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| 3/24/1997 12:00:00 AM

GOTA A GOTA

A partir del 8 de marzo Bogotá podria quedar sin agua tres días a la semana y soportar la peor emergencia sanitaria de su historia.

Los bogotanos, que todavía recuerdan las incomodidades y los cambios que introdujo en sus vidas el apagón que sufrió la ciudad entre 1992 y 1993, están a punto de sufrir una de las emergencias más dramáticas de su historia: un racionamiento de agua que podría llegar a ser de 24 horas diarias, tres días a la semana no consecutivos, y en algunas zonas incluso más. No se trata de una broma de mal gusto. Un derrumbe en el Sistema Chingaza, que suministra el 70 por ciento del agua de la ciudad, es el responsable inmediato de esta crisis que puede paralizar a la capital del país. La situación podría llegar a agudizarse tanto que enfermos, estudiantes y huéspedes tendrían que salir corriendo de hospitales, colegios y hoteles; los bomberos podrían verse obligados a usar el agua de las piscinas y lagos de los clubes sociales y los niños a empezar a sentir de repente tanto mal de estómago como si se hubieran comido en un solo día los chocolates para todo un año. El que este drama termine convirtiéndose o no en una verdadera emergencia sanitaria que obligue a tomar medidas extremas como la suspensión de cirugías programadas, de servicios odontológicos y de laboratorio, y la semiparalización de la mayoría de las actividades de los bogotanos, depende de muchos factores. El primero de ellos es cuánta agua sean capaces de ahorrar los ciudadanos para que la administración de la ciudad no tenga que obligarlos a ahorrar por las malas. Pero este no es el único. La suerte de los capitalinos está también en las manos de un centenar de hombres, de cuya habilidad y pericia depende la rapidez con que puedan adelantarse los trabajos de reparación del túnel de 28,5 kilómetros que lleva hasta Bogotá 1.200.000 metros cúbicos diarios de agua del embalse de Chuza y que constituye la arteria principal del sistema de acueducto de la ciudad. Desde hace un mes este equipo de expertos, encabezado por el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá -EAAB-, Alejandro Deeb, se dedica sin descanso a tratar de devolverle a la ciudad el suministro de agua. Para lograrlo deben remover, según loscálculos iniciales, 3.150 metros cúbicos de tierra y 5.000 metros cúbicos de agua. Tan sólo para llegar a la zona del derrumbe localizado en el túnel Palacio-Río Blanco los técnicos deben recorrer más de tres kilómetros, 35 cuadras, y descender más de 100 metros hasta llegar a un socavón oscuro, helado y maloliente, donde escasea el oxígeno. Hasta ahora los expertos no han podido determinar con exactitud la magnitud del derrumbe y sólo el miércoles de esta semana, cuando extraigan el agua represada en la parte alta del túnel y terminen de remover la tierra de la parte baja, sabrán exactamente el tamaño de la emergencia, cuyo costo se calcula hasta ahora en 3.000 millones de pesos (ver gráfico).Todos los observadores de la emergencia y el propio gerente de la EAAB coinciden en que uno de los mayores problemas es que no se sabe a ciencia cierta cuándo pueda estar reparado el sistema. Pero también en que la situación sin el embalse de San Rafael hubiera sido catastrófica. Este embalse, que costó 85 millones de dólares y entró en servicio en diciembre del año pasado, fue construido única y exclusivamente para poder arreglar Chingaza. Gracias a San Rafael, a pesar de que la emergencia lleva más de un mes, todavía no ha habido racionamiento. Hasta el viernes de la semana pasada el embalse tenía 10.894.000 metros cúbicos de aguas superficiales que pueden usarse sin problemas. Es decir, unos 10 días de reserva. Adicionalmente, tiene 19 millones de metros cúbicos de una segunda reserva, que podrían usarse luego de ser tratados con procesos químicos más sofisticados, dando como resultado un agua potable pero con un olor y un sabor diferentes. Finalmente, en caso extremo, podría recurrirse a los 12 millones de metros cúbicos de la capa más profunda. Sin embargo las posibilidades de que este líquido pudiera ser procesado en la Planta Wiesner, diseñada para el tratamiento de aguas puras como las de Chingaza, es todavía incierto.
Cómo y cuándo
Todo comenzó el pasado 24 de enero, a las 10:30 de la mañana, cuando los técnicos de la Planta de Tratamiento Wiesner detectaron turbiedad en el agua que bajaba del embalse de Chuza, lo cual los obligó a suspender el servicio una hora después. Al día siguiente, en la mañana, pusieron de nuevo en funcionamiento el sistema pero reduciendo el flujo. Pese al cambio, el agua siguió bajando turbia y con muestras de material sólido. Dos indicios de que había un derrumbe en algún punto de los túneles. Sólo a las 2:30 de la tarde los técnicos confirmaron sus sospechas y se dieron cuenta de la seriedad del problema: el agua estaba devolviéndose por uno de los túneles, el de Ventana. Así comenzó la emergencia. El lunes siguiente la empresa reunió un comité de emergencia y empezó a buscar quién realizara los trabajos de reparación, que finalmente fueron encargados a la firma italiana Obresca. A raíz del colapso se decidió revisar de una vez otros túneles del sistema y se encontraron otros tres derrumbes importantes en El Faro y Siberia, así como derrumbes menores en los kilómetros 18 y 19 del mismo túnel Palacio-Río Blanco. Estos problemas, en un sistema que costó más de 42.500 millones de pesos, pueden sorprender a muchos pero no a expertos como Rubén Darío Avendaño, un consultor del tema del agua a quien Antanas Mockus le ofreció hace tres semanas un puesto en la junta administradora de la EAAB. Para él, "el lío de Chingaza viene de muchos años atrás". En 1971 la firma yugoslava Konstructor comenzó la construcción del Sistema Chingaza, con base en el diseño realizado por la empresa colombiana Ingetec Ltda. Tres