Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1992/08/31 00:00

GASTRONOMIA

GASTRONOMIA

ENTRE CAVAS Y LEYENDAS
PARA NADIE ES UN SECRETO QUE UNO de los mayores atractivos gastronómicos de España son los vinos. Vinos que se caracterizan por su calidad y diversidad, y que imprimen a la tradición una magia especial recogida de las viejas y ancestrales cavas donde reposa el aroma especial de la vid. Pero lo más maravilloso de la producción vinícola de este país es que cada una de las regiones ibéricas participa en forma directa de esta tradición, factor que proporciona a las cartas de licores una variedad sin liíites en cuanto a vinos se refiere. Existen más de 30 clases de vinos a lo largo y ancho del territorio español y están garantizados y controlados por el Instituto Nacional de Denominaciones de Origen, organismo que maneja los diferentes tipos de producción y las distintas características climáticas y geográficas que presentan cada una de las regiones con el propósito de establecer un ambiente adecuado para la producción de los exquisitos vinos españoles.
El recorrido comienza al sur de España, en la hermosa Andalucía que en 1982 recibió la aprobación del estatuto que la convirtió en una Comunidad Autónoma, cuya capital es Sevilla. Esta región cuenta con varias denominaciones de origen, es decir, diferentes casas vinícolas, entre las que se conocen: Jerez-Xéres-Sherry, Manzanilla-San Lucar de Barrameda, Málaga, Montilla Moriles y Condado de Huelva. Los vinos que allí se producen son, según los expertos, los más personales y los más famosos a nivel internacional. Se elaboran mediante un sistema único, pues no se trata de un vino que proceda de determinada cosecha sino es el producto de varias mezclas que se trabajan a lo largo de los años. Se crían en botas de roble y presentan sutiles variedades clasificadas en 10 tipos: Fino, Amontillado, Olorosos, Palo Cortado, Raya, Pedro Jiménez, Moscatel, Cream, Color y Manzanilla. Por su variedad y elaboración los vinos andaluces se encuentran en los primeros lugares de preferencia cuando de catar exquisitas bebidas se trata.
En un lugar de la Mancha de cuyo nombre Miguel de Cervantes no quiso acordarse existen denominaciones vinícolas como: Mancha, Mentrida, Valdepenas y Almansa. Esta zona se considera como la gran despensa vinícola española porque cuenta con una vasta área de producción que abarca las provincias de Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Albacete.
Allí se producen vinos, en general, de consumo popular y notable calidad. También se encuentran suaves, secos y de escasa acidez. Los más conocidos son: Valdepenas, tintos y blancos ligeros. Según los expertos, todos suelen consumirse jóvenes, de un año a dos como mínimo.
En Castilla, región que comprende la tercera parte de España y está poblada por más de nueve millones de habitantes, se encuentran denominaciones vinícolas como: Rueda, Ribera del Duero y Toro. En esta zona se producen "caldos" tintos y rosados, entre los que se encuentran algunos de fama universal. Se destacan los de las localidades de Valbuena, Quintanilla de Arriba y Quintanilla de Onésimo.
Son vinos de escasa producción que alcanzan precios muy elevados.
Para continuar el recorrido por los viñedos españoles es necesario hacer una bleve estación en Cataluña. Allí, bajo la magia del antiguo principado de la península Ibérica, se descubre un área que ofrece magníficos vinos, tintos, blancos y claretes, de una valiosísima tradición.
Los más apreciados son los de Penedes y los de Priorato.
Los vinos del Priorato son probablemente los más artesanos del país, en los que se destacan los tintos oscuros, de sabor aterciopelado y complejo aroma.
Para cerrar con broche de oro el viaje, La Rioja, provincia al norte de España, es la encargada del último brindis al calor de los más exquisitos vinos ibéricos. Esta zona, atravesada por el pequeño río Oia, da nombre a una de las más ricas áreas vinícolas de la península. La Rioja está dividida, en función de sus vinos, en tres subzonas: Rioja Baja, que produce vinos de alta graduación alcohólica, afrutados y de mucho cuerpo. La Rioja Alta, la zona de las grandes aliadas y reservas, produce vinos de graduación moderada, muy aromáticos y un sabor equilibrado e inconfundible. La Rioja Alavesa, la tercera subzona, produce vinos tintos que generalmente se toman muy jóvenes y tienen un grato punto de acidez. En general, todos los vinos que se producen en La Rioja son verdaderas joyas de la gastronomía nacional, que por su técnica y arte de elaboración, y por las condiciones físicas de la provincia, han pasado a ser parte integral de la lista de los más famosos del mundo.
En síntesis, España no sólo se conoce por ser la tierra madre, ni porque hoy es la sede de los Juegos Olímpicos, ni por ser el refugio del flamenco y la tauromaquia, sino también por su producción vinícola que, sin duda alguna, es una de las más grandes del mundo.


