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| 10/22/2001 12:00:00 AM

Guerra digital

Se teme que los atentados de Estados Unidos justifiquen imponer censuras y controles en Internet.

Los ataques del 11 de septiembre abrieron la jaula de un predador temible: el programa Carnivore, creado por el FBI para espiar el correo electrónico. Cuando se supo por primera vez de su existencia, en julio del año pasado, una ola de movimientos en su contra se levantó en Estados Unidos y otros países. Organizaciones defensoras de la privacidad en Internet lo consideran una amenaza contra las libertades y el derecho a la intimidad en las comunicaciones y el Congreso norteamericano impidió su utilización sin orden judicial mientras esperaba los resultados de una investigación sobre sus alcances. Básicamente Carnivore se instala en grandes servidores de Internet y puede identificar el origen y el destino de los mensajes que circulen por allí y ‘olfatear’ su contenido detectando palabras clave ‘sospechosas’ que puedan indicar a los investigadores que se trata de comunicaciones entre terroristas o delincuentes, las que pueden ser revisadas sin conocimiento de sus autores. Dos días después de los ataques en Nueva York y Washington, en medio de la ira agitada por los sucesos, el Congreso de Estados Unidos aprobó un acta que autoriza al FBI a utilizar Carnivore en la cacería de los responsables. La polémica ha empezado de nuevo.

“Estados Unidos y la Otan pondrán como pretexto los atentados para reforzar el control de las comunicaciones”, dijo un portavoz del grupo informático internacional hacker Chaos Computer Club. Un grupo de expertos independientes en seguridad se reunieron la semana pasada para buscar maneras de persuadir al Congreso de que es posible mantener las libertades civiles, aun en tiempos de guerra, en respuesta a la iniciativa del senador Judd Gregg, quien propuso la prohibición de los sistemas de criptografía, a los que las autoridades de defensa norteamericanas consideran armas. Otros congresistas son partidarios de mantener las libertades civiles, como Charles Rangel, quien afirmó: “No debemos permitir que el odio de nuestros atacantes destruya nuestra decencia”. Los defensores de los sistemas de criptografía sostienen que encriptar información no tiene porqué suponer que se esconde un delito. Comunicaciones íntimas y personales e información confidencial de las empresas son encriptadas a diario sin que esto haga sospechosos a quienes protegen su privacidad. El problema radica en que algunos sistemas criptográficos son tan poderosos que ni los servicios de inteligencia ni el programa Carnivore pueden acceder al contenido de comunicaciones cifradas con ellos.
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