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| 3/16/1998 12:00:00 AM

GOLPES DE PECHO

Un severo informe autocrítico del Ejército sobre la tragedia de Las Delicias revela fallas operacionales, de inteligencia y errores de mando.

Pocas veces las propias Fuerzas Militares habían realizado un examen tan descarnado sobre sus fallas como el que hicieron sobre el desastre de Las Delicias, el asalto de las Farc en el Putumayo que en agosto de 1996 dejó 31 soldados muertos, 17 heridos y 60 más retenidos. El lunes 15 de junio del año pasado, un día después del showmontado por las Farc en Cartagena del Chairá para la entrega de los militares, en forma callada un grupo de expertos del Ejército se dio a la tarea de estructurar el informe final de la toma de la base militar. El documento, titulado 'Informe general liberación soldados secuestrados', tiene 124 páginas. No fue difícil elaborarlo. Los militares recién liberados fueron alojados por varios días en el cuartel de la XII Brigada en Florencia, Caquetá, donde fueron sometidos a extenuantes interrogatorios. Los testimonios de un oficial, cinco suboficiales y 54 soldados, contribuyeron a esclarecer, de una vez por todas, las fallas de inteligencia, contrainteligencia y capacidad de respuesta militar en la toma de Las Delicias. Pero el examen no se limitó a hallar culpables en la base destruida. El análisis de los expertos del Ejército no dejó títere con cabeza en Bogotá, donde se responsabilizó a numerosas instancias de las Fuerzas Militares por el manejo de la crisis y la posterior reacción frente al desastre.
SEMANA conoció el documento completo y varios anexos que complementan el devastador autoexamen. La investigación revela al menos 29 fallas operacionales en la base del Putumayo y una decena de errores de los mandos militares en la capital del país.
Hacia el objetivo
La primera crítica de los analistas militares tiene que ver con la gran facilidad con la que actuaron los guerrilleros durante la etapa de preparación del ataque, sin que los servicios de inteligencia del Ejército en la zona detectaran nada.
El plan para tomarse Las Delicias comenzó el 17 de diciembre de 1995, cuando el segundo comandante del frente 14 de las Farc, alias 'Isaías Perdomo', les ordenó a 'Roberto', 'Darwin' y 'Robinson', desplazarse hasta las bocas del río Mecaya, en límites de Caquetá y Putumayo, para que trabajaran en la finca de 'Esteban' o 'El Perro', miembro de una red de apoyo de ese frente. Desde esa propiedad, al norte de la base militar, los tres hombres adelantaron las primeras labores de inteligencia para la guerrilla.
Paralelamente, otro insurgente, 'Camilo', experto en pesca, llegó a la zona con la misión de ganarse la confianza del comandante de la base, el capitán David Zambrano Zambrano. Pocas semanas más tarde, el militar y el guerrillero sostenían largas charlas mientras pescaban. Fue así como las Farc conocieron a fondo la estrategia de seguridad de la base, la ubicación de los puestos de centinelas, los depósitos de armamento y los sitios donde estaban emplazados los morteros. En una de esas salidas a pescar, el oficial le dijo al subversivo que "en caso de un ataque, yo no voy a hacer matar a mis hombres".
La estrategia de las Farc marchaba muy bien pues además de la cercanía con el comandante, otros guerrilleros lograron vender productos agrícolas a la base y obtuvieron permiso para participar en eventos deportivos dentro de sus instalaciones. Con semejantes facilidades, los guerrilleros lograron hacer un video de la guarnición militar.Hacia finales de julio de 1996 y luego de considerar terminada la labor de inteligencia, el frente 14 fue desplazado hacia las riberas del río Suncilla, al occidente de Remolinos del Caguán. En ese lugar y con base en el video, fue construida una reproducción exacta del objetivo. A comienzos de agosto, los frentes 15, 32, 48, 49, la columna Teófilo Forero, y un grupo de la Guardia Especial del Bloque Sur, iniciaron la concentración en el lugar, bajo la dirección de Ezequiel Huelguia Cruz, alias 'Rolando Romero'. Allí se realizaron numerosos ensayos de lo que sería la operación final.
A mediados de ese mismo mes, las Farc organizaron sus fuerzas y seleccionaron a quienes participarían en el asalto, en los cierres perimétricos y en la neutralización de los apoyos aéreo y terrestre. Igualmente fueron designados los médicos, los enfermeros y los camarógrafos, y escogidos los miembros de dos grupos clave: los de control inicial de los retenidos y los que incautarían el armamento.
¿Y los militares?
En la base, mientras tanto, todo era tranquilidad. El 26 de agosto llegaron 110 soldados que se encontraban en el bajo y medio Caguán, en desarrollo de la 'Operación Conquista' del Ejército contra el narcotráfico en esa región. Este contingente reemplazó al que ya llevaba más de seis meses. Según el documento conocido por SEMANA, este relevo fue fatal. Los nuevos soldados no hicieron patrullajes de reconocimiento del terreno: "En vista de que venían de efectuar operaciones, los soldados se dedicaron a realizar actividades administrativas. Durante los cuatro días siguientes, ensayaron el plan de defensa sólo en una oportunidad y no efectuaron las respectivas descubiertas yo el desplazamiento de grupos de avanzada". Otro factor fue determinante para el desastre: la información rutinaria sobre una posible toma de la base fue consignada en forma general en el libro de operaciones, pero no fue difundida personalmente a los soldados: "En general, no se aplicaron las mínimas normas de contrainteligencia y reglamento para seguridad de bases y puestos de mando".
A las dos de la tarde del día del asalto, 30 de agosto, dice el informe, se realizó un partido de fútbol entre soldados y habitantes del caserío. A las cinco llegaron abastecimientos del batallón de selva 49. En ese momento y sin que los militares se dieran cuenta, los guerrilleros ya estaban ubicados muy cerca de las trincheras. El asalto estaba programado para las 10:30 de la noche, pero tres horas antes un centinela descubrió a un guerrillero y dio la voz de alarma. Entonces vino el caos.Aprovechando el conocimiento que tenían del objetivo, los guerrilleros iniciaron el ataque a la base. Destruyeron las garitas de vigilancia y lograron el control de los sitios estratégicos. Durante las siguientes 17 horas, soldados y guerrilleros combatieron fieramente. La ventaja de la guerrilla era abismal. Según el informe, cada uno de los soldados de la base sólo disponía de 100 cartuchos para fusil, una granada de fusil y no todos tenían granadas de mano. Así mismo, el interrogatorio de los soldados liberados demostró que el armamento de dotación se encontraba en deficiente estado de funcionamiento. "Las trincheras fueron construidas muy bajitas, a lo que se suma la carencia de ventanillas para disparar y otros factores como la falta de mantenimiento de los corredores de drenaje, lo que produjo que en los desplazamientos del personal en arrastre el armamento se llenara de barro y se trabara al momento de ser utilizado".
Según los expertos del Ejército, durante el choque armado fue evidente la inoperancia de los equipos de combate para que aplicaran las técnicas de emboscada y contraemboscada, y quedó en claro la ineptitud de los militares para organizar un contraataque que rompiera el cerco guerrillero en algún punto. Señala, además, que el sistema de comunicaciones de la base era insuficiente e ineficiente, lo que incidió en la tardanza del apoyo aéreo.