500 AÑOS DEL CHOCOLATE EN EUROPA
SOLO RESTAN TRES MESES PARA LA GRAN celebración del V Centenario del Descubrimiento de América. Tres meses en los que se levantarán los telones de la cultura para que desfilen, uno a uno, los encargados de representar la hazaña del navegante Cristobal Colón y revivir cada uno de los momentos que marcaron la historia de las Américas. Pero lo que nadie sabe es que ese mismo mes se celebra el V Centenario de la aparición del chocolate en el viejo continente. Una hazaña que tuvo como trofeo la dulzura de una especie de almendras que fueron utilizadas por los indígenas, en principio, como primera moneda, como primera divisa para el intercambio de alimentos.
Cuenta la historia que en su último viaje, Colón zarpó de la isla de Martinica y luego de varios días de navegar en mar abierto llegó a la isla Guanaja, trozo de tierra que bautizó con el nombre de Isla de Pinos. Allí fue recibido por una tribu indígena la cual le dió la bienvenida con una bebida de fuerte amargor. Los tripulantes españoles rechazaron la bebida, pues su sabor era extraño, sin saber que, precisamente, ese oscuro y espeso brebaje sería uno de los alimentos más importantes de la historia. Tan importante que, por ejemplo, hizo varias apariciones en las crónicas históricas de la época. Muestra de ello son algunos de los relatos del historiador Bernal Díaz del Castillo. "Y desde los que lo oyeron se les perdió la color y temblaban de miedo; dejan sólo a Cortés y los salen a recibir; y de presto les enraman una sala y les guisan de comer y les hacen mucho cacao, qu es la mejor cosa que ellos beben".
Continua la historia en su relato y entre leyendas y mitos, entre realidades y recuerdos se encuentran los soldados de Castilla camino a su destino, cuyo punto final es alcanzar la mítica e imperial ciudad de Tenochtitlán que, según los expertos, era el suelo viviente de los corsarios españoles. Allí sonó la hora y el cacao inició su marcha triunfal hacia la conquista de los paladares más exquisitos del resto del mundo. Y aunque los españoles monopolizaron el mercado del cacao, algunos países europeos también disfrutaron de esta apetitosa bebida. Italia, por ejemplo, tuvo conocimiento del cacao en 1565. La noticia llegó a manos de Girolan Benzoni, un botánico que se encargó de desacreditar la bebida asegurando que se trataba de un alimento para cerdos y no para seres humanos. Es cierto que Benzoni atentó contra la reputación de la bebida pero también logró que los italianos se interesaran en ella. Para finales del siglo XVIII, Turín ya era una potencia chocolatera en Europa, con una producción diaria de 350 kilos. Esta producción le permitió exportar a países como Austria, Alemania y hasta a Francia, donde, hoy por hoy, el chocolate italiano tiene un gran prestigio dentro del mercado.
Francia, por su parte, tuvo conocimiento del cacao a causa de la boda de Luis XIII con Ana María de Austria, hija de Felipe III, rey de España. Ella lo llevó al matrimonio por que se trataba de su bebida favorita y, para ella, boda sin chocolate no era boda. La gran mayoría de los invitados quedó atrapado por el aroma y sabor de la bebida. Los cardenales Richelieu y Mazarino fueron algunos de los más famosos adeptos de la época. 69 años más tarde, el chocolate fue objeto de una tesis doctoral en la Sorbona, documento que presentó M. Foucault bajo el título "Ad chocolate usus salubris". Cuentan que fue tan fuerte la argumentación del doctorado qu el presidente del tribunal examinador, M. Pachot, lanzó un elogio para la encantadora bebida: "Esta bebida bien hecha resulta una confección tan noble que, más que el néctar o la ambrosía, es el verdadero alimento de los dioses".
La llegada del chocolate a Europa Central fue producto de la generosidad de la emperatriz María Teresa, emperatriz de Alemania, Reina de Hungría y de la Bohemia. El cacao fue recibido directamente de España y María Teresa se encargó de convertirlo en una de las bebidas más especiales de su corte. Luego se encargó de difundirlo a lo largo y ancho del territorio europeo.
La introducción del chocolate a Inglaterra se dió a mediados del siglo XVII. Pero el consumo de la golosina tuvo un agravante y fueron los impuestos, una constante en la vida mercantil del país. Sin embargo, en 1654 se abrió la primera casa de chocolate en Bishopgate y en 1764 se abrió la famosa Chocolate-House "Cocoa Tree" o árbol de cacao.
Finalmente, Estados Unidos fue uno de los últimos países en incorporar el chocolate a la vida diaria. Pero a pesar de que llegaron un poco tarde a conocerlo, la tierra del Tío Sam es hoy en día uno de los más grandes productores de golosinas con sabor a chocolate, ese alimento de los dioses que llegó a conquistar a Europa hace ya 500 años. Por eso, cuando llegue el momento del brindis para celebrar los 500 años del Descubrimiento de Améerica, también habrá que levantar las copas por el cumpleaños del chocolate.

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