Viernes, 24 de febrero de 2017

| 2003/06/29 00:00

Generación pragmática

Quienes hoy tienen alrededor de 30 años quieren seguridad, son poco idealistas, cambian todo con facilidad y viven más rápido.

Son la generacion Nike. El eslogan de esta marca Just do it (inténtalo y lo lograrás) retumba en su cabeza desde que son adolescentes. Hoy tienen entre 28 y 37 años y una infinidad de alternativas de vida. Por ejemplo, Ricardo: abogado, de 34 años. Vive apasionado por su trabajo que le implica viajar cada 15 días entre Miami, Argentina, México y Bogotá. Ha tenido varias novias pero nunca ha querido a ninguna lo suficiente como para comprometerse. Vive con tres amigos y le encanta ir al gimnasio todas las noches.

Susana: economista, de 33 años. Tiene una hoja de vida espectacular. Vive sola en su propio apartamento y aunque todo el mundo quiere casarla ella está contenta con su estilo de vida.

Jimena: sicóloga, de 35 años. Quiere tener un hijo pero no ve ningún posible papá a la vista. Ya pasó los papeles para adoptar un bebé.

Felipe: arquitecto, de 34 años. Felizmente casado. Es un empresario exitoso. Trabaja desde su casa para cuidar a su bebé mientras su esposa está en la oficina.

Sandra, ingeniera de sistemas, 36 años. Se casó con su novio de toda la vida hace nueve años. Hizo un posgrado y trabaja como consultora en una multinacional. Está tratando de tener un bebé in vitro.

Pedro, comunicador social, 32 años. Por las noches oye el tic-tac del reloj biológico de su esposa. Quiere tener hijos pero le afana no saber si conservará el puesto para sostener una familia.

Adriana, ejecutiva de mercadeo, 34 años. Llega a trabajar a las 6 de la mañana a su oficina para poder hacer con sus hijos las tareas a las 5 de la tarde.

Estos son sólo siete casos de profesionales colombianos de esta generación. Cada uno tiene una historia radicalmente diferente. Pero tienen en común que no sienten la obligación de seguir un solo patrón de vida y que confían en que podrían cambiar de rumbo con sólo ensayarlo. Porque fueron los primeros en globalizarse de manera masiva, habitan espacios simultáneos y un tiempo mucho más rápido que las generaciones que los precedieron.

Reciclan sus relaciones y hasta su propia vida con facilidad porque en su mundo pocas cosas permanecen. No creen en utopías, son pragmáticos y por encima de todo buscan su propio bienestar. "Mientras que las generaciones anteriores aspiraban a alcanzar unas oportunidades y unas recompensas, las generaciones de hoy las exigen. Sienten que se merecen ser muy felices", afirma la socióloga Pamela Paul, en su libro Los matrimonios prematuros.

Multiples espacios

Los que hoy tienen 30 años descubrieron Internet en la universidad, se graduaron en plena apertura de César Gaviria y se montaron en la cresta de las privatizaciones. Esta generación tuvo por primera vez un acceso ilimitado a CNN, Discovery Channel y Espn. Sex and the city es una referencia tan cercana para ellos como lo fue Sábados felices para generaciones anteriores.

Hoy por hoy son cada vez más los matrimonios que viven cada uno en ciudades diferentes o que viajan constantemente por trabajo y se tienen que dar las buenas noches por teléfono o correo electrónico. Parejas que sólo viven metafóricamente 'bajo el mismo techo'.

Felipe conversa con su jefe varias veces al día y, sin embargo, lo ve máximo dos veces al año cuando viaja a la casa matriz en Londres. Toda la comunicación es vía Internet o a través de videoconferencias. "Ni se imagina que estoy cambiando al bebé mientras discutimos las proyecciones de la sucursal", dice este ejecutivo, que ha cambiado tres veces de profesión en los últimos 10 años.

Si esta generación es la primera en habitar de manera masiva espacios simultáneos también es la que se sintonizó más rápido a la nueva velocidad del tiempo. Un estudio reciente de Zona Research, un centro de investigación en tecnología, descubrió la 'regla de los ocho segundos', según la cual la gente sólo espera ese lapso para entrar en una página web antes de abandonarla y seguir a la siguiente. Los sound bites en televisión también se redujeron a nueve segundos porque está comprobado que al siguiente se pierde la atención del espectador. "En nuestra cultura del desechable la gente cambia de canal, hace clic en el ratón del computador o bota objetos a la basura de manera indiscriminada cuando no logra satisfacer sus expectativas u obtener una gratificación inmediata", afirma la investigadora Pamela Paul en su libro Los matrimonios prematuros. Señala que esta 'aceleración del tiempo' hace que "con la misma facilidad desechemos los matrimonios".

Las personas de esta generación no sólo se casan más tarde sino que les cuesta más trabajo que a sus hermanos y primos mayores mantener su relación (ver recuadro). Las razones son varias: el mundo cambia tan rápido que les queda difícil imaginar un escenario a largo plazo; hay muchas opciones de vida y el matrimonio implica reducirlas o, como mínimo, negociarlas; acostumbrados a cambiar todo a la velocidad de un clic carecen de la paciencia para construir un compromiso que supone atravesar ciclos buenos y malos. Después de haber experimentado múltiples relaciones monógamas y de haber convivido con varias parejas (ver recuadro) aprenden a no sacrificarse y a no arriesgarse a ser heridos. Pero sobre todo le piden demasiado al matrimonio.

