Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/12/03 00:00

Gloria zea

Su trabajo de difusión cultural, en literatura, arte y ópera, ha sido el más importante en Colombia en los últimos 30 años

Gloria eje de lo social. Gloria en la vida pública o en el ámbito de la iniciativa privada. Gloria trabajadora a ultranza. Gloria voluntariosa, Gloria profunda, Gloria banal y Gloria diva. Gloria en las viñetas de las revistas y en el núcleo del vilipendio. Gloria, diosa para unas parcelas ilustres y demonio para otras, ha dejado huella. Gloria admirada, adorada, ultrajada, ensalzada, enfocada, atinada, equivocada y adulada. Gloria, la única Gloria que, incluyendo la inmarcesible del Himno Nacional, no necesita de un apellido para saber al instante de quién se trata, sin importar que su familia haya rondado el poder desde la independencia y que su abuelo hubiera sido el sumo sacerdote del espiritismo en el país. Gloria gobiernista o Gloria contra el establecimiento. Gloria a la defensa de unas supuestas razones de Estado o al ataque de lo que considera injusto. Gloria, dueña de un talante cuya trayectoria se ha hecho patente en las artes plásticas, en el patrimonio, en la difusión literaria, en el teatro, en la música y hasta en el cine, desde cuando compartía la vida con el pintor hoy más reconocido de Colombia, siendo apenas un jovenzuelo, sigue inmersa en la contienda que se planteó hace mucho desde la dirección del Museo de arte Moderno de Bogotá y de la Ópera de Colombia. Gloria a la cabeza de Colcultura cuando el instituto no llegaba a la categoría de ministerio, pero ella tenía más brillo que cualquier ministro. Y más resonancia por sus logros innegables. Gloria en el ojo de la controversia: rechazada por los antojos de la política y luego victoriosa. Gloria aplaudida. Gloria testaruda y belicosa. Gloria intrépida en la discrepancia. Gloria vencida y Gloria triunfante. No hay duda: la difusión y la gestión cultural en Colombia eran unas antes de Gloria y son otras después de ella. Gloria casada con el hombre más rico de Colombia y víctima del secuestro. Gloria solitaria. Gloria persistente, Gloria porfiada, Gloria acertada. Gloria madre de escritor, de político y de protagonistas del alto mundo. Gloria heroína de novela. Gloria prudente y ligera. Gloria aguerrida y Gloria veterana. Gloria entercada en sacar adelante lo que se propone. Gloria prorrumpiendo lágrimas de emoción en medio de un discurso y Gloria furibunda por la negativa de un patrocinador. Gloria en el escenario y Gloria en la trasescena. Gloria, metáfora de una nación que se debate entre el feminismo tímido y el machismo, entre el acierto, la duda, la violencia, el deslumbre, el brío, la vanidad, la rutilancia, el encogimiento y la gloria. Después de una amistad de 30 años, cuando pienso en Gloria, a quien he acompañado, de quien he disentido, con quien me he enfrentado, no puedo dejar de responderme lo mismo que contestó otra Gloria, Gloria Swanson, cuando le preguntaron, tras un matrimonio de casi medio siglo, insólito en Hollywood, si había pensado en el divorcio. Después de meditarlo contestó: "En el asesinato todos los días, en el divorcio jamás". *Escritor

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