Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1997/01/06 00:00

GARROTE OXIDADO

DE TANTO ANUNCIAR LAS SANCIONES ECONOMICAS WASHINGTON DESGASTO ESA AMENAZA Y YA CASI NADIE CREE QUE LA VAYA A CUMPLIR.

GARROTE OXIDADO

Al gobierno de Estados Unidos le está pasando con Colombia lo mismo que al pastorcito mentiroso: amenaza y amenaza con sanciones pero nada que las impone. Si en estos días el embajador Myles Frechette volviera a insinuar su inminencia, por cuenta de que los puntos de la agenda que su gobierno trató de imponer al colombiano en materia antidrogas sólo se han cumplido parcialmente, de seguro despertaría más de una sonrisa. Esto no siempre fue así. Cuando aparecieron los 'narcocasetes' hace ya dos años y medio, Estados Unidos, por boca del subsecretario de Estado para narcóticos, Michael Skol, le dejó en claro al entonces presidente electo Ernesto Samper que Washington estaba dispuesto a olvidar lo de la campaña electoral a cambio de que el nuevo mandatario demostrara con resultados su compromiso en la lucha contra el narcotráfico. Entre ese día y el primero de marzo de este año, fecha de la descertificación, Estados Unidos amenazó con sanciones políticas y económicas al gobierno colombiano para presionarlo a lograr la captura y condena de los capos del cartel de Cali, la reforma del Código Penal, considerado demasiado blando, y el restablecimiento de la extradición. Aunque hubo importantes éxitos policivos en la detención de los capos, en ese período no se avanzó en el campo legislativo. Y en lo referente a las capturas, Washington aseguró que los narcos seguían delinquiendo tras las rejas.Debido a ese balance que la administración Clinton juzgó insatisfactorio, Colombia fue descertificada en marzo y colocada en una lista de países parias, al lado de Afganistán, Myanmar, Irán y Nigeria. Semanas más tarde Washington le quitó la visa de entrada a Estados Unidos a Samper. Después de semejante ofensiva, desatada en momentos en que el Presidente se tambaleaba, parecía faltar solo un golpe de gracia: las sanciones económicas. Una vez más el gobierno estadounidense amenazó con ellas pero no las aplicó. Optó en cambio por utilizar el garrote de las mentadas sanciones para lograr así no sólo los objetivos anteriormente descritos sino otras exigencias que iban desde el reemplazo del glifosato por un herbicida granular para mejorar la erradicación de cultivos ilícitos, hasta la aprobación de un severo paquete antidrogas, encabezado por el retorno de la extradición y una ley de extinción de dominio de los bienes de los narcos. Sin embargo el chantaje apenas consiguió su cometido en forma limitada. Aunque la semana pasada estaba a punto de salir del Congreso el proyecto de extinción de dominio, el de aumento de penas parecía condicionado a la inclusión de un 'mico' para favorecer a los ex congresistas detenidos por el 8.000. La iniciativa de revivir la extradición fue primero motilada en el Senado y luego hundida en la Cámara. En cuanto a la erradicación de cultivos, los resultados siguen siendo bastante pobres. El balance de todo eso, según la agencia antidrogas DEA, es que hoy Colombia está exportando a Estados Unidos más cocaína y heroína que nunca, en buena parte gracias a que grupos de narcotraficantes menores se han aprovechado del vacío dejado por los capos capturados.Pero aún así, cada vez hay más analistas que creen que es improbable que Washington aplique sanciones económicas a Colombia en 1997. Aunque entre las metas que Estados Unidos trazó para no imponer sanciones son muchas las que no se han alcanzado, Samper puede mostrar algunos triunfos muy significativos que harían impresentable la aplicación de medidas económicas contra el país. Porque en ese juego del chantaje, el Presidente colombiano parece haber ganado con habilidad la partida, al hacer solo una parte de la tarea impuesta por Washington, pero hacer lo suficiente para no rajarse del todo. Esto ha colocado a Estados Unidos en una posición muy difícil: no puede aplicar sanciones, pero tampoco reconciliarse del todo con Samper. Seguramente en 1997 tratará de hacer nuevas exigencias para no imponer sanciones, pero es muy posible que para entonces ya esté muy desgastado ese garrote. E incluso si la amenaza se vuelve real, a Washington le puede pasar lo del pastorcito mentiroso a quien nadie le creyó que venía el lobo cuando éste por fin asomó las orejas.

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