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| 3/3/1997 12:00:00 AM

Hilandoel futuro

Para los empresarios del sector textil solo existe una salida a la crisis : acabar el contrabando.

El 26 de agosto de 1991 el presidente César Gaviria decidió poner el pie en el acelerador de una de las reformas económicas que más controversia ha originado en los últimos años en el país: laapertura económica. Pese a que los expertos no se ponen todavía de acuerdo en cuáles han sido los verdaderos efectos de la misma unos la defienden a capa y espada y otros la atacan con no menos vehemencia, lo cierto es que desde entonces miles de artículos procedentes de Europa, Estados Unidos y Asia empezaron a llenar las estanterías de los almacenes en Colombia.Para sus impulsores, la apertura económica era necesaria para darle un mayor nivel de competitividad a la industria colombiana, pues aumentaría su eficiencia y mejoraría su productividad. Y eso suponía bajar aranceles y eliminar las restricciones al ingreso de productos extranjeros. Por eso, desde el momento en que se abrió la economía, se volvió común encontrar en las vitrinas de los almacenes desde paños italianos y porcelanas suizas hasta el último modelo de la Ferrari.La invasión de productos extranjeros cambió el comportamiento del mercado y las empresas nacionales tuvieron que prepararse para hacer frente a las nuevas circunstancias. En muchos casos, sin embargo, el esfuerzo resultó inútil. A la sombra de la apertura comercial y de la libertad cambiaria que la acompañó se produjo una gran repatriación de capitales legales e ilegales, muchos de los cuales fueron utilizados para financiar el contrabando de productos, y fueron muchos los sectores perjudicados, comenzando por el de textiles y confecciones.
Tiempos felices
Después de la apertura, el país se inundó de textiles de toda clase y muchos de ellos no cumplían ni siquiera los parámetros mínimos de calidad. "Desde esa época la industria textil empezó a vivir un momento muy difícil, que tocó fondo en 1996. Comenzó con una apertura sin espera y fue tomando fuerza con el contrabando, el lavado de dólares, el dumping y la subfacturación, que han impedido una verdadera competencia", dijo a Semana Iván Amaya, presidente de la Asociación Colombiana de Productores Textiles Ascoltex. De hecho, antes de la apertura y gracias en parte a la protección de que gozaba el de textiles era uno de los sectores más dinámicos de la economía nacional. Tenía un crecimiento estable y sostenido de entre el 7 y el 8 por ciento por año. Por ese entonces las grandes textileras del país tenían problemas, como la carga prestacional de sus empleados o las pequeñas oleadas de contrabando, pero en general atravesaban por un buen momento.
Tocando fondo
En esa época los aranceles para textiles importados eran altos y las importaciones estaban sometidas a un régimen diferencial: las importaciones prohibidas, las que requerían una licencia previa y las que estaban totalmente libres de cualquier trámite. Por otro lado, las materias primas estaban sometidas a un alto arancel, que encarecía la producción nacional. A raíz de ello el contrabando empezó a expandirse y la competencia a fortalecerse ya que en Venezuela, México y Chile, los países que compiten directamente con Colombia, no se paga arancel por importación de fibras. Pero la situación todavía no era crítica. Con la apertura y la libertad cambiaria, sin embargo, la competencia se hizo insostenible. Las textileras empezaron a vivir un drama que se materializaría en la quiebra de empresas como Quintex y Manufacturas Valher. Con ellas, otras cinco están en liquidación obligatoria. Y 28 más se han declarado en concordato, como Icobordados, Confecciones Invacon, Tersura, Tejiseda y Tricotexco. Las empresas del sector tuvieron que despedir a cerca de 20.000 empleados. De acuerdo con un estudio de Ascoltex, sólo cinco de las principales textileras del país se vieron en la necesidad de despedir a 6.000 operarios entre 1994 y 1996. Unicamente en Antioquia fueron cerradas más de 150 fábricas de confecciones desde 1992. Para el presidente de Ascoltex, sólo había una salida para evitar la quiebra del sector textil: "Teníamos que unirnos los textileros para acabar con el contrabando. De lo contrario el contrabando acabaría con nosotros. Pero había un problema mucho más de fondo: los viejos contrabandistas de telas se convirtieron de la noche a la mañana en expertos lavadores de dólares a través de este mercado. Ellos ni siquiera pretenden hacer negocio con los textiles. Simplemente lavar su dinero".
Las salidas
Uno de los resultados de la unión de los textileros fue el Acuerdo sectorial de competitividad en la cadena textil-confecciones, firmado el año pasado por los ministerios de Desarrollo Económico, Comercio Exterior, Trabajo y Agricultura con Ascoltex, Asconfecciones, Andi y Conalgodón. El acuerdo busca comprometer los esfuerzos de los empresarios y los trabajadores alrededor de la meta común de mejoramiento de la productividad, la competitividad y el bienestar del sector.
Pero lo más importante es que, como consecuencia de los fracasos anteriores, el acuerdo produjo un cambio de enfoque para el tratamiento del problema por el cual atraviesa la industria. Más que embarcarse en un programa de tipo global el gobierno y cada una de las empresas del sector se comprometieron a buscar soluciones específicas para salir del atolladero. El compromiso del gobierno es el de actuar como facilitador del proceso de cambio y como garante de unas condiciones de competencia que brinden estabilidad a la industria. Por su parte, el compromiso de las empresas es avanzar en el proceso de modernización e involucrar la productividad y la competitividad como elementos fundamentales de la producción industrial. Todavía queda, sin embargo, mucho por hacer. Si bien el acuerdo fue producto de un trabajo conjunto entre el gobierno y los textileros y en el papel quedó plasmada toda la problemática del sector, los avances han sido muy lentos. "Desde esa época según afirmó Jorge Restrepo, presidente de Fabricato, a comienzos del 96, el gobierno se ha limitado sólo al hecho de expedir una medida, y éstas necesitan ser ejecutadas, aplicadas y desarrolladas". A esa primera voz de protesta han venido sumándose las de la mayoría de los textileros que no encuentran un apoyo frontal por parte del gobierno en busca de una salida a la crisis del sector. Ellos no desconocen las medidas aplicadas por el gobierno de Samper. Pero creen que apenas son paños de agua tibia frente a la delicada situación de la industria. Por su parte, la administración Samper considera que la creación de un bloque de búsqueda para combatir el contrabando y unas leyes que hacen trámite en el Congreso para penalizar ese delito hacen parte de las salidas a la crisis (ver artículo).
Un esfuerzo solitario
Independientemente del apoyo que puedan recibir del gobierno los industriales han decidido emprender sus propios proyectos para evitar el naufragio. Es el caso de textileras de reconocida trayectoria en el país como Lafayette, que ha iniciado un importante proceso de modernización y le ha dado un especial énfasis a los eventos alrededor de la moda, los diseñadores y las exportaciones.Para Guillermo Bernal, subgerente de mercadeo de Lafayette, si algo logró la apertura fue la necesidad de mejorar la calidad y la tecnología. Las empresas asumieron el reto de ser cada vez más competitivas y en nuestro caso la publicidad, el mercadeo, el servicio al cliente y la asesoría comercial ocuparon un lugar de indiscutible importancia. Sin duda el esfuerzo de las empresas ha permitido el resurgimiento del sector textil. Ese esfuerzo no se ha limitado a la introducción de modernos equipos sino también al impulso de eventos como Colombiatex y Colombiamoda. Al frente de ellos está Inexmoda, que ha hecho posible, entre otras cosas, que la oferta y la demanda se den cita en un mismo escenario. Se ha hecho también un gran esfuerzo para incrementar las exportaciones."Uno de los sectores que más se ha interesado por la penetración y consolidación de los mercados externos, utilizando los servicios y mecanismos que ofrece Proexport, es el sector textil. Actualmente se encuentran conformadas 28 unidades exportadoras por empresas de este sector", afirmó Lázaro Mejía, gerente general de Proexport Colombia.Esas unidades exportadoras, que el año pasado llegaban a 16, reportaron exportaciones por 93,8 millones de dólares. Proexport invirtió en esa actividad tres millones de dólares y las empresas 2,9 millones. Proexport adelanta además un programa especializado en textiles y confecciones para vender en Estados Unidos y participa activamente en los eventos nacionales a través de misiones de compradores internacionales, como es el caso de Colombiatex o Colombiamoda, ferias que, a pesar de los esfuerzos, de los excelentes resultados y de la imagen que llevan de Colombia al exterior, no alcanzan a tener por sí solas las dimensiones necesarias para solucionar una crisis que, como esta, requiere un apoyo decisivo para una industria creciente que en los últimos años tiende a desaparecer.
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