurso en un acto multitudinario en la Plaza de Bolívar y sus más cercanos colaboradores se aventuran a afirmar que se habría centrado en la explicación del papel que tiene cada colombiano en el desarrollo político y social del país.

Aunque una cosa es la que se propone en las campañas y en los discursos de posesión y otra la que finalmente se realiza en las obras de gobierno, existen algunas propuestas claves que fueron una obsesión permanente para Galán en sus 15 años de actividad política. Con base en ellas podemos deducir qué asuntos hubieran cambiado en su administración. En materia de comunicaciones, tema que él mismo estudió a fondo, hubiera adelantado una política antimonopolio en la radio y en la televisión, hubiera despolitizado los noticieros y, ante la realidad inatajable de los canales privados y regionales habría impulsado una política de defensa de las productoras nacionales y de fortalecimiento del canal estatal. Como creía que la educación política era una necesidad básica de los colombianos, hubiera utilizado los medios para impartirla.

Galán pensaba en términos de inaugurar una nueva era para Colombia. Por tanto, se había empeñado, en materia económica, en un conjunto de megaproyectos que tenía perfectamente estudiados y definidos. La importancia que le daba a la internacionalización de la economía, dentro de unas líneas más moderadas que las planteadas hoy, hubiera significado un impulso notable al desarrollo de la Costa Atlántica en materia de infraestructura. Por esta misma razón, su diplomacia habría sido esencialmente comercial, dirigida a vender la producción nacional. Esta diplomacia se hubiera dedicado además a trabajar la política de fronteras. Si creemos en lo que escribió Galán en 1975 en una carta personal ("Tengo el propósito de publicar todos los meses por lo menos un artíulo de fondo sobre los temas venezolanos") habría que deducir que el conflicto con Venezuela hubiera sido su gestión diplomática estrella.

Hubiera trabajado para garantizar la educación básica de 9 años para todos los colombianos, para modernizar el sistema electoral, para establecer la carrera administrativa en todas las instancias de la administración pública y para impulsar la construcción de acueductos rurales. La mujer se habría beneficiado con el reconocimiento legal de los derechos matrimoniales de las uniones de hecho.

Existían, desde luego, planes para la reforma de la justicia y del Congreso, planes para la niñez, para el desarrollo energético y demás temas que deben ocupar a un gobernante, pero los que hemos enumerado en forma concreta eran los asuntos alrededor de los cuales, con toda seguridad, habría que haber hablado en los balances en 1994.

Para el 7 de agosto de ese año, el expresidente Galán ya hubiera hecho planes para irse de profesor a una universidad inglesa pues, según trató de convencer siempre a sus más cercanos, la pedagogía era su verdadera vocación y el desempeño de su oficio de profesor, su sueño dorado...

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