años después, ante el lento avance de la obra, la EAAB declaró la caducidad del contrato con los yugoslavos, quienes argumentaron que no era posible realizar el túnel con las especificaciones del diseño. La firma mexicana Ingenieros Civiles Asociados -ICA- retomó la obra, que se puso en funcionamiento 10 años después de lo planeado y ante la inminencia de un severo racionamiento de energía. Sin embargo los mexicanos, para curarse en salud, se negaron a entregarle a la EAAB la póliza de estabilidad de la obra, por la cual el constructor debía comprometerse a reparar los daños que ocurrieran en un término de 10 años. Según ellos, en el túnel Palacio-Río Blanco, donde se presentó el actual derrumbe, se habían tomado riesgos excesivos para cumplir con un plazo de entrega determinado y, a pesar de sus advertencias, se había elegido un sistema de revestimiento de los túneles que si bien era económico, dejaba abierta la posibilidad de que fallara en varios tramos.En efecto, a los pocos meses de inaugurada Chingaza, en 1984, se presentó el primer derrumbe, cuya reparación costó 20 millones de dólares de esa época. En noviembre de 1985 se reinauguró el sistema y desde entonces ha sido sometido a cinco reparaciones diferentes. Lo grave de la de ahora es que, según el ex ministro de Minas Oscar Mejía, "este es un problema de salud pública que puede convertirse en un problema de orden público".
Negro futuro
El mayor problema, sin embargo, es que la emergencia que está viviendo hoy Bogotá está muy lejos de ser la última. Los derrumbes en el túnel de Chingaza van a continuar mientras no se revistan con concreto todos los tramos frágiles. Además la vulnerabilidad del resto del sistema existente, en puntos tan neurálgicos como el Túnel de Usaquén y la línea de conducción de Tibitoc, es muy alta. El túnel de Usaquén, que trae el agua desde la planta Wiesner hasta Bogotá, fue construido hace 17 años, no ha sido revisado ni una sola vez y es la única vía para traer el agua que viene tanto de Chingaza como de San Rafael. La tubería de Tibitoc, que normalmente suministra el agua al 20 por ciento de la capital, tiene más de 30 años y en su mayoría necesita ser reemplazada para poder soportar una mayor presión. Pero lo más grave de todo es que el panorama del suministro de agua para Bogotá a partir del año 2000 es todavía muy incierto. De acuerdo con cálculos realizados por la propia EAAB, aunque en este momento la oferta de agua para Bogotá está produciendo un excedente de 2,5 metros cúbicos por segundo, en el año 2000, es decir en el término de tres años, habrá un déficit de 4,3 metros cúbicos por segundo. "Esto quiere decir -asegura el ex viceministro de Vivienda, Desarrollo Urbano y Agua Potable Darío Londoño- que la ciudad está abocada en muy poco tiempo a una crisis total de agua si no inicia pronto la realización de proyectos como Chingaza II y Sumapaz y empieza a actuar decididamente en mejorar la eficiencia de la empresa y en tratar de bajar los niveles de consumo de los bogotanos". La misma EAAB reconoce en un documento publicado en 1995 que "de acuerdo con las proyecciones realizadas de población y demanda, conviene decidir a más tardar en 1997 los proyectos que deben ser diseñados, para que se inicien en 1998 y los procesos de licitación y contratación de las obras empiecen a más tardar en 1999". Aunque la empresa ha venido trabajando en el tema, no parece probable que los proyectos que se requieren para que no se presente un déficit a comienzos del próximo siglo se logren terminar a tiempo. Chingaza II, que le proporcionaría a la ciudad siete metros cúbicos por segundo adicionales, con un costo de aproximadamente 300 millones de dólares, se encuentra actualmente en estudio de factibilidad. Ya se están haciendo los primeros diseños y se han solicitado créditos al Banco Mundial y al BID. No obstante, teniendo en cuenta que el tiempo calculado de construcción es de seis años, en el mejor de los casos estaría listo alrededor de 2004. Otro de los proyectos que está en perspectiva, el Realce de La Regadera, que produciría un metro cúbico por segundo con un costo de 90 millones de dólares, está en la etapa de diseño y demoraría tres años en construirse. Y el proyecto Sumapaz, que abastecería a la ciudad de 24 metros cúbicos por segundo más, está en estudio de prefactibilidad, no tiene definida la financiación de los 1.000 millones de dólares que cuesta y su construcción se demoraría entre 14 y 16 años. Para ayudar a financiar estos proyectos la EAAB está tratando de atraer inversión privada para programas como la rehabilitación de la red y el tanque de Tibitoc y la construcción del túnel alterno de Usaquén. Sin embargo, sólo hasta ahora se abrió la concesión para Tibitoc, la cual aún no ha sido adjudicada.El problema no termina ahí. Colombia, que hasta hace pocos años era el tercer país en el mundo en recursos hídricos, pasó al quinto lugar por la tala de bosques, que actualmente alcanza los 40.000 kilómetros cuadrados al año. No existe en este momento un estudio actualizado de la situación de las cuencas de los ríos del país y no hay una política para protegerlas. Según la ex ministra de Desarrollo María Mercedes Cuéllar de Martínez, mientras en el sector energético se hacen todo tipo de proyecciones y se busca una confiabilidad de 98 por ciento o más en la prestación del servicio, al agua nunca se le ha puesto atención. "El agua se nos está acabando y no nos estamos dando cuenta, ni estamos haciendo nada para evitarlo -asegura-. Y el agua no se puede reemplazar con nada". Esto quiere decir que, si las cosas siguen como van, muy posiblemente los bogotanos van a tener que volver a hacer lo mismo que durante el apagón: mirar al cielo y pedirle a un santo que haga el milagrito. En el 93 solicitaron la intervención de San Pedro para que lloviera, ahora pueden pedir la de San Rafael para que aguante hasta la última gota.

Los tres escenarios posibles
El optimista
Ahorro del 15 por ciento Agua hasta el 25 de marzo La reparación termina el 20 de marzo.
- El servicio de Chingaza se restablece entre el 22 y el 23 de marzo.
- Se amplía el cubrimiento de Tibitoc (antes Tibitó) hasta el 60- 65 por ciento de la ciudad. La tubería resiste la presión.
- No hay racionamiento. Sólo breves interrupciones técnicas en algunas zonas.
- Normalidad en la ciudad.

El intermedio
Ahorro del 10 por ciento Agua hasta el 15 de marzo La reparación termina el 31 de marzo
- El servicio de Chingaza se restablece del 2 al 3 de abril.
- Se amplía el cubrimiento de Tibitoc al 55- 60 por ciento de la ciudad. Se toman precauciones para atender rápidamente una eventual rotura en la tubería de conducción de Tibitoc.
- Se revientan algunos tubos menores de distribución de la red por los cambios de presión. Se atienden las emergencias.
- Se utiliza la segunda reserva de San Rafael. Se abre el embalse para que el agua superficial, que es más pura, baje y se pueda sacar.
- El agua que llega a Bogotá es potable, pero con sabor y olor distintos.
- Racionamientos programados de 24 horas, dos veces a la semana, en las zonas que dependen directamente de Chingaza. Racionamientos leves en el resto de la ciudad.
- A partir del 15 de marzo: se intensifica el racionamiento en varias zonas de la ciudad mientras entra la segunda reserva de San Rafael.
- Suministro de agua por carrotanques a los sitios más vulnerables, como hospitales, colegios y hoteles.
- Alerta en la ciudad por eventuales emergencias sanitarias.

El pesimistal
Ahorro del menos del 5 por ciento agua hasta el 8 de marzo laterminacion de las reparación es incierta
- Se presentan dificultades en la utilización de la segunda reserva de San Rafael.
- Al forzar el suministro desde Tibitoc, se revienta la tubería y se tiene que suspender intempestivamente el servicio a las zonas que dependen de ella, durante 24 horas. En el resto de la ciudad se presentan suspensiones no programadas que podrían llegar a ser también de 24 horas.
- Racionamientos de 24 horas, tres veces a la semana, en toda la ciudad para forzar el ahorro de agua.
- A partir del 8 de marzo se intensifica el racionamiento en las zonas alimentadas por la planta Wiesner, mientras se adecua el sistema para el uso de la segunda reserva de San Rafael.
- Varias zonas de la ciudad e instituciones como hospitales, colegios y hoteles reciben agua en carrotanques.
- El ritmo de producción de la ciudad tiene que acomodarse al racionamiento. Se afectan la industria y un gran número de servicios.
- Impacto sobre la salud de la población, particularmente los niños, que pueden empezar a mostrar síntomas de enfermedades gastrointestinales y en la piel.
- Desespero ciudadano.
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