Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2003/04/28 00:00

Grandes y en problemas

Con unas pocas excepciones, como ISA o EPM, las empresas de servicios públicos están ahogadas en deudas y muestran deficiencias de gestión.

El sector que mas empresas aporta a la lista de las 100 empresas más grandes de Colombia es el de servicios públicos. Sin contar las compañías de telecomunicaciones y las distribuidoras de gas domiciliario, hay 17 empresas del sector dentro de la lista, de las cuales 13 son electrificadoras (incluyendo generadoras), dos están especializadas en los servicios de agua y saneamiento y otras dos son integradas, como Empresas Públicas de Medellín y Emcali. Lo que ocurra con estas empresas es importante, no sólo por su tamaño sino por el contacto que tienen con el público, y además porque tienden a ser de propiedad del Estado.

La más grande del sector es EPM, que aumentó sus ventas 18 por ciento, hasta alcanzar 2,2 billones de pesos en 2002. Esto sin contar los ingresos de sus filiales (Edatel y Emtelco, entre varias otras). Las ventas provinieron 60 por ciento del negocio de la energía (EPM es el generador más grande del país), 20 por ciento de las telecomunicaciones y el resto del agua y el gas domiciliarios.

Pese a que logró elevar sus ganancias operacionales a 760.000 millones de pesos, la empresa registró un bajonazo en sus utilidades finales que se explica por varios factores. Uno es el impuesto al patrimonio, que le costó a EPM 74.000 millones de pesos. El otro, que es el principal, es la tasa de cambio. Al ajustar el valor en pesos de las deudas que tiene en dólares, EPM registró una pérdida contable de 369.000 millones de pesos y por eso sus utilidades bajaron de 577.000 millones de pesos a 264.000 millones. Pero hay que aclarar que la empresa contrató los más sofisticados seguros financieros para cubrirse precisamente contra el riesgo de devaluación, y por eso la pérdida se quedó en el papel. Es decir, no afectó la caja de la empresa.

Lo que le ocurrió a EPM, en todo caso, es una constante entre las empresas de servicios públicos. Como tienen patrimonios tan grandes el impuesto a la seguridad democrática las golpeó con especial fuerza. Un cálculo aproximado a partir de sus balances indica que las compañías eléctricas y de agua que clasifican dentro de las 100 contribuyeron, en su conjunto, con cerca de 377.000 millones de pesos a este impuesto, que en total recaudó unos 2,5 billones de pesos.

De otro lado, como las empresas de servicios públicos reciben la totalidad de sus ingresos en pesos y tienden a tener deudas abultadas en dólares, se han perjudicado mucho por la devaluación. En 2002 las compañías del sector eléctrico que aparecen en las 100 tuvieron, en total, pérdidas por 417.000 millones de pesos. Si no hubiera sido por la tasa de cambio habrían registrado, en el agregado, ganancias netas por 49.000 millones de pesos. Muy poco para un sector tan grande, pero positivo al fin y al cabo.

El hecho de que sus utilidades totales sean tan bajas es también un reflejo de los problemas que aquejan al sector eléctrico. Son comunes los casos de empresas sobreendeudadas (tipo Emcali o la Central Hidroeléctrica de Caldas). Pero, más allá de la parte financiera, también hay deficiencias de gestión. Por eso los márgenes operacionales son, en promedio, relativamente bajos. A esto hay que sumar los graves problemas de cartera que hay en algunas zonas del país. Y los empresarios del sector también se quejan de varios de los cambios que se han hecho en la regulación que los cobija.

Estos problemas, sin embargo, no afectan a todos por igual. El de la cartera, por ejemplo, se concentra en la Costa Atlántica. Las dos distribuidoras de energía de la región cerraron el año pasado con una cartera morosa de 614.000 millones de pesos sobre unos ingresos de poco más de un billón de pesos. Entre las dos registraron pérdidas operativas por 335.000 millones de pesos, de las cuales una buena parte se origina en las pérdidas negras (robo de energía). La situación es dramática pero, en medio de todo, ha venido mejorando un poco en los últimos meses. Los gobiernos nacional y regional, que estaban entre los principales deudores morosos, han empezado a ponerse al día en sus cuentas. De otro lado la Nación, que es dueña de 30 por ciento de estas empresas, se metió la mano al bolsillo y las capitalizó a fines del año pasado en 48.000 millones de pesos. Esto ha aliviado un poco la situación financiera, aunque no deja de ser una solución temporal mientras se encuentran arreglos de fondo al problema del no pago.

La historia es distinta para otras distribuidoras de energía que atienden el interior del país, como Codensa o la Empresa de Energía del Pacífico (Epsa), que muestran resultados positivos. También para ISA, empresa que incrementó los dividendos que reparte a sus 90.000 accionistas. En 2002 ISA tuvo un desempeño positivo en ventas y utilidades operacionales, pero el resultado final se vio afectado por la misma razón que EPM: la tasa de cambio. Lo interesante es que la compañía está aplicando una buena estrategia para evitar que en el futuro la devaluación golpee sus finanzas: invertir en el exterior. El año pasado ISA se convirtió en la principal transportadora de energía del Perú a través de dos filiales y próximamente planea participar en una licitación para administrar unas redes eléctricas en Bolivia.

En 2002 ISA también completó una nueva interconexión entre Colombia y Ecuador, que ya está empezando a mostrar sus beneficios económicos. A partir de marzo empezaron las exportaciones de energía al país vecino, que alcanzaron un valor de 12 millones de dólares en el primer mes. Esto es bueno porque, pese a que la demanda de energía en Colombia crece a más de 3 por ciento, sigue habiendo muchas plantas generadoras paradas (hay un exceso de capacidad instalada). Como en otros sectores de la economía, las exportaciones podrían ser una tabla de salvación. En la actualidad, no obstante, hay una controversia entre el gobierno y las empresas del sector en torno a la forma de distribuir el dinero de las ventas a Ecuador.

En todo caso las empresas del sector eléctrico que van bien no alcanzan a mejorar el panorama general de los servicios públicos en el país, en el que sigue habiendo compañías tan grandes como emproblemadas.

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