Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/10/20 00:00

Hambre en la tierra del maíz

A pesar de los esfuerzos, la desnutrición en Antioquia sigue siendo un tema que preocupa. ¿Cómo se explica esta contradicción?

Los comedores infantiles en los municipios más alejados han aliviado un poco la situación de cientos de niños.

El problema de seguridad alimentaria que afronta Antioquia es tan complejo, que si no existiera el Plan de Mejoramiento Alimentario y Nutricional (Maná), las cifras de mortalidad infantil por desnutrición serían las más escandalosas del país. Por lo menos así lo afirma la gerente del Maná, la nutricionista Dora Cecilia Gutiérrez Hernández, quien no exagera en su apreciación.
Desde su implementación, por parte de la administración departamental en 2002, las muertes de niños por desnutrición se han reducido significativamente. En 2001, 145 menores de 5 años murieron por ‘física hambre’, un promedio de una muerte registrada cada dos días. En 2002 se redujo a 96 y en 2003 a 75. En enero de 2007, por primera vez, no se reportó muertes de niños menores de 5 años por desnutrición en Antioquia.
A lo largo de estos cinco años, Maná ha llevado complemento nutricional a cerca de 290.000 niños, entre los 6 meses y los 5 años, en riesgo de desnutrición en todo el departamento. Por poco que parezca, un vaso de leche, una fruta y un pastel, constituyen en ocasiones, el único alimento para muchos infantes. De ahí que buena parte de los recursos otorgados a este programa se destinen a este componente, que además se distribuye durante 320 días al año.
Las diferentes estrategias de intervención implementadas por el Maná, que además del complemento alimenticio incluyen atención nutricional a niños en riesgo de seguridad alimentaria, capacitación a padres de familias en buen trato y el impulso de proyectos agropecuarios para el autoconsumo, han logrado cambiar el panorama del hambre en Antioquia.
Según las cifras de Maná, el riesgo de desnutrición crónica en el departamento pasó de 46 por ciento en 2004 a 18 por ciento en 2006, lo que en vidas humanas representa la recuperación nutricional de por lo menos 1.500 niños en este período.

Pobreza: amenaza constante
El esfuerzo de la administración departamental por erradicar el hambre se ve constantemente amenazado por la pobreza en que se encuentra cerca de la mitad de la población antioqueña.
Los estudios de la Gobernación de Antioquia señalan que la línea de pobreza en la región se ubica en 54,9 por ciento, y la de pobreza absoluta en 19 por ciento. Es decir, que de los 5.700.000 habitantes que tiene el departamento, más de la mitad presenta serias dificultades para acceder a los alimentos básicos que proporcionan los requerimientos de nutrientes y energéticos necesarios para un buen desarrollo. Dicha situación se agrava en los niveles 1 y 2 del Sisbén, donde existe mayor prevalencia de desnutrición crónica y aguda en los niños.
De ahí que la gerente de Maná se muestre escéptica frente a la erradicación del hambre en el departamento. “Los niños se nos siguen muriendo por desnutrición, porque entre otras cosas la desnutrición y el hambre son directamente proporcionales a la situación de miseria y pobreza que vive el departamento. La administración ha hecho un gran esfuerzo en reducir estos índices, pero esto es un problema de varias causas. A veces nos llegan niños en unas condiciones tan deplorables, que realmente no se puede hacer nada por ellos”, señaló Gutiérrez Hernández.
En lo que va corrido de 2007, han fallecido nueve niños por desnutrición. Si bien es una cifra bastante baja comparada con las de años atrás, los factores de riesgo como la pobreza extrema, el orden público, los bajos niveles educativos y el desplazamiento, poco se han modificado.
Frente a este panorama, la pregunta que surge es ¿cómo entender que en el departamento considerado la ‘despensa agrícola de Colombia’, un gran porcentaje de su población no acceda a los alimentos básicos?
Según el ingeniero agrónomo Alberto Gómez, funcionario de la Secretaría de Agricultura del Departamento, en la tierra del fríjol, el maíz, la papa y la caña de azúcar, cada vez hay menos brazos para sembrar y más bocas para consumir. “En Antioquia hay muy bajos ingresos, analfabetismo y si a esto se suman los problemas de orden público y desplazamiento, que hacen que la gente se salga del campo, pues lo que se genera es una crisis alimentaria, porque baja la oferta, pero la demanda sigue igual, incluso tiende a crecer”, expresó Gómez.
El narcotráfico también tiene una alta incidencia en la crisis alimentaria que vive la región. De acuerdo con el ingeniero, se ha detectado que algunas comunidades campesinas vienen abandonando los cultivos de pancoger para dedicarse a la siembra de coca; “simplemente porque dan más plata. La gente ya no te siembra un plátano porque no es rentable, pero coca, sí, porque la plata se ve y en abundancia”, añadió Gómez.
Al comparar los mapas de la desnutrición en Antioquia, con las zonas con mayor presencia de cultivos ilícitos, aparecen coincidencias significativas. Mientras el Urabá antioqueño y el Bajo Cauca, registran el mayor número de población infantil con problemas de desnutrición, allí también se evidencia un incremento de cultivos ilícitos, especialmente en municipios como Necoclí, Tarazá y Cáceres.
¿Qué hacer entonces? La gerente del Maná no se aventura a dar una respuesta, pero enfatiza en que se debe continuar trabajando bajo esta línea: “Hay que seguir capacitando a las familias, a la par que se intervienen los niños; continuar con el impulso de los proyectos agrícolas para autoconsumo, involucrar a las madres gestantes para prevenir el problema desde ahí y, ante todo, combatir la pobreza y la falta de educación porque si no, será muy difícil evitar que se nos sigan muriendo los niños de hambre”.

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