Un estudio de Rutgers University sobre el matrimonio descubrió en 2000 que los jóvenes quieren casarse con su mejor amigo y su alma gemela, que entenderá sus necesidades y deseos más íntimos. "Buscan una intimidad emocional a la que nunca aspiraron las generaciones anteriores", concluye el estudio.

Adios a las utopias

Esta es la generación posmuro de Berlín. La izquierda y la derecha no son referentes tan claros como 'me conviene o no me conviene'. Los discursos mamertos les causan escozor y tienden a acercarse a la derecha más que por una afinidad ideológica por un deseo de que haya la seguridad necesaria para estar bien.

Aunque muchos de estos jóvenes marcharon en silencio para protestar por el asesinato de Luis Carlos Galán y para promover la séptima papeleta que convocó a una constituyente durante el gobierno de Gaviria, es una generación que cree en proyectos concretos y puntuales, no en grandes utopías. "Es una generación que no ha sido inspirada por grandes causas colectivas. Sus consideraciones pragmáticas suelen imponerse. Y es que en realidad tampoco tienen demasiado tiempo libre para soñar con cambiar el mundo", afirma Sheehy en su libro New Passages, que apareció varias semanas en la lista de los más vendidos de The New York Times.

Aunque en Colombia habría banderas de sobra para enarbolar, la gente de esta edad prefiere participar donde puede hacer una diferencia, oír pocos discursos y beneficiarse de algún modo. "Yo les pago feliz la educación a dos niños pobres, pero que no me pidan que vaya a que me echen carreta, dice Susana, la ejecutiva bogotana de 33 años. Yo voté por Alvaro Uribe porque me pareció que era una persona ejecutiva con el suficiente carácter para solucionar el problema de la guerrilla. Que fuera de derecha era lo de menos", agrega.

Ella y la mayoría de gente de su edad valoran más a los gerentes que a los políticos y los intelectuales. Prefieren los resultados a los procesos y la eficiencia por encima de la participación. También tienden a valorar más su seguridad personal que los ideales colectivos y más abstractos de democracia.

Un profesor de la Universidad del Rosario les hizo hace poco una prueba a sus alumnos. Les puso a escoger entre vivir en una sociedad en la cual tuvieran garantizado el trabajo que quisieran pero sin libertad de prensa o una en donde la gente tuviera libertad de leer y escribir sobre todo pero con un trabajo inseguro. Escogieron abrumadoramente la primera opción.

Aunque Adriana, la gerente de mercadeo de una multinacional, no estaba en ese curso, habría respondido igual que la mayoría. "No me siento tan directamente afectada sino me entero con certeza de la realidad nacional. En cambio si pierdo mi trabajo pierdo el equilibrio por el que he luchado durante años, afecta mi realización profesional y la estabilidad económica de mi familia". Confiesa, además, que tampoco tiene actualmente mucho tiempo para enterarse de lo que sucede pues entra a trabajar a las 6 de la mañana y las tardes en que puede salir temprano las invierte en llevar a sus hijos a sus múltiples clases y a hacer tareas. "Antes de caer agotada miro por encima la primera página de 'El Tiempo'. Supongo que es el costo de mantener un balance en mi vida", dice Adriana, una típica mujer de su generación que ha cosechado las reivindicaciones del movimiento de liberación femenina.

Una de sus grandes satisfacciones es haber logrado una 'vida integral', en la que su éxito profesional es compatible con una familia, un matrimonio estable y unas horas para 'ella' que dedica disciplinadamente a hacer ejercicio. Estar en forma y con buena salud es otro de los valores de esta generación.

Otras mujeres han pagado un precio más alto por su creciente realización personal. Sandra, la consultora internacional, pospuso durante años la maternidad y ahora está sometida a un tortuoso tratamiento de fertilidad, un procedimiento ahora generalizado. El que la gente se case cada vez más vieja y postergue la maternidad hasta el último minuto ha llevado a que en Estados Unidos una de cada 10 parejas tenga problemas de fertilidad. "Las mujeres de esta generación, empoderadas por nuestro éxito, pensamos que teníamos el control de cada aspecto de nuestra vida. Y asumimos erradamente que podíamos tener un hijo cuando quisiéramos", afirma Madelyn Cain, en su libro Childless Revolution, sobre esta nueva tendencia de las familias sin hijos.

Jimena, la sicóloga, dice que ella nunca calculó que podría llegar a su edad sin hijos. "Los habría podido tener con mi primer novio pero no funcionó porque me quería ir a hacer el máster. Después me enamoré de un compromisofóbico y a los dos años me di cuenta de que ahí no había nada para mí. El siguiente quería casarse conmigo pero ya tenía hijos del primer matrimonio y no quería más. Y ahora, simplemente, no salgo con nadie". Dice que por eso ahora va a adoptar y ser una madre soltera.

Los casos de Jimena y Sandra son muy comunes. También el de Pedro, el comunicador de 32 años, que aunque quiere tener hijos no los tiene todavía porque no se siente seguro en su puesto con la crisis económica de los últimos años. Por estas razones un estudio de American Demographicsproyecta que para 2010 habrá un aumento de 44 por ciento en las parejas sin hijos. "Seremos una sociedad que gira alrededor de los adultos", dice Cain.

La generación que hoy tiene entre 30 y 40 años sale de una adolescencia prolongada con mucho tiempo para pensar en sí misma y consentirse. Se ha preparado más que cualquier otra antes para competir en un mundo globalizado. Y ahora descubre que su mundo cambia tan rápido que le toca vivir por ensayo y error y esperar a que esa vida improvisada alcance sus anhelados sueños de felicidad.

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