Lunes, 16 de enero de 2017

| 1986/07/28 00:00

HABLANDO DEL REY DE ROMA...

Lo que muy pocos saben y muchos quisieran saber: ¿a qué viene el Papa a Colombia?

HABLANDO DEL REY DE ROMA...

"Con la paz de Cristo, por los caminos de Colombia". Con esta frase slogan el país se prepara a recibir a Su Santidad Juan Pablo II. Despues de semanas y semanas de preparativos, los colombianos habían concentrado más esfuerzos en tener todo listo para la venida del Papa, que en preguntarse a qué venía. Y en realidad, la mayoría se había contentado con la explicación de la Iglesia: la de una visita pastoral, con particular significado después de la tragedia del volcán del Nevado del Ruiz. Sin embargo, este viaje de Juan Pablo II a Colombia obedece tanto a móviles políticos como religiosos. Y tendrá más implicaciones de las imaginadas.

UN PAPA A LA MODA
Para entender estas implicaciones hay que comenzar por un análisis de la personalidad del Papa. ¿Quién es este hombre que combina las más tradicionales posturas católicas con el más moderno estilo? ¿Que representa la imagen más popular pero expone los temas más impopulares? ¿Que sonríe tanto como su fugaz antecesor, Juan Pablo I, pero que se caracteriza por la severidad de sus decisiones?
En efecto, Karol Wojtyla es un hombre de facetas contradictorias. Y lo es desde su origen. Como jerarca de la Iglesia polaca, jugó un papel político fundamental en la oposición al régimen comunista de Varsovia. Sin embargo, ha sido característica fundamental de su papado la forma como ha combatido la participación en política del sacerdocio en diversas partes del mundo. En materia doctrinaria, ha tenido posiciones conservadoras en temas claves de la sociedad de hoy como el aborto, la píldora y el divorcio. No obstante, en materia de comunicación de masas se ha preocupado por estar a la vanguardia en el manejo de los medios y las relaciones públicas. Canta, esquía, alza niños, escribe obras de teatro, visita y perdona al hombre que atentó contra su vida y se deja fotografiar en traje deportivo.
No hay duda. Karol Wojtyla es un Papa en campaña.
¿Pero en campaña para qué? Y más aún, ¿por qué venir a hacerla en Colombia?
Cuestiones de geopolítica, características peculiares de la jerarquía eclesiástica colombiana y personajes como el presidente Belisario Betancur y el cardenal López Trujillo tienen que ver fundamentalmente en el interés del Papa por Colombia.

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN AL MUNDO
Juan Pablo II no es lo que podría llamarse un Papa pasivo. Se podría decir que no ha estado ni un domingo tranquilo en sus palacios vaticanos. Ama moverse, salir de excursión, visitar parroquias, recorrer continentes, tanto que este pontificado pasará a la historia como el del "papado en movimiento" .
Desde esa mítica tarde de octubre de 1978 cuando fue elegido sucesor de Pedro, hace casi ocho años, ha realizado 84 viajes: 29 al extranjero, 30 con el de Colombia y Santa Lucía, y 55 dentro de Italia. Un promedio anual de cuatro grandes viajes al exterior lo han llevado a peregrinar por 73 países recorriendo, según cálculos aproximados, el equivalente de la distancia entre la Luna y la Tierra: 384 mil kilómetros. La verdad es que no sólo como Papa ha recorrido la Tierra de punta a punta. También como arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla había estado en Australia y Papuasia, y dio varias veces la vuelta al mundo. Aquella sed de kilómetros se ha evidenciado aún más en estos años. En total y como Pontífice ha estado 230 días viajando por el mundo. Para justificar esa pasión por los aviones, el Papa ha declarado que "si Dios lo permite, iré a la mayor parte de los lugares donde me inviten".
Además, señala que no fue él quien empezó a salir del Vaticano en los tiempos modernos, que ya había empezado a hacerlo Juan XXIII, a pesar de su elevada edad, y sobre todo Pablo VI, que introdujo los viajes como "parte del programa de todo su pontificado".
Su primer viaje y tal vez el más recordado fue a México a inicios de 1979, apenas tres meses después de su elección. Lo hizo justamente al continente más católico del mundo, para asistir a la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Desde entonces ha viajado todos los años a América Latina, con excepción de 1981, debido al atentado que sufrió a manos del turco Ali Agca, el 13 de mayo de 1981.
Al año siguiente, 1982, recuperó el tiempo perdido y aumentó el ritmo: siete visitas entre febrero y noviembre, incluyendo Argentina y Gran Bretaña en momentos en que estaban en guerra por las Islas Malvinas. Pero seguramente uno de los periplos que tuvo connotaciones especiales fue el que llevó a cabo en Brasil a mediados de 1980. Allí palpó de cerca la situación con la Conferencia Episcopal más numerosa y progresista de América Latina, cuna de la Teología de la Liberación, a la cual ha dedicado no pocas críticas. En el 83, recorrió ocho países de América Central y el Caribe. Sin embargo, ese cuarto viaje de Juan Pablo II a América Latina no fue para nada fácil. En Nicaragua, por primera vez el Papa era chiflado, pero también por primera vez le daban la vuelta al mundo las imágenes de la televisión con el Pontífice dirigiendo el índice de la mano derecha hacia el ministro sacerdote Ernesto Cardenal, en señal de reproche. Con la quinta visita a este continente, en octubre del 84, Juan Pablo II lanzó desde Santo Domingo un programa de nueve años de plegaria, hasta 1992, fecha en que se festeja el quinto centenario del Descubrimiento de América y por lo tanto de su evangelización.
El sexto y último viaje antes de éste a Colombia, lo hizo a comienzos del 85 a Venezuela, Ecuador, Perú y Trinidad y Tobago. Un viaje en clave casi totalmente política, realizado pocos meses después de las sanciones por parte del Vaticano a las "desviaciones marxistas" de la Teología de la Liberación. Y es que si el primer Papa polaco en la historia y el primer Papa no italiano en 455 años ha dedicado tanta atención a Latinoamérica, es justamente porque allí se juega su pontificado. Para el año 2000 se calcula que un católico de cada dos será latinoamericano.
Desde hace algunos años, Colombia está de moda en el mundo. Se preocupan por ella los gobiernos norteamericanos, los mandatarios europeos, los politólogos de Oxford, y según muchas denuncias, hasta el mismo Gadafi. Y el Papa no podía ser la excepción.
Reúne y hasta entrelaza todos los conflictos sociológicos del mundo contemporáneo: lucha de clases, subversion vs. represión, narcotráfico, corrupción, terrorismo urbano y hasta un poder judicial amenazado e impotente. Antes que nada, la visita del Papa es una reafirmación de la presencia de la Iglesia en todos estos conflictos.
Adicionalmente, desde el punto de vista eclesiástico, fue Colombia el país latinoamericano que produjo los primeros curas guerrilleros y donde hizo sus pinitos la Teología de la Liberación, uno de los principales dolores de cabeza del Vaticano. En contradicción con estos antecedentes, de todo el concierto latinoamericano, la Iglesia Católica colombiana es hoy en día una de las más tradicionales y disciplinadas, al menos en lo que tiene que ver con los obispos y demás jerarquía. Esta circunstancia le asegura a la visita del Papa un éxito anticipado, pues no hay posibilidad de que se produzcan las incómodas irreverencias y desplantes que se dieron por parte de algunos sacerdotes en su reciente gira por Centroamérica.
Pero no sólo la Iglesia colombiana es más papista que el Papa. Sino que además uno de sus dos cardenales, precisamente el que no está en uso de buen retiro, es uno de los personajes más importantes, misteriosos y polémicos de lo que podría llamarse la vaticanología: monseñor Alfonso López Trujillo.

EL FACTOR LOPEZ TRUJILLO
No hay duda. Si se intentara encontrar un detalle más significativo de las razones de esta visita del Papa a Colombia, no habría uno mejor que el cardenal López Trujillo.
De él se viene hablando hace mucho tiempo. En septiembre de 1984, el secretario general del Episcopado colombiano, el presbítero Guillermo Melguizo, había dicho a SEMANA: "El cardenal López Trujillo es una figura muy discutida pero muy valiosa. Bajo el riesgo de perder popularidad y hacerse odioso, se constituyó en defensor de la auténtica Teología de la Liberación y desenmascaró sus desviaciones. Es muy enterado de teología y marxismo. Es el blanco de las críticas, porque tuvo valentía". Su valentía nadie la discute. Ni siquiera sus peores enemigos. Pero su condición de "defensor de la auténtica Teología de la Liberación", es materia de controversia a nivel continental.
Su elección como secretario general del CELAM en 1972 coincidió con los primeros cuestionamientos por parte de esta organización, con respecto al florecimientode los llamados teólogos de la liberación. A partir de ese momento, el CELAM patrocinó la celebración de diversos foros dedicados a refutar a los liberacionistas. Esta primera etapa de debate intelectual fue apenas el abrebocas de la ofensiva que estaba por iniciarse. A los argumentos teológicos se sumaron las mucho más concretas decisiones burocráticas. Estas permitieron reorganizar diversas instancias del CELAM, removiendo a algunos sacerdotes "desviacionistas" para reemplazarlos por hombres considerados "seguros". Esta delicada labor contó, según detallado informe de Le Monde Diplomatique de junio de 1984, con la estrecha colaboración del Vaticano, por intermedio de la Comisión para América Latina (CAL), sobre la cual monseñor López ejerce gran influencia. Para redondear esta estrategia, López Trujillo promovió el apoyo logístico a los episcopados, con la misión de que estos rescataran a las "ovejas descarriadas" que estaban siendo conquistadas por los liberacionistas de las comunidades de base, particularmente en Nicaragua (donde jugaron gran papel en la revolución sandinista), Brasil y Perú.

Esta actitud le ha costado no pocos enemigos a monseñor, incluyendo sectores liberacionistas del clero brasileño y chileno. En este último país causó controversia el viaje de López Trujillo el año pasado a título personal y en compañía de obispos simpatizantes de su causa con el fin de producir la llamada "Declaración de los Andes". Para un teólogo chileno, la insistencia de López Trujillo en que la Iglesia de ese país debía participar en cuestiones políticas, era una indebida intromisión externa en sus decisiones.
Como dato curioso, el padre Gustavo Rodríguez, fundador de la Teología de la Liberación, envió recientemente una carta a monseñor López Trujillo, manifestándole que su activa participación en este debate ha sido muy constructiva.
El viaje del Papa a Centroamérica, como el de ahora a Colombia, tuvo motivaciones muy claras. Y en su organización participó activamente monseñor López Trujillo, al igual que lo está haciendo en esta oportunidad.
Aunque este viaje seguramente no despejará la incógnita del lugar que ocupa el cardenal López Trujillo dentro de las preferencias afectivas del Papa, si es indicativo de la impor tancia que tiene monseñor para el Vaticano: la más ardua e importante actividad del Sumo Pontífice será en Medellín, donde sólo permanecerá un día, el sábado 5 de julio, y presidirá una multitudinaria ordenación sacerdotal.

¿Y DE BELISARIO, QUE?
No todos los personajes explicativos de este viaje del Papa llevan sotana. El presidente Belisario Betancur tiene en todo esto un papel protagónico, pero no tanto por el significado político que él pueda tener para el Papa, sino por el significado político que el viaje del Pontífice puede traer para Belisario.
En primer lugar, el Presidente podrá reclamar que la presencia de Juan Pablo II en Colombia en las postrimerias de su gobierno es un claro aval de la Iglesia a su política de paz, porque como es bien sabido, a los papas, y en particular a este, les encanta hablar de paz.
En segundo lugar, ¿qué puede haber más conveniente para un Presidente que está a un mes de entregar el poder, que una visita papal que desvie las controversias particularmente complejas a que se enfrenta al cierre de su gestión?
Y en tercer lugar, nada identifica más a Karol Wojtyla con Belisario Betancur que la maestría en el manejo de sus respectivas imágenes. En este sentido, a Belisario le viene como anillo al dedo compartir al lado del Papa los aplausos de las multitudes, en una época en la que los aplausos a los presidentes a punta de retirarse son tan esquivos. Está claro, en fin que la visita de Juan Pablo II sacará temporalmente a Belisario del purgatorio que está comenzando a vivir como Mandatario saliente.

EL SANTISIMO MENU
Una de las decisiones más rápidas que se tomó por parte de los organizadores de la visita fue sobre el campo gastronómico. Fue fácil, según supo SEMANA,por las experiencias que ya se tienen con los otros viajes de Juan Pablo II por el mundo: no comerá platos típicos.
La determinación, tomada para evitarle a Su Santidad desórdenes estomacales, está acompañada de dos estrategias alimenticias: lo que comerá el Papa es de la cocina internacional, aunque algunas cosas serán hechas con productos que en Colombia son típicos: es posible que Juan Pablo tome una sopa hecha con papa criolla o que pruebe un arequipe o una fruta tropical como postre, pero lo que estaba descartado es que se siente a la mesa a comer un plato de frisoles o una changua al desayuno.
En este punto es, por otra parte, por donde ha surgido con mayor agudeza el humor de los colombianos. En efecto, se habla ahora de un menú propio de tiempos de Papa, compuesto por lo siguiente: jugo Sumo Pontífice, puré de Papa, cordero de Dios y, de postre, Dulce Jesús Mío.

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