Mea culpa
La crisis generada por la toma de Las Delicias también repercutió en los cuarteles militares en Bogotá. Uno de los anexos del documento señala posibles errores de los comandos de las FF.MM. y del Ejército a la hora de fijar un rumbo para ayudar a los soldados que estaban siendo atacados en Putumayo.Con respecto a las decisiones del Comando General, el documento dice:"Faltó una decisión oportuna al dilatar la respuesta militar adecuada que habría evitado el lastre del secuestro y sus funestas consecuencias. Hubo un empleo muy regular del apoyo aéreo. Su presencia en el espacio aéreo con seguridad hubiera ocasionado el retardo de la toma y los bandoleros seguramente habrían huido".
Frente a las órdenes del Comando del Ejército, el análisis dice que "la reacción frente al hecho fue tardía y los apoyos insuficientes, y las operaciones posteriores no arrojaron resultados ostensibles, que permitieran al menos recuperar algunos de los militares secuestrados".Los analistas del Ejército también critican la reacción del Centro de Operaciones Conjuntas _COC_ un organismo que depende del Comando de las FF.MM., encargado de coordinar las operaciones de todas las fuerzas para responder a los ataques en cualquier lugar del país."La toma demostró que este es un mecanismo que carece de capacidades reales de decisión". Igual consideración se formula con respecto del Centro de Operaciones del Ejército _COE_, despacho que cumple las mismas funciones del COC. "No aportó nada a la solución de un ataque que por su contundencia demostraba que tenía como objeto destruir la base y tomar rehenes. Igual que el COC, se ha convertido en un mecanismo recopilador de información".El documento también cuestiona la actitud del Comando Unificado del Sur _CUS_ con sede en Leticia, bajo cuya responsabilidad estaba la base de Las Delicias: "Aunque tomó algunas decisiones sobre el movimiento de apoyos, no empleó rutas y acciones alternas que hubieran fortalecido la reacción e impedido la facilidad de maniobra y movimiento a los extremistas que participaron en la toma".
El documento final sobre la toma y posterior proceso de liberación de los soldados de Las Delicias terminó en julio del año pasado. Tras analizar las múltiples fallas de inteligencia y operacionales luego de lo ocurrido, el grupo de militares que hizo el examen autocrítico también desarrolló un catálogo de recomendaciones. La principal apunta a la reestructuración de la inteligencia militar, especialmente en las zonas de mayor confrontación con la guerrilla porque no existen agentes, informantes ni redes de inteligencia. "Gran parte de la infraestructura burocrática de esta actividad ubicada en brigadas, estados mayores, batallones y ciudades, imperiosamente tiene que ser desplazada a las zonas donde realmente se requiere de su actividad en favor de las operaciones militares y para evitar este tipo de desastres". También agrega que la contrainteligencia no existe y que debe ser creada como un elemento independiente de la inteligencia militar.
Una vez terminado, el informe final sobre Las Delicias fue remitido a las altas jerarquías de las Fuerzas Militares. Mientras tanto, en las selvas del sur del país las Farc ya estaban planeando su próximo golpe: la base de comunicaciones del Ejército en el Cerro de Patascoy, en Nariño. El objetivo fue alcanzado seis meses después. Sus resultados ya son conocidos.

Lavado de cerebro
Aun cuando estaban satisfechos por el regreso sanos y salvos de los 60 soldados de Las Delicias, a los altos mandos de las Fuerzas Militares los asaltaba una preocupación: el posible adoctrinamiento ideológico por parte de las Farc.La inquietud de los generales surgió pocos días antes de la entrega, cuando la guerrilla hizo circular la versión de que varios de los retenidos querían quedarse en las filas insurgentes.Por esta razón, fue conformado un equipo de sicólogos que se encargó de dialogar durante varios días con los soldados en el cuartel de la XII Brigada en Florencia.
Después de estudiar el comportamiento y las actitudes de los 60 muchachos, el Ejército concluyó que sus inquietudes tenían fundamento. Así lo resume el documento conocido por SEMANA: "Se observa que la mayoría de los soldados _a pesar de haber expresado que no escuchaban las charlas_ fueron concientizados de su plataforma política, del cumplimiento que realiza el grupo terrorista en la protección de los Derechos Humanos. Lo cual demuestra que sicológicamente los militares están afectados no sólo por el encierro sino por la convivencia con los bandoleros".Según contaron los soldados a quienes los interrogaron, durante los nueve meses que permanecieron en cautiverio los guerrilleros les hablaron constantemente sobre su ideología socialista y sus objetivos para la toma del poder.De acuerdo con los especialistas, los soldados mostraban un temor muy marcado por la posibilidad de ser juzgados por cobardía y su estado de ánimo tendía a la depresión.
El Ejército decidió trasladar a Bogotá a la mayor parte de los militares para someterlos a programas de readaptación institucional para borrar posibles secuelas sicológicas. Igualmente, el alto mando ordenó realizar labores de contrainteligencia para determinar si las Farc tenían intenciones de entrar de nuevo en contacto con los militares liberados.Según relataron los soldados, uan vez establecidas las condiciones para su liberación, los guerrilleros los amenazaron de muerte diciéndoles que tuvieran mucho cuidado con lo que les decían a los periodistas y a los militares que los interrogaran. Les dijeron que ellos estarían atentos a escuchar sus declaraciones porque tenían amigos en todas partes.
El informe final sobre Las Delicias recomienda especial vigilancia sobre un oficial y seis suboficiales para establecer su verdadera posición frente al Ejército. De lo contrario, dice el documento, deben ser retirados de la institución.Igualmente, los analistas militares solicitaron a sus superiores incluir en el pénsum académico de las escuelas de formación para oficiales y suboficiales, una cátedra orientada por especialistas para instruir a los militares sobre la forma de actuar frente a un secuestro y la manera de neutralizar la concientización y el adoctrinamiento empleados por los subversivos. Sobre este tema, y a lo largo de siete páginas del documento, los militares hicieron numerosas fórmulas para que cualquier miembro del Ejército que caiga en manos enemigas prevenga los daños sicológicos que le pueda ocasionar un secuestro prolongado.

Nuevas revelaciones
Durante un mes los 60 soldados permanecieron en la selva del norte de Ecuador, a unas cinco horas a pie de la frontera con Colombia. Allí llegaron en varios botes después de navegar por las aguas de los ríos Putumayo y Piñuña Blanco. Hasta ahora siempre se había afirmado que desde el primer momento los soldados habían sido divididos en tres grupos de a 20 cada uno.
Según el documento militar, al menos tres de las madres de los soldados retenidos habrían sostenido contactos en Bogotá con enlaces de los guerrilleros que tenían a sus hijos. Ellas se mostraban tranquilas y calladas, no estaban de acuerdo con las marchas que reclamaban soluciones al problema y mostraban una total desconfianza hacia la fuerza pública.
De acuerdo con las investigaciones del Ejército, los helicópteros de la Cruz Roja Internacional empleados para transportar a los soldados hasta Cartagena del Chairá, fueron utilizados por las Farc para trasladar numerosos guerrilleros de un frente a otro, con el fin de impedir el posterior reconocimiento por parte de los retenidos.
Un hecho conmovedor rodeó el instante en que guerrilleros y soldados se despidieron en los diferentes lugares donde se encontraban concentrados antes de abordar el helicóptero que los llevaría hasta Cartagena del Chairá. Casi sin excepción, los subversivos lloraron al darle el adiós a los muchachos que los acompañaron por más de nueve meses en las inhóspitas selvas del sur del país. Los soldados también reconocieron haber derramado lágrimas cuando dejaron a sus captores.
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