Especiales Semana

GLORIA ZEA

Una vida llena de altibajos que siempre ha tenido una constante: su dedicación por impulsar la cultura.

23 de junio de 1997

Como cualquier protagonista de la vida nacional, Gloria Zea suscita amplia polémica y aguda controversia. Sin embargo, tanto sus admiradores como sus detractores reconocen que es la persona viva, hombre o mujer, que más ha hecho por la cultura en Colombia. Hace 28 años heredó de Marta Traba 80 cuadros polvorientos, olvidados en un sótano de la Universidad Nacional, semilla del actual Museo de Arte Moderno de Bogotá. Bajo su influjo la institución cuenta hoy con sede propia, un imponente edificio laureado de 5.000 metros cuadrados diseñado por Rogelio Salmona, donde alberga más de 2.500 obras de arte que conforman un patrimonio artístico avaluado en 15.000 millones de pesos. Por el tamaño, diversidad y calidad de su colección permanente el Museo ha conquistado un escaño de prestigio a nivel hemisférico. La labor de Gloria Zea en Colcultura durante los gobiernos de López Michelsen y Turbay Ayala es recordada por el lanzamiento de los mil títulos de la Biblioteca Básica Colombiana, la innovadora edición del Manual de la nueva historia de Colombia y múltiples restauraciones del patrimonio monumental colombiano, entre ellas el Teatro Colón y la Biblioteca Nacional. En la década pasada introdujo al país el espectáculo de la ópera y lo popularizó al sacarlo de los palcos elitistas del Teatro Colón a la Plaza de Bolívar. En la actualidad la temporada de Bogotá se cotiza como una de las más importantes de Sur América. "Todo esto lo he logrado con mis pestañas", dice Gloria Zea con una amplia sonrisa. Todo lo anterior representa un destino improbable para una niña tímida e introvertida que vivió una dura infancia en los años 40 de Bogotá. Al lado de su padre, el dirigente liberal Germán Zea, conoció los extremos del poder político y el exilio en la pobreza. El amor con su primer marido, el artista Fernando Botero, con quien tuvo sus tres hijos, terminó en un agrio divorcio a comienzos de los años 60, cuando la separación matrimonial era poco menos que un pecado mortal en los estrechos círculos sociales de Bogotá. Con Andrés Uribe Campuzano, su segundo esposo y en la época uno de los hombres más ricos de Colombia, tuvo una vida digna de la serie Dinastía. Con una mansión privada en la lujosa Park Avenue de Nueva York, con Rolls Royce, mayordomos y mucamas en la puerta, Gloria Zea alcanzó la cima de la alta sociedad internacional. Hoy está casada con Giorgio Antei, un intelectual italiano, y vive en la casa de su padre en el Parque Nacional. A estas alturas de la vida su trayectoria vital, tanto como su belleza y su personalidad sensible, emotiva, sentimental pero a la vez impaciente, obstinada y dominante, le han generado amigos y contradictores en los diferentes lugares por donde ha dejado su huella. La vida de Gloria Zea ha sufrido los azares de la fortuna. En estos momentos la tristeza marca hondamente su vida personal. A lo largo de la administración Samper le tocó llevar a cuestas la cruz del proceso 8.000. Desde hace cerca de dos años su hijo mayor, el ex ministro de Defensa Fernando Botero Zea, está detenido en la Escuela de Caballería. La solidaridad con su hijo ha sido a prueba de bala y, por lo mismo, la ha colocado en la lista negra del actual gobierno. Una situación semejante sería suficiente para borrar a muchas personas del escenario nacional. Pero son pocos los que apuestan por ese destino en el caso de Gloria Zea. Si algo la caracteriza es su capacidad de lucha. Para bien o para mal, y contra viento y marea, seguirá siendo uno de los protagonistas de la vida nacional por muchos años hacia el futuro.