Sábado, 21 de enero de 2017

| 2001/10/22 00:00

Habrá represalias a las represalias

El famoso intelectual francés, Guy Hermet, explica el origen del odio fundamentalista hacia Occidente y analiza los efectos de un posible choque cultural.

Habrá represalias a las represalias

El profesor Guy Hermet, considerado como uno de los politólogos más influyentes del momento, estuvo de paso por Colombia mientras los estadounidenses desplegaban su poderío naval en el Golfo Pérsico. Hermet, quien ha seguido de cerca los últimos acontecimientos y es uno de los intelectuales más respetados en el estudio del Islam, cree —a diferencia de muchos— que es muy difícil que una intervención de Estados Unidos en Afganistán produzca una alianza de los países islámicos en contra de Occidente dados los fuertes intereses políticos y económicos de la región.

SEMANA: ¿De dónde nace el odio de los grupos fundamentalistas contra Occidente y en particular Estados Unidos? ¿Qué tan histórico y coyuntural es?

Guy Hermet: Es un odio que tiene raíces antiguas y recientes. Las antiguas provienen del concepto que los musulmanes tenían de su relación con pueblos de otras religiones. Conocieron durante siglos una situación conflictiva con los cristianos que estaban en territorio musulmán del Medio Oriente, países que hoy son Turquía, Siria, Líbano, Egipto. En todos esos países había y siguen existiendo cristianos orientales. El cristianismo era menos avanzado mientras que el Islam era una religión más moderna. Política y socialmente querían dominar a las poblaciones cristianas, por eso ahora muchos musulmanes no aceptan que los occidentales, a quienes consideran personas sin religión, puedan dominarlos o no pagarles tributos.

La segunda razón es una frustración por su fracaso económico. Los musulmanes tenían una cultura religiosa compatible con el pequeño comercio y no con la acumulación de capital.

El tercer motivo es muy reciente y tiene que ver con la inmigración musulmana a países industriales. Quienes emigran al primer mundo quedan ubicados en la parte baja de la sociedad y sin posibilidad de movilidad social. Sólo las mujeres, cuando tienen valentía, pueden ascender y no hay peor humillación para un musulmán que la mujer triunfe más que él. Entonces para los musulmanes todo se pone al revés por culpa de los occidentales, lo ven como un plan. Porque para ellos todo funciona alrededor del honor masculino.

SEMANA: ¿Cree que después del atentado se pueda generar una estigmatización de los árabes en el mundo?

G.H.: El prejuicio existe desde hace tiempo pero no se consideraba como legítimo. Con este acto monstruoso no sólo puede desarrollarse una imposibilidad de impedir que se legitime la condena de los árabes. En Europa va a ser más lento pero los ataques forzosamente van a legitimar el recelo que hasta ahora se ha disimulado, obviamente con mucha injusticia. Porque la mayoría de los musulmanes no comparten lo que sucedió.

SEMANA: Dado el impacto que tuvo a nivel mundial lo que sucedió en Nueva York y Washington, ¿cree usted que estos atentados puedan estimular más actos terroristas?

G.H.: Si hay respuestas militares de Estados Unidos va a haber otros atentados con nuevos recursos técnicos. Habrá represalias a las represalias. Es el círculo vicioso del odio.

SEMANA: Mucha gente teme que una intervención de Estados Unidos en Afganistán pueda generar una unión de los países islámicos en contra de Occidente. ¿Usted qué cree?

G.H.: Varios de los Estados del mundo árabe seguirían apoyando a Estados Unidos porque la dependencia de sus regímenes está supeditada al apoyo norteamericano. Lo que puede pasar es que la población, que en gran parte no sigue a sus gobiernos y que tiene mucha simpatía hacia los musulmanes, va a voltearse hacia más extremismos.

Con un ingrediente adicional: en varios países hay problemas de sucesión porque los jefes de Estado son jóvenes y pocos experimentados. En el caso de Jordania, por ejemplo, donde está el hijo del rey Hussein. O en Arabia Saudita, donde hay problemas. Esto va a generar una situación muy peligrosa de los jefes de gobierno donde, por un lado, van a tratar de apoyar a Estados Unidos y, por el otro, van a intentar manejar el descontento de su población.

SEMANA: Pero esa tendencia de la población hacia un islamismo más radical puede generar en el mediano plazo gobiernos más extremistas. Y, en esa línea, se puede generar un choque de culturas entre Occidente y el Islam, como lo predijo Samuel Huntington...

G.H.: Lo religioso existe en Estados Unidos. En Europa ya no existe. Va a ser un choque de civilizaciones entre los religiosos musulmanes y los sin religión, los paganos, que serán los europeos. Al mismo tiempo hay una paradoja. Se va a acentuar el extremismo religioso en los países donde no hay gobierno religioso, como Turquía, Jordania y Siria. Pero al mismo tiempo habrá un retroceso del fundamentalismo islamista en los países más extremistas, como Irán, Afganistán (donde la gente está cansada de los talibán y no saben cómo sacarlos) y en Sudán, donde hay un retroceso del islamismo. Tenemos los dos procesos a la vez.

SEMANA: ¿Que pasaría con un derrocamiento del régimen talibán?

G.H.: Si encuentran apoyo de los paquistaníes y de la oposición afgana va a ser un suspiro de aliento en los países musulmanes. Eso hará que condenen a Estados Unidos en la formalidad.

SEMANA: ¿Y si Estados Unidos decide bombardear?

G.H.: Se causaría una injusticia contra una población que no está en esto. Y, como ha sucedido en el pasado, no van a destruir la estructura militar de los grupos terroristas.

SEMANA: ¿Qué salida es para usted la más inteligente a esta crisis?

G.H.: Obtener que les obsequiaran a Bin Laden a los gringos para salvarles la cara. Reforzar a la oposición afgana y obtener que Pakistán la apoye para poder derrocar el régimen talibán.

SEMANA: ¿Cree usted que el 11 de septiembre es una de las cinco fechas más importantes de los últimos 100 años?

G.H.: Las fechas más importantes pueden ser: el asesinato de Sarajevo, la Revolución Bolchevique, el día en que los alemanes idearon la ‘solución final’, la bomba de Hiroshima, la caída del muro de Berlín y el 11 de septiembre de 2001